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Padura: “Regreso a Ítaca no es una obra coyuntural”. Por Marianela González

Por Marianela González/Cuba contemporánea.- La nave ha venido a atracar en costas cubanas justo en medio de la tormenta. En diciembre habría sido más fácil. Aunque ha bajado un poco la marea desde Panamá, quedan a flote los sargazos, y el arcoíris salobre y grasiento de las lluvias de mayo no se ha escurrido todavía de las calles de la ciudad. Entre el cruce de salvas y el cansancio y las preguntas, Regreso a Ítaca habrá sido leída ahora, cine francés y Hollande mediante, con una intervención que no habría estado durante el Festival del Nuevo Cine La Habana -dígase antes del 17D-: esta nouvelle vague de la incertidumbre.

O al menos, eso pienso.

Pero Leonardo Padura cree que no. Y repite: “creo”.

“Aunque la realidad se mueve, las cosas cambian, la sociedad cubana inevitablemente se abre -y todo eso influye en la forma en que se asimila una obra de arte- creo que Regreso a Ítaca es lo suficientemente universal y permanente como para conservar una lectura similar de sus esencias estéticas y conceptuales. Y eso lo ha demostrado la recepción que ha tenido dentro y fuera de Cuba. Además, el pasado es el pasado y no puede cambiarse: puede releerse, debe revisarse, debe analizarse, pero difícilmente cambiarse o sepultarse, y el drama de los personajes de la película existió y existe”, dice a Cuba Contemporánea vía email.

Desde Europa, donde trabaja en la promoción de su más reciente novela, accede a responder un pequeño cuestionario y sostiene que Regreso… no es “una obra coyuntural, sino que pretendimos hacer una obra sobre una realidad vivida, que ciertamente puede interpretarse y entenderse de diversos modos -nadie tiene la  verdad absoluta- pero que también se puede interpretar y entender cómo lo propusimos en la película y, por eso, tanta gente me ha escrito, hablado, comentado que se han sentido reflejados en la historia y los conflictos de estos personajes. En especial la gente de mi generación, pero también de otras generaciones e incluso de otras realidades. Y es que Regreso a Ítaca -lo digo con orgullo- es un producto artístico y, como tal, tiene un carácter polisémico. Y -para más orgullo- es una buena película, y esa calidad también es parte importante a la hora de provocar reacciones”.

Había sido anunciada aquí para el Festival de diciembre. Catálogo y todo. A nadie extraña entonces que su retiro de la programación del más importante evento cinematográfico en la Isla haya destapado un polvorín en las redes sociales y todo tipo de medios de comunicación; sobre todo, en tiempos en que el campo cinematográfico cubano -díganse los cineastas, los espacios de discusión/proyección y las obras mismas- conoce un dinamismo y una capacidad de interlocución y de articulación inéditos.

“La decisión de sacar Regreso a Ítaca de la programación del Festival de Cine en diciembre fue asumida por la dirección del ICAIC con el argumento de que no habían visto la película, pero con la promesa de que se haría lo posible por programarla en algún momento”, explica Padura. Eso fue lo que “informaron a los actores, al productor cubano y a mí en una reunión en el ICAIC días antes de que comenzara el Festival”.

“A partir de ahí comenzaron dos procesos -añade-: por una parte, la reacción de los artistas cubanos que habíamos trabajado en la película, a la que se sumaron de inmediato un grupo de cineastas y otros artistas (fundamentalmente los que representan la Asociación de Cineastas, el llamado G-20, pero en especial el G-7), que llegó a la publicación de documentos a cuya firma se sumaron los Premios Nacionales de Cine. Nuestra posición era que no resultaba admisible un acto de censura propio de otros tiempos que ya creemos superados por la sociedad cubana y hasta por la historia…”.

No ha de temerse la sinceridad fue el texto firmado por los cineastas al frente del llamado G-20 -comité que los representa, elegido por ellos en asamblea pública y abierta- y que comenzaría a circular por los circuitos informales (email, redes sociales, el llamado Paquete semanal), las agencias internacionales de prensa y medios de comunicación no oficiales radicados en la Isla. En el documento, prestigiosas figuras del cine cubano (Fernando Pérez, Arturo Arango, Senel Paz, Manuel Pérez Paredes) y jóvenes cineastas (Claudia Calviño, Luis Ernesto Doñas, Pedro Luis Rodríguez) hacían notar que “por imposición de las máximas autoridades del Ministerio de Cultura y el ICAIC, la dirección del Festival fue obligada a retirar la película Regreso a Ítaca, del director francés Laurent Cantet”, lo cual significaba un “disparate cultural y político”.

