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Las enfermedades de José Martí: Un reto vencido

Las enfermedades de José Martí: Un reto vencido

Por: Rolando López del Amo

Fecha: 2011-04-11

Fuente: CUBARTE

Enfermedades de José Martí se titula un libro publicado por la Editorial Oriente, cuyo autor es el Dr. Ricardo Hodelin Tablada.

El lector podría preguntarse la relevancia de este aspecto de la vida de nuestro Apóstol y Héroe nacional. Pero en la medida en que se avanza en la lectura del libro, se puede apreciar su importancia a partir de los efectos que produjo en el adolescente José Martí su condena al presidio y, en particular, su trabajo como picapedrero en las canteras, cuando, con la identificación de prisionero 113, cargó pesadas cadenas desde la cintura hasta el tobillo. Así, recorría diariamente el largo camino entre la prisión y las canteras y realizaba, en esas condiciones, el rudo trabajo al que se le condenaba.  Su vida quedaría marcada desde entonces, y su cuerpo herido y afectado de tal forma, que solamente su poderosa voluntad y sus más poderosos ideales le proporcionaron la fuerza para cumplir su extraordinaria misión y desarrollar un pensamiento que perdura, por su alto valor político y ético.

Para la redacción de este libro, el Dr. Hodelin consultó 261 fuentes bibliograficas, 31 fuentes hemerograficas (revistas, periódicos) y las fuentes documentales de 13 archivos en Cuba, España y México. El rigor investigativo es, pues, más que evidente.

Aunque las enfermedades padecidas por Martí constituyen el leit motiv de este trabajo, el mismo va desarrollándose en orden cronológico y resulta, finalmente, otra biografía del principal guía espiritual de nuestra nación, en lucha contra poderosas fuerzas políticas y sociales y las propias limitaciones que sus diversos padecimientos le imponían. Solo una voluntad como la suya, al servicio de un ideal tan noble como difícil de alcanzar, le permitieron realizar su obra grandiosa y legarnos la riqueza de su pensamiento y de su acción.

Hay algunas páginas sobre el Martí niño que muestran rasgos de su temprana  personalidad. Su  hermana Amelia, por ejemplo,  lo recuerda trabajando con el azadón en plantas que cultivaba en el patio de la casa. El Dr. Hodelin refiere una anécdota acerca de que unos niños con los que estaba jugando atrapan a un grillo y le amarran una pata con un hilo. El niño Pepe se opone a tal proceder y va en busca de unas tijeras para cortar el hilo y dejar en libertad al indefenso animalito que, liberado, salta hacia la hierba. A estos rasgos de bondad y valentía, deben añadirse su sentido de responsabilidad cuando acompaña a su padre a la región del Hanabana, en Matanzas, donde Don Mariano ha recibido un nombramiento. El niño Pepe  combina allí el disfrute de la naturaleza y el aprendizaje a montar a caballo, con la tarea de redactar informes que su padre debe presentar. En ese lugar puede apreciar de primera mano los horrores de la esclavitud y se jura a sí mismo que lavará ese crimen con su propia sangre. Tiene entonces solamente nueve años de edad.

Adolescente, aun no cumplidos los 16 años, al día siguiente de los violentos sucesos en el Teatro Villanueva, en los que un grupo de voluntarios irrumpió  a tiros en una función en la que el público mostró sus simpatías  por Carlos Manuel de Céspedes y los cubanos que se habían lanzado a la manigua tres meses antes, Martí publica en el periódico Patria Libre, su drama poético patriótico Abdala. Todo parece indicar que Martí estuvo allí esa noche. El teatro pertenecía al Sr. José Nin Pons, quien era cuñado del maestro de Martí, el patriota Rafael Maria de Mendive. Lo cierto es que Martí recordará esa noche en sus Versos Sencillos y en un artículo que escribirá años después. Luego vendría el caso de la carta dirigida por Martí y su amigo Fermín Valdés Domínguez a un condiscípulo que había decidido entrar al servicio militar de España, acción que es calificada como apostasía, traición, en la carta. Este fue el motivo de la condena de Martí a seis años de prisión con trabajos forzados que, gracias a los esfuerzos y gestiones incansables de doña Leonor Pérez, madre del Apóstol, acompañada de sus hijas, fue conmutada por destierro hacia la Isla de Pinos y de allí a España.

