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LA AMANTÍSIMA MADRE DE MARTÍ







“Mírame, madre, y por tu amor no llores: si esclavo de mi edad y mis doctrinas tu mártir corazón llené de espinas piensa que nacen, entre espinas, flores…”

Cuando en agosto de 1870, Doña Leonor recibía estos versos con una foto de su querido Pepe, rapado, con burdas ropas de presidio y un infame grillete en el tobillo, a rastras, con una bola de acero negra como el dolor de la patria esclavizada, seguro sintió que el corazón se le quebraba de angustia.

Muchas penas le esperarían a Doña Leonor Pérez Cabrera, nacida en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, en 1828, radicada en Cuba luego y casada con Don Mariano Martí y Navarro, natural de Valencia. Pero sí algo llenó su existencia de luz, sin duda fue aquel 28 de enero de 1853, cuando le nació su José Julián.

Leonor y Mariano tuvieron ocho hijos. Dulce y delicada debió de haber sido aquella moza esplendida que aprendió a leer y escribir en casa de unas amigas, ya crecida, venciendo el cerco familiar que le impidió aprender antes por prejuicios y temores para evitar carteos con pretendientes.

José Martí se enorgullecía de ello, por eso escribirá: “¿De quién aprendí yo mi entereza y mi rebeldía, o de quien pude heredarlas, sino de mi padre y de mi madre?”

Atada por los amorosos lazos de la maternidad al hijo cuya vida dedicada por entero a la causa independentista de Cuba, no tenía reposo, Doña Leonor sufría por la idea de su posible muerte, por su lejanía, dolida “en la cólera de su amor, por el sacrificio de su vida”.

Cierto era el temor de la madre, tierna y enérgica, ante los arrestos de su muchacho, y también la preocupación del noble padre, por aquel hijo, el primogénito en medio de siete niñas. Martí sentía orgullo de sus padres y trataba de compensarles por los quebrantos que les causaba.

Dulce y agradable fue el encuentro en Nueva York. Allí se fue ella a visitar al hijo rebelde. Era el año 1887 y en la velada familiar preparada en su honor, se escuchó por primera vez el bello danzón La Leonora, de la cubana Beatriz Acosta. Ya antes, había llevado a su padre a vivir una temporada con él. El bueno de Don Mariano se sintió orgulloso y feliz de su hijo, pero comprobó que éste seguía como siempre el camino del sacrificio por el ideal de la patria sojuzgada.

Y cuentan los que la conocieron, que a finales de su vida, el pensamiento de la madre estaba puesto en el recuerdo del hijo caído gloriosamente en la manigua redentora.

Doña Leonor Pérez Cabrera, la tierna madre de nuestro Héroe Nacional, falleció en La Habana, el 19 de junio de 1907.

http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2010&num=493&a...

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