A continuación algunos fragmentos del Libro por los Senderos de la Patria y más allá de Augusto Fábrega D. sobre el Insigne Literato nicaragüense Rubén Darío.
Rubén Darío estuvo en Panamá, parece ser en varias oportunidades (en una de estas ocasiones el 3 de abril de 1893, fue motivo de un homenaje brindado por el gobernador del Istmo, Juan F. Aycardi).
El verdadero nombre del bardo, era Félix Rubén García Sarmiento. Darío era nieto del panameño Domingo García, oriundo de San Francisco de la Montaña en la provincia de Veraguas. El apellido del seudónimo literario del poeta era el nombre Darío, de su abuelo, a cuyos descendientes los moradores de Segovia, les llamaban “los de Darío”.
Al enterarse Rubén Darío de la muerte en combate de José Martí expresó: “¿qué has hecho Maestro?”, considerando que el gigante cubano de las letras, no debió pasar de la poesía a la acción. Se cuenta que anteriormente al conocer Rubén Darío a Martí el 24 de mayo de 1893, en Hardman Hall, después de pronunciar un discurso, el bardo nicaragüense llamó al patriota cubano: “Padre y Maestro” a lo que José Julián Martí Pérez le ripostó llamándole: “Hijo mío”.
En una de sus visitas a Panamá, el autor de Azul y muchas otras obras magistrales, al encontrarse con el poeta panameño, Gerónimo Ossa, escribió el siguiente epigrama:
“Vuelvo Jerónimo por tu terruño,
Don Juan, Don Pedro, Don Luis, Don Nuño,
Sus nombres próceros contigo van.
Pasará el tiempo, pasará el hombre,
pero grabado quedará tu nombre,
en los cimientos que quedarán..”
En 1913 Darío estuvo en Panamá, desde donde se dirigiría a su patria natal a pasar los últimos años de su existencia ya que murió en 1916. Aquí en el Istmo fue atendido por los intelectuales Guillermo Andreve y Ricardo Miró quienes dirigían el Ateneo de Panamá, organismo que agrupaba a los escritores y editores panameños. El gran poeta, fue agasajado con un banquete en el comedor del hotel Central, donde Ricardo Miró leyó un poema dedicado al maestro y Guillermo Andreve pronunció el discurso de fondo en calidad de oferente del acto. Al final Darío agradeció el gesto de sus colegas panameños aludiendo a su origen veragüense por la rama paterna y además se refirió a la unidad lingüística y religiosa de nuestra América.
Una anécdota curiosa de Rubén Darío es que pocos días antes de su deceso, tuvo un sueño que resultó premonitorio; el poeta soñó que había muerto y que los buitres despedazaban su cuerpo y entrañas; lo que aconteció ulteriormente fue, que al morir Darío, sus familiares políticos, cuñado y otros, se disputaron las vísceras del poeta: el corazón y el cerebro para venderlos.
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