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Yudith Carvajal Álvarez junto a su familia sufren hoy las consecuencias de la política Pies secos-pies mojados.  Parte de los suyos permanecen en cualquier lugar inhóspito después de siete años, donde ella aún no sabe. 

Yusimí, sus esposos y dos hijos se perdieron en el año 2009, tras intentar salir del país. Foto: Cortesía de la familia.

Por Pedro Rizo Martínez/TV Yumurí.- La familia de Yudith Carvajal no resultó de las afortunadas con la política de “Pies secos, pies mojados”. Esta medida impuesta por años a los cubanos se convirtió, para muchos, en la vía de escape al llamado sueño americano. Para otros como Yudith y los suyos, en una pesadilla. La peor de todas.

“Bien terrible, porque estas historias uno las escucha y no piensas que te va a llegar a ti, algo que tú no vas a llegar a vivir. Tú lo estás oyendo y dices, mira qué horror. De buenas a primeras te encuentras que estás viviendo esa historia y tú dices no es posible”.

Yudith Carvajal sufre cada día por la pérdida de parte de su familia. Foto: Raúl Dávalos.

Yudith no deja de sufrir. El tiempo es incapaz de borrar la memoria de aquellos días de noviembre del 2009. Su hermana Yusimí, los dos pequeños sobrinos y el cuñado, desaparecieron.

“Yo estaba en la casa, mami me llama y me dice que mi hermana se había ido. Yo dije ¿cómo que se fue? Dice que se fueron varias gentes y entre esos está tu hermana con los niños, afirmó mi mamá nerviosa. ¿Mami cómo que mi hermana se fue? Vengo para la casa y cuando llego me encuentro con esa realidad. Mi hermana no estaba en la casa… salieron un buen día, una tarde, ya…”

La política Pies secos-pies mojados estimulaba la emigración de cubanos hacia los Estados Unidos.

A las cuatro de la tarde del siguiente día una llamada devolvió algo de calma. “Estamos aquí, estamos bien”. Para ese momento aún permanecían en tierra.

“Eso fue todo. Yo no recibí más nada. Ya después todo fue comentario, llamadas por aquí… Nosotros fuimos a diferentes instituciones, hicimos las reclamaciones. Para ser honesta no las hice de inmediato, esperamos. Al ver que pasaban los días y no teníamos comunicación me dirijí a las instituciones gubernamentales y comienzo a hacer  las reclamaciones”.

De las 40 personas a bordo de la embarcación no se supo nada más. Foto: Lino García

Nadie sabe con certeza si salieron o llegaron; si tienen una mejor o peor vida, si alguien les cambió las identidades, o en el peor de los casos, si no viven. Yudith y su madre, esperan el día en que alguien asome a la puerta con las siluetas de los familiares perdidos.

Perfecto sueño equivocado
La embarcación, suponen, se perdió con más de 40 personas a bordo en las apenas 90 millas que separan a Cuba de los Estados Unidos. El tiempo pasó y del norte nadie llamó. De Yusimí y de los otros no se supo más.

Los sobrinos de Yudith. El mayor tenía 18 años y la niña apenas 8. Ellos se perdieron junto a sus padres.Foto: Cortesía de la familia.

“Te diré que mi sobrino tenía unos 18 años y la niña era diez años menor que él, o sea, unos ocho. Ellos habían tenido otros intentos. Después de venir habían jurado y per jurado que eso nunca más iba a suceder, que ellos no lo harían más, que no lo harían más…. Ahora, ¿dónde está el problema en esto?, en no hacerlo la primera vez, a la vez que lo haces la primera vez no hay marcha atrás”.

La familia, los de acá y los de allá, se ahogaron en la desesperación. Buscaron por mar y tierra durante muchos días. El hecho existe solo en el testimonio y en los recuerdos de Yudith, quien espera decirles adiós alguna vez.

“Lo que hago es eso, tratarlo de evadir, tratarlo de evadir. Eso, no pensar en eso, pensar que en algún momento voy a estar con ellos”.

Las 40 personas, se supone, que se perdieron en las 90 millas que separan a Cuba de los Estados Unidos de América. Foto: Lino García.

Luego llegaron las especulaciones. Unos decían que les extrajeron hasta el último de los órganos para venderlos. Hasta pensaron que estaban en las Bahamas y realizaban trabajos forzados, al estilo de la esclavitud del siglo XIX cubano.

“Mis padres nunca más fueron personas. A mis niños yo no sé qué decirles. Yo no sé nada de sus primos…”

Yudith ha vivido años con nostalgia de ver a los suyos. Ella necesita el beso, la ternura y el calor de su hermana. Llora por los sobrinos; casi fue una madre para ellos. En su casa siempre hubo espacio para las travesuras inocentes.

“Mi hermana era una persona de pueblo. Quizás con sueños como cualquiera quisiera darle a sus hijos, quizás una mejor vida, quizás un futuro…”.

Ni secos ni mojados

Los intentos de Yusimí, su esposo y los niños, por salir del país en varias ocasiones siempre preocuparon a Yudith. A las esperanzas por llegar más allá las acompañaba el temor.

“Yo voy a decir algo, que se lo dije a mi hermana: yo te despido, yo voy con el dolor de mi alma para que atravieses el océano completo y vayas al otro lado del mundo con sueños, pero así no, por favor, así no. Su respuesta fue: no tengo miedo”.

Una de las últimas fotos que se conservan de Yusimí y su esposo. Ambos vivían en el municipio de Perico. Foto: Cortesía de la familia.

La política de Pies secos- pies mojados sumió en el dolor a cientos de cubanos, barrios y pueblos enteros como el de Perico.

“No, no puedo estar de acuerdo con ello. Yo soy víctima de esa política, soy doliente porque créeme que son personas importantes en mi vida”.

La sobrina de Yudith sufrió las consecuencias por la decisión de sus padres de abandonar el país. Foto: Cortesía de la familia.

La emigración se volvió un suceso cotidiano para los pobladores de Perico. Hoy algunos disfrutan del éxito. Muchos viven el cansancio por el trabajo minuto a minuto en busca de un mejor pago. Otros le falta la felicidad, la salud, el dinero y sus cuerpos se esconden donde aún nadie conoce.

Los cubanos tienen derecho a emigrar de forma segura y de soñar también, sin que la muerte asome o destruya las esperanzas.

Yudith no olvida. Ella dice que no está de acuerdo con la emigración ilegal y desordenada y que ponga en riesgo la vida de las personas. Foto: Raúl Dávalos.

“No descansar, seguir intentando con que no suceda que no es la vía correcta. Que si realmente quieren ayudar a los cubanos, que hagan otra forma, que el cubano pueda emigrar de otra manera, o que mejoren un poco la situación de Cuba, yo no digo que sean ellos, porque la situación de Cuba la tenemos que resolver nosotros., no vamos a echarle la culpa solo a esa política, o a la Ley. No estoy de acuerdo con eso tampoco. ¿Por qué se emigra tanto? Hay que buscar las causas por qué es tanta la emigración”.

El olvido es imposible al paso de los años. Yudith entristece y cuando conoce de hechos de emigración ilegal insiste en el valor de la vida por encima de los sueños.

“Aún tengo esperanza porque no hay evidencia de nada. Sencillamente salieron y nada más. La voy a tener mientras viva, porque eso es lo único que me deja levantarme cada mañana”.

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