Llegado a España, donde publica su denuncia titulada El presidio político en Cuba,  la salud de Martí comienza  ya a resquebrajarse en gran manera. En los cuatro años de estancia en la península, tuvo que ser intervenido quirúrgicamente durante tres ocasiones en su región inguinal y en un testículo, producto de las lastimaduras de las cadenas que cargó en la prisión. Necesitará nueva cirugía cuando se traslade a México a reunirse con su familia, donde recibe una atención más calificada que la que tuvo en Madrid. Desde su estancia madrileña, a los 18 años de edad, irrumpe en él una enfermedad llamada  sarcoidosis, enfermedad sistémica que afecta varios órganos y sistemas del organismo. Esta seria su enfermedad principal que lo afectaría por el resto de sus días. Es una enfermedad que puede mejorar por un tiempo para luego reaparecer. La sarcoidosis le produjo afectaciones pulmonares, hepáticas, estomacales, cardiovasculares y oculares. También fiebres, dolores de cabeza  y desmayos que lo obligaban a guardar cama y, en ocasiones, le impedían escribir con su propia mano y tenia que acudir al dictado de lo que quería comunicar. Lo que resulta increíble es que un hombre con salud tan quebrada haya sido capaz de imponerse a tan dolorosas y permanentes circunstancias para realizar su obra descomunal. El libro del Dr. Hodelin está lleno de conmovedores relatos y de testimonios sobre el permanente combate de Martí contra estas circunstancias adversas de su vida.

Martí definió en el concepto siguiente lo que habría de ser el sentido de su vida: Hombre es algo más que ser torpemente vivo: es entender una misión, ennoblecerla y cumplirla (OC. Tomo 6, p. 232) Su misión declarada era lograr la independencia de Cuba para impedir, con ella, la expansión, con esa fuerza más, del imperialismo yanqui hacia el sur del continente americano.

Martí creía que por el poder de erguirse se mide a los hombres (OC, Tomo I, p.354), que  cada hombre se mide con la inmensidad que se le opone (OC, Tomo 3. p. 23) y que la única gloria verdadera del hombre…estaría en la suma de servicios que hubiese, por sobre su propia persona, prestado a los demás (OC. Tomo 3. p. 226)

Son estos conceptos firmemente arraigados en el pensar y el hacer de Martí los que le permiten imponerse a los obstáculos que la vida constantemente le opone.

Las circunstancias de sus limitaciones físicas por causa de su mala salud, gravitaron siempre sobre lo que hubiera deseado hacer por la causa en la que creía y supo entonces concentrarse en la gran batalla de ideas que prepararía y dirigiría desde el exilio, para dar orden y sentido a los anhelos de todos los cubanos dignos. Fue el pensador y el organizador. Fue un hombre por encima de sí mismo.

El libro del Dr. Hodelin recoge anécdotas emocionantes que nos hablan de la calidad humana de Martí y de su impacto sobre las personas con las que se relacionaba. En Tampa, su refugio mayor fue la humilde casa de Ruperto y Paulina Pedroso, obrera tabacalera negra, oriunda de Consolación del Sur, quien lo cuidó  con celo y esmero, después de un intento de envenenamiento del que fue objeto Martí en esa ciudad por agentes a sueldo de las autoridades españolas. A propósito, uno de los dos implicados en el intento fue descubierto por los compañeros de Martí quienes querían ajustarle cuentas. Martí pidió habla a solas con el hombre en una de las habitaciones de la casa de Paulina.

