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"Mi bandera, en la memoria". Autora: Juanita Conejero

Han pasado 150 años del nacimiento del poeta cubano Bonifacio Byrne, autor de “Mi bandera”,  texto poético  que en el decursar del tiempo  se  ha ido  grabando de manera imborrable en la memoria de las distintas generaciones de cubanos.

 Hoy más que nunca, hay que pensar en los 400 años de dominación colonial en la Isla y en  nuestras luchas libertadoras por librarnos de aquella opresión y conquistar la verdadera independencia y soberanía de la Patria.

Sería interesante, en esta ocasión,  remontarnos al año 1899.

 Para algunos historiadores,  uno de los momentos más complejos de nuestra historia.  La lucha por la  independencia del coloniaje español,  que había costado tantas vidas,  era  amenazada por la intervención de los Estados Unidos   y su corriente  anexionista,   que ya se manifestaba con toda  voracidad. El ejército libertador  marginado y el pueblo cubano,   basado en un cuerpo ético- patriótico legado por nuestros grandes pensadores: Varela, Luz y Caballero, Céspedes, Agramonte, José Martí, Gómez y Maceo, fundadores de nuestra nacionalidad,   dispuesto a defender su derecho histórico de ser independiente y soberano.

Es en este importante momento, cuando Bonifacio Byrne, regresa del exilio al que fue condenado.  Al  llegar a las costas cubanas,  observa ondeando en el Morro la bandera norteamericana. ¡Tal era la afrenta! Y escribió estas ardientes estrofas  que los cubanos nunca hemos podido olvidar:

Al volver de distantes riberas/con el alma enlutada y sombría/afanoso busqué mi bandera/ ¡y otra he visto además  de la mía!/.

No era sólo un poema. Era el sentir de toda una nación que después de larga lucha veía peligrar su objetivo de constituir un Estado libre e independiente.

Al fin y al cabo, la poesía patriótica de los tiempos coloniales  es eso, es denuncia, es expresión de toda la angustia que nos dejó la patria siempre esclavizada,  es rebelde, desde  José María Heredia hasta Byrne,  unas veces transparente,  acusatoria, otras alegórica, pero sustancialmente valiente y necesaria.

La poesía patriótica durante la guerra,  marchó junto a nuestra Historia, desde otras riberas  o dentro del propio terreno redentor, perseguida, maltratada, sin temor a la muerte.

Ese es el gran valor del poema “Mi bandera”. No  hay que entrar en otras consideraciones literarias, la importancia del texto está en su contenido, en la esencia del mensaje, en la fuerza emblemática que lo sostiene.

Con sólo ese poema,  el bardo  alcanzó la gloria y quedó para siempre en la memoria de nuestro pueblo.

Bonifacio Byrne, nació en Matanzas en 1861 de ascendencia irlandesa por parte de padre.  Murió en 1936. Su provincia natal  ha vivido orgullosa de su Hijo Eminente.

Fue un hombre culto. Desde muy niño mostró interés por la escritura. Los periódicos locales le publicaron los primeros textos.

Muy joven frecuentaba los Círculos Literarios y era realmente muy reconocido,  sobre todo después que Julián del Casal, al conocer su primer libro de versos titulado: Excéntricas de 1893 expresó: “que el poeta había interrumpido el tono monótono de la poesía cubana  hasta ese momento”. Algo renovador veía Casal en los versos del matancero.

La Guerra de Independencia estalla. Las cosas se complican. Arrecia  la represión.

En ocasión del fusilamiento de Domingo Mujica,  héroe y mártir del separatismo, Byrne escribe  un apasionado soneto. 

Después de este texto ya Byrne no era sólo el poeta de los Círculos literarios, sino el hombre no bien visto por las autoridades. El vibrante soneto, lo llevó a la triste condición de desterrado. Salió de Cuba. En Tampa fue lector de tabaquería. Colaboró intensamente en apoyo a nuestra causa libertadora, escribió tanto,  que Nicolás Heredia lo llamó “el poeta de la guerra”.

