Marina Menéndez Quintero
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Así ha concebido la vida René de la Nuez durante tres cuartos de siglo. El artista que con sus caricaturas nutre cada día las páginas de los POR ESTO! es homenajeado hoy en La Habana, en la víspera de su 75 cumpleaños. “Yucatán para mí es la tranquilidad… y la amistad de Mario”, asegura este cubano para quien el humor es también algo muy serio
(Especial para POR ESTO!)
No hace falta estar en los salones de la galería habanera Wifredo Lam para verlo en la tarde de este viernes, rodeado de amigos y relevantes figuras de la cultura cubana: con los ojos claros relampagueantes, el chiste a flor de labios y su habitual sonrisa. Saluda a uno y a otro después de decir algunas palabras aunque, definitivamente, lo ceremonioso no parece hecho para él.
Quizá sea su natural desenfado lo que le hace ver tan joven como cuando, a los veintitantos, hacía sus caricaturas en vivo, en el noticiario estelar de la Televisión cubana, ataviado con el sombrerito de papel periódico que caracterizaba al Loquito, su primer personaje y, tal vez, el de más pegada… El desenfado le caracteriza, y también esa sagacidad y lucidez que siguen marcando sus dibujos cuando, día a día, editorializa el acontecer mexicano en las páginas de los POR ESTO!
“Setenta y cinco años no es algo como para festejar”, bromeaba días atrás, al recibir la noticia de que se abriría esta exposición como un homenaje del Consejo Nacional de las Artes Plásticas del Ministerio de Cultura de Cuba, en este cumpleaños. Pero homenajear a Nuez es lo mismo que reconocer su prolífera obra, porque la inició desde los 17, de modo que está ligada a toda su vida.
El anuncio de la celebración le había tomado por sorpresa, de modo que en pocos días debió seleccionar, hilvanar y preparar la muestra, ayudado, como siempre, por Pucha, como cariñosamente llaman todos a una esposa que también es su compañera.
Apretar todo este tiempo de trabajo en la exposición Nuez 75 no ha sido el objetivo del artista, pues no se trata de una retrospectiva, y para algunos hasta pudiera traer sorpresas. “Tiene elementos de otro Nuez que no se conoce mucho, casi dibujante, porque son trabajos sin humor”, explica.
“Aquí muestro cosas que son viejas pero nunca expuse. Las hacía para mí. Son obras muy ligadas a la santería, al folclor. Hay elementos como la ceiba, que es patrimonio en Cuba y que también me recuerda al Sureste mexicano. Nunca olvido la que toqué con mis propias manos cerca de esa maravilla maya que es Chichén Itzá. Son estudios que yo hice en una época, y de los que fui dejando constancia en una serie de dibujos”.
El final, abunda, también es nuevo. Está realizado en el lenguaje de los comics y tiene el propósito novedoso de que el espectador participe. “Yo dibujo la onomatopeya gráfica del comics y el que contempla la caricatura, inventa. Doy elementos que pasaron en ese cuadrito pero que no están, y cada quien debe imaginarlo a su manera, en su cabeza. Es un divertimento y me gusta mucho”.
La forma en que se le ocurrió esa idea también es divertida. Fue el día en que se le acercaron unos críticos de arte, preocupados porque las personas se detenían poco ante los cuadros en las exposiciones. Entonces, Nuez, ocurrente como siempre, se dijo: “Ah, yo voy a hacer algo para que piensen”.
Además se exhiben otros trabajos que ha realizado de modo experimental, como la serie de esos autos que en la Isla son llamados “almendrones”: coches norteamericanos grandes y ruidosos de la década de 1950 que aún desandan las calles de la Isla gracias a la inventiva del cubano, y constituyen una suerte de museo con ruedas. El “almendrón” resulta para Nuez un personaje aunque no sea una figura humana y comparte afectos con las anillas de tabaco y la bicicleta, otro medio de transporte usual en la Isla, y con la que conformó 106 dibujos.
Y está en la exposición, por supuesto, la presencia neta de Yucatán. De allá expone tres de las 12 versiones que ha creado del Chac-Mool, esa deidad maya que tanto le impresiona y que atesora, en forma de escultura pequeña tallada en madera, en la sala de su alto apartamento en la capital cubana.
