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MIGUELITO VALDÉS: La olvidada huella de Míster Babalú. Por GASPAR MARRERO


Un heraldo musical cubano cuyo centenario se cumplió en 2012


Fotos: CORTESÍA DEL AUTOR


Imagen que consagró a Miguelito Valdés desde los
comienzos de su exitosa carrera, por varios años,
con tumbadora en ristre.

Los años 30 del siglo pasado enmarcan la tan breve como intensa fiebre de la rumba. En Europa, la invasión de músicos cubanos, descrita en su momento por Alejo Carpentier, puso de moda nuestros ritmos. Otro tanto sucedió en los Estados Unidos y en buena parte de la América Latina.

El cubano Desi Arnaz fue el primer cantante en aparecer en escenarios estadounidenses con su tambor bocú colgado al hombro e interpretando Babalú, afro de Margarita Lecuona, como carta de presentación. Su agradable presencia compensaba sus pobres facultades vocales. El star system creó para él un nombre publicitario: Míster Babalú. No interpretaba la rumba genuina, sino la comercial, aceptada por la alta sociedad. Exigencias de la época.

El 16 de mayo de 1940, luego de tres años triunfales en su Isla natal, entraba Miguelito Valdés en Nueva York. Era igualmente simpático, y superaba a Desi como intérprete. Pronto el cartel de Míster Babalú se lo pondrían a él, quien durante varios años cantará con una tumbadora colgada al hombro.

Acerca de su nacimiento

Las semblanzas del artista coinciden en cuanto al día de su nacimiento, pero no al año. El investigador y realizador radial Luis Rovira Martínez difundió en 1983 un estudio, hecho por Juan Antonio García y Ezequiel Rodríguez. Este último, importante musicógrafo, inició –entre los indagadores cubanos de las últimas décadas del siglo XX– la consulta de los archivos de las iglesias, en busca de actas bautismales. Vale, pues, asumir los datos del estudio citado: Eugenio Elías Zacarías Miguel Valdés y Valdés nació en la casa número 14 de la calle de Velasco entre Habana y Compostela, en el barrio de Belén, el 6 de septiembre de 1912.
Tres años después la familia se trasladó al barrio de Cayo Hueso, cerca del Parque Trillo. Allí Miguelito vivió intensamente los rituales de las religiones de origen africano y las rumbas de solar. Su amistad con ChanoPozo y su relación –como medio hermano– con Félix Chapottín lo impulsaron a cantar.

Se ganaba la vida como podía: chapista de autos y boxeador, campeón en su división. En la radio lo llamaban El boxeador que canta, y pasó del ringa la música. Tomó clases de canto y guitarra con María Teresa Vera, quien lo incorporó a su Sexteto Occidente. Fue fundador del Septeto Jóvenes del Cayo, en su barrio, y actuó con otros grupos antes de viajar a Panamá por dos años y obtener allí sus primeros triunfos.

A su regreso, entró en la Orquesta Hermanos Castro. Pero esta banda priorizaba un repertorio al gusto americano, y en 1937 Miguelito sería la voz principal de una nueva orquesta: la Casino de la Playa. Cambiaba, para bien, el rumbo de nuestra música.

En 1940 el cantante emigró a los Estados Unidos. Según solía explicar, viajó para unirse a la orquesta del músico catalán Xavier Cugat. Al parecer, la verdadera causa fue la discriminación racial, que en Cuba sufrió junto a sus amigos Chano Pozo y Arsenio Rodríguez. A Chano lo calificaban como demasiado negro para actuar en sitios elegantes. Arsenio grabó con la Casino de la Playa, pero no se le permitía presentarse con ella en público. En los Estados Unidos predominaba el racismo a ultranza, pero los intereses mercantiles propiciaban alguna flexibilidad que fuese rentable, y la música cubana vendía.

Antes de marchar, Miguelito grabó con la Havana Riverside, dirigida por Enrique González Mánticci, con el Sexteto Nacional –identificado en los discos como Sexteto de Miguelito Valdés– y con el grupo de Enrique Bryon, pianista y compositor.

Bajo el dominio de un cleptómano musical


Cartel de una de las películas protagonizadas por
Fred Astaire y Rita Hayworth, con la participación
de Miguelito Valdés como cantante de la orquesta
de Xavier Cugat.

Marshall W. Stearns, en su libro La historia del jazz,afirma acerca de Xavier Cugat: “Encontró que los bailadores norteamericanos no podían seguir las versiones cubanas verdaderas”, y convirtió la conga en “una marcha que cualquiera podía seguir”. Por su parte, el investigador Radamés Giro sostiene: “Hizo popular en Norteamérica la ‘rumba’ interpretada a lo Cugat”. Para lograrlo, buscó a músicos cubanos y latinoamericanos. En cuanto Miguelito llegó a Nueva York, lo contrató por cinco años.

