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Por Andrés Gómez*/Foto Virgilio Ponce-Martianos-Hermes-Cubainformación.-   Las cosas en Cuba van bien, cambiando.  La mayoría de la gente está expectante sobre cómo les afectará a ellos y a ellas las transformaciones, especialmente las de carácter económico, que tienen y tendrán lugar en el país. Si bien es cierto que existe  incertidumbre en el pueblo en general sobre el efecto que estas transformaciones tendrán para cada uno de ellos, sus familias y para otros seres queridos, en el presente y en el porvenir --cosa que es lógico que ocurra--, decenas, sino cientos de miles, de cubanos y cubanas, con celeridad, se han incorporado a un sinnúmero de nuevas actividades económicas legalizadas por el gobierno en su nueva visión sobre cómo actualizar y desarrollar el sistema socialista en Cuba.

Es lógico que exista incertidumbre ya que se han cambiado, y seguirán cambiándose, ciertas tradicionales e importantes reglas del juego. Aunque incertidumbre no es en este caso, para la mayoría de la población, sinónimo de profundo malestar o disgusto. Porque hay que entender que el proceso de transformaciones que tiene lugar en Cuba es uno que viene teniendo lugar hace largo rato en el entendimiento nacional de cómo mejorar las gestiones económicas del país, e inclusive, el financiamiento de muchas de las gestiones sociales.

Porque en Cuba, hace ya muchos años, existía gran inconformidad por parte de la inmensa mayoría de la población acerca de la manera que funcionaba, o mejor dicho, no funcionaba, la economía del país. Años hacía que eran evidentes las grandes deficiencias de la economía nacional. Por tanto, hacía años, que a nivel personal y colectivo y,  por tanto, también institucional, se exigían cambios sustanciales.

El asunto era y es qué cambiar y cómo cambiarlo sin poner en peligro los fundamentales logros del socialismo alcanzados y sostenidos en este arduo pasado medio siglo por la sociedad cubana. Esa esencial cuestión es lo que realmente preocupa a la inmensa mayoría de las cubanas y los cubanos. Es lo que los mantiene expectantes y con incertidumbre. Ya que estas vitales cuestiones conllevan a un planteamiento crítico: ¿Qué es lo que va a pasar conmigo y los míos bajo estas nuevas reglas del juego?

Porque si bien las nuevas medidas de carácter económico posibilitan que muchos logren mejores oportunidades y aumenten su poder adquisitivo para vivir más cómodamente, que es una aspiración común y válida, hay otros muchos que no tienen ni los recursos monetarios que requieren la mayoría de las nuevas posibilidades, ni la aptitud para sumarse a ellas.  Al mismo tiempo, que éstas son personas capacitadas para otras tareas de importancia, quienes también necesitan y requieren tener el poder adquisitivo para vivir más holgadamente.

Sobre esto último planteado, creo que la inmensa mayoría de las personas bien intencionadas y responsables en Cuba entienden que este es un proceso que recién comienza a concretarse y a instrumentarse; que el Estado tiene recursos financieros limitados, muy limitados; y que el Partido y el gobierno han demostrado destreza en cuanto a la conceptualización e implementación del nuevo modelo económico. No quiere decir esto que no ha habido errores por parte de ambas instituciones políticas en este proceso de cambios pero ambos han demostrado la capacidad, en la gran mayoría de los casos, para corregirlos de manera ágil. Y cuando así no ha sido, ha habido, como siempre, la presión popular para lograr las rectificaciones necesarias.

Todas estas nuevas situaciones han proporcionado la oportunidad para que tengan lugar discusiones y debates imprescindibles desde los más sencillos niveles, el personal y el familiar, hasta los más complejos y públicos sobre los cambios y sus implicaciones para cada uno de ellos y para la sociedad cubana en general.

Consustancialmente en este gran proceso de cambios, la máxima dirección política de la Revolución ha venido marcando pautas; aclarando dudas; y consciente de la necesidad del consenso nacional como fundamento de la imprescindible unidad, ha venido convocando a todos los sectores al tan necesario debate; viene enfrentándose y barriendo a la corrupción y al abuso de poder a todos los niveles y castigando a los culpables; y reafirmando el compromiso irrenunciable del proceso revolucionario con la justeza y con los más necesitados, y lo hace de palabra y obra.

Así que a la pregunta, ¿cómo va Cuba?, respondo, como lo siento: va bien, cambiando, luchando como siempre, para poder ser mejor.

 

*Andrés Gómez periodista cubano residente en EE.UU. y director de  Areítodigital

 

Fuente: Martianos-Hermes-Cubainformación


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