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Mantenimiento: Patología del desamparo constructivo. Por DELIA REYES GARCÍA y LÁZARO BARREDO MEDINA

Vacíos en los marcos legal e institucional que rigen las acciones constructivas en el país, persistencia de una visión de compartimentos estancos en el quehacer de los organismos, fragilidad en la gestión empresarial, desaciertos en el empleo de recursos financieros, dudosa calidad de las obras y los materiales empleados, entre otros factores, vulneran una estrategia preventiva tanto en el sector estatal como residencial. Las grietas abiertas también afectan la industria y el transporte. En tal sentido BOHEMIA hace un primer acercamiento para abordar la falta de una cultura de los mantenimientos, sus causas, efectos y posibles soluciones.

Por DELIA REYES GARCÍA y LÁZARO BARREDO MEDINA/Bohemia.-


(Crédito: MARTHA VECINO ULLOA)

En el mundo actual cobra cada vez mayor valor la conservación del patrimonio, del alargamiento de la vida útil de una edificación, un equipo industrial o un medio automotor. En Cuba, de forma general, no se ha desarrollado una cultura específica: no preservamos, somos derrochadores. BOHEMIA comienza un ciclo de reportajes sobre estos asuntos, en vista de la ausencia casi total de una adecuada política de gestión y control para mantener lo construido.

Después de conversar con varios reconocidos expertos se puede colegir que no ha existido un fuero legal, de forma intencionada, que marque aspectos de obligatorio cumplimiento para tener en cuenta desde la fase de diseño, y promuevan la durabilidad de las edificaciones. De esa manera, se han favorecido las condiciones para el deterioro prematuro de muchas construcciones y la pérdida de no pocas.

Preguntado sobre el porqué de la falta de una política en un tema tan sensible, el arquitecto y doctor en Ciencias Técnicas Mario Coyula Cowley comenta que es tan obvia la necesidad del mantenimiento que llama la atención no se haya entendido que las cosas cuando se compran o construyen hay que mantenerlas.


Las ciudades cambian cuando existe una visión integral para construir y conservar. (Crédito: MARTHA VECINO ULLOA)

“Todo el mundo lo entiende en teoría, pero en la práctica es un desastre, porque la gente no va al origen del problema de que mantener es ser preventivo y en eso fallamos. El único organismo que en 50 años he visto que ha tenido una política impuesta por su ministro y sostuvo un equipo para ello ha sido el Minfar. Lo digo categóricamente”.

Para Ramón Sergio Medina Herrera, director de balance constructivo del Ministerio de la Construcción (Micons), ingeniero civil que comenzó su trabajo profesional en 1981, el país ha retrocedido en la cultura que pudiera haber existido hace 30 años atrás.

Los mantenimientos, subraya, los estamos confundiendo con reparaciones de averías, y atención a roturas. Y no es eso. No es una acción, explica, que se realiza sobre lo que está roto, sino que se aplica para evitar precisamente que las cosas se rompan. Entonces, las brigadas destinadas a este objetivo se han convertido en reparadoras de averías. Y tenemos a los obreros sentados, y los mandamos a hacer cualquier tarea “cuando no hay trabajo”.


Los gastos serían menores de haberse realizado el mantenimiento
preventivo. (Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

La arquitecta Gina Rey, en la década de los 80 directora de Planificación Física en Ciudad de La Habana y del grupo de desarrollo para la capital, considera que en los primeros años de la Revolución todos los organismos e instituciones tenían sus brigadas de mantenimiento.

Pero a su juicio, hubo un momento en que, al parecer, se entendió que los organismos no tenían por qué dedicarse a estas actividades, para las cuales había que contratar a empresas del Micons, organismo que nunca tuvo capacidades para enfrentar esos propósitos, y empezaron a desaparecer de las plantillas esas ocupaciones. ¿Había que reducir plantillas? “Quita las plazas concebidas para el mantenimiento”, esa fue la tendencia.

Equívocos


Para Ramón Rodríguez Tabares, jefe de la brigada de mantenimiento del hospital Hermanos Ameijeiras, lo más importante es garantizar que los pacientes salgan satisfechos.  (Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

El país está obligado a dar un giro de 180 grados en sus concepciones sobre el tema. En trabajos de varios profesionales se pueden leer algunos criterios que todavía no son atendidos. Por ejemplo, hasta hoy, los que proyectan y dirigen la construcción de edificios o la rehabilitación han soslayado la utilidad y conveniencia de entregar a los inversionistas y futuros explotadores una documentación completa en la que se reflejen tanto las características de estos como las atenciones requeridas a lo largo de su vida útil.

