Martianos

Seguidores del pensamiento de José Martí y Red Social de los emigrados cubanos

Venezuela: querida y admirada
Por Froilán González y Adys Cupull



“[…] ¡pero a Venezuela, como a toda nuestra América, a nuestra América desinteresada, la hemos de querer y de admirar sin límites, porque la sangre que dio por conquistar la libertad ha continuado dándola por conservarla!.
José Martí 1)

El 8 de enero de 1881 José Martí partió desde Nueva York para el puerto venezolano de La Guaira. En septiembre del 2011 conocimos a la escritora e investigadora venezolana Mirla Alcibíades, quien nos regaló su libro Venezuela en José Martí, donde precisó que el Héroe Nacional cubano partió de Curazao el 18 de enero y llegó a Puerto Cabello, el 19, primer territorio venezolano que observó y describió como pequeño, pobre y casi arruinado, pero animado y lleno de gente trabajadora, con alegre jardín cargado de platanales, limoneros, naranjos, guanábanas, frutas dulce del trópico y que rodeado de su reja de hierro, parecía como una cesta de flores que iba en busca de los forasteros. Siguió narrando que se tropezaba con la gente del país, gritones y felices, tomó agua de coco de la propia nuez y causaba pena la pobreza, la desigualdad de las calles, el abandono de los pobres pobladores y se podía comprar una botella de ron de Maracaibo, acostarse en el barco al atardecer y levantarse al amanecer en La Guaira.

La investigadora  apunta que lo habitual era permanecer un día en Puerto Cabello y desde allí en el mismo barco continuar viaje para La Guaira, a donde arribó el viernes 21 de enero. Según sus estudios en el barco Felicia sólo llegó un pasajero procedente de Nueva York, que respondía al señor Mantilla, lo que hace presuponer que con ese apellido viajó a Venezuela.

Martí escribió que La Guaira estaba construida de forma irregular a los pies de una gran montaña, accidentada, tortuosa, alegre, como replegada en sí misma, que vista de lejos, es como una multitud de bonitos cachorros de perros echados bajo un inmenso vientre.

Mirla indicó que esa época desde La Guaira había dos salidas para Caracas, una en horas de la mañana y la otra a las tres de la tarde. El viaje demoraba tres horas para ascender los mil metros donde se encuentra situada la capital venezolana. De acuerdo a los relatos de José Martí, para ir a Caracas había que penetrar en el seno de esos colosos, costear abismos, cabalgar sobre sus cuestas, trepar los picos y saludar de cerca a las nubes. La carretera era una pista sobre precipicios, pero se respiraba aire bueno durante el trayecto.  Llegó al anochecer, lo que indica que tomó la diligencia de las tres de la tarde con arribo a las seis y se dirigió a rendirle homenaje a Simón Bolívar. Sobre ese hecho, en la Edad de Oro escribió:

“Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a dónde estaba la estatua de Bolívar”. 2)

En la capital venezolana residió en la casa de habitación de Carmen Smith, situada en el número 26 ½, en la intersección de las calles Santa Capilla y Mijares. Sobre el viaje y la ciudad de Caracas escribió:

“Venezuela vale bien el viaje que hay que hacer para llegar a ella, tras una travesía de doce días, bajo un cielo siempre azul y sobre un mar siempre azul, cielo y mar implacablemente bellos que son capaces de hacer desear la borrasca. Después de habernos despedido de nuestra maravillosa bahía, no se extraña la grandeza del mar, ni sus ruidos, ni su majestad, ni su belleza; se sale de Nueva York. Allí en medio del Océano, está el mar vacío: aquí, en medio de la ciudad está el mar lleno de hombres”. 3)