UN HERMANO Y MAESTRO EN YUCATÁN
Concibió la serie de los Chac-Mool y la expuso antes en Mérida, donde él respira un ambiente formidable de tranquilidad que le hace posible ver, desde la distancia, “cosas que aquí quizá no viera”, confiesa.
Para Nuez, Yucatán es eso, y también la amistad del Director de Por Esto!, a quien conoció en Cuba en los años 60 del pasado siglo, y para cuyas publicaciones colabora desde los tiempos en que Mario Renato Menéndez dirigía la revista Sucesos. Lo siguió haciendo cuando el prestigioso periodista fundó Por QuE? –la cual llegó a venderse en Cuba-, y ahora es el caricaturista por excelencia de POR ESTO! Para el reencuentro de ambos después de trabar amistad habían transcurrido años sin verse, y los dos supieron entonces que en ese lapso “hubo momentos en que, sin saberlo, estuvimos casi uno al lado del otro”.
“Para mí es un hermano que respeto y quiero. Siempre le pediré un consejo; es un hombre cabal. Por él siento un cariño y una gratitud tremendos. Significó la posibilidad que me dio él mismo de laborar en su periódico, tan afín al pensamiento de los cubanos. Ese espacio que me ha brindado en POR ESTO! para mí es muy valioso. Ahí puedo hacer lo que quiero y defender lo mismo a los Cinco –dice en alusión a los antiterroristas cubanos injustamente presos en Estados Unidos- que a quien yo quiera defender. Pero para mí, no es un director. Te repito, es un gran hermano.
“Conversar con él o pedirle una opinión es hallar siempre un pozo de sabiduría. Yo lo considero un maestro.
“Y vivir en su casa es una experiencia tremenda. El almuerzo allí es un constante aprendizaje. Lo visitan muchas personas y siempre tienen algo que contar, algo que decir. Mario es una persona que tiene una vida muy rica. Siempre ha sido un factor de lucha y de atracción. Siendo muy joven estudió en Nueva Orleans, donde hizo un discurso explosivo que se formó una tremenda. Es doctor en Filosofía graduado en la antigua Unión Soviética con primer expediente; habla un inglés magnífico… Mario sabe lo que tú no sabes. Conversar con él siempre es aprender y conocer historia de América, porque él entrevistó a muchos líderes del movimiento guerrillero de las décadas de 1960 y 1970. Pedirle una opinión es hallar siempre un pozo de sabiduría. Yo lo considero un maestro”.
Atendidos también con cariño por Alicia, esa formidable anfitriona y amiga que es la encargada de Relaciones Internacionales del periódico y esposa de Mario, René y Pucha se sienten en Mérida como en casa.
“Vamos cada año. Es también una forma de retroalimentarme. Como la mayor parte del tiempo hago las caricaturas desde La Habana cual si estuviera allí, tengo que nutrirme de lo que veo durante esas estancias. Visualmente eso me da una posibilidad tremenda y voy guardando las cosas aquí -dice, y se toca la cabeza para soltar otro chiste- en el disco duro”.
PERIODISTA HASTA LA RAÍZ
-¿Cuán difícil puede ser mantener una presencia diaria, desde el punto de vista noticioso en el diario, estando lejos de Yucatán?
-Leo de punta a cabo el periódico, me empapo de todas las noticias, y entonces dibujo. Yo me eduqué como caricaturista, que es una especie de periodista que dibuja. En los rotativos cubanos de antes había que ser muy eficiente en cuanto a la noticia, en cuanto a la actualidad. Es algo que se ha perdido un poco en Cuba, no sé por qué, pues la Isla ha tenido excelentes caricaturistas en todas sus épocas.
-¿Se trata de un ejercicio diario?
-Sí. Y gracias en buena medida al Presidente que termina, a quien voy a extrañar mucho -bromea otra vez en alusión al personaje que ha identificado como Fecal-. Pero, bueno, generalmente la caricatura vive y se nutre de los errores de los políticos, ¿no? Yo disfruto mi trabajo, y realizarlo me da un gusto tremendo.
-Has dado vida a varios personajes que son muy recordados. ¿Cuál de ellos te ha marcado más?
