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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

A PROPÓSITO DEL ANIVERSARIO 81 DE LA TEXTILERA ARIGUANABO Y PERMATEX. 22/9/1931. BAUTA. ARTEMISA.

(Datos tomados del libro “Catauro bautense” del Ing. Omar Ríos y el Dr. Eduardo Ordaz. 2008)

En el mismo año en que se inició la construcción de la Carretera Central (1927), el norteamericano Dayton Hedges compró la Finca La Rosa a Don Gustavo de la Guardia (conocida también como Cayo La Rosa, señalada de esta forma en el Diario del mambí Baldomero Acosta desde 1896), ubicada en un pedazo de tierra que se internaba en la Laguna Ariguanabo, formando algo así como un cayo al Sur de Bauta.

En su inicio, Hedges dedicó esta tierra a la cría de ganado y a la siembra de frutos menores. Pero a mediados del 1928, un grupo de expertos norteamericanos comenzó los estudios de aquella zona para montar una textilera, y a principios del 1929 comenzó la construcción de una nave de 128 metros de largo por 42 metros de ancho, inaugurándose ésta el 22 de Septiembre del 1931, con la participación de unos 50 obreros, quienes de inmediato formaron un Sindicato que radicaba en Bauta, por vivir ahí la gran mayoría de ellos, dando inicio a finales de Septiembre de ese año a la producción de tejidos.Esta fábrica, que en sus primeros momentos tuvo un aspecto humilde, fue incrementando naves, y ya en el 1940 la cifra de obreros ascendía a 1200. Los hombres que comenzaron a mover aquellas máquinas procedían fundamentalmente de las fincas y barrios cercanos a la fábrica, y entraban a la industria ganando 80 centavos diarios. La producción de tejidos aumentó, por lo que se montó un taller de confecciones de overoles, camisas, pantalones, etc. Como 80 centavos diarios en aquella época era algo considerable, muchos campesinos de los alrededores- y no muy cercanos- vendieron sus tierras para poder comprar plazas de trabajo en la Textilera.

Esta industria representó la presencia del capital extranjero más grande en nuestra economía, convirtiéndose en pocos años en la fuente de vida del pueblo y la Textilera más grande, no solo del país, sino de América Latina en aquel momento. Era obvio que también tuviera un fuerte movimiento sindical. A partir de la planificación de la fábrica, comenzaron las controversias:

  1. En el 1928, cuando se comenzaron los estudios por norteamericanos para montar la Textilera en tierras locales sin consultar con nadie, algunos bautenses protestaron ante la injerencia de aquellos estadounidenses.
  2. En el 1931, al inaugurarse en Septiembre la Textilera, los 50 trabajadores que la conformaron se agruparon en un Sindicato, al que llamaron SOETA (Sindicato de Obreros y Empleados de la Textilera Ariguanabo), que en el 1934 ya tenía algo más de 250 miembros.
  3. El 6 de Febrero del 1934, el gobierno Batista-Mendieta proclamó el decreto No. 3 que disolvía los organismos obreros, por lo que los dirigentes del SOETA intentan discutir con Hedges, pero no lo logran por negativa del americano, y el amparo del gobierno de turno. Al percatarse del apoyo que tenía dentro del gobierno, Hedges recogió todos los documentos y pertenencias del Sindicato- que se encontraban en Bauta- llevándolos para Cayo La Rosa. Utilizó entonces los servicios de sus seguidores sometidos a la política patronal, y organizó el Sindicato Amarillo o Patronal que respondía netamente a los intereses del propietario yanqui.

Habíamos dicho que la Textilera Ariguanabo comenzó de una forma humilde. Sin embargo, ya a finales de la década del 30 tenía algo más de 1000 trabajadores, pues al ir incrementando sus naves, tuvo que aumentar el personal para satisfacer la demanda de las máquinas instaladas. La Textilera, a partir de aquel año comenzó su metamorfosis hacia una enorme y poderosa industria.La huelga del 44.Ya desde principios del 1944 se desarrolló en el país una nueva etapa de lucha en la que nuestro Municipio pasó a ocupar una de las primeras líneas.

