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Los dilemas del Norte. Por Lorenzo Gonzalo*

Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Cuando Estados Unidos decidió establecer relaciones diplomáticas con Cuba, manifestó dos cosas: la primera, que la política de aislamiento contra Cuba, resultó finalmente un bumerang que terminó aislando a Estados Unidos del resto del Continente; segundo que el objetivo de Washington no cambiaba y continuarían elaborando políticas para “llevar la democracia a Cuba”.  

Lo ideal hubiese sido reconocer la imposibilidad de derrocar el gobierno de La Habana y a un Estado que, aunque en fase de estructuración, tiene un amplio apoyo popular, ha creado relaciones sociales con las cuales las personas se identifican y tendrían que echar por tierra una paz social que pocos cubanos estarían de acuerdo en negociar.

Cuba no agradece que le quieten el Bloqueo/Embargo. Fue una condena sin fundamento ni debido juicio. En todo caso podrían agradecerle a Obama por haber vislumbrado la necesidad de terminar con una política obsoleta y aunque aún esgrime parte del viejo discurso, quienes conocen su pensamiento podrían pensar que dicha retórica está más bien dirigida a la primera página del periódico y aplacar quizás las molestias de aquellos que piensan que Washington debe imponer normas y sistemas.

Los fundadores de las colonias del Norte de América, nunca adoptaron la evangelización religiosa y política aplicada por España a los indígenas de las tierras que ocuparon. A los europeos llegados al Norte no les interesó convencer a los nativos de esas regiones de sus creencias y en las poblaciones que fundaron, no practicaron la corruptela administrativa del viejo continente, ni las diferencias de castas allí existentes.

Cien años más tarde de inaugurada la nueva nación, luego de afanoso trabajo, con todas las injusticias implícitas que caracterizan los procesos de desarrollo y crecimiento de cualquier país y en toda circunstancia, inauguraron agresivamente la política de condicionar sus relaciones diplomáticas con otros países, a la previa aceptación de su sistema. El problema que tiene esa solicitud es que las condiciones que permitieron los triunfos, desarrollo y crecimiento de Estados Unidos, fueron únicas. Parece difícil entender que las evangelizaciones políticas son de imposible realización, porque no responden a actos de fe sino a las circunstancias, posibilidades y probabilidades de cada momento. Los soviéticos tampoco lo entendieron o quizás lo sabían y al igual que Estados Unidos, lo hicieron para garantizar un ejército de países sirviéndoles de escudo.

Quienes crean que Cuba está en un hueco se equivocan. Superada la crisis soviética, sin las condiciones impuestas por el Bloqueo-Embargo, el panorama cambia. De hecho, con lo ocurrido, ya la Isla tiene cierto respiro y sobre todo, puede confiar a medias que no será agredida, aunque será espiada, sofisticadamente acosada y no faltarán quienes se aprovechen para servir de quinta columna, situación que perdurará hasta que las Leyes del Embargo sean derogadas o anuladas. Con estas leyes ocurre como con todas las demás: se hacen con un propósito y luego se aplican a otras circunstancias. La Ley Patriótica está dirigida al terrorismo, en cambio se aplica al narcotráfico y ahora Donald Trump dice que, de ser electo, suspenderá el envío de remesas a México proveniente de los ilegales, apoyándose precisamente en esa Ley. Por tanto, mientras exista la Ley Helms Burton, la Torricelli y demás resoluciones, siempre algún Damocles sujetará una espada sobre la Plaza de la Revolución de Cuba.

Reconocer que muchas de las prácticas económicas y políticas eran fallidas o que actualmente no son necesarias, no implica que Cuba abandone sus objetivos. Todo indica que marcha hacia el perfeccionamiento de un sistema socialista, donde las políticas sociales son primarias y la vía idónea para las satisfacciones individuales.

Hacer negocios en Cuba, establecerse en Cuba, implica aceptar los mecanismos del sistema y en ocasiones, las zozobras de un proceso que, sin rubor alguno, admite atravesar una difícil etapa de pruebas y errores y la gran obra de superar los daños ocasionados durante cincuenta años de bloqueos y agresiones. No existen dudas que Cuba continuará por un camino de transformaciones que no conducen a la formación de un estado capitalista. Hace más de una década que, quienes concebimos el socialismo como la mejor opción ante el derroche de individualismo y desigualdades promovidas por el desenfreno de una economía que ha sido dejada en manos de sectores y personalidades individuales, reconocemos que el mercado y su papel no son patrimonio del capitalismo, sino fenómenos concomitantes de la economía. Mientras la humanidad no alcance determinados niveles tecnológicos y se reduzca o desaparezca el costo marginal, ese tipo de mercado mantendrá no sólo su vigencia, sino la necesidad de ser cuidadosamente administrado. En los estados capitalistas esa regulación está en manos de grupos particulares y en aquellos donde las políticas sociales sean la esencia administrativa de la gestión, serán regulados por el estado. Porque el mercado orienta, pero no determina los precios.

Las políticas que exigen la copia del sistema democrático existente en Estados Unidos ha pasado de moda. La democracia no es patrimonio de esas estructuras de gobierno y la política, como un simple rejuego que otorga pocos márgenes para las mayorías y una prensa dirigida por empresas comerciales, no constituyen los “derechos humanos” que puedan resolver la equidad y la justicia mínima del cuerpo social de un país. La actividad política de las personas no puede estar sujeta a las pocas que en una sociedad se interesan por ostentar cargos públicos, sino que, en la medida de lo posible, debe estar vinculada a instrumentos de participación colectiva. Tampoco un mero proceso de elección debe santificarla, convirtiendo los intereses de unos pocos, por legítimos que estos son, en un Derecho Universal. Los Derechos Universales, deben ser Universales. La disposición de algunas personas para los cargos públicos, aun cuando son un derecho, no pueden ser extrapolados como un Derecho de tan vasta dimensión.

El dilema de Estados Unidos en el presente y en el futuro, será aceptar la Cuba real o regresar a las políticas fallidas del pasado.

Así lo veo y así lo digo.

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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