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"USA entre el atascadero o el desenlace económico". Por Lorenzo Gonzalo*



Foto © Virgilio PONCE

 

Miami, 26 de Diciembre del 2010

 

No se recuerdan épocas en las cuales el Estado en Estados Unidos de América, haya intervenido tan profundamente en la economía del país.

 

En épocas de Franklyn D. Roosevelt, se implementaron programas públicos de trabajo que dieron al traste con la construcción de vías de transportación, se ampliaron
carreteras, se fortalecieron infraestructuras agrícolas, otras de diferente tipo
y se aprobó un Seguro Social para facilitar el retiro de las personas cuando
llegasen a una edad donde la salud impidiera continuar las cotidianas labores de
producir. Fue también aprobado un Seguro de Salud para los retirados e
incapacitados. Estos cambios en la actitud del Estado respecto a la vida privada
de los ciudadanos, significó una socialización de esas actividades, más que una
participación directa en la conducción de la economía.

 

Sin embargo, desde los últimos dos años de George W. Bush a la fecha, bajo la Administración de Barack Obama, además de implementarse medidas similares respecto a Obras
Públicas, el Estado ha actuado con mayor intervención. La reforma al sistema de
salud contempla una intervención en la privacidad del individuo no pensada
anteriormente, por cuanto obliga al ciudadano, entre otras cosas, a
comprar seguro médico. Ese tipo de intervenciones en la vida
privada era inconcebible y ni siquiera se compara con la filosofía del Seguro
Social aprobado en época de Roosevelt, por cuanto aquel solamente establecía un
fondo  social de retiro que, aun cuando establece una contribución
obligatoria, las personas son resarcidas en igual o mayor medida cuando llegan a
la edad del retiro. El seguro de salud obligatorio que los ciudadanos deberán
comprar con la nueva reforma, carece de resarcimiento, al menos que la persona
enferme. En esencia, la medida está más vinculada a los negocios que a una
reforma de trascendencia social. En cambio, desde el punto de vista de la
intervención del Estado en la vida ciudadana, es una modalidad no usual en la
mentalidad cultural creada bajo la propaganda de que ninguna conducta del
individuo puede ser regulada por el gobierno.

 

Durante el gobierno de Bush, se aprobó una fianza para rescatar las instituciones financieras que se fueron a la quiebra una vez que terminaron por convertir la
bolsa en un gran casino de juego. La acción se materializó en los primeros meses
del gobierno de Obama, con variantes que superaron la decisión
anterior.

 

Se estableció un programa llamado TARP. Esto significa Programa de Alivio a los Activo con Problemas. La suma aprobada fue de 700 mil millones de dólares. Pero
más allá de esta medida el Estado compró acciones en empresas como la General
Motors que lo convirtieron en propietario del 60% de dicha compañía. Esta acción
se repitió con otros sectores industriales con problemas y de los 700 mil
millones se designaron parte de los fondos para modernizar las redes eléctricas
de la nación y para reducir el gasto energético. Proyectos privados de energía
alterna, recibieron fondos, especialmente los relacionados con la tecnología
eólica y los paneles solares.

 

La presencia del Estado en Estados Unidos en estos momentos es abrumadora. No obstante, permanece disimulada, porque la prensa no habla de ello, e incluso cuando se
refiere a compañías como la GM hace parecer que se trata del sector privado, sin
decir que un departamento del Estado controla su
dirección.

 

En el año 2009 el gobierno aprobó otro programa de estímulo usando el mecanismo de los impuestos, inyectando en el mercado 787 mil 200 millones de dólares, con el
propósito de reactivar la demanda y con ello las industrias y los sectores de
servicios, cuyas actividades quedaron congeladas por falta de circulante. Hay
que recordar que el nivel de desempleo implica una reducción de los instrumentos
cambiarios y el gobierno concibió atajarlo por ese procedimiento. Ese programa
es conocido en inglés como ARIA, que traducido al español significa Ley de
Inversiones y Recuperación Americana. Es curiosa la apropiación que han hecho
del nombre del Continente América del Norte, Central y América del Sur, usando
una terminología que siempre identifica a Estados Unidos con América en general.

 

En estos momentos el gobierno de Obama también optó por otra inyección de circulante, concluyendo un compromiso con los republicanos que reduce los impuestos en 858
mil millones de dólares, con lo cual se vuelve a aumentar el monto de circulante
a la deteriorada economía.