El entonces Alcalde Jorge Godinez, del Partido Conservador, fue sustituido por el Dr. Emilio Sorondo Campanería del Partido Auténtico (quien estuvo como alcalde hasta el 10 de Marzo del 1952, sustituido a su vez por el batistiano Juan- Juanelo- Cabrera).

El 6 de Octubre de ese año (1944), los obreros de la Textilera, dirigidos por el Comité de Lucha y la Comisión Obrera del PRC, se lanzaron a la huelga demandando la sustitución del Sindicato Patronal impuesto por Hedges, por un verdadero Sindicato Obrero. Esta huelga recibió el apoyo, no solo de las distintas organizaciones del Municipio y del pueblo en general, sino de la Federación de Trabajadores de La Habana que contribuyó directamente enviando a Bauta a su entonces Organizador Vicente Valdés.

Las fuerzas populares de Bauta se polarizaron; la gente de avanzada formó filas con los obreros textiles, mientras los conservadores se mantuvieron al lado del patrón. La Masonería se dividió al igual que la Cámara de Comercio, rumoreándose (con bastante insistencia) que hasta el cura había aconsejado a Hedges que se mantuviera firme ante la demanda de los obreros en huelga.

Y para colmo, en medio de aquella huelga, un huracán de gran intensidad azotó las Provincias Occidentales, destruyendo una gran cantidad de viviendas en Bauta, y afectando gran parte de las maquinarias de la fábrica, así como algunas de sus instalaciones, lo que agudizó el conflicto.

Lázaro Peña, Fidel y Chibás en Bauta.

Por otra parte, el gobierno de Grau San Martín, presionado por los acontecimientos, dictó un decreto que no resolvía ni aseguraba nada a los trabajadores. Aquel decreto fue analizado personalmente por: Lázaro Peña, Secretario General de la CTC; la Comisión Obrera Nacional (CON) del autenticismo en la figura de su dirigente Eusebio Mujal Barniol[1], y el Comité que dirigía la huelga. Llegaron al acuerdo de convocar a una Asamblea General en la que se les comunicaría a los obreros que el Decreto Gubernamental era inaceptable, por lo que la huelga debía mantenerse a pesar de las condiciones climáticas producidas por el huracán. Aquella asamblea se produjo el día 26 de Octubre del 1944 en el Parque Municipal de Bauta. Pero Mujal, faltando a su compromiso, no asistió a ella. Por su parte, Lázaro Peña, sospechando que la ausencia mujalista podría ser una coartada para acusarlo a él, y por lo tanto a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), de estar alentando a los trabajadores a la oposición del nuevo gobierno, con gran habilidad y maestría (como acostumbraba este inmortal líder de los trabajadores), expuso ante la Asamblea lo que pudiera suceder si se aceptara el regreso al trabajo sobre las Bases del Decreto, y lo que pudiera ocurrir si continuaba la lucha.

Pero mientras la Asamblea se efectuaba y el dirigente nacional del proletariado exponía sus puntos de vista, Hedges y su hijo James, desde la casa del Dr. Emilio Sorondo, escuchaban a través de los altoparlantes el desarrollo de la misma. Al ser sometido a votación si se regresaba al trabajo o se mantenía la huelga, los obreros votaron por unanimidad la continuación de la huelga. Y fue esto lo que hizo que Hedges enviara un mensaje a Lázaro y a los dirigentes de la huelga invitándolos a una reunión aquella misma noche en la casa de Sorondo, que es de donde salieron los Acuerdos que sirvieron de base para la solución del conflicto. Por fin, el cierre legal y clamoroso de aquella gran batalla se logró con la victoria electoral del día 19 de Noviembre de ese mismo año, a pesar de que el gobierno de Grau trató de reprimir al movimiento obrero a plan de machete. Los trabajadores derrotaron al dominio patronal y a su candidatura que existía desde 10 años atrás.