Su sentimiento antiesclavista se demostraba, entre otros textos, en “El sueño del esclavo”,  un soneto del cual transcribo los dos últimos tercetos:

¡Ora durmiendo está/ Tened cuidado/Los que cruzáis de  prisa por su lado/¡Ninguna voz en su presencia vibre!/.

/Dejad que el triste de dormir acabe/y no lo despertéis, porque ¡quién sabe!/ si ese esclavo infeliz sueña que es libre!

Era el matancero, un hombre culto, incursionó en la poesía con varios textos, la prosa periodística, el teatro, y dejó inédita una novela y un libro de narraciones y otros trabajos  poéticos.

Byrne fue  un hombre sensible de ideas renovadoras.

No se equivocó Casal, con aquellas palabras  que formulara sobre el primer libro del  autor de Mi bandera.

Cintio Vitier, hace juicio justo a esta figura  de nuestra historia y de la poesía cubana :

“No creemos, afirma Cintio, que en el Byrne posterior a la República, el de las Analogías y Los muebles,  hubiera un modernista frustrado por el imperativo político del país, ni que su mejor lugar fuera el de poeta de la guerra. Al contrario, la principal virtud de este autor,  parece residir en lo aislado, misterioso,  irreductible a  escuela de su acento, cuya singularidad, en medio de una obra profusa, poco depurada, lo señala como el poeta  más importante del período que va desde Casal hasta Boti y al que más bien  llamaríamos, por la delicadeza de sus penumbrosas  asociaciones, el poeta de la intimidad”.

 El caso de “Mi bandera” , exige  un análisis muy puntual. Responde este texto a la hora, al momento histórico en que fue escrito, en haber sabido recoger el poeta,   en ardientes estrofas un sentimiento nacional, absolutamente colectivo, que aún en nuestros días,  subsiste entre nosotros.

Es como diría Cintio Vitier,”el último canto de genuina y entrañable emoción patriótica en el tono acuñado por nuestros poetas revolucionarios”.

Fue el preciso instante  de  nuestra historia,  en que después  de los grandes esfuerzos realizados para conquistar la soberanía y la independencia de  nuestra Isla,  se vio la misma amenazada,   por  las fauces devoradoras del  gigante de  las siete leguas,  como Martí sabiamente lo había vaticinado.

Venía Byrne,  desde el destierro con su bandera, lleno de recuerdos,  de añoranzas, pleno. Su bandera, la más bella, la que había  servido de sudario a tantos y tantos bravos combatientes que murieron por defenderla.

Llegaba  desde el exilio,  con la  bandera llena de orgullo por  su tierra valerosa, la enseña  que nunca jamás fue mercenaria, la de una sola estrella, la  que el Sol  ilumina en el llano, en el mar y en las cumbres. Cuando arriba a la Patria,  con esos sentimientos,  encuentra ondeando en la bahía otra bandera  además de la suya; y ahí el poeta, el patriota, el cubano, el revolucionario,  crea aquellas estrofas ardientes  que se  vienen  repitiendo a  lo largo de los años por  nuestros niños, nuestros jóvenes y por  todos  los que tuvimos el honor de estar en aquella inolvidable concentración del 26 de octubre de 1959, frente al antiguo Palacio Presidencial  después del triunfo del glorioso primero de enero, cuando unidos, repetimos a coro, junto al querido Comandante de la Revolución Camilo Cienfuegos, los últimos versos  del  emblemático texto:

/Si deshecha en menudos pedazos/ llega a ser mi bandera algún día/¡ nuestros muertos alzando los brazos/ la sabrán defender todavía!/.

 “Mi bandera”, más que un poema, es un símbolo, un himno, y un grito, que se mantiene vivo y alerta  en la memoria de nuestro pueblo.

No importa el tiempo transcurrido,  lo que importa es la fuerza indetenible de las ideas y la convicción irrenunciable de vencer.

         

Fuente: La autora               


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