Continuó narrando: “Venezuela es un país rico más allá de los límites naturales. Las montañas tienen vetas de oro, y de plata, y de hierro. La tierra cual si fuera una doncella, despierta a la menor mirada de amor. La Sociedad Agrícola de Francia acaba de publicar un libro en el que se demuestra que no hay en la tierra un país tan bien dotado para establecer en él toda clase de cultivos. Se pueden allí sembrar patatas y tabaco:- té, cacao, y café; la encina crece junto a la palmera. Hasta se ve en la misma pucha el jazmín del Malabar y la rosa Malmaison, y en la misma cesta la pera y el banano. Hay todos los climas, todas las alturas, todas las especies de agua; orillas de la mar, orillas de río, llanuras, montañas; la zona fría, la zona templada, la zona tórrida. Los ríos son grandes como el Mississippi; el suelo, fértil como las laderas de un volcán”. 4)

“El hogar caraqueño es encantador: todo es estremecedor, pleno de amor, de espíritu de mujer, de puros goces, de tiernos encantos. Tienen algo de ala de mariposa y rayos de sol. Es un placer vivir en él. No es como en nuestras grandes ciudades- donde la faena agota al hombre y el hogar agota a la mujer. Es un bello rincón de yerba fresca donde un seno trémulo siempre espera la cabeza cansada del señor de la casa.- ¡Oh! ¡Qué hueca, peligrosa, fría y brutal es la vida sin esos amores”. 5)

El periódico La Opinión Nacional de Venezuela  de fecha 28 de enero, registró la visita, recogida en el libro de Mirla:

“Don José Martí. Este ilustrado cubano, que en años pasados redactaba en México la Revista Universal, se halla en Caracas, donde se propone fijar su residencia. Hemos tenido el gusto de tratarle en la visita que se ha dignado hacernos, y se ha grangeado nuestras sinceras simpatías. Deseamos cordialmente que sea feliz entre nosotros para que adopte a Venezuela como su segunda Patria tan generosa y providente como la que le dio el ser”.

En febrero José Martí trabajaba como profesor de Gramática francesa y de Literatura en el Colegio Santa María. Según nos relató en Caracas Graciela Aveledo, bisnieta del director fundador de esa escuela, entre José Martí y su bisabuelo existió correspondencia y gran amistad, pues ambos eran masones.

Agustín Aveledo nació en Caracas en enero de 1837 y se graduó de Ingeniero y Doctor en Filosofía. Desde los 22 años de edad se consagró a la docencia y fundó, el 2 de octubre de 1859, el mencionado colegio donde ejercieron destacados profesores, entre ellos José Martí.

Entre enero- abril de 1862 Aveledo formó parte de la comisión redactora de la Revista Científica, colaborador de la Revista Vargasia y de los diarios La Opinión Nacional, El Tiempo y La Religión. En 1868 fundó la Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caracas y como miembro de esta participó en excursiones de interés científico. Preparó un proyecto de ley sobre instrucción pública, prevista en el programa de reforma educacional y el 5 de diciembre de 1869, fue designado ministro de Fomento. Participó en la instalación del Colegio de Ingenieros de Venezuela, cuya presidencia desempeñó varios períodos y le correspondió fundar el laboratorio meteorológico que funcionaba en la mencionada institución e iniciar en el país y llevar por varios años, el registro de temperatura, humedad y lluvias. En 1878, fue fundador del Asilo de Huérfanos de Caracas y presidente de la Junta de Instrucción Pública del Distrito Federal.

En marzo de 1881 José Martí impartió clases de literatura en el Colegio Villegas donde estableció una Cátedra de Oratoria, pronunció un discurso en la velada artística convocada por el Club del Comercio para su presentación pública y logró gran éxito como orador y poeta.

Según el importante estudio de Mirla Alcibíades, José Martí produjo un favorable impacto en la intelectualidad caraqueña y venezolana y afirma que existen numerosos registros y publicaciones al respecto. Entre los testigos de esas impresiones, la destacada investigadora cita la remembranza de Gonzalo Picón Febres, quien escribió:

“Su nombre como trabajador infatigable por la independencia política de Cuba, su figura simpática, su prestigio como orador, el número copioso de sus escritos sobre diversos e interesantes temas o cuestiones, el excelente elogio que hizo de Cecilio Acosta, y las formas abundosas y la grandilocuencia de su estilo, extrañamente arcaico, audaz como ninguno en las imágenes, pletórico de fantasía deslumbradora como una vasta selva americana bañada a torrentes por la luz, en ocasiones lleno de extravagantes metáforas y en otras interminables en los períodos, le granjearon la más ciega y entusiasta admiración entre algunos de los jóvenes de aquella época”.