De aquellas elecciones resultó Secretario General José (Cheo) Pérez Cabrera y Taurino Acosta como organizador. La Directiva fue formada por miembros de la Comisión del PRCC y militantes comunistas del Comité de Lucha. Ya en el mes de Diciembre se logró la reposición de los dirigentes huelguistas expedientados, y se obtuvo el aumento salarial reclamado.

Las huelgas de los textileros de los años 1948 y 1949.

(Datos obtenidos del libro de Enrique de la Osa “En Cuba. Primer tiempo. 1947–1948”, de la editorial Ciencias Sociales; de las revistas Bohemia del 11 de Septiembre del 1945 y la del 29 de Julio del 1947, así como de entrevistas a algunos de sus participantes, entre los que se encuentra Vinicio Pedro).

El viernes 4 de Julio del 1948, cientos de trabajadores de la Textilera Ariguanabo, luego de una tempestuosa asamblea, se dirigieron al edificio de la Cámara de Comercio de Bauta ocupándolo en señal de protesta contra las medidas restrictivas de la Empresa y la pasividad mostrada por el gobierno al respecto.

Durante varias semanas, la administración de Hedges, frente a una nueva demanda de aumento salarial, había amenazado con reducir la jornada laboral a 4 días por semana, alegando una crisis engendrada por la merma de producción, que estaba influenciada por la avalancha de tejidos de importación que llegaban al país de contrabando, pues al término de la 2ª Guerra Mundial, personeros del gobierno y de la Aduana permitieron la entrada de desperdicios textiles los que denominaban como estopas, retazos, etc., siendo en realidad productos de primera calidad, que eran vendidos en tiendas de renombre muy por debajo del precio de los productos textiles cubanos. Además de este, existía otro gran fraude que consistía en la adulteración del precio en las facturas de los llamados desperdicios textiles.

Los obreros querían tomar la fábrica, pero los líderes abrieron un compás de espera enviando un Memorando al Presidente de la República y al Ministro de Comercio, por lo que se hizo una Comisión Gubernamental para estudiar el asunto (Comisión que fue conformada por los titulares de Estado, de Hacienda, Comercio y Trabajo). No obstante, la crisis textil se agudizó por la paralización de varios talleres de confecciones en Bejucal, Güira de Melena, San José de las Lajas y La Habana. Factorías de la Capital, de Regla y del Cotorro entre otras, se sumaron al paro.

Por su parte, la administración de la Textilera Ariguanabo impuso la jornada de trabajo de martes a viernes por lo que fueron desplazados cientos de obreros, sufriendo los restantes la correspondiente rebaja salarial. Esta decisión fue ratificada por Hedges el viernes 2 de Julio del 1948, mientras se aguardaba por la Resolución que dictara el Consejo de Ministros que se había designado.

Los obreros bautenses respondieron organizando la resistencia activa proclamada por la Federación Textil, instalándose en el Consistorio- Ayuntamiento- de Bauta donde sus miembros habían aprobado la propuesta del edil socialista Félix Gómez Rodríguez y de su compañero Héctor Carbonell, brindando apoyo al Movimiento, que se basaba en la restitución de la jornada laboral por seis días de trabajo, etc., actitud esta por la que fueron expulsados estos dos dirigentes que se destacaron frente a la escurridiza actitud de los dirigentes del Sindicato Patronal y la represión de la Guardia Rural. Posteriormente, por proposición de los trabajadores, Hedges permitió a estos dos luchadores trabajar en la fábrica, pero con la condición de simples afiliados al Sindicato “sin derecho” a participar en la Dirección Sindical Oficial. No obstante, desde allí continuaron la lucha antipatronal.

