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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

aviador_cubano01Por Jorge Oller Oller

En Cienfuegos, el piloto Antonio Menéndez había seguido muy atentamente la extraordinaria hazaña de los aviadores españoles Barberán y Collar al volar sin escalas desde Sevilla a Camagüey los días 10 y 11 de junio de 1933. Ellos habían abierto el primer camino aéreo directo que aproximaba a Cuba y España y para lograrlo tuvieron que saltar el Atlántico por el lugar mas ancho. Nadie lo había intentado antes.

Días después sucedió la imprevista y terrible desgracia de la desaparición de los aviadores hispanos en la selva de Yucatán, cuando volaban desde La Habana a Ciudad México en otra etapa de su viaje. Menéndez quedó muy consternado y quería, como piloto, rendir un homenaje digno de la proeza que ellos realizaron. No encontró nada mejor para devolver aquel gesto de buena voluntad y hermandad que hacer el mismo vuelo a la inversa, es decir desde Camagüey a Sevilla y esa idea comenzó a germinar en su cabeza.

Antonio Menéndez Peláez había nacido el 4 de diciembre de 1898 en Santa Eulalia de Riveras, Asturias. A los trece años viajó a la ciudad de Cienfuegos para reunirse con su padre Manuel y su tío José, que tenían un comercio en esta ciudad. En los primeros tiempos fue mandadero y bodeguero hasta que pudo comprar una barca para pescar y transportar mercancías de un lugar a otro de la bahía y a otros puertos cercanos.

Eran años que se hablaba con asombro de adelantos e increíbles aventuras aeronáuticas. Precisamente, en 1927, el aviador Charles Lindberg realizó sólo el famoso vuelo desde Nueva York a Paris. Fue también el año que Antonio obtuvo la ciudadanía cubana y el que su amigo Lundy, un piloto norteamericano que volaba regularmente a Cienfuegos, le dio una vuelta en su aeroplano y por primera vez vio la tierra desde el aire. Desde ese momento quiso ser aviador.

Era tal el deseo de estudiar aviación que su tío le costeó los estudios en la escuela norteamericana “Chicago Greer College Aviation” graduándose en 1929 cuando contaba 31 años. Con los ahorros que obtuvo trabajando en sus ratos libres y algún dinero que le mandó su tío, compró una avioneta “Waco”. Con ella regresó a Cienfuegos y estableció un servicio de carga y transporte de pasajeros que le permitió recorrer la isla y conocer a otros pilotos, entre ellos a Ernesto J. Usatorres Uvieta, Gustavo Novo Saborido y otros más

Un día de enero de 1934, Menéndez volaba por la playa de Varadero cuando vio en la pequeña pista del Palacete “Wanadú” de la familia Dupont un avión accidentado y se interesó por él. Unos dicen que la dueña, Irene Dupont, le pidió mil dólares, otros que se lo regaló. De una forma o de otra el piloto de Cienfuegos se hizo de un Lockheed Sirius 40, monoplano terrestre de ala baja, con cabina abierta de dos plazas, armazón de madera forrado con tela y un motor Pratt & Whitney “Wasp” de 550 hp que permitía alcanzar una velocidad crucero de 290 kilómetros por hora. Era un excelente avión que costaba 25,000 dólares y era igual al que Charles Lindberg y su esposa utilizaban para viajar por el mundo. Antonio Menéndez estaba muy contento porque disponía de un aeroplano capaz de realizar su anhelo. Sólo necesitaba repararlo y buscar los recursos necesarios para llevar a cabo el proyecto, pero eran momentos muy difíciles.

Dos meses después del vuelo de Barberán y Collar, fue derrocado el régimen tiránico de Machado y los nuevos gobernantes buscaban el modo de estabilizar la nación, unificar los movimientos revolucionarios y solucionar los graves problemas políticos, sociales y económicos que se debatían en la agitada república. Por otro lado, el 4 de septiembre de 1933, los sargentos tomaron la jefatura de las fuerzas armadas y reorganizaron los mandos.

El nuevo Jefe de la Marina de Guerra, Angel A. González, sargento devenido en Teniente Coronel, se encontró que sus fuerzas no contaban con ningún avión. Según le informaron, en 1927 habían asignado a la Marina un hidroplano para la vigilancia de las costas pero era piloteado por los aviadores del Ejército; la dualidad de mando ocasionó serias fricciones y en definitiva la maquina quedó en manos de la aviación militar. Como era necesaria la vigilancia costera para impedir el contrabando y auxiliar las embarcaciones en peligro, el Gobierno autorizó el 27 de febrero de 1934 la creación del Cuerpo de Aviación de la Marina de Guerra Constitucional y le asignó tres aviones DH Gypsy Moth de la Havilland Aircraft Company. El Teniente Coronel González nombró al piloto civil Ernesto J. Usatorres Uvieta Jefe del cuerpo de aviación con el rango de teniente y le dio la orden de organizar el departamento y buscar aviadores experimentados. Días después se alistaban sus amigos Gustavo Novo Saborido, René Basarrate Miró, Abelardo Torres Odrionzola y Antonio Menéndez Peláez todos con el grado de subtenientes.

