Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Por Ricardo Rojas Vicioso

Máximo Gómez nace en Baní el 18 de Noviembre 1836. Muchos dominicanos, tal vez por no haber empuñado su espada a favor de nuestra Restauración, han pretendido sepultarlo en el olvido, como una venganza o un castigo histórico impuesto por haber desobedecido el llamado de su primera Patria. Como reza el dicho "nadie es profeta en su tierra"; pero luego se cubriría de gloría en playas extranjeras, develándose consecuentemente la verdadera personalidad de este prócer dominicano.

En Santo Domingo, la capital de su país de origen, una de sus avenidas principales, la cual lleva su nombre, es transitada cada día por gran cantidad de vehículos y peatones, sin que la mayoría tenga en cuenta las maravillas realizadas por este insigne militar criollo, quien demostró en playas extranjeras un gran arrojo, valor y un extraordinario liderazgo en la conducción del Ejército Libertador cubano, con lo cual puso muy en alto la estirpe de su tierra natal, colocándose a la altura de muchos otros próceres latinoamericanos, como José Martí.

Máximo Gómez Báez llegó a tierras cubanas por primera vez en 1860 con sus padres, el señor Andrés Gómez Guerrero y la señora Clemencia Báez Pérez. Después de presenciar durante varios años las injusticias que se cometían contra aquel pueblo, se sumó como combatiente con el rango de Sargento junto a sus compatriotas Modesto Díaz y Luís Félix Marcano, a la primera guerra de independencia iniciada el 10 de octubre de 1868 por Carlos M. de Céspedes.

En el campo de batalla rápidamente se destacó por sus cualidades personales y sus extraordinarias dotes militares. Su entrega a la causa de la Revolución fue total, como si hubiese recapacitado acerca de sus experiencias en la lucha de los dominicanos y los españoles y quisiera borrar los errores cometidos, como lo expresó en la siguiente cita que extraemos de su Diario de Campaña:

"¡Oh, Patria mía!... no me culpes de ingrato; aún no era bastante hombre cuando el destino me empujó hacia otras playas... Después has vivido siempre en mi corazón con todos tus recuerdos. No quiero que caiga sobre mí frente la luz Purísima de tu cielo sin nubes mientras no lleve un nombre digno de ti..." (Joaquín Balaguer, Los Próceres escritores, P. 296,1995).

En 1895 José Martí viene a buscar a Máximo Gómez, después de diez años de retiro en Monte Cristi, para confiarle a él la Jefatura del Ejército Libertador. Luego de explicarle sus planes le expresa José Martí a Máximo Gómez:"le ofrezco como pago de su obra, el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres"; a lo que en un gesto de conformidad le contestó el quisqueyano:"Todo por Cuba", en el ya conocido Manifiesto de Monte Cristi. (Op,cit., p. 257).

Gómez peleó por la causa libertaria de los cubanos sin ningún interés particular. Él se consagró a esa noble causa motivado por un hondo sentimiento humanístico, como lo demostraría al concluir la guerra de independencia. Tras la contienda, y puesto que era extranjero, para facilitarle el ascenso a la Presidencia se modificó un artículo de la Constitución cubana, pero Gómez nunca tuvo aspiraciones políticas. Su único objetivo como militar era conducir al Ejército Libertador para conseguir que los cubanos se liberaran del Imperio español.

Esta filosofía de vida la expresó con meridiana claridad apoyado en esta palabras:"yo no puedo ocuparme de otra cosas que no sea la Independencia absoluta de la Isla de Cuba (...) Yo pretendo ser libertador de un pueblo esclavo; soy un soldado de la Democracia al servicio de un pueblo; pero no un instrumento que ayuda à subir ningún hombre al poder. Soy, sí, un soldado que ayuda à un pueblo oprimido à sacudir su servidumbre y conquistar su nombre y rango de nación, pero no aspiro a gobernarlo".

La lucha en que se involucro Gómez le costó mucho sacrificio, ya que hasta su familia sufrió en carne propia los horrores de la guerra. Para tener una idea de este padecimiento, recojo esta frase estampada el 27 de febrero de 1897 en su diario de campaña cuando cayó un hijo su yo luchando junto al General Antonio Maceo: "Siento en mi pecho palpitar un sentimiento de venganza, no por la muerte de mi hijo, pues a la guerra se viene a morir, sino por la mutilación de su cadáver; cortar la rosa no es tan malo; deshojarla con desprecio es lo amargo".