A partir del siguiente día, sábado 5 de Julio, toda la población se unió a los textileros, incluyendo la Cámara de Comercio Local, que declaró el cierre de los establecimientos en solidaridad con la protesta proletaria, mientras que la Guardia Rural y la Policía comandada por el Tte. Oliva, ordenaron la detención de los que formaban las Comisiones de Adhesión, que recorrían el pueblo proclamándose a Bauta como Ciudad Rebelde, lo que devino en ocupación militar y en el establecimiento de un régimen de excepción, que incluyó la supresión de los derechos constitucionales y la realización de abusos y atropellos. Numerosos obreros fueron a la huelga de hambre, multiplicándose las detenciones que padecieron también muchos comerciantes del pueblo. El Tribunal de Urgencia los mandó a liberar posteriormente.

Los textileros de Santiago de las Vegas imitaron a los bautenses, cerrando la fábrica de Calabazar. Los de Regla hicieron lo mismo, apoyados por sus Concejales que abarrotaron el despacho del Alcalde. Por su parte la Federación Nacional de la Industria Textil, de la Aguja y sus derivados- adscripta a la CTC- remitieron un escrito a la Comisión de Ministros designados para resolver la situación, recordándoles las advertencias hechas al gobierno por el Segundo Congreso Nacional del Sector en Septiembre del 1945, y le dio unas sugerencias sobre medidas a tomar, apoyados en la Convención de Ginebra que estipulaba impuestos elevados a productos de importación para defender la producción nacional, la apertura de nuevos mercados de exportación, etc..

La lucha se generalizó en todas las industrias textiles, y muchos obreros bautenses fueron a la ciudad donde, junto a obreros de otras textileras, tomaron el local del Ayuntamiento de La Habana y el del Gobierno Provincial, recibiendo la solidaridad y el apoyo de otros sindicatos. Las calles de La Habana se llenaron de hombres con carteles en la espalda y el pecho, a los que se les llamaba hombres sándwich, en su mayoría procedentes de la Textilera Ariguanabo, que aclamaban la venta de tejidos nacionales y el cese de las importaciones extranjeras. Al principio, la patronal envió un carro altoparlante incitando a los trabajadores a regresar a su trabajo so pena de despido, pero al no recibir respuesta positiva, hizo que la policía acudiera a su ferocidad represiva, deteniendo, golpeando e hiriendo a muchos de los participantes. Por su parte, los miembros de la Directiva Sindical de la Textilera Ariguanabo invadieron el local de los Concejales en Bauta y se declararon en huelga de hambre.

Era evidente que el gobierno desoyó a patronos, dirigentes sindicales y obreros para hacerle frente a la crisis textil, como buenos anexionistas que eran; después de la guerra los productos textiles americanos entrarían a Cuba a cualquier precio. Por esto, se desoyeron las cláusulas beneficiosas de la Conferencia Preparatoria de Expansión del Comercio y Empleo de Ginebra por las autoridades del gobierno de turno.

En esta lucha fueron muchos los bautenses que se destacaron, entre los que se encontraban Félix Gómez, Héctor Carbonell, Jesús Soto, Taurino Acosta, Jorge Villafranca, Alfredo Díaz, Alejandro Ravelo, Jesús Pérez, Jacinto Riesgo, María Josefa Díaz, Consuelo Rodríguez, Esteban Bonilla, Jesús López Ricardo, Manolo Palacios, Pedro González, Higinio Abreu, Vinicio Pedro Herrera, Fulvio A. Fuentes, Domingo Rodríguez, José Pego, Laudelina Rodríguez y Félix Rodríguez (Antonio el filósofo) entre otros.

El caso fue que grandes personeros del país, escandalosamente, se enriquecían a costa de la invasión de textiles foráneos, e hicieron caso omiso- incluyendo a varios Ministros de la Comisión- a la Carta de La Habana y al Convenio de Ginebra, que en sus apartados 19 y 40 autorizaban a los gobiernos a congelar o prohibir las importaciones de aquellos artículos que pudieran producirse en sus territorios cuando estos fueran suficientes para abastecer al Mercado Nacional.