aviador_cubano05El reportero gráfico Emilio Molina, que en aquellos tiempos era teniente de la Marina de Guerra Constitucional y segundo Jefe del Negociado de Prensa, recordaba que Antonio Menéndez ingresó en la Marina de guerra animado por su amigo Usatorres, jefe del Cuerpo de Aviación, quien elevó y recomendó con mucho entusiasmo a la jefatura la ejecución del proyecto de vuelo Camagüey-Sevilla, no sólo por la amistad que le unía a Menéndez sino por el prestigio que indudablemente daría a Cuba, a la Marina de Guerra y muy especialmente al flamante cuerpo de aviación naval que dirigía. Menéndez reforzó la solicitud de su Jefe y amigo al donar el avión que había conseguido semanas antes contribuyendo así a engrosar el parque de aviones de la marina. El plan y el gesto agradaron al Estado Mayor y fue aprobado con el beneplácito del entonces Presidente de la República Carlos Mendieta.

A mediados de marzo el avión fue trasladado en una barcaza de la marina desde Varadero hasta los talleres de la base de aeroplanos de Mariel. Menéndez, que era mecánico graduado en la escuela de aviación de Chicago, dirigió los trabajos de la reparación del avión. Su jefe logró la autorización para comprar el tren de aterrizaje y la hélice que estaban totalmente destrozados y de un equipo de navegación nocturna que permitía mantener el rumbo a ciegas con exactitud y seguridad. Para aligerar el peso de la nave se descartó el equipo de radio y como el vuelo lo realizaría Menéndez solo, en el espacio del copiloto fue adaptado un tanque de gasolina adicional que sumado a los depósitos originales del avión tenia una capacidad total de 1 700 litros de combustible.

Todo el grupo del Cuerpo de aviación se sintió parte del proyecto y mientras los mecánicos se esmeraban en la readaptación del avión, los pilotos ayudaban a Menéndez en la preparación de la ruta de vuelo y las coordinaciones con los aeropuertos y observatorios por donde debía volar o hacer escalas. El avión quedó listo la primera semana de enero de 1936.

aviador_cubano02El jueves 16 enero se realizó una pequeña ceremonia en el aeropuerto de Rancho Boyeros para bendecir el vuelo y bautizar al avión con el nombre de “Cuatro de Septiembre” propuesto por el jefe de la Marina, por ser la fecha que marcaba el inicio de la revuelta de los sargentos. El viernes se repasó con la Jefatura el plan vuelo. Estaba previsto realizarlo en dos semanas con paradas de descanso y reabastecimiento en los aeropuertos de La Guaira en Venezuela; Belem do Pará y Natal en Brasil, Bathurst en Gambia y el Cabo Juby en el Marruecos español. El Presidente provisional de la República, José A. Barnet, que había sustituido a Mendieta, dio al vuelo carácter oficial entregándole al piloto una carta autógrafa para el Presidente español Manuel Azaña. El sábado 11 partió hacia Camagüey haciendo una parada en Cienfuegos para despedirse de su familia y amigos.

Al día siguiente, domingo 12 de enero de 1936, a las 07:10 de la mañana el sub teniente Menéndez despegó en su avión del aeropuerto Barberán y Collar de Camagüey rumbo a La Guaira ante una multitud de camagüeyanos que lo vitoreaba.. La poca visibilidad que había en la zona norte de Venezuela lo obligó a dar vueltas buscando algún punto de referencia. El consumo fue muy superior al calculado y tuvo que aterrizar en el primer aeropuerto que encontró. Resultó ser el de Puerto Cabello, allí se reabasteció y continuo hasta llegar a La Guaira.

El martes enero 14 por la mañana partió de la Guaira para Belem do Pará en Brasil, pero al volar sobre Corentyne, en la Guyana inglesa, se produjo una grieta en el tanque principal de combustible con la consiguiente perdida de gasolina obligándolo a realizar un aterrizaje de emergencia en un potrero, no sin antes realizar varios rasantes para ahuyentar el ganado que pastaba allí. Al informar a su jefe de lo ocurrido éste le ordenó ir a Puerto España, Isla de Trinidad, a donde mandaría al subteniente Gustavo Novo Saborido con un mecánico y piezas para la reparación del depósito de gasolina y chequear el avión. Allí estuvieron casi tres semanas construyendo un nuevo tanque de más capacidad para una mayor autonomía de vuelo.

El lunes 3 de febrero, Menéndez partió con el avión reparado hacia la ciudad brasileña de Belem du Pará, en el delta del Amazonas. A su lado volaba el avión del teniente Gustavo Novo con el mecánico observando el comportamiento de la nave. Al llegar a Pará, Menéndez se dio cuenta que había perdido su pasaporte y fue retenido hasta que pudo solucionar la documentación.