El hombre salió de allí con los ojos aguados. Para sorpresa de todos Martí insistió en que no se divulgara el incidente ni el nombre de la persona. Enfáticamente aseguró: “Ese será uno de los que habrán de disparar en Cuba los primeros tiros”. (La anécdota está tomada de la obra de Carlos Márquez Sterling  “Nueva y humana visión de Martí”, citada por el Dr. Hodelin)). Lo profetizado por el Apóstol se cumplió. Aquel hombre, llamado Valentín Castro Córdova, se incorporó al ejército libertador y terminó la guerra con los grados de Comandante.

La voluntad de luchar y la entereza de Martí  se ponen de manifiesto a su llegada a Cuba con Máximo Gómez para incorporarse a la lucha ya iniciada el 24 de febrero de 1895 por instrucciones de Martí. El bote que los trae a tierra  desde el vapor que los ha dejado frente a las costas de Cuba tiene como uno de sus remeros a Martí, cuyas manos se le llenan de ampollas por el inusual ejercicio. Después de desembarcar por Playitas, Máximo Gómez se queda admirado de la energía de aquel pálido y delgado amigo. En su Diario de Campaña, Gómez anotaría: “Nos admiramos, los viejos guerreros acostumbrados a estas rudezas, de la resistencia de Martí-- que nos acompaña sin flojeras de ninguna especie, por estas escarpadísimas montañas”. Y más adelante anota: “Martí, al que suponíamos  más débil por lo poco acostumbrado a las fatigas de estas marchas, sigue fuerte y sin miedo”. Gómez siempre lo recordaría atravesando las montañas de Baracoa con un rifle al hombro y una mochila en la espalda igual que un viejo soldado batallador. (Para más referencias ver la página 136 del libro que comentamos).

Otro testimonio sobre Martí en el campo insurrecto lo dio Mariana Pérez Moreira, quien en aquel momento, abril de 1895, era una niña: “Se portó hombre, a pesar de las lastimaduras de sus pies. Hubo de abacorarselos porción de veces con tiras de trapo para tapar los furos de las ampollas. El traía maldito un tobillo, como un buey cuando lo abusan con la mancuerna. Yo se lo vide: fea la carne botada para afuera, sin sabérsele sanar por causa del grillete de la cárcel…Pero de ninguna pena se quejaba” (Página 140 del libro que comentamos)

Sin embargo, Martí ignora sus dolencias y se vuelca a atender a los demás. Carlos Martínez González, un joven de 16 años entonces, recuerda: “Martí se aposesionó de un botiquín y arrancó a curar todo aquel hospital de gente… No paraba. Donde había un ¡ay!, ahí estaba él….Se embarró mucho de sangre y de tierra allí, con gran interés de ayudar (Idem, página 138) Otra anécdota recuerda que asistió a tres combatientes que tenían fiebre tifoidea. Ya Martí había escrito, en agradecimiento a todas las personas que cuidaron de él en sus largos periodos de enfermedad quela más noble de las ocupaciones, y quien sabe si la más grata, es la de enfermero (OC. Tomo 6, p.130)

Y ese cuidado hacia los heridos y enfermos era solo un añadido a la tarea fundamental de organizar la guerra que empezaba y dejar establecidos los fundamentos de  la República en Armas y hacer saber al mundo el contenido de la acción emprendida para ganar el respeto y la solidaridad que el sacrificio de nuestro pueblo ameritaba.

En el libro del Dr. Hodelin podrá encontrarse información detallada de la muerte de nuestro Apóstol, de los reconocimientos y enterramientos de su cadáver hasta su traslado al cementerio de Santa Ifigenia. Pero el propio Martí nos enseñó que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida. El creía que morir era seguir viaje y que la tumba no era el final. Para Martí “en la muerte halla el poeta su poesía y el apóstol la libertad (OC. Tomo 5, p. 306)Y él fue ambas cosas: poeta y apóstol.

El libro del Dr. Hodelin es una contribución seria  a un aspecto de la vida de José Martí que nos ayuda a comprender mejor su grandeza.

 

 

Bibliografía:

Obras Completas de José Martí, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975

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