Todo este proceso sirvió para delimitar el terreno sindical: Los trabajadores honestos se radicalizaron adoptando posiciones más consecuentes en el terreno sindical y político, mientras que los dirigentes adeptos a Mujal se divorciaban cada vez más de las masas hasta enfrentarse abiertamente a ellas, dándole apoyo al mujalismo, traicionando así los intereses populares y siguiendo al desgobierno autentico y al mujalista tanto, que Hedges logró implantar nuevamente el Sindicato Patronal, motivo por el cual, el 13 de Marzo del año 1949, se paralizó la fábrica nuevamente, produciéndose nuevas batallas y nuevos apaleamientos. Aquel hecho fue divulgado por la prensa nacional y la Revista Bohemia.

Después de tres meses de Lock-out, el gobierno de Carlos Prío, con el apoyo de Mujal y su Aparato Sindical Amarillo, decretó la intervención de la Textilera Ariguanabo, para lo que cinco funcionarios del Ministerio del Trabajo se encargaron de normalizar la situación, declarando excedentes a unos 500 obreros, entre los que se encontraban los principales luchadores antipatronales y antimujalista, sin atender a los derechos de antigüedad ni a ningún otro. A quienes protestaron, (como a Félix Gómez, Jesús Soto y Amado García entre otros, a los que se les marcaron sus expedientes: POR COMUNISTAS, etc.), les negaron la carta de excedente y el pago (o subsidio) por ello. Finalmente, unos 200 obreros pasaron por esto.

Una vez “normalizada” la situación, se creó el llamado Cuerpo de Suplentes, que estaba integrado por aquellos excedentes que por su situación desesperada quebraban la voluntad de resistir, aceptando las condiciones impuestas por el trío encargado de manejar esta situación. Ese trío estaba compuesto por Dayton Hedges en representación de las Empresas Municipales; Emilio Sorondo, Alcalde Municipal y un dirigente mujalista, siendo las principales condiciones que tenían que aceptar los que entraban a este Cuerpo: 1º - Prometer obediencia y docilidad. 2º - Entregar sus Cédulas Electorales. 3º- Presentarse en cada turno de trabajo en que, si faltaba algún obrero fijo, laboraban; de lo contrario recibían un peso y quedaban obligados a regresar al siguiente día en la misma situación. 4º- No podían trabajar en otro sitio porque perderían el derecho al subsidio.

Todas estas dificultades señaladas hasta aquí, no impidieron que el magnate norteamericano, Dayton Hedges, al que alguien señaló como un americano muy americano (lo que consideramos que no estuvo nada equivocado) adquiriera: la Compañía Litográfica de La Habana, la Rayonera de Matanzas, grandes extensiones de tierra en Isla de Pinos y San Cristóbal, Los Palacios y Dayanigua y otra fábrica textil en Jamaica. Quizás sea esta una de las causas por la que Hedges se hizo ciudadano cubano en el año 1942, pues estos, como propietarios de empresas, pagaban menos impuestos que los extranjeros. Su esposa también asumió la nacionalidad cubana.

En Noviembre de ese año (1949) se realizaron elecciones sindicales, en las que aparece nuevamente la candidatura patronal-mujalista, confeccionada por el dueño de la Textilera, un dirigente mujalista representado por Arístides Rodríguez, y el Alcalde de Bauta, Emilio Sorondo; todos apoyados por Mujal y Pascasio Linares. Al realizarse el conteo y observar los resultados favorables a la mayoría obrera, este trío (apoyado por el Jefe de la Guardia Rural, el Tte. Menocal) recogió las urnas, llevándolas al local del Ministerio de Trabajo en Bauta, donde realizaron nuevamente el escrutinio que, como resultado final, le dio el triunfo a la candidatura patronal-mujalista.
Ver foto 33 al final del libro.

En el año 1950, gracias a la pujante combatividad obrera, la patronal y el gobierno aceptaron el triunfo de una candidatura formada por la militancia ortodoxa, que llevó como Secretario General a Antonio Morejón, integrada además por Miguel González, Ismael Hernández, Alberto Pérez, Héctor Carbonell, Amado García, Ismael Núñez, Jorge Villafranca, y Jesús Soto Díaz. Sobresalen en esta victoria la presencia de Fidel Castro, Eduardo Chibás, Juan Manuel Márquez y Luís Orlando Rodríguez, quienes compartieron con los dirigentes y obreros bautenses las duras horas de aquellas elecciones realizadas en tan difícil situación, porque estaban movilizados todos los gángsteres dispuestos a cumplir cualquier orden de sus amos. A partir de aquellos hechos, Fidel se mantuvo vinculado muy estrechamente a estos dirigentes obreros bautenses.

