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Los cubanos hablamos, también, gallego ¿Cómo logró el gallego influir tan relevantemente en el habla del cubano?...

CUBAHORA, 8:00 am | 2/Aug/2014

Declarar que los gallegos han influido decisivamente en el devenir cubano, es incursionar en el territorio de las verdades evidentes, en el reino de Perogrullo. (1)
Es un gallego —Ocampo— quien con su bojeo prueba nuestra condición insular y se asoma a la bahía habanera, llamada a ser Antemural de Indias, Puerto de las Flotas, Llave del Nuevo Mundo, Margarita de los Mares.
Quien transite por los parajes viejohabaneros, podrá apreciar el impacto de un gallego en la arquitectura local. Sólo en la calle que lleva su nombre, el obispo Compostela edifica cinco iglesias. Y aquel civilizador funda en Oriente una capilla, dedicada a San Isidoro, alrededor de la cual surge Holguín, hoy capital de provincia.
Durante un cuarto de milenio los niños incluseros de la Beneficencia llevarían en La Habana el apellido Valdés, que les ha regalado un gallego caritativo, también obispo.
Los detalles abundan, y el inventario del influjo gallego sobre el alma cubana es tarea tan infinita como la de contar estrellas. Por ello hemos de concentrar el foco de nuestra atención en una sola parcela: la presencia de los gallegos en el habla del cubano. (2)
UN PUÑADO DE EJEMPLOS
Tanto en Galicia como en el campo cubano escuchamos decir comparancia o comparanza en lugar de “comparación”. Aquí, igual que en aquellas tierras ibéricas, la epidemia es un andancio.
De baril, calificativo que los gallegos aplican a lo magnífico, surgiría nuestro barín.
Billarda llaman al juego de la tala —quimbumbia en el occidente cubano— lo mismo los pequeñines de nuestro Oriente que sus homólogos del otro lado del Atlántico.
Los cubanos confundimos los verbos “brincar” y “saltar” (“brincó una cerca”), reflejando así otra influencia gallega.
En galaico, buraco llaman al agujero, de donde se originarían nuestros juraco y furaco.
En Cuba nadie dice que va a “tirar”, “desechar” o “arrojar” la basura. Siempre la “botamos”. Y nos “botan” las novias que nos rechazan. Y, al ser despedidos de un trabajo, nos han “botado”. Con lo cual se evidencia otro uso gallego trasplantado a estas tierras.
En nuestros ómnibus es usual la protesta “Caballeros, ¡no arrempujen!”. He ahí un descendiente del verbo gallego arrempuxar.
Cazuelero en Cuba, cazoleiro en Galicia, llamamos al hombre que se entromete en asuntos femeninos. O sea, el que los castellanos denominan “cominero”.
Por la vía del gallego llegó también a América el vocablo gago, para designar al gangoso o tartamudo.
Y aquí me detengo, pues la enumeración es inagotable.
INTERROGANTE FINAL
¿Cómo logró el gallego influir tan relevantemente en el habla del cubano?
Creo hallar la razón en lo siguiente: aquí no solo hubo gallegos en lugares encumbrados, fuesen hábiles marinos u obispos benefactores. También, y en número aplastantemente mayor, fueron gente sencilla, que al encontrarse en estrechísimo contacto con el pueblo ejercieron un intenso influjo sobre el habla.
Sí, fueron los de abajo quienes decidieron el asunto. Y al respecto no debe olvidarse que en Cuba hubo esclavos con ojos azules y cabello rubio, como descendientes que eran de los mismísimos celtas: los “colonos” gallegos, traídos en condiciones de semiesclavitud. Hasta el punto de que aquí no solo hubo cimarrones nacidos en el Congo o Calabar, sino también en Galicia.
Para ellos, que tanto nos entregaron en diversas vertientes —el habla incluida—, para ellos, quienes también se fundieron en el gran ajiaco nacional, parecen escritos los versos de Curros Enríquez, el poeta gallego que vivió y murió en Cuba:
¿Dónde estás, Libertad, que ya no me hablas?
¿Dónde estás, oh mi amor, que no respondes?
¿Dónde te ocultas, di,
por qué te escondes,
cuando no puedo ya vivir sin ti?
Notas:
(1) Hasta en los apellidos que exhibimos los cubanos está la impronta gallega. Bouza y Fraga significan “matorral”; Amejeiras, “ciruelos”; Cabana, “cabaña”; Ayuso, “abajo”; Bacallao, “bacalao”; y Carballo, “roble”.
(2) Todas las voces gallegas se han tomado de un diccionarista clásico: Juan Cuveiro Piñol (Diccionario gallego, Tipografía de N. Ramírez, 1876).

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