Esta es una omisión que ha causado y causa gran número de problemas. Gina Rey afirma que nunca hubo indicación de que se abandonara el mantenimiento y las reparaciones, pero proliferó una tendencia a priorizar lo nuevo.

En la práctica, comenta esta destacada arquitecta, aunque en el plan se asignan anualmente cifras para mantenimiento y reparaciones, estos no se cumplen. Eso se aprecia en el Poder Popular, cuyas brigadas concebidas para mantener y rehabilitar se dedican a obras nuevas. Esas tareas estaban en el plan, pero han sido como un cheque sin fondo; sin contar otros factores, como el balance de materiales donde estas labores devienen siempre la Cenicienta.

Medina asevera que no ha existido una conciencia clara de que una edificación es como los seres humanos: si somos preventivos podemos lograr una mayor expectativa de vida. A un edificio, si se le da la atención adecuada, con todos sus parámetros, si se hace en el tiempo correcto, a lo mejor llega a 100 años. O más. Tenemos en este país construcciones muy antiguas que son centenarias.

Para este directivo, otro de los problemas graves es que las empresas están esperando a que el plan les garantice el mantenimiento y eso es una acción cotidiana  que no debe ser planificada por el nivel superior; tiene que hacerlo la organización, el “dueño” de la instalación. Hay que concebir un programa donde se establezcan los ciclos de atención a las estructuras, cubiertas, cimientos, la pintura, etcétera, y, generalmente, en cinco años debe darse la vuelta al ciclo completo. Pero eso no lo hace nadie.

¿Más con menos?


Los desvelos por preservar el hospital Hermanos Ameijeiras deberán también fijar sus metas en el deterioro externo de la edificación.  (Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

En medio de este panorama sombrío, hay centros donde han sido sistemáticos con los mantenimientos preventivo y correctivo, pero estos aún aparecen como oasis dentro de sus propias actividades.

Junto al Malecón, expuesto al daño del salitre, se yergue el hospital Hermanos Ameijeiras, inaugurado por Fidel hace 31 años. Allí reina un ambiente muy fuerte de conservación de la instalación, de hacer todo lo posible para evitar que el servicio se perjudique. En cambio, otros centros cuyo objetivo es también salvar vidas, para nada se acercan a lo que se percibe en este.

El doctor Sergio Bermúdez Rojas, vicedirector para los servicios ambulatorios del hospital, considera que si no existiese una política de preservación sería muy difícil haber logrado sostener el año pasado la atención en consultas externas de cerca de 203 mil personas; realizar más de un millón de exámenes en laboratorios clínicos, aproximadamente 21 mil cirugías, y el egreso hospitalario de cerca de 14 mil 500 pacientes.

Bermúdez Rojas destaca el esfuerzo que realiza el colectivo para tratar de salvaguardar toda una alta tecnología en una instalación enmarcada en el tercer nivel de atención médica, y por la otra está cómo preservar la sólida estructura, de 24 plantas, con un gran sótano.


Una adecuada programación para la conservación del inmueble distingue al
Hotel Nacional. (Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

¿Por qué allí sí se puede? Hermes Torres Font es fundador del Hermanos Ameijeiras, donde se desempeña como director administrativo. Si no planificara todos los años su programa de conservación y reparaciones, esto sería un desastre, comenta antes de explicar la complejidad de los trabajos que se deben acometer para sostener los sistemas de clima centralizados, la impulsión del agua y de bombeo y los distribuidores del preciado líquido en tres diferentes niveles del edificio; los ascensores, un gran problema en este hospital; el régimen de cobertura eléctrica, con una planta que es tan compleja como la de Tallapiedra, porque por su equipamiento la instalación está dentro de los 10 altos consumidores del país.

También se destaca la ardua labor para sostener en buen estado los equipos no médicos, que están muy directos al paciente, como son las camas, las mesas, las sillas; y también los de electromedicina.

Torres Font añade la estrategia que siguen: “Permanentemente todos los años, digamos, terminando el primer semestre, le damos mantenimiento a todas las unidades quirúrgicas. Y a partir de ahí, el resto de los meses, atendemos áreas de hospitalización. Igualmente, el área ambulatoria, que la vamos haciendo por partes.


El operario Ernesto Soler es un mago: repara los hidráulicos echando mano a lo que aparezca. (Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

“No todo es color de rosa; muchas veces hay dificultades con los recursos necesarios para los mantenimientos”, recalca el también master en Salud Pública. Se presentan obstáculos con las contrataciones, arribos de importaciones y en la dirección crearon un comité de previsión “para evitar improvisaciones o sorpresas, no esperar a que el problema se nos venga encima, sino pronosticar para buscar una variante siempre, a partir del concepto de que no podemos detener un servicio”, subraya.

