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La zaga de los Marqueses del yarayabo. Por David G. Gross*

Por David G. Gross*/Martianos-Hermes-Cubainformación.- La zaga histórica de los Marqueses de la Candelaria del Yarayabo comenzaba en el Siglo XVIII con el matrimonio en España del señor Don Marcos Bertier Bonet y la señorita María Ana Vaillant Dardillosa, natural él de Marsella y la novia de Valencia. De la unión salieron dos varones: Juán Bautista y Antonio Vaillant Bertier y debemos recordar que en esos tiempos la transmisión del primer apellido viene con la madre. El primogénito toma la carrera militar y el segundo vástago enrumba hacia lo civil con el título de Bachiller. Juan Bautista, inteligente para todo lo del Dios Marte alcanza el grado  de Coronel de los Ejércitos Nacionales de Hispania y es enviado hacia la calurosa y miasmática ciudad de Santiago de Cuba, en la siempre fiel hasta el momento Isla de Cuba.

Corría mayo de 1788 cuando penetra, empujado por los vientos del suroeste al Puerto de Santiago un velero peninsular y es recibido por el cañón del Morro y en la rada, ante el disparo avisador se aprestan las dotaciones de negros cargadores, chalupas, contramayorales, comerciantes, agentes de aduana y prostitutas en espera del nuevo envío que viene de La Madre Patria. Agarrado a una cabia se ve la figura de un elegante militar en completo uniforme y al lado un joven de traje civil que otea la verde vegetación jamás disfrutada en su tierra natal. A la sombra de su hermano mayor, Antonio se integrará inmediatamente a la sociedad santiaguera y se convierte como su hermano mayor en comentario de la vida nocturna y de las casamenteras que pululan entre misas, tertulias, mosquitos y focos de paludismo.

El 5 de junio de 1788 toma posesión el nuevo gobernador Militar de la Plaza y Departamento Oriental de Cuba, Coronel Vaillant Bertier y bajo los palios de la Catedral Mayor, con fuerte olor a incienso  y latinazgos cantados y recitados, se bendice su presencia y mayoreo sobre civiles y militares de la Colonia. Bertier, al contrario de sus predecesores realiza obras de beneficio social y económico hasta el año 1796 donde quedan empedradas numerosas calles de la Ciudad, ordena construir un importante muelle para el Puerto, levanta los muros de una nueva cárcel y recoge las monedas de papel para sacar a la luz las de metal. También se le atañe el permitir la inmigración de franco-haitianos al Oriente de la Isla a partir de 1791, sabedor de las experiencias de estos señores esclavistas respecto al cultivo del café. Por otro lado, Bertier era muy bien mirado por los zares del esclavismo y había ordenado a sus baterías y personal militar que hicieran oídos sordos al comercio de piezas de ébano entre Santiago y las cercanas islas del Caribe así como a las naos llegadas de África.

Debido a la influencia de su hermano militar, el otro Bertier, Antonio, recibe por la Administración Colonial de Santiago enormes extensiones de vírgenes tierras a lo largo del Río Yarayabo en el territorio de Cuba a pocos kilómetros de Cauto Garzón, hoy Palma Soriano. Fértiles veguetas aluviales alineadas a los costados del Rio Cauto permitieron la cría de ganado mayor y menor y posteriormente a la inauguración de un ingenio o fábrica de azúcar  hicieron que Vaillánt decidiera adquirir más terrenos a su ya cuantioso patrimonio y al conocer a la rica heredera del hacendado palmero De las Cuevas Duany, famosa por su belleza prístina y por su abultada dote cuantificada en trapiches de producir azúcar artesanalmente, cafetales y  haciendas ganaderas, se decidió a pedir su mano la cual le fue concedida por el padre de la rica heredera Don José Tadeo de las Cuevas, enriquecido al igual que su padre Miguel de las Cuevas y Velarde con el comercio clandestino de esclavos, amén de sus propiedades en todo el territorio palmero.

Los matrimoniados Vaillant de las Cuevas se quedaron residiendo en su casona de Santiago de Cuba hasta que decenas de obreros levantaron una especie de chalet al lado del Río Yarayabo, con altar y torre de campanario para llamar a los esclavos en sus diferentes horarios de trabajo brutal y descanso efímero. Mudados a su nueva vivienda, el oratorio fue habilitado con todas las ordenanzas religiosas de la época y la señora Vaillant ordenó traer de París una tela que fue montada en su enorme marco donde se veía la imagen de la Virgen María del Rosario a la cual era advocada la liturgia. Así comenzaban las estrechas relaciones entre los Vaillant de las Cuevas y el Arzobispado Católico de Santiago de Cuba.

