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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Villaclareños en los sucesos del 13 de marzo de 1957

“Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad. Porque, tenga o no, nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originara nos hará adelantar la senda del triunfo.”

Testamento político de José Antonio Echeverría

En cumplimiento de lo acordado con Fidel Castro en la Carta de México y en consonancia con la estrategia trazada por el Directorio Revolucionario, el 13 de marzo de 1957 se produjo la audaz acción del asalto al Palacio Presidencial con el propósito de ajusticiar al dictador Fulgencio Batista en su propia madriguera, como dijeran sus protagonistas.

Los hechos son bien conocidos. A pesar de lo heróico del comportamiento de los jóvenes liderados por José Antonio Echeverría, el objetivo no pudo ser cumplido.

José Antonio, Manzanita, el líder indiscutido de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) cayó en la acción y sobrevinieron días de una terrible represión policial, cuyo colofón fueron los sucesos de Humbolt 7, el 20 de abril del propio 1957, en el que fueron asesinados los asaltantes de Palacio y de Radio Reloj: José Machado, Machadito, Joe Wetsbrook Rosales, y los villaclareños Juan Pedro Carbó Serviá y Fructuoso Rodríguez Pérez.

En los sucesos del 13 de marzo de 1957 participaron cuatro villaclareños. Uno de ellos, Mario Casañas Díaz, natural de Santo Domingo, cayó en la acción frustrada de Palacio Presidencial.

Fructuoso Rodríguez, sucesor de José Antonio al frente de la FEU y del DR.

También estuvieron presentes su coterráneo Fructuoso Rodríguez, quien acompañó a José Antonio en la toma de Radio Reloj; el remediano Juan Pedro Carbó Serviá, herido en la acción de Palacio, y el santaclareño Otto Hernández Fernández, quien estuvo en la toma de la emisora radial CMQ.

De los villaclareños, el hombre leyenda del asalto a Palacio fue Carbó Serviá. El remediano salvó la vida gracias a proverbial valentía y sangre fría.  Solo el milagro del valor hizo que Juan Pedro Carbó Serviá sobreviviese.

Esta fue la odisea vivida por el Flaco ese día, tomada de En Caribe, Enciclopedia de historia y cultura del Caribe:

“En la acción fue herido por una ráfaga de ametralladora en el momento de bajar del camión en que venían ocultos los asaltantes. Perdió su ametralladora y sus espejuelos, y una bala le atravesó un pie; en esas condiciones logró llegar al segundo piso del edificio, donde se suponía se encontraba el tirano, y resultó herido de nuevo, pero sobrevivió a la acción.

“Fue conducido a la casa de Socorros de la calle Corrales, pero al comprender que corría riesgo de ser descubierto fingió estar herido en el vientre, para lograr que lo trasladasen al hospital de Emergencias, en el que contaba con amigos y compañeros. Al irrumpir allí un grupo de sicarios Carbó realizó una espectacular fuga, con vestimenta médica y un libro bajo el brazo.

“Llevado al Hospital Nuestra Señora de las Mercedes (hoy Hospital Clínico Quirúrgico Docente Comandante Manuel Fajardo), en las calles Zapata y C, justo en frente de la Novena Estación de la Policía Nacional –uno de los centros de operaciones del temido capitán Esteban Ventura Novo-, fue recluido para recibir asistencia en el talón en que tenía alojado un proyectil. Por la peligrosidad del lugar fue trasladado al sótano del edificio ubicado en la calles 19 entre C y D, en El Vedado.”

El único villaclareño sobreviviente de las acciones revolucionarias del 13 de marzo de 1957 fue Otto Hernández Fernández, quien ha relatado así lo sucedido ese día:

“El día 13 nos levantamos listos para la acción, almorzamos ligeramente y se distribuyeron las armas, a mí me correspondió una ametralladora.

“A las tres de la tarde llegaron tres carros frente al sótano de la calle 19 entre B y C, nosotros montamos en un Ford nuevo color crema, que manejaba Carlos Figueredo “El Chino”. Los otros carros eran manejados por Humberto Castelló y Juan Nuiry.

“La distribución de los participantes en la acción de Radio Reloj, en los carros era la siguiente: Primer carro: Humberto Castelló, José Assef, Enrique Rodríguez Loeches, Pedro Martínez Brito y Aestor Bombino. Segundo carro: José Antonio Echeverría, Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, Otto Hernández y Carlos Figueredo. Tercer carro: Juan Nuiry Sánchez, Julio García Olivera, Mario Re¬guera, Antonio Guevara y Héctor Rosales.

“Cada hombre tenía su misión y cada grupo un plan para desarrollar. Los autos debían guardar las distancias establecidas.” A las 3:14 p.m., el primer carro se detuvo en la esquina de M y 23; el segundo paró ante la entrada del edificio donde estaba la emisora y el tercero cerró la esquina de M y 21.

“Cuando llegamos frente a CMQ no había ningún carro parqueado y pudimos parquear perfectamente. El primer carro del que iban a descender dos compañeros ya estaba más abajo casi en la esquina, nosotros parqueamos e inmediatamente bajaron Echeverría escoltado por Fructuoso y Joe, y en un momento determinado miré hacía la esquina de 21 y ví la máquina donde venía Julio García Olivera atravesada para impedir el tránsito por 21 y Julio tirado en el suelo con el arma apuntando hacia abajo de 21, eso me causó una impresión que yo dije, ¡ah bueno si la cosa es ya así!, entonces salí con mi ametralladora y estaba atento a todo pero procurando que la cosa se desarrollara con la mayor naturalidad posible, mientras tanto Carlos Figueredo se concentró en que no se le fuera a apagar el carro.

