Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos


Por Rachel D. Rojas Actualizado Dic 6, 2018

LA HABANA. Hay, casi literalmente, sol bueno y mar de espuma. El reciente frente frío ha dejado el mar un poco revuelto y el sol, más que bueno, tremendo, causante principal de nuestra inminente involución hacia la familia de los cactus. La subida por la calle 26, pasito a pasito, no es un paseo por la vereda tropical; es el camino al matadero, la búsqueda y captura de un cristal por el que el dueño del taller, cerveza Bucanero en mano, pedía una cifra cardiopática.

En el trayecto, encima de una carretilla que se cae de a trozos, con dos niveles de zinc espolvoreados de tierra colorada, un fanático de los reguetoneros Yomil y el Dany exhibe su mercancía: plátanos de fruta —con un amarillo tan perfecto que delata a kilómetros de distancia el Flormidec, ese químico con que son inyectados muchos productos agropecuarios para madurarlos en menos tiempo—, fruta bomba, guayabas, tomates, ajíes… y cebollas. Grandes y blancas cebollas del apocalipsis.

Cuando decidí preguntarle sabía que no iba a comprarlas. No solo porque no tuviera el dinero, sino porque, como los precios parecen salidos de galaxias en las que no vivo, no me resuelvo a pagar. Pero todavía amanece gratis. Y algún planeta podía haberse salido de su órbita justo ese día.

“A ocho CUC”, responde sin aprietos. Dos semanas de salario en un segundo. Doscientos pesos cubanos son ocho CUC.

Parece una burla, pero no lo es. Le pregunto, contestando a su gesto de “¿por fin?”, si conoce la antigua leyenda sobre la maldición de la halitosis.

Cuenta la historia que en los tiempos en que surgía la democracia, allá por un pueblo cualquiera, donde todavía no tenían gentilicios, un joven filibustero acarreaba sobre ruedas de palo acabadas de inventar unos grandes racimos de cebollas para venderlas en la plaza grande. Los vecinos, ilusionados primero, lo esperaban con ansias, porque desde esos tiempos un biftec encebollado era considerado manjar del sacrosanto paraíso. Pero aquel bandido había tasado su mercancía como si estuviera enchapada en oro. Ocho CUC por una “pata” (la unidad de medida del momento), decía sin aprietos. Entonces los vecinos le daban la espalda de pura congoja en sangre. Iban directo al templo a orarle al dios de las utopías, que velaba por la seguridad alimentaria y los pueblos con sobrecumplimiento migratorio.

Un buen día el dios respondió a las plegarias. Esa mañana se estrenó solo para que el joven, sabiéndose el dueño y señor del comercio en aquellos pueblos sin gentilicios, amaneciera con un terrible olor en la boca, un terrible olor a cebollas podridas. Cada vez que iba a decir el precio de sus Allium cepa —el calificativo que siglos después seguirían usando los científicos— desmayaba a todos los posibles compradores alrededor suyo. Siendo así que al final del día no había podido vender ni una sola bola de capas, y el mal olor de su aliento comenzaba a confundirse con el de los bultos sobre su carreta con ruedas de palo. Irritado, al ver que aquellas cebollas pronto no servirían ni para dar de comer a los puercos, las tiró en el medio de la plaza y estableció, como en cualquier mercado competente, precios de merma. El dios, ahora complacido en complacer, le retiró la maldición, pero a modo de impuesto la regresaría cada vez que intentara especular con los precios fijados a cualquier morador residente, tanto estatal como privado.

El fanático del dúo reguetonero trancó la expresión peor que un dominó, contrario a unos cuantos pobladores sonrientes que se habían acercado a comprar, o a escuchar, no se sabe. Su mala leche fue un tanto desconcertante. Él dio el pie forzado, ¿no? Al menos en esta parte del Caribe la hilaridad suele ser un paliativo para las curas de caballo, que en este caso sería tanto pagar 8 CUC por una pata de cebollas como no hacerlo.

Justo en esos segundos de tensión, Yomil y el Dany suenan en su bocinita portable como si lo hubieran escuchado todo: ♫Llevo mucho tiempo que no sé qué hacer, y me paso todo el día maquinando; llevo mucho tiempo pensando, llevo mucho tiempo soñandooo♫.

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente original y el autor.

Vistas: 46

Comentario

¡Tienes que ser miembro de Martianos para agregar comentarios!

Únete a Martianos

Miembros

TELESUR

Guerra del Pacífico, una disputa territorial que se mantiene

Desde 1879 hasta este 5 de abril del año 2020, el pueblo de Bolivia no renuncia a sus costas marítimas. 

Aparecen esposa e hijo de líder campesino asesinado en el Cauca

Los familiares de Hámilton Gasca Ortega se encuentran bajo protección de autoridades.

Haití confirma primer deceso por coronavirus

De acuerdo con un comunicado del Ministerio de Salud, se trata de un hombre de 55 años, con antecedentes de hipertensión y diabetes.

Mueren 11 personas por explosión de mina de carbón en Colombia

Una nueva explosión sacudió las minas de carbón de Cucunubá con 12 mineros dentro. 

© 2020   Creada por Roberto Domínguez.   Con tecnología de

Informar un problema  |  Términos de servicio