-El Loquito, y por una sencilla razón: él fue acompañándome y formándome como dibujante. Cuando yo empecé con él no había triunfado la Revolución Cubana. Tenía yo 18 ó 17 años. Y el Loquito fue formando en mí, de tal manera, mi estilo de dibujar y de expresarme, que hoy en día me es muy difícil desprenderme de esa forma de hacer humor.
-Es un poco lo que estás haciendo ahora en el POR ESTO!
-Sí, yo no puedo ya desprenderme de eso. Y siempre le doy un margen al lector para que ponga su parte.
-Para mí, sin embargo, tú siempre serás aquel personaje emblemático de la lucha revolucionaria cubana contra el ex dictador Fulgencio Batista.
-Siempre me hablan de él. Aunque también en estas obras experimentales que hoy expongo y me gustan tanto hay, en el fondo, un viso de locura; yo creo que la cordura lo que trae es una tranquilidad aparente. En la locura es donde uno disfruta en todo: hay que ser loco en el dibujo, en el amor; hay que ser loco en todo, pero un loco bueno, un loco responsable. Un loco como el Quijote; vamos a llamarle un loco quijotesco…
Para el Loquito, que denunciaba valientemente las lacras y el crimen auspiciados por el régimen del tirano Batista, creó entonces Nuez una contrafigura, Don Cizaño, quien representaba a la prensa reaccionaria de la época en la Isla. Es uno de los dos personajes que, literalmente, ha visto morir.
-El día que nacionalizaron todos los periódicos en Cuba hubo un entierro simbólico de toda esa prensa en la Universidad de La Habana. En uno de los ataúdes iba Don Cizaño. Desde entonces no salió más. El otro ocurrió también después del triunfo de la Revolución y fue el sepelio de Mogollón, una figura que personificaba a los vagos. Cuando en Cuba se emitió la Ley contra la vagancia, igual murió.
Claro que René de la Nuez ha creado otros personajes trascendentes como el Barbudo, que simbolizaba a Fidel y fue quien sustituyó al Loquito. Pasiflora y Guerrita significaban la guerra y la paz, y, desde luego, está Fecal, “que representaba al Presidente mexicano hasta ahora. Al nuevo mandatario lo voy a pintar con IVA incluido… Porque es impuesto”, dice, y aflora otra vez la risa.
DOS TIEMPOS LIGADOS POR EL AGUA
-Tu San Antonio de los Baños natal es cuna de muchos caricaturistas. ¿Qué lugar ocupa esa pequeña localidad de las afueras de La Habana en tu corazón?
-Bueno, allí nací. Allí vivieron mis padres y murió mi madre. Allá están mis hermanos todavía. A cada rato me llaman desde San Antonio, pues he heredado los amigos de mi padre. Voy siempre que puedo. Es un lugar que recuerdo con mucho cariño porque en él aprendí lo que era un artista, y a saber qué papel me tocaba en la vida como tal; qué tenía yo que defender con mi arte.
-¿Hay antecedentes en tu familia de artistas?
-Mi padre dibujaba y además fue un artista de la vegetación y de la naturaleza. Fue un ecologista antes de que estuviera de moda la ecología. Mi madre murió cuando yo nací, entonces él tomó todo el ajuar de bodas, lo enterró en el patio y se dedicó a cultivar ese patio. Yo te digo que allí hay un gigantismo extraordinario en las plantas; crecen enormemente. Me acuerdo que cuando yo era un niño, podía cobijarme bajo las hojas de las malangas. Ese patio lo visitaron sabios famosos como Don Tomás Roy (el médico cubano que descubrió al mosquito transmisor de la fiebre amarilla), él iba a ver a mi padre; también lo visitaba el entonces Director del Jardín Botánico de La Habana, porque mi padre tenía una cavidad como de 500 cactus y 20 y tantas variedades de orquídeas. El vivía para ese patio y para cuidar el río, el Ariguanabo. Pertenecía a un club de Amigos del río que crearon ellos mismos; lo cuidaban, lo limpiaban. Mi padre tenía tres botes y me regaló uno cuando yo era ya mayor. Desde pequeñito me enseñó a nadar. Entonces me decía: Cuando me avisen en lo adelante que estás cerca del río ya yo estaré tranquilo, porque ya yo te enseñé cuáles son sus secretos.