“En eso se apareció un sargento a llamar por el teléfono público. Era el prototipo del sargento del ejército de aquella época, gordo, barrigón con un revolver 45 en la cintura, y también había un empleado que se parecía a un guarda jurado pero no llevaba armas, era un empleado con un uniforme medio azul, entonces eso fue lo único anormal que hubo hasta que nos dimos cuenta que iba bajando público por las escaleras de CMQ , y mujeres asustada, entonces empezó el portero a tratar de cerrar la puerta cuando yo salí de donde estaba con la ametralladora en la mano y lo conminé a que se parara que no cerrara porque sino le iba a tirar, y al unísono el Chino Figueredo desde su asiento de chofer, hizo dos disparos de advertencia desde dentro del carro para evitar que cerraran la puerta de CMQ, lo que paralizó al guarda jurado y no continuó cerrando la puerta, además de eso el Chino le dio un tiro a un policía que al oir los dos tiros de advertencia venía corriendo desde 23 con el arma en la mano.

“Cuando baja Echeverría éste se encuentra con el sargento gordo y barrigón con el 45 en la cintura y José Antonio le quitó el revólver, sencillamente, yo lo estaba mirando y le quitó el revólver. Todo esto ocurre en cuestión de dos o tres segundos, fue todo muy rápido.”

“Cuando monto en el carro, yo iba en el asiento de atrás bastante impedido de movimiento porque llevaba la ametralladora terciada, un maletín con otras armas en las piernas, e iba sentado en el borde del asiento, entonces cuando oigo la sirena de la perseguidora, que sale de detrás de un carro a la mitad de la calle y es cuando Figueredo da un corte y se le abalanza a la perseguidora.”

” En el frenazo que dieron allí, como venía sentado en el borde del asiento, es donde me caigo hasta el suelo del carro, la ametralladora terciada limitaba mi movimiento, y lo único que pude percibir son las puertas que se abren, los demás compañeros que salen y oigo los disparos y vidrio cayéndome encima, cuando veo que los compañeros no están allí, los policías siguen disparando y tengo que salir porque estoy entre los dos fuegos, cuando salgo miro hacia la esquina y veo a los compañeros parapetados y a Fructuoso en la esquina disparando su arma, veo el carro perseguidor allí y a José Antonio en el suelo, yo no sé en que estado está.”

” Salgo corriendo hacia donde está Fructuoso y le pregunto qué le pasa a José Antonio, y Fructuoso me dice: ” Otto nos han matado al Gordo”, entonces le digo, cúbreme que voy a recogerlo y me dice no que te van a matar también. “Tenemos que irnos para la Universidad. Entonces me dice, vamos a cruzar de uno en uno para que no hagan blanco”.

Lamentablemente el 13 de marzo de 1957 no pudo ser ajusticiado Batista, pero la sangre derramada, como profetizara José Antonio Echeverria, señaló el camino de la libertad.

A continuación el testamento político de José Antonio Echevarría al pueblo de Cuba:

“Hoy 13 de Marzo de 1957, día en que se honra a los que han consagrado sus vidas a la digna profesión de arquitecto para la que me prepara, a las tres y veinte minutos de la tarde participare en una acción en la que el Directorio Revolucionario ha empeñado todo su esfuerzo junto con otros grupos que también luchan por la libertad.

Esta acción envuelve grandes riesgos para todos nosotros y lo sabemos. No desconozco el peligro. No lo busco. Pero tampoco lo rehuyo. Trato sencillamente de cumplir con mi deber.

Nuestro compromiso con el pueblo de Cuba quedo fijado en la Carta de México, que unió a la juventud en una conducta y una actuación. Pero las circunstancias necesarias para que la parte estudiantil realizara el papel a ella asignado no se dieron oportunamente, obligándonos a aplazar el cumplimiento de nuestro compromiso. Creemos que ha llegado el momento de cumplirlo. Confiamos en que la pureza de nuestra intención nos traiga el favor de Dios para lograr el imperio de la justicia en nuestra patria.

Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad. Porque, tenga o no, nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originara nos hará adelantar la senda del triunfo.

Pero es la acción del pueblo la que será decisiva para alcanzarlo. Por eso este manifiesto que pudiera llegar a ser un testamento, exhorta al pueblo de Cuba a la resistencia cívica, al retraimiento de cuanto pudiera significar un apoyo a la dictadura que nos oprime, y a la ayuda eficaz de los que están sobre las armas para librarlo. Para ello es preciso mantener viva la fe en la lucha revolucionaria, aunque parezcamos todos sus lideres, ya que nunca faltaran hombres decididos, y capaces que ocupen nuestros puestos, pues como dijera el Apóstol, “cuando no hubiera hombres se levantarían las piedras para luchar por la libertad de nuestra Patria.”

A nuestros compañeros, los estudiantes de toda Cuba, le pedimos que se organicen, ya que ellos constituyen la vanguardia de nuestra lucha, y a las Fuerzas Armadas que recuerden que su misión es defender a la patria, no someter a hermanos, y que su puesto es el del Ejercito Mambí, que peleaba POR LA LIBERTAD DE CUBA, como terminan todos sus escritos.

¡VIVA CUBA LIBRE!
José Antonio Echevarría
La Habana, 13 de Marzo de 1957.

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