Los escritos de su diario de campaña no parecen páginas escritas al fragor de una confrontación bélica. Los inconvenientes que se presentan en los escenario de combate como las inclemencias de tiempo y la movilizaciones constantes a la que hay que estar sometido para evitar ser emboscado por el enemigo, sin duda alguna que dejan poco espacio para la reflexión profunda. Leyendo los escritos de este hombre excepcional, podemos disfrutar de una prosa rica en imágenes y en conceptualizaciones que más que de la pluma de un militar parecerían brotar del alma de un poeta, tal vez inspirado por un sentimiento superior que guarda relación con el de la mayoría de los líderes latinoamericanos de la época.

Aún con toda la presión de la guerra y soportando el acoso del enemigo, que como una bestia feroz buscaba por todos los medios silenciar la pluma y la capacidad militar de Gómez, éste nunca se olvidó de su tierra natal, la que siempre añoró, conforme lo evidencia su Diario... "A las cuatro de la tarde, hemos dado vista a las dos Antillas: Santo Domingo y Cuba, los dos pedazos de tierra de mis ensueños. En la primera recibí el primer beso del amor más puro. En la segunda el último, allí enterré a mi Madre".

En una ocasión en la que se cuestionaba su honestidad y se rumoraba que había recibido algún pago de parte del enemigo en la persona del General Martínez Campos, escribió un carta aclaratoria en la que expresaba:" Ahora diré que los que se han atrevido a suponer que he recibido algún dinero del General Martínez Campos son unos infames calumniadores que no me conocen bien, y que tengo el valor necesario para resistir los horrores de la miseria, antes que cometer indignidades; que esto no me arredra pues siempre he sido pobre y tengo la grandísima ventaja de saberlo ser".

Gómez no solo fue un destacado soldado que mantuvo un gran liderazgo entre los cubanos, sino que a esta cualidad suya se suma una solvencia moral apegada a los más altos principios éticos y una determinación de acero en lograr la meta con la que se había comprometido: la creación de la república cubana, sin ningún otro interés, lo que demostró al terminar la guerra. En la quinta de El Molino, el 12 de marzo de 1899, expresó:"nada se me debe y me retiro contento y satisfecho de haber hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos".

El 20 de abril de 1898, luego de una Resolución Conjunta del Gobierno en Armas, se produce el desembarco de las tropas cubanas por Santiago de Cuba. Luego, al aunar fuerzas los generales Gómez y Calixto García logra el Ejército Libertador el 12 de mayo la derrota del Ejército Español.

Posteriormente se firmó, el 12 de agosto, la paz en Santiago de Cuba, y el 10 de diciembre, en Francia, el Tratado de París entre españoles y norteamericanos. Mediante este Tratado España cedía a Estados Unidos las islas de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y otros territorios ultramarinos.

Durante estas negociaciones el acuerdo con el General Máximo Gómez fue prácticamente ignorado y después de tantas luchas Cuba se preparaba a enfrentar otra amenaza. Lo que expresa en su Diario:"No creo que ahora que ha llegado el momento se deba perder un solo minuto de tiempo en emprender esa obra, único medio de concluir la labor y despedir al poder extranjero para mí injustificable y que a la larga constituye un peligro para la independencia absoluta de cuba que ejerce en esta tierra ". Y añade: "La situación pues, que se ha creado a este pueblo: de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía". (Máximo Gómez, Pasión y Gloria, p.160).

El 24 de febrero de 1899 entró Máximo Gómez a la ciudad de la Habana y el pueblo de inmediato se lanzó a las calles a darle la bienvenida; y aunque este hecho más tarde fue opacado por su destitución por parte de la Asamblea de Representantes, porque no aceptaba la propuesta de este órgano de tomar un empréstito de 20 millones de pesos al Gobierno americano. Según el Prócer, esto comprometía la soberanía de la isla, por lo que era de opinión de que solamente debían aceptarse los tres millones ofrecidos gratuitamente, lo que provocó disgusto entre los asambleístas.

Sus palabras fueron proféticas, porque posteriormente se produjo la ocupación de toda la isla por parte de los Estado Unidos, siendo desintegrado el Ejército Libertador, a cuyos integrantes les daban 75 pesos por cada fusil entregado.

El 17 de junio de 1905 murió Máximo Gómez en Cuba. En homenaje a su estatura de prócer una avenida céntrica de la Capital dominicana lleva su nombre, al igual que el Cementerio Nacional y un politécnico en su Baní natal.


Nota: Este artículo fue publicado en la Revista de las Fuerzas Armadas en el Número 341, de septiembre, octubre de 2004 por el autor.

Tomado de: El Viajero Digital

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