-Y la playa de Baracoa, ¿pudiéramos decir que es tu refugio actual?
-Lo es desde hace muchos años. Allí conocí a Pucha. Son dos tiempos distintos ligados con el agua. Yo lo veo así: el río me dio una especie de fluidez de la creación. Este es un río que no va al mar. Sale a él pero de manera subterránea, no se sabe por dónde. Así fueron mis primeros 20 años, en el río: en él aprendí a nadar, a pescar, a crear; a ver el mundo con la fluidez del río. Pero cuando llegué a la playa de Baracoa -adonde fui a refugiarme porque el grupo de jóvenes revolucionarios del Movimiento 26 de Julio, al que yo pertenecía, estaba prácticamente liquidado- me encontré con el mar. Y el mar es algo distinto. Es infinito. El mar te da ansias de ver lo que hay del lado de allá del horizonte. El río no, allí lo ves todo; en el mar no ves nada. Esos son dos momentos de mi vida. Frente al mar me casé. La familia de Pucha, que es una familia de pescadores de alta mar, tiene una casita allí que pasó a ser nuestra. En ella yo creo, trabajo, dibujo. Es pequeñita pero la queremos mucho. Y ya quisiéramos vivir allá.
-Tener una esposa periodista ha ayudado a que ustedes conformen una pareja que se complemente?
-Sin duda. Cuando ella escribe un trabajo, me lo lee, y cuando yo hago un dibujo, se lo enseño. Y si no lo hago me forma una!!! ¿Sabes qué?: lo importante de nosotros es que peleamos (ambos ríen). Pero pelear es vivir y es amar. Si tú no peleas, ni amas ni vives. Además, sería muy aburrido. Lo nuestro es una vida en complemento.
-Hay quien dice que una pareja que se dedique a lo mismo, resulta aburrida.
-No, ¡qué va! Claro, hay una situación ajena a nosotros. Antes este apartamento siempre estaba lleno de gente, de amigos. Ya muchos, desgraciadamente, han ido perdiéndose en el camino. Veníamos a conversar y estábamos horas, toda la noche conversando. Ahora hay más soledad, pero es resultado de la ausencia de esos amigos. Y uno vive aquí en una torre un poco solitaria. Es distinto cuando vamos para la playa. Resulta que aquella casita de Baracoa tiene eso que aquí llamamos portal, uno de los grandes inventos cubano-españoles. En una hora sentado en aquel portal yo converso más que un mes sentado acá arriba. Y te mantienes vivo; estás en movimiento siempre, también creativamente, y así te alejas un poco del Alzheimer.
NO ME HE CANSADO
-¿Cuánto queda del Nuez que publicó sus primeras caricaturas a los 17 años?
-Yo sigo siendo un muchacho… ¡en las caricaturas! –una carcajada, y los ojos otra vez le brillan.- En la caricaturas soy muy exigente conmigo mismo. Si no me gusta, no entrego el dibujo hasta que está como yo quiero que salga. Y siempre estoy tratando de hacer cosas frescas y nuevas, porque yo no me dejo vencer por el conformismo. Muchas veces rompo el papel, y viro para atrás. Eso lo he hecho muchas varias veces.
-¿Cómo te sientes?
-Muy fregado, chica- suelta otra vez la broma. No, en serio, a los 75 me siento bastante bien. Vivo orgulloso de la edad que cumplo. He tenido el privilegio de la vida de llegar a esta edad no solo lúcido, sino con ansias de trabajar, de dibujar y de hacer cosas. Nací con bajo peso, de un parto hecho por una comadrona, y mírame aquí.
-Hay quienes llegan cansados a esta edad, vencidos ante las adversidades.
-No, yo no me he cansado. Adversidades siempre hay, incomprensiones siempre hay, pero eso tiene que ser un estímulo, no un freno. Porque si tú estás convencido de lo que defiendes, de lo que estás haciendo, no te queda más remedio que imponerlo, aunque sea dificultoso en momentos difíciles. En momentos difíciles también hice cosas atrevidas, como hice cuando pinté a Fidel en la Sierra Maestra en plena dictadura. O sea: hemos estado siempre en la lucha. Haciendo frente a los desafíos de la vida.
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