El área de mantenimiento del hospital tiene un promedio de 160 trabajadores, con mucho sentido de consagración; no son pocos los fines de semana que trabajan para que los lunes las áreas de servicio estén disponibles.

Otro ejemplo sobresaliente

A pesar de la complejidad y envejecimiento, en el Hotel Nacional, fundado en 1930, una joven y enérgica ingeniera mecánica, Laritza Murillo Alemán, lleva las riendas de esta actividad.

En tránsito por la confortable y hermosa instalación, la ingeniera explica que el Ministerio de Turismo tiene una política regida por la resolución 150, y a partir de ella la unidad realiza el trabajo preventivo, concebido para evitar las fallas; y el correctivo, para hacer frente a las averías, porque los equipos se usan los 365 días del año, las 24 horas. Aunque todos los meses no pueden llegar a la totalidad de los equipos, porque allí hay más de mil módulos y son 439 habitaciones.


¿Qué hicieron en el Instituto de Filosofía: construyeron o demolieron?
(Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

En el plan, dice la ingeniera, hay que concebir los medios específicos para servicios como ascensores, lavandería, panadería, que los garantizan empresas especializadas con las cuales se contrata el trabajo, en períodos fijos para que no fallen, y está el programa de conservación de las habitaciones. Mantener constructivamente este hotel es un gran desafío.

¿Cómo trabajan? Para todo el hotel, explica Laritza, se dispone de 46 trabajadores, con una organización práctica, siempre muy tensionada por las dinámicas cotidianas. Hay un puesto de mando, con una brigada, concebido para hacerle frente a las averías, las contingencias, y está activo las 24 horas. Todo el mundo llama allí para lo que se presenta. Hay un grupo de operarios que atienden el bloque habitacional y otro ejecutan el mantenimiento en el área técnica.

Tenemos un colectivo muy esforzado y con mucha capacidad de respuesta, dice orgullosa la ingeniera, porque no son pocas las dificultades a partir del hecho de que casi todos los recursos que se emplean son importados y no siempre se logra garantizar todo lo que necesita el hotel. Puede parecer simple, pero un latiguillo de determinada medida inutiliza una habitación, porque el baño no funciona. “Y no podemos cambiar un equipo por otro cada vez que se rompe, porque no hay presupuesto que lo aguante”, comenta.

Muchas veces no existe ni el material para hacer las cosas. “Tengo un tornero estrella que repara los bumer de piso –son los dispositivos hidráulicos que llevan en el piso las puertas grandes- y ahorra mucho, pero a veces es agónico conseguir los materiales que necesita. Comoquiera hacen falta recursos, para hacer o para cambiar”, resume.

Otra cara de la moneda


Estos techos están en tierra de nadie.
(Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

El que quiera ver un ejemplo negativo en el mantenimiento constructivo, que se llegue al Instituto de Filosofía, en Calzada e I, en el Vedado. Una obra con valores patrimoniales ha sido prácticamente destruida por la chapucería de los constructores.

Entre los comentarios de indignación de los trabajadores, la directora de la entidad, Georgina Alfonso, afirmó que la fecha de inicio del contrato para realizar las labores de mantenimiento constructivo por parte de la Empresa de Construcción y Montaje Especializado (ECME) era el 5 abril del 2012, y la de terminación en 2013. Y el contrato no se ha cumplido.

“Ahora nos estamos asesorando legalmente para acudir ante los tribunales. Más de dos años y tanto después las cosas que se han terminado tienen pésima calidad, se pasan muchos días sin trabajar. El director de la empresa vino en el mes de diciembre de 2013 y se comprometió, conociendo toda la historia que tenía esta obra, concluir en 20 días el ala derecha de la parte de arriba, y nunca se cumplió”, explica la doctora en Ciencias Sociales.

El techo de esta casa está constituido por moldes con muchos detalles, hechos al estilo de los elaborados para el Capitolio, y el trabajo que debía realizarse era recuperarlos de unas filtraciones. A simple vista se aprecia que la mayoría fueron demolidos. Georgina comenta que “ha sido todo tan deficiente que hicieron unos moldes para el exterior y al final tuvimos que mandar a quitarlos porque la calidad era tan mala que se viraban o se caían”.


El famoso mercado de Cuatro Camino estuviera rindiendo mejores frutos si las reparaciones en el pasado hubieran sido eficaces. (Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

El trabajo aquí consistía en cambiar los aleros, impermeabilizar la cubierta, hacer las reparaciones de paredes y techos, pero todo se ha hecho mal. A las oficinas “reparadas” ya les está saliendo la humedad, y las paredes están con rajaduras. “La calidad de lo que han hecho es malísima y habría que ver dónde se han invertido todos los materiales que supuestamente se destinaron para este trabajo”, cuestionan las oficinistas en la recepción. No nos mandaron una brigada de construcción, sino una de demolición, resume Georgina.