Consecuentes con el espíritu que ha animado al grupo, sus declaraciones y procesos de trabajo desde su constitución espontánea y abierta en mayo de 2013, la declaración no se había hecho pública durante los días del evento con el propósito de “no interferir con su exitoso desarrollo”. Pero “nuestro público tiene derecho a ver esa película y a decidir por sí mismo su opinión con respecto a ella”, firmaban el 17 de diciembre de 2014, sin arriesgar juicios de valor en torno al filme.

Esa no era la cuestión.

El documento recibiría más tarde las adhesiones de varios Premios Nacionales de Cine: los directores Julio García Espinosa, Juan Padrón, Enrique Pineda Barnet y Juan Carlos Tabío; las actrices Daysi Granados y Eslinda Núñez; el fotógrafo Raúl Pérez Ureta y el músico Leo Brouwer. Ellos “nos representan a todos más que cualquier comité, representan toda la trayectoria y el futuro del cine cubano”, añadía el G-20 en una segunda declaración.

Por otro lado, explica Padura, “comenzó la comunicación entre el ICAIC y los productores y distribuidores franceses para que se enviara una copia de la película a Cuba, con la cual la dirección del ICAIC podría hacerse un juicio definitivo… Todo ese proceso duró meses, hubo tensiones, pero al final se llegó a una decisión que considero, personalmente, satisfactoria: la de programarla en el Festival de Cine Francés en La Habana…  Para ese momento había ya ocurrido lo que advertimos desde los primeros documentos: la película había llegado al ‘paquete’, y mucha gente la había visto, lo cual demostraba lo que es hoy una nueva realidad: la imposibilidad de censurar un producto audiovisual en la época de Internet y las nuevas tecnologías. ¡No se puede practicar hoy la política de programación y difusión de cultura con los métodos y resultados de los años 1970, porque el mundo es distinto y porque Cuba, y sus creadores, somos distintos! Y ahora, cuando se ha visto la película en Cuba, ha quedado demostrado algo que advertimos desde el inicio: todo lo ocurrido alrededor de la exhibición de la película se pudo haber evitado”.

El asunto pernoctó en los agujeros negros del espacio público cubano hasta este mayo, cuando ha sido presentada en La Habana al amparo del Festival de Cine Francés.

Cuba de moda, oui

En los últimos meses, y especialmente a partir de la puesta en vigor de una nueva Ley de Inversión Extranjera, con la consecuente apertura de un proceso de descentralización de la economía cubana, y del anuncio del proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, Francia se le ha venido adelantando a la propia Unión Europea en los acercamientos con Cuba.

La proximidad y progresiva conversión del paradigma “France à Cuba” en “Cuba à la France” -esto es, el posicionamiento de la etiqueta #Cuba en el imaginario turístico y financiero galos- habían estado tomando cuerpo en el tejido cultural, y con el “Happy Havane” à la française llegaba a París una delegación encabezada por el ministro cubano de relaciones exteriores y se aplatanaban aquí las inversiones en alimentación y distribución, turismo, energía, construcción y telecomunicaciones.

Bajo ese manto de protección, la decimoctava edición del Festival de Cine Francés en Cuba se instalaba en el cine Chaplin de La Habana con una delegación de lujo que no solo dejaba bien servida la mesa ante la visita oficial de Hollande a la Isla -primera de un mandatario francés a Cuba-, sino que, además, manifestaba un claro punto de vista por parte de su diplomacia en La Habana: Regreso a Ítaca se presentaba por primera vez en un cine cubano en tanto sus valores eran equiparables a los de otras películas que fungirían esta vez como embajadoras del cine francés en Cuba. Tan cerca, tan afín. Tanto como la propia figura de Costa Gavras en el proscenio. La de esa noche fue una clase magistral del más genuino savoir faire francés: la interlocución, la negociación, el diálogo.

¿Qué vimos?

“Un acto de justicia”, había dicho Padura a EFE.

¿Qué sentimos? Eso depende.

Escena de Regreso a ÍtacaDesde sus distintos roles dentro de la historia y de una imagen país que lleva la marca Padura en cada uno de los diálogos y las situaciones, Néstor Jiménez (Amadeo), Isabel Santos (Tania), Jorge Perugorría (Eddy), Fernando Hechevarría (Rafa) y Pedro Julio Díaz (Aldo) encarnan las frustraciones, las ganancias, los destinos de una generación que es la suya -la de Padura, la de los actores mismos- y que encuentra en esa sintonía su principal fortaleza: es un relato coral de la “generación perdida” hecha por ella misma. Otra vez una azotea en La Habana, espacio desde el cual se ha puesto en escena no solo una hermosa épica revolucionaria en la Isla (léase Clandestinos), sino también, sus más profundas introspecciones, sus “paisajes después de la batalla” (léase Madagascar). Una estructura dramática que discurre como la propia vida en este lugar: como una Suite interminable (léase Habana) que solo se altera en los pequeños y casi sincrónicos intervalos… cuando el Latino suena, cuando chilla un cerdo, cuando es la hora de comer. Qué cuestionamientos se le iba a hacer.