En ese mismo año (1950) se inauguró el edificio del SOETA (Sindicato de Obreros y Empleados de la Textilera Ariguanabo) ubicado en Salvador Cisneros No. 245 (actualmente CTC Municipal, ave. 251 No. 15406), al que, con fecha 28 de Noviembre del 1950, Dayton Hedges envió una comunicación a la recién iniciada Sección Sindical, en la que en uno de sus párrafos decía:-“...Permítanme afirmar nuevamente que la Compañía, ahora como en el pasado y en el futuro, acepta, sin reservas de ninguna clase, tratar de discutir los problemas que nos afecten con quienes han sido lícitamente elegidos por ustedes para que los representen...” Es evidente que la intención de Hedges era confundir (como todos los americanos muy americanos), no obstante esta situación no empañó la visión que durante años seguirían los fieles guardianes de los derechos de los obreros. Ver foto 34 al final del libro.

Para la Directiva del SOETA en el 1950, hubo cinco candidaturas. Por ejemplo: José Lemus Calderón con el lema Unidad y Liberación; Mario Hernández con el lema Unidad y Acción; Morejón y Villafranca con el lema Liberación y Progreso, etc. En esta ocasión, venció el dueto Morejón-Villafranca.

También en ese año surgió el periódico Juventud, como órgano de orientación y cultura, dirigido por Orlando Pelusa Morales Perera, semanario que hizo eco de muchas de las situaciones políticas de la época en Bauta. De este periódico tenemos el articulo del 3 de Noviembre del 1950, donde se refleja la reunión que tuvieron José Pardo Llada, Ventura Dellundè y Manuel Bisbè, Representantes por La Habana; el líder gastronómico Isidro Figueroa y los dirigentes de la Textilera Ariguanabo Jorge Villafranca y Felipe González(t), Presidente y Secretario respectivamente del Comité Pro Liberación y Progreso de la Textilera mencionada, con el entonces Ministro de Trabajo, Morell Romero el 17 de Octubre de ese año, en las oficinas del Ministerio del Trabajo en el 4º piso. Manuel Bisbè habló a nombre del Comité Parlamentario del Partido Ortodoxo, solicitando garantías para que el resultado de los comicios en Ariguanabo no fuera falseado con beneficio de una de las tendencias en pugna, porque en las elecciones pasadas, para elegir a los dirigentes del Sindicato de la Textilera, el Ministerio del Trabajo- regenteado por Buttari entonces- escamoteó el triunfo a la candidatura obrera. Isidro Figueroa intervino para agregar a lo dicho que el hecho ocurrió no obstante al despojo de sus derechos a 300 compañeros excedentes, acogidos a los beneficios del Decreto 1005 por una extraña resolución de Vega Zamora. La voluntad de los trabajadores fue burlada por un Sindicato Amarillo dócil a la administración. La situación cambió al quitarse a Buttari del Ministerio y el Alcalde Sorondo prometer que no influenciaría. Morell Romero dijo que les daría las garantías, aunque le parecían infundados los temores; se le respondió que en las anteriores elecciones los propios delegados del Ministerio, en combinación con hombres armados, amedrentaron todo el día a los obreros que iban a votar, y luego secuestraron la urna y la condujeron al Ministerio del Trabajo para hacer “el cambiazo” electoral. Por otra parte, en las elecciones, dirigentes contrarios a los obreros, como el Señor Linares, dijeron que contaban con el apoyo de Mujal para llegar hasta el Presidente y así ganar ellos. Pardo Llada habló: -“…El gobierno tiene que cuidarse mucho de lo que haga en Ariguanabo. Las declaraciones de Diego Vicente Tejera afirmando que el gobierno no entregará el poder en el 1952, dejó incertidumbre en la opinión publica, y tendrá su respuesta en los comicios del Sindicato de la Textilera Ariguanabo… …Si el gobierno escamotea el triunfo obrero, lo mismo será en el 52 que en las elecciones generales.” El 18 de Octubre del 1950, posterior a esta entrevista, llegaron al Ministerio del Trabajo jerarcas del sindicalismo oficial como Linares y Lemus, quienes dejaron claro que tendrían que luchar contra los sorondistas, ortodoxos y comunistas. Sabían ya que les quedaba poco en el escamoteado poder.