El 5 de febrero Menéndez se despidió de sus compañeros que regresaron a Cuba mientras él continuaba con su itinerario. Luego de una escala técnica en Fortaleza llegó a Natal donde tuvo que esperar a que las condiciones atmosféricas fueran lo más favorables posibles para cruzar el Atlántico.

aviador_cubano04El domingo 9 de febrero, los pronósticos del tiempo parecían favorables y el piloto cubano se dispuso realizar el salto a África. A las 11:06 de la noche partió de Natal con los tanques llenos hasta el tope rumbo al noreste. Había recorrido unos mil kilómetros sobre el océano cuando la noche se cerró de pronto y empezaron la lluvia y los vientos a batir la nave. Menéndez volaba a ciegas y fueron sus lazarillos los instrumentos de navegación nocturna que había instalado; gracias a ellos pudo mantener el rumbo. Al amanecer había dejado atrás el peligro y al mediodía pudo distinguir a lo lejos la costa africana. A las 2:30 de la tarde del lunes 10 aterrizaba en el aeródromo de Bathurst, la capital de Gambia, después de volar 3 160 Km sobre el mar. Era el primer hispanoamericano que cruzaba el Atlántico en solitario.

El miércoles 12. Después de dos días de estancia en Gambia, Menéndez voló al puesto aéreo español de Cabo Juby en el África Occidental española. Antes de aterrizar lo sorprendió una tormenta de arena, muy común en esa zona. Los pilotos españoles lo acogieron con mucha simpatía y admiración y le indicaron la ruta de vuelo más segura hasta la península, pero debía esperar a que las tempestades del desierto lo permitieran.

aviador_cubano03El viernes 14 de febrero las tormentas amainaron y a las 10.30 de la mañana partió para el aeródromo Tablada, en Sevilla. Llegó a las 5:25 de la tarde y fue recibido a nombre del Gobierno republicano de España por el Director General de Aeronáutica, general D. Miguel Núñez de Prado, acompañado del embajador cubano Manuel Pichardo y los Jefes del Ejercito y la Marina española. La bienvenida se complementó con las vivas del público que acudió a verlo y un desfile militar en su honor.

Menéndez había recorrido en avión un total de 14 454 km. en 72 horas y 27 minutos de vuelo, a una velocidad promedio de 185 km/h. y empleó para ello 33 días, 10 horas y 20 minutos entre reparaciones, descansos, abastecimientos e imprevistos fenómenos atmosféricos. Fue el primer aviador cubano y latinoamericano en volar en solitario de América a Europa.

El heroico aviador fue recibido en Madrid con honores, condecorado por el Presidente de la Republica Manuel Azaña, con la Orden de la Republica y agasajado en varias ciudades de la península. El 27 de abril de 1936 se despidió de los españoles en el puerto de Santander al abordar el vapor correo “Cristóbal Colón” de la Compañía Trasatlántica española para regresar a Cuba. En las bodegas, cuidadosamente desarmado y embalado, iba también su avión. Había cumplido el homenaje a sus colegas Barberan y Collar.

NOTA FINAL

aviador_cubano06La Habana recibió al subteniente Menéndez como un héroe. El Presidente provisional José A. Barnet, que había asumido al renunciar Mendieta, le impuso la orden “Carlos Manuel de Céspedes”, la más alta condecoración de la Republica; también recibió las Ordenes del Merito Naval y Militar y el ascenso a primer teniente.

El 3 de abril de 1937 contrajo matrimonio con Ofelia García Brugueras y el 12 de noviembre, al frente de tres aviones cubanos y uno dominicano, dio inicio al llamado “Vuelo Panamericano Pro Faro de Colón”, auspiciado por los gobiernos de Santo Domingo y Cuba y la Sociedad interamericana con la idea de llamar la atención y recibir el apoyo de los pueblos y mandatarios latinoamericanos para construir un faro gigantesco en homenaje a Cristóbal Colon. La cuadrilla recorrió varios países de América del Sur. El 29 de diciembre de 1937, a los pocos minutos de haber despegado del aeropuerto de Cali, en Colombia, rumbo a Panamá, los tres aviones cubanos se estrellaron en las elevaciones cercanas. El piloto dominicano que había salido antes llego a su destino. En el accidente murieron los mecánicos Manuel Naranjo, Pedro Castillo, Roberto Medina y Ernesto Tejeda, el periodista Ruy Lugo de Viña, los tenientes pilotos Alfredo Jiménez Alum Feliciano Risech Amat y el jefe del grupo e ídolo de la aviación cubana Antonio Menéndez Peláez.

Los restos fueron expuestos en el Salón de los Pasos Perdidos del Capitolio donde el pueblo demostró su gran dolor, respeto y admiración. En cuanto al avión Lockheed Sirius, utilizado por el Teniente Menéndez en su memorable vuelo Camagüey-Sevilla, fue utilizado en patrullajes durante varios años hasta que en 1945 se quemó al incendiarse el hangar de Mariel donde se guardaba.

Fuentes:

Conversación con Emilio Molina en el Diario de la Marina el 10 de junio de 1956.
Datos extraídos de los diarios El País y Diario de la Marina del 13 y 14 de enero y del 15 y 16 de febrero y del ABC de Madrid del 19 de abril todos del año 1936.
Dr. José J. Trémols. El 4 de septiembre en la Marina Cubana. Imprenta “Siglo XX” La Habana 1935, p.p. 218, 224-230.

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