Mirla destaca que otro factor que influyó en la pronta aceptación que tuvo Martí, tenía que ver con su estilo oratorio fuerte, intenso, vivaz, de verbo rápido e inusitado y citó las palabras de Pedro María Brito González:

“Ora vigorosos y enérgicos cuando imploraba al Numen de la libertad, para hablar en esta tierra clásica del heroísmo; ora tiernos y delicados, pero siempre nuevos, cuando describía con mágico arrebato la belleza de nuestras mujeres y el brillo de las virtudes que resplandece en sus frentes candorosas; cuando, mensajero del porvenir, predecía a esta América, paraíso del mundo, los triunfos más gloriosos en las lides del progreso universal”.

José Martí comenzó a escribir para La Opinión Nacional y en julio publicó el primer número de la Revista Venezolana y un artículo elogioso dedicado a Cecilio Acosta, importante escritor, periodista y exponente del humanismo durante la segunda mitad del siglo XIX, quien influía de manera notable en la juventud de su país.

Acosta nació en el seno de una familia pobre en San Diego de los Altos, en el Estado de Miranda en 1818 y formó parte de la generación intelectual de la Independencia y la República. En 1831, inició la carrera sacerdotal, que abandonó en 1840 para estudiar filosofía y derecho en la Universidad Central de Venezuela, escribió en los periódicos La Época y El Federal sobre la tensa situación del país. Fue Secretario de la Facultad de Humanidades de la Universidad. En 1856, publicó uno de sus más importantes ensayos sobre la educación titulado: Cosas sabidas y cosas por saberse, y se convirtió en un referente moral sobre las nuevas generaciones. El intelectual era odiado por el dictador venezolano Antonio Guzmán.

Acosta falleció el 8 de julio y el escrito de José Martí provocó las iras del dictador y el 27 de ese mismo mes su edecán le comunicó que debía abandonar el país. Sobre esa partida escribió: “De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, ésta es la cuna [...] Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo...”. 6).
El 28 de julio de 1881 partió desde La Guaira con destino a Nueva York, a bordo del vapor alemán Claudius, pero siempre tuvo a Bolívar y Venezuela en su pensamiento y en reiteradas ocasiones se refirió a ella:

“Los aromas de las flores, el olor penetrante de las selvas, el ruido majestuoso de los ríos, el calor cargado de gérmenes del Sol, los efluvios embriagantes y poderosos, como de regazo de la india joven; de la suntuosa tierra, las mansas y dolorosísimas quejumbres que emanan de las almas invisibles de las razas muertas, perdidas por los aires, errabundas, cargando espíritus blancos;- los siglos y la Naturaleza Americana se condensaron y dieron a Bolívar”. 7)

“Cuando los tiempos o los pueblos tienen por hábito o necesidad que hacer hombres, la Naturaleza tiene por costumbre sacarse del seno maternal quien los haga. Y la Naturaleza Americana puso su espada nueva en manos de Bolívar”. 8)

“...Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía”. 9)

 
Notas

1)    José Martí; Obras Completa. Tomo 7. p. 291

2)    José Martí: Obras Completas, tomo 18, p. 304.

3)    José Martí: Obras Completas, tomo 19 p. 156.

4)    Idem, p. 158

5)    Idem, p. 165

6)     José Martí: Obras Completa. Tomo 7, p. 267.

7)    José Martí: Obras Completas, tomo 22. p. 205

8)     Idem. p. 206

9)    José Martí: Obras Completas, tomo 8 p. 243


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Etiquetas: Bolívar, Cuba, Martí, Venezuela

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