Las actividades revolucionarias en contra del artero golpe batistiano del 1952, hizo de Bauta el primer municipio en realizar la huelga general en contra del golpe de estado.

Muchos textileros bautenses formaron parte de los revolucionarios que irían a tomar Columbia con el Movimiento Nacional Revolucionario del profesor García Bárcena en abril del 1953. Este evento se desmoronó por mala dirección de sus lideres, y fueron a juicio hasta finales de mayo de ese año, perdiendo entonces la oportunidad un gran grupo de estos obreros a participar en los asaltos al Moncada y el Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio del 1953.

Las filas del Movimiento Revolucionario 26 de julio, tuvieron entre los proletarios bautenses a sus mejores aliados, preparados en la lucha sindical, e incluso armada. Muchos de sus obreros estuvieron en el Asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo del 1957, entre otras actividades.

Llegado el triunfo de enero del 1959, los obreros asumieron el poder, y se incorporaron en las organizaciones civiles y armadas de entonces, preservando igualmente a su querida fábrica. No hubo desde entonces tarea de la revolución donde no estuviera un bautense obrero de Ariguanabo.

La Textilera sufrió cambios costosos e importantes con la tecnología rusa que modernizó las maquinarias, y se reestructuró su fachada y techos ya en mal estado. Logró mantener en funciones a más de 4500 trabajadores, hasta que las secuelas del bloqueo y el período especial comenzaron a lacerar sus producciones. Otros combinados habían sido construidos, capacitados sus trabajadores en Ariguanabo, y llevando a cabo el montaje con los especialistas de esta. De nada sirvió ese esfuerzo; se fue eliminando paulatinamente esta industria de experiencia, para dar paso a otras de nuevo tipo, y mantener otras viejas. El golpe fue demoledor para la economía bautense, y el sentido de pertenencia de sus obreros, sobre todo los que dejaron la herencia de su esfuerzo en otras fábricas: desvestir un santo para vestir a otro, pero el primero con muchas glorias vividas, y conocimientos vitales.

En la actualidad, lo que fuera el coloso textil, es un simple departamento de la Textilera alquizareña.

Mientras, aquellos jóvenes que dedicaron cuarenta y tantos años a trabajar en la Ariguanabo, se han convertido en ancianos que desean no hablar del presente de aquel emporio. Sus pupilas se nublan tan solo de mencionar el nombre de aquella fábrica, y la impotencia les desgarra el alma, peor que una enfermedad.

[1] Eusebio Mujal Barniol fue un sectario dirigente sindical de aquella época partidario de la alianza patronal o amarilla. Llegó a dirigir la “Comisión Obrera Nacional del Autentisismo” y posteriormente, a partir del 29 de Abril del 1949 ocupó la Secretaría General de la CTC apoyado por el gobierno proimperialista y otros sectores anticomunistas de turno, en la que estuvo hasta el 31 de Diciembre del 1958. Politiquero oportunista y terrateniente, título logrado por la expropiación de tierras.




Primera elección del Sindicato de la Textilera en el recién inaugurado edificio del Sindicato.



Fidel, Ñico y los ortodoxos bautenses. Con el número 15, el Dr. Julio Duarte, abogado que tenía su bufet en Bauta.


Como cuestión de interés, Abel Santa María Cuadrado, fue trabajador de la Ariguanabo.

Vistas: 2004

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