Aunque sea poquito, el problema es empezar

¿Por dónde empezar? ¿Qué hacer? ¿Cómo enfrentar el grave problema que tenemos con el mantenimiento?

El ingeniero Medina destaca que el Micons está trabajando ahora en una normativa, dentro de la separación de las funciones estatales de las empresariales. A su juicio, lo que se requiere es que cada institución haga un diagnóstico de la edificación, una especie de chequeo médico. Y ahí sabrán las cuestiones más complicadas que tiene la instalación y podrán establecer prioridades.


Saque usted sus propias conclusiones.
(Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

Otro tema que subraya el ingeniero es el de las roturas. Si se hace el programa de mantenimiento debe tomarse en cuenta la existencia en almacenes de los recursos imprescindibles y conservar una pequeña reserva para los imprevistos. Lo que no se puede ser, añade, es un apagafuegos, porque no somos bomberos. Es decir, esta es una tarea dura, y a partir de una política, se debe comenzar a sembrar un nuevo concepto.

Para Mario Coyula, además del cambio de mentalidad, hay que borrar los mecanismos que siguen frenando la autoridad técnica; hay muchas cosas incorrectas que se han ido convirtiendo en parte de la cultura indeseable de la gente, son como una pesadilla y están extendidas hasta en detalles inconcebibles para hacer todo lo contrario de lo que debe hacerse.


De seguir desatendido, del edificio Metropolitano quedarán solo ruinas. (Crédito: ANTONIO PONS BEATO)

Y cuenta una anécdota: “A un primo mío le pasó que estaba por las ocho vías con otros tres compañeros, tenían una sed grande, paran en una entidad estatal, y piden unas cervezas. El camarero les dice que la cerveza era con la comida. No entendieron aquello, pero ‘para cumplir la norma’ pidieron cuatro platos de sopa, y viene el camarero con la sopa. Y mi primo le pregunta: ‘bueno, ¿y las cervezas?’ Y el camarero le responde: ‘primero se tiene que tomar la sopa, y luego les traigo la cerveza’”.

Es un ejemplo que puede extenderse a muchas otras cosas, incluida la construcción y el mantenimiento, porque hay que rescatar la consideración, el sentido común y la autoridad.

ACERTAR EN LA DIANA

En el chequeo de las inversiones en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, el primer secretario del Comité Central del Partido y presidente de los consejos de Estado y de Ministros, general de ejército Raúl Castro, insistió en la necesidad de respetar rigurosamente la política de mantenimiento diseñada para esta inversión, porque “no debe construirse lo que después no se pueda mantener y tenemos que educarnos en el estricto cumplimiento del deber”.

 

ÚTILES ACLARACIONES

El mantenimiento puede definirse como el conjunto de actividades o trabajos sencillos de carácter periódico, sistemático y planificado que se realizan a lo largo de la vida útil de una edificación o un equipo para conservar sus características propias y funcionamiento, sin que impliquen modificación o sustitución de sus componentes fundamentales, evitando la degradación de la misma.
Para lograr esto se deberá asegurar que alcancen su vida útil con la seguridad y eficacia con que fueron proyectadas, construidas, reparadas o rehabilitadas.
Los diferentes momentos en que se realizan estas acciones en un edificio se clasifican en:
Preventivo: El que debe ser previsto por el profesional al realizar el proyecto de una obra. Tiene como concepto acciones sistemáticas, planificadas, de poca complejidad, que se realizan a lo largo de su vida útil. Como ejemplos de algunas acciones preventivas se pudieran señalar inspecciones de rutina, limpieza de la cubierta, destupición de tragantes y colocación de protectores, pintura con los paramentos, arreglos sencillos a la carpintería, eliminación de plantas o similar en superficies horizontales y verticales, entre otras.
Correctivo: El que se planifica ejecutar en una obra para evitar al máximo el deterioro. Son aquellas acciones que se realizan para reparar algún elemento de la edificación, actividades de poca complejidad constructiva. Reparación o reposición parcial de partes o elementos componentes no fundamentales. Son ejemplo de estas acciones correctivas la reparación o sustitución parcial de elementos del sistema de impermeabilización; terminaciones en la estructura vertical, en el soporte constructivo del entrepiso o cubierta, de los elementos en los cierres (carpintería o similar); arreglo de roturas en grifos o similar (eliminación del goteo en una llave o pila).

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