 

De acuerdo a algunos expertos economistas, como Gregory Mankiw, profesor de economía de Harvard y antiguo chairman del Buró de Consejeros de la Casa Blanca en tiempos
de George Bush, ya el gobierno ha agotado casi todo lo que puede hacer para
impulsar la economía. Las opciones se están reduciendo y para algunos de los
consejeros, como Austan D. Goolsbee, chairman del Buró Económico de Consejeros,
“es hora de que el gobierno no continúe ejerciendo como el principal conductor
de la economía”. “El sector privado debe levantarse”.

 

Pero sin dudas que el sector privado en términos de una economía de mercado no regulado, basado exclusivamente en el aumento indefinido de la ganancia, no ha podido
hacer gran cosa, dado el descalabro del monstruo financiero que habían creado y
de la dinámica asumida por la economía mundial, donde nuevos actores, como China
y Vietnam principalmente, rompen con ese tipo de criterios, combinando la
planificación y la actividad privada. De esta manera controlan los descalabros a
través de lo primero y aprovechan al propio tiempo las iniciativas individuales
que, sin altos estímulos económicos, dejarían de realizarse, debido a la
conciencia que se ha formado en las últimas centurias y cuyo desmonte llevará
tiempo. La planificación, racionalmente aplicada, con la comprensión de las
realidades que definen la conciencia económica de hoy, es el instrumento que
dará al traste con ese  pensamiento y cambiará el sentido de la
producción en las décadas o centurias por venir.

 

Los economistas estadounidenses del “establishment” están correctos en plantear que el Estado no puede hacerse cargo del triunfo de la economía, porque este no lo
es todo, sino una parte reguladora y el instrumento para hacer cumplir las
Leyes. Es una organización para implementar el sentir de las fuerzas
productivas, ya sean privadas, de grupo, comunitarias o puramente
individuales.

 

Pero no se trata solamente de llevar esa función al sector privado. Dicha aseveración tiene un gran contenido ideológico, tan paralizante como ponerle ciertos límites a la
riqueza individual, la cual necesariamente no tiene por qué tener connotación en
la dirección de la política estatal. Por eso, para resolver con mayor
efectividad la crisis actual, tendríamos que esperar por otros tipos de
variantes que le garanticen al sistema una estabilidad relativa continuada, que
evite no solamente un tipo de desequilibrio que ha sido capaz de detener el
proceso productivo masivamente, sino que cree los resortes para reactivarlos en
caso de un accidente económico, como el que estamos
viviendo.

 

La idea es que la parte política que administra el Estado, no puede hacerse cargo permanente de los conglomerados económicos sensibles de la economía del país. La
rutina de convertir situaciones coyunturales en práctica común, puede traer como
consecuencia una subvención patológica de esas actividades, a expensas del
esfuerzo de la colectividad gobernada. Eso equivale a exigirle a las fuerzas
productivas hacerse cargo de las ineficiencias de una maquinaria fruto de una
alternancia periódica. Es importante señalar que, al margen de la existencia de
partidos políticos o no, los administradores del Estado siempre son fruto de la
alternancia y mientras más garantizada, las cosas funcionarán mejor. Sin
embargo, por más garantías que existan, de que los administradores cambien con
periodicidad regulada, ordenadamente y por consenso, nunca se sentirán
totalmente responsables de una administración económica, como aquellos
conglomerados, comunidades, grupos de personas o individuos, directa y
estrictamente a cargo de los mismos.

 

La proyección de las prácticas económicas está sujeta a grandes cambios en las próximas décadas. ¿Cómo se llevará a cabo?  ¿Podrá atenuarse el
choque de intereses que inevitablemente esto producirá? No son respuestas
fáciles.

 

Sin dudas que países como China, Vietnam, Cuba y algún que otro país latinoamericano, incluyendo ciertas naciones del Medio Oriente, África y algunos de la parte
oriental de Europa, tienen las mayores posibilidades de transitar por un camino
más sosegado en este sentido. Estados Unidos es más impredecible y ojalá que
pudiera sorprendernos en las próximas décadas.

 

Por lo pronto la economía de este país se encuentra entre el atascadero económico o un desenlace parcial cuyos dolores sociales pudieran ser minimizados. Recursos para mitigar
las dificultades y carencias sociales le sobran, aunque pudiera faltar la
racionalidad lo cual, de ocurrir colectivamente, sería contradictorio con el
devenir de la humanidad hasta nuestros días, que siempre ha buscado vías para la
supervivencia.

 

 


*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami (www.radio-miami.com)  

 
Foto © Virgilio PONCE
 
 

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