En 1871 el Señor Arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Joaquín de Osés autorizaba a los Vaillant a ofrecer misas, bautizos, matrimonios y otros oficios de la religión católica  debido en que en el Poblado de Palma Soriano, centro económico de la zona no existía templo ni sacerdote. Pero detrás de esto había algo que no se aclaraba pero se conocía por los hacendados del lugar: los Bertier no tendrían que llevar sus esclavos a bautizar y otras diligencias hasta El Cobre o a Santiago de Cuba, ahorrándose una buena cantidad de dinero en esas actividades.

En el año 1804 un petitorio de todos los hacendados esclavista de Palma Soriano al Arzobispado Santiaguero daba a conocer que si se autorizaba la creación de una parroquia en el poblado de Palma, el coste de la edificación, su mantenimiento y los viáticos para el sacerdote que la ocupara serían sería pagado por la colectividad de la zona. A ese fin la Señora Doña Josefa Rita de los LLamos, viuda de Don Melchor Delgado y sus hijos donaban en documento oficial una caballería de terreno en el centro de su posesión para levantar el templo y que las ganancias de parcelar en solares el terreno no edificado en los alrededores de la iglesia fueran a parar a las arcas del Arzobispado. Por fin en 1813 quedaba edificada la iglesia bajo la advocación de la Virgen Maria del Rosario. Según el historiador palmero Lic. Juan Ramos Blanco, autor de la Cronología Histórica de los Marqueses del Yarayabo, entre ese año y 1872, estos registraron 394 bautizos de esclavos nacidos en sus posesiones. De ellos 261 varones y 133 hembras.

Los Vaillant de las Cuevas entran al Siglo Decimonónico acrecentando su capital con la adquisición de un velero, El Cometa, para realizar comercio clandestino de piezas entre las islas del Caribe. Por otro lado continúan las relaciones cada vez mas estrechas entre el Arzobispado Santiaguero y el matrimonio y a pesar de que el General Gobernador de la Isla Eusebio Escudero ordena la intervención del velero por su comercio ilegal de trata negrera, los Tribunales de  España fallan a favor de los criollos y ordenan devolverle la embarcación.

Esta ligazón de la Iglesia católica en Cuba y los Vaillant de las Cuevas hace que comience al cabildeo en los pasillos del Papado Romano, el cual es untado generosamente por las “obras cristianas” de aquellos hacendados de la antigua región aborigen de Cuba y Yarayabo. Es así como en 1821 autorizado por el Papa de Roma y refrendado por los Reyes de España, le abre un huequito a los registros heráldicos de la Península Ibérica para registrar el nacimiento de un nuevo título nobiliario en la colonia cubana, el de Antonio Vaillant Bertier como Marqués de La Candelaria  del Yarayabo o sea el titulo estaba compuesto por la Virgen de la Candelaria, patrona a quienes adoraban los ya Marqueses y el de Yarayabo, antiguo territorio aborigen subtaíno de la Región de Cauto.

Entre 1827 y 1829 el patrimonio de los Vaillant aumenta enormemente y a la muerte del primer Marqués, en ese último año le sucede Juan Bautista Vaillant de las Cuevas como Segundo Marqués, siendo este tan dadivoso en ofrecer prebendas al
Arzobispado santiaguero que le es otorgado el título oficial de Noble del Reino de
España en 1832 con documento firmado por su Majestad Doña Cristina debido a su lealtad a la Corona. Para finalizar decirles que no obstante a sus servicios a la iglesia y al reinado peninsular en 1836 los Vaillant aparecen en un atestado del Sumario que juzga la sedición anticolonial del General Manuel Lorenzo y por su apoyo a la Constitución de 18l2.

Las Guerras de Independencia de 1868 y de 1895 acabarían con los cafetales y haciendas de los Marqueses del Yarayabo, los cuales finalizar el Siglo XIX arruinados, tienen que vender todas sus haciendas y otras propiedades. Del otrora poderío solo quedan las ruinas de la casona colonial y algunas de sus instalaciones, reflejo de una época donde la Iglesia Católica, servía fielmente a la Corona Española y convertía en nobles a simples ciudadanos, no por sus valores morales y cristianos, sino por el monto total de su patrimonio.

*David G. Gross, historiador, escritor y periodista cubano.

 

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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