Enseguida comenzaron los discos y los espectáculos en el Hotel Waldorf Astoria. Con la banda, en 1942 participó en el filme Bailando nace el amor, protagonizado por Rita Hayworth y Fred Astaire. Sería la primera de sus muchas películas.

Para Cugat, Miguelito era parte del negocio: según testimonio del propio cantante, este, por cinco funciones diarias en el teatro Paramount, además del trabajo nocturno en el Astoria y en el show de los cigarrillos Camel, discos y demás compromisos, solamente recibía doscientos dólares semanales, insignificantes para lo que se recaudaba gracias a él, y cuando protestó, Cugat, quien se enriquecía, lo despidió.

El 20 de enero de 1946, el periodista Enrique de la Osa, en su sección En Cuba de BOHEMIA, repudió el gesto del Gobierno cubano de conceder al “cleptómano musical” Xavier Cugat la Cruz de Honor Carlos Manuel de Céspedes, “como premio a sus méritos de divulgador de la música cubana”. Quien la merecía era Miguelito.

Su verdadero aporte

Carátulas de discos Carátulas de discos Carátulas de discos

Algunos de los discos grabados por Miguelito Valdés. El primero, Bruca maniguá, con la Orquesta Casino de la Playa. Los otros dos de la ilustración contienen Alma guajira, de Ignacio Piñeiro, y Muñeca, de René Touzet

La genial interpretación de Babalú no fue el único gran éxito de Miguelito. Con él, los auténticos géneros musicales cubanos triunfaron en el mundo. La lejanía física no menguó su amor a Cuba. Cuando entre diciembre de 1946 y enero de 1947 estuvo en La Habana, grabó con un sexteto integrado por músicos de otros grupos: entre ellos, su gran amigo Chano Pozo. Actuó en Mil Diez, la célebre Emisora del Pueblo, sin recibir remuneración, y en la RHC Cadena Azul, junto a la orquesta dirigida por el maestro Gilberto Valdés, de quien popularizó El botellero y Rumba abierta. Viajó a la patria por última vez en 1958, y afirmaba siempre: “Soy y seré cubano”.


En Nueva York, 1974. A Miguelito Valdés, segundo de
izquierda a derecha, lo acompañan en ese orden otros
compatriotas destacados en la difusión de la música
cubana y el jazz latino en los Estados Unidos:
los cantantes Machito y Graciela y el compositor,
instrumentista y director de orquesta Mario Bauzá.

Su discografía es inmensa. Su primera grabación, Bruca maniguá, de Arsenio Rodríguez, la realizó en La Habana con la orquesta Casino de la Playa el 17 de junio de 1937; y llegó a más de 400, en las cuales se reprodujeron unas 270 piezas. Enfatizó en el bolero y la canción con todas sus variantes, además de la guaracha, la rumba y el guaguancó, el son, el afro y la conga.
En ese gran grupo se incluye cerca del 90 por ciento de sus discos. Asumió también el pregón, la guajira, el mambo y el chachachá, junto a otros géneros latinoamericanos: cumbia, merengue, porro, corrido y ranchera. El sitio web allmusic.com registra 115 producciones, disponibles hoy en formato digital, con sus correspondientes fonogramas.

Brilló asimismo como compositor: lo prueban 46 creaciones suyas grabadas. Sobresalen los boleros Dolor cobarde, Loco de amor y Ya no alumbra tu estrella; el motivo negro Tristezas de ayer; el afro Cabildo, y el son-afro Rumba, rumbero.


Estampilla postal de la serie Músicos Cubanos Famosos (1999), con la imagen de Miguelito Valdés.

Pero siempre estuvo atento a las proposiciones de otros autores musicales. Sus preferidos: Chano Pozo, Arsenio Rodríguez y el boricua Rafael Hernández. De Margarita Lecuona llevó a discos, además de Babalú, otras seis obras, entre ellas La conga negra, Vamos a arrollar y Tabú. Intérprete de todos los géneros cubanos, impuso un estilo excepcional, antecedente directo de dos ídolos posteriores: Orlando Guerra (Cascarita) y Benny Moré.

En la madrugada del 9 de noviembre de 1978, Miguelito Valdés cantaba Bruca maniguá en el cabaret del hotel Tequendama, de Bogotá. De repente, interrumpió su actuación y, tras decir “¡Perdón, señores!”, se desplomó. Contaba 66 años.

* Investigador musical y radiodifusor

Fuente: Bohemia

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