Por: María Luisa García Moreno
Desde que el 10 de abril de 1892 quedara fundado el Partido Revolucionario Cubano y elegido José Martí como su Delegado, el Apóstol no había cesado en sus empeños para organizar la guerra necesaria por la independencia de Cuba.
Como se sabe, la escasez de fondos fue una constante y sin embargo —se sabría después, cuando con el fracaso del Plan de Fernandina quedó expuesta a la vista pública la magnitud de la gestión realizada—, Martí pudo invertir la para entonces fabulosa cifra de 65 000 pesos, y adquirir armas y pertrechos para más de 800 hombres, así como para alquilar las embarcaciones en que las tres expediciones previstas llegarían a Cuba con los principales jefes de la Revolución: Antonio Maceo, Máximo Gómez y el propio José Martí.
¿Cómo obtuvo Martí semejante cantidad de dinero? Pues bien, en carta enviada a Eduardo Gato1 y otros, el 9 de marzo de 1893, se halla la respuesta: “Ahora me cumple, dice el Apóstol, indicar a Vds. que la suma con que, midiendo el esfuerzo extraordinario por las probabilidades desusadas de éxito de nuestra empresa, estima la Delegación (del Partido Revolucionario Cubano) que, incluyendo en esta suma todo lo que el entusiasmo juiciosamente fomentado con el ejemplo de Vds. pueda levantar en ese Cayo (Cayo Hueso), por concepto del día de la patria o cualquiera otro, de hoy en adelante, la contribución de ese Cayo a la guerra que estamos a punto de realizar puede ser de treinta y cinco mil pesos, que quedarán en manos de la representación de los contribuyentes hasta la hora de su empleo, y se emplearán en objetos y atenciones de guerra con conocimiento y anuencia del interventor”. Y añade más adelante en la propia misiva que “[…] Deja totalmente en manos de Vds. el concierto y manera de la contribución; y solo añade la conveniencia de fomentar en la primera ocasión el día de la patria, con una ayuda pública ostentosa que hará a la larga menor, como es justo que sea, el sacrificio personal”.2
La sugerencia martiana fue aceptada; a ella se sumaron las emigraciones cubanas organizadas por el Partido en clubes y cuerpos de consejo, de manera que cada mes se donaba un día de haber a la Revolución que se gestaba “en silencio”.
En más de una ocasión se refirió nuestro Héroe Nacional, a través del periódico Patria a dicha iniciativa. Por ejemplo, el 1º de abril de 1893, en trabajo titulado precisamente “El Día de la Patria”, escribe: “De paso, solo puede Patria tomar nota hoy del fervor con que, ayer en Martí City, la linda ciudad nueva de Ocala, hoy en el Cayo, han confirmado los cubanos esta institución continua y sencilla ¡suficiente, ella sola, para redimir a nuestro país!”. Y precisa el Apóstol: “Ayer, en Martí City, cuando llegó un viajero amigo (el propio Martí), aunque el trabajo había sido pobre, aunque todos están pagando por semana el hogar en que viven, no hallaron mejor manera de celebrar la visita, que dedicar a la patria el día entero de trabajo. En el Cayo, pocos días hace, los escogedores de la casa de Gato, repitieron en un documento público su compromiso: el menor compromiso que puede contraer un cubano que ve a su país esclavo en esperanza y oportunidad de salvación, el de dar un día integro de trabajo al mes a la Patria […]”.3
De igual modo, en otro texto también titulado “El Día de la Patria. La lista de honor”, afirmó: “El hombre no tiene la libertad de ver impasible la esclavitud y deshonra del hombre, ni los esfuerzos que los hombres hacen por su libertad y honor”, en crítica abierta a los que se mantenían indiferentes al deseo evidente de la mayoría de los cubanos radicados en el exterior de poner su granito de arena en la causa de la independencia patria.
Y hablaba Martí de hacer y publicar una lista —la lista de honor— en la que debían figurar los nombres de todos aquellos que contribuyeran con el “apremiante deber” de donar “un día de trabajo al mes para el tesoro de la Revolución, el Día de la Patria”. Y concluyó: “[…] ¡será como un libro de orgullo, como un libro de hermanos!”.4
Así, por iniciativa de nuestro Héroe Nacional nació esta tradición que resurgió con la Revolución y con muy similares objetivos: del mismo modo que la emigración cubana de finales del siglo xix se esforzaba en contribuir con la preparación de la guerra necesaria para conquistar la independencia de España, los cubanos de estos tiempos contribuimos con la sustentación de las Milicias de Tropas Territoriales, punta de lanza de la “guerra de todo un pueblo”, estrategia preparada para hacer frente a quienes pretenden robarnos la libertad.
Épocas diferentes y un sentimiento común: el amor acendrado a la libertad patria.
Notas
1 Eduardo Hidalgo-Gato y Badía (La Habana, 1847-1926). Tabaquero, que por conspirar contra España, tuvo que huir a Estados Unidos. En Cayo Hueso instaló un pequeño taller manufacturero, que se convirtió en una importante fábrica. Fundador del Partido Revolucionario Cubano, fue un importante colaborador de Martí. Contribuyó de forma decidida a la causa independentista.
2 José Martí: Carta a Eduardo Gato y otros. En: Obras completas, Centro de Estudios Martianos, Colección Digital, tomo 2, pp. 239-243.
3 ______________: ֧“El Día de la Patria”. En: Obras completas, Centro de Estudios Martianos, Colección Digital, tomo 2, p. 282.
4 ______________: ֧“El Día de la Patria. La lista de honor”. En: Obras completas, Centro de Estudios Martianos, Colección Digital, tomo 4, p. 435.
(Cubaperiodistas.cu)
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