En lo que a mi juicio respecta, un par. A los más urgentes, Padura responde al rato.

He notado una distinta experiencia de recepción según generaciones. Y claramente, el punto de vista de los personajes es el de su generación. ¿Por qué ha podido Padura hacer lo que no pudieron ni Amadeo, ni Rafa, ni Eddy: ser un creador en Cuba? ¿Es posible escribir en Cuba sin ser una “puta”?

“Sobre la recepción de las distintas generaciones ya te he dicho algo, pero de todas formas es evidente que la historia contada afecta sobre todo a una generación, que es la mía, la de Mario Conde, la de los protagonistas de La novela de mi vida y del personaje cubano de El hombre que amaba a los perros…

“Y, definitivamente, creo que un artista en Cuba puede realizar su trabajo con dignidad, con seriedad, con mirada crítica si es lo que le exigen sus expectativas sociales y artísticas, si acepta el reto de sufrir ciertas incomprensiones, si hace su trabajo con honestidad. Todo eso implica pagar determinados precios, por supuesto. En mi caso, con cierta frecuencia, recibo ‘reprimendas’, firmadas y anónimas, de personas conocidas o de gentes que cuelgan comentarios en sitios de Internet, de gente que vive en Cuba y de otros que viven fuera -algunos ni siquiera son cubanos- en las que a veces me dicen cosas muy duras, hasta me mandan a callar o me impelen a dejar de escribir. Dentro de Cuba, incluso, de alguna forma me ‘invisibilizan’ en los medios, no se anuncian mis presentaciones de libros, se suspenden conferencias a las que he sido invitado, no se me entrevista apenas en ciertos medios…  Con Regreso a Ítaca en los periódicos llegó a mencionarse que Laurent Cantet estaba en Cuba, pero no se mencionaba el título de la película y, por supuesto, tampoco mi nombre.

“Pero mi trabajo está ahí, porque lo único que hago es trabajar, sin esconder cartas, tratando de explicarme y testimoniar mi realidad, aunque en ocasiones para hacerlo me vaya a la Ámsterdam de Rembrandt y Spinoza”.

“Cuba de moda”, escribió hace pocas semanas. Y para muchos, entre los que me incluyo, Regreso a Ítaca tiene suficientes ingredientes (temáticos, iconográficos) para alimentar esa etiqueta, sobre todo en Europa. Como parte del proyecto y autor de lo que se cuenta, ¿qué opina de esa lectura?

“Nunca he escrito para la moda, nunca para complacer expectativas domésticas y foráneas. Escribo sobre lo que necesito y puedo (artísticamente) escribir en cada momento. Creo que si hubiera hecho concesiones mercantiles o políticas tendría una mayor aceptación y éxito comercial y mayor consideración política (por los que hacen la política). Simplemente escribo desde mi conciencia y preocupaciones y si los resultados son satisfactorios es, en buena medida, porque me jodo mucho escribiendo y reescribiendo, investigando, profundizando, dedicando mi vida a la creación y no a la ‘figuración’. Soy el resultado de mi trabajo y si algún éxito he tenido, dentro y fuera de Cuba, ha sido gracias a ese trabajo al que dedico todas mis energías”.

Por el momento, el debate en torno a Regreso a Ítaca ha comenzado a desplazarse, por fin, del “conflicto” a la “película”: como debió ser. Aun cuando apenas hayan sido publicadas algunas críticas, lo que el filme de Cantet/Padura intenta ser como propuesta cinematográfica es todavía una agenda pendiente. Y me temo que lo seguirá siendo por mucho tiempo.

El propio escritor/guionista desconoce si habrá alguna otra presentación en Cuba (fuera de sus dos proyecciones durante el Festival de Cine Francés en La Habana).

“Ahora la película está en manos de los productores y distribuidores y de sus conversaciones con las autoridades culturales cubanas… -apunta-. Pero me encantaría que, a pesar de que ya tanta gente la haya visto gracias al ‘paquete’, la película tuviera la difusión y la promoción que se merece y que los espectadores la juzguen. Sin presiones, libremente…”.

De eso se trata. Y en eso estamos de acuerdo.

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