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"Los hijos de Martí" Escrito por Raisa Guevara García

Ismaelillo, poemario dedicado por José Martí a su hijo
Las páginas de Ismaelillo fueron escritas con sagrado amor paternal

Si bien con frecuencia se habla de las relaciones afectuosas de Martí con algunas familias que le dieron abrigo durante su accidentada existencia, siempre lejos de Cuba, perseguido por sus ideas independentistas, y otras veces se menciona a su hijo a través del poemario Ismaelillo, que reboza de ternura, poco he encontrado del padre José Martí, no sólo del padre biológico, sino de su sentimiento hacia otros niños y jóvenes que en determinadas circunstancias de la vida amó y lo amaron.

Aunque las páginas de Ismaelillo no se parezcan a otras páginas porque fueron escritas con sagrado amor paternal, y porque desde el punto de vista estilístico, inician el Modernismo americano, no fueron esas las únicas que sobre la materia nos legó en su curso por la vida ese padre que fue el hombre de La Edad de Oro.

La Edad de Oro
El efervescente amor paternal que posee a Martí aparecerá explicitado en la revista que funda en 1889 para los niños de América, La Edad de Oro

Pensar en Martí padre nos remite de forma lógica a su hijo José Francisco, con quien pudo compartir muy poco tiempo. Su visión austera con respecto al lugar que debía ocupar un hombre ante el cumplimiento del deber, en primer orden con su patria, lo separa varias veces y definitivamente del niño.

Las relaciones con Carmen Zayas Bazán, la madre de José Francisco, se van deteriorando, ella lo deja varias veces para buscar amparo económico en su padre y varias veces intenta retomar la relación, hasta que definitivamente se aleja con el hijo de ambos.

El efervescente amor paternal que posee a Martí aparecerá explicitado en la revista que funda en 1889 para los niños de América, La Edad de Oro, que se publica una vez al mes para conversar con las madres y caballeros del mañana. Ante cada duda propia de su edad, los niños hallarían en La Edad de Oro las respuestas que daba el hombre que ponía, además de sus conocimientos, su corazón, como haría un padre amoroso.

Gonzalo de Quesada y Aróstegui

Pero Martí tuvo otros hijos de afecto, aunque no biológicos, entre ellos el adolescente Gonzalo de Quesada y Aróstegui, quien comparte sus mismos ideales revolucionarios y está dispuesto a iguales sacrificios, a tal punto gana su confianza que se convierte en su secretario y pasa de ser su discípulo preferido a albacea de su obra cuando le confía esta tarea en una de sus cartas testamento.

“Y si usted me hace, de puro hijo, toda esa labor cuando yo ande muerto, y le sobran los costos, lo que será maravilla ¿Qué hará con el sobrante? La mitad será para mi hijo Pepe, la otra mitad para Carmita y María”.

Martí con María Mantilla

Los quince intensos años vividos en Nueva York a causa del exilio, le dieron a Martí otra familia de afecto, se trata del hogar de la familia Mantilla Miyares, los hijos de Carmen Miyares, mujer extraordinaria que entendió y consoló a Martí mientras organizaba la guerra en medio de enormes hostilidades y amenazas, sobre todo Carmita y María, pudieron contar con la educación y el cariño de Martí.

No faltó la instrucción general, el intercambio, en su escasísimo tiempo les dio clases de idiomas, lecciones de traducción, de ética, de arte, pero sobre todo tuvieron el ejemplo de convivir con un hombre intachable. Recuerdo una carta en que Carmita le dice que para ella Martí es el hombre más perfecto que existe, tanta es la admiración y el cariño que le profesa.

Otro de esos muchachos amados por Martí y que le retribuyeron con igual cariño, es Panchito Gómez Toro, el hijo de Máximo Gómez y Bernarda Toro, el primero que lo llamó Maestro.

Fermín Valdés Domínguez, Panchito (de pie) y José Martí
Tanta influencia ejerció la figura de Martí sobre Panchito que el joven llegó a escribir con los mismos rasgos modernistas...

Tanta influencia ejerció la figura de Martí sobre Panchito que el joven llegó a escribir con los mismos rasgos modernistas del poeta, y hacía como él anotaciones en francés y dibujitos en los diarios. También comenzó a vestir de negro, como lo hiciera el Apóstol, hasta que Cuba fuera libre. Recuerde que luego Panchito Gómez Toro ofrendó su vida en los campos de Cuba junto al Titán de Bronce, Antonio Maceo.

Y si se piensa que por estar separados, José Francisco no recibió la influencia del ejemplo de su padre, caeremos en un error, pues cuando supo que Martí había caído luchando por la patria, partió hacia los campos de Cuba para ofrendar su virtud en aras del mejoramiento humano, allí ganó por su valor grados militares y durante la República fue un hombre digno.

Escrito por Raisa Guevara García
sábado, 15 de mayo de 2010

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