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La sabiduría del Papa. Por Lorenzo Gonzalo*

Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad.- Aunque andando por Perú suponemos hablar de las cosas que por aquí ocurren, pero siendo cubanos, es natural que hagamos un alto en el camino, para escribir una breve nota sobre la visita del Santo Padre a Cuba.
El Papa no es noticia en estos días en Perú y posiblemente tampoco en ningún país del Hemisferio Americano, excepto en México y Cuba.
 
Es natural que así sea, pues aunque su Santidad es un líder religioso de gran envergadura, por los miles de fieles que representa la Iglesia Católica, no deja de ser también un representante más de un Estado. Como tal, estas visitas se reflejan con mayor notoriedad en los países donde toman lugar. No obstante por la universalidad de las religiones y en especial por la cohesión y extensión de la católica, el Papa es motivo de ciertas menciones especiales que no se acostumbran hacer con el resto de los Jefes de Estado.
Anteriormente, en el año 1998, el Papa Juan Pablo II visitó Cuba. Fue una gira de éxito y coincidió con unos años en que el Estado cubano, comenzaba a cambiar y ordenar sus relaciones con la Iglesia Católica. Con el resto de las religiones estas relaciones habían permanecido bastante estables, excepto por la concepción de la Constitución cubana que hasta el año 1992 había sido atea. En ese año, la Constitución fue reformada y el Estado cubano paso a ser considerado como un Estado Secular, como la mayoría de los existentes en la actualidad. No fue más ateo y mucho menos teocrático.
El mensaje espiritual de Juan Pablo II fue una bendición para los millones de cubanos que en los años noventa, vivieron un aislamiento total, luego del derrumbe de la Unión Soviética.
El Bloqueo de Estados Unidos a Cuba se hizo más evidente por las dificultades extraordinarias que resultaban para un país que estuvo obligado a apelar a procedimientos irregulares para garantizar sus abastecimientos más elementales y además tuvo que padecer en muchas ocasiones, la inescrupulosidad de mercaderes de ocasión, que buscaban dinero rápido.
Entre los mensajes más importantes de Juan Pablo II, estuvo la descalificación del Bloqueo impuesto por Estados Unidos, impuesto por este país a contrapelo del sentir internacional, definiéndolo además como inmoral. Otro de los mensajes fue su llamado a que “Cuba se abriese al mundo y que el mundo se abriese a Cuba”.
La Iglesia cubana, que durante tres decenas de años había sido contestataria política del gobierno cubano e incluso algunos de sus prelados fueron cómplices de conspiradores y de algunos de los movimientos armados que ocurrieron en el país durante los primeros años del proceso revolucionario, estaba ese año en una franca postura de servir a su fieles y mantener con el Estado una relación institucional normal. Así también ocurría con el gobierno, quien se regía ya por una Constitución, la cual implicaba el reconocimiento pleno de la religión dentro de las prácticas espirituales de la sociedad cubana.
La visita de Benedicto XVI ocurre en circunstancias, donde la Iglesia Católica es parte del conglomerado de iglesias y religiones del país e incluso donde, por su organización institucional jerarquizada y sus siglos de experiencia en el manejo de los asuntos de Estado, tiene una presencia especial tanto en el medio social como en las relaciones con éste.
Las expectativas de esta visita quizás no sobrepasan a la anterior, pero al ocurrir en un instante donde la Iglesia tiene una presencia oficial como institución social, solidifica la legitimidad del esfuerzo en común que tanto el gobierno político del Estado, como el gobierno religioso de esta Iglesia, han hecho en todos estos años.
En medio de los cambios que el nuevo gobierno cubano ha hecho en los últimos tiempos, donde debemos mencionar, no solamente el mejoramiento de las relaciones con la Iglesia Católica, sino el protagonismo que le ha sido reconocido oficialmente en varias ocasiones, incluyendo gestiones para la liberación de presos, esta visita representa el paso definitivo para una nueva era de relaciones en el marco institucional Iglesia – Estado.
Es de esperar ponderación del Santo Padre Benedicto XVI, como la tuvo su predecesor Juan Pablo II. Por eso su declaración diciendo “la ideología marxista en la forma en que fue aplicada ya no corresponde a la realidad”, no puede ser interpretada por los sectores de izquierda, que aún se empeñan en aplicar políticas y estrategias en contradicción con las realidades históricas de hoy, como una negación de la necesidad que tenemos todos, de erradicar la economía del desalojo, la explotación y la depredación.
Estas palabras de Benedicto XVI no son nuevas, ni siquiera para quienes aún se autodenominan marxistas – leninistas. El Santo Padre sabe que las personas, como las instituciones, mejoran con el tiempo, se desarrollan, crecen y dejan detrás los vicios y fallas que acompaña las prácticas del diario quehacer. Esto no significa que las personas al mejorar, también deben cambiar sus nombres. Muchas veces transcurre un largo tiempo para que esto suceda y la mayoría de ellas, especialmente en las cuestiones relacionadas con el Estado, la Fe, las doctrinas y los principios, es más sano conservar los nombres, lo cual tampoco significa que nos gusten.
Sus palabras han sido claras. Comienza diciendo: “la ideología marxista en la FORMA que ha sido aplicada….” o sea, no descarta las bases teóricas aportadas por Marx o al menos muchas de ellas. Mucho menos se inmiscuye en las creencias conceptuales del la dirección del gobierno cubano, sino que ratifica algo que de hecho, ese gobierno ha estado haciendo durante varios años, sin abandonar el criterio de socializar la economía y resaltar los valores humanos de su pueblo.
Es un buen comienzo para una visita, que aunque algunos no consideran que tendrá la misma trascendencia en el tiempo, que la anterior visita papal, pudiera significar un paso más, para que el nuevo gobierno cubano pueda encontrar mayor apoyo internacional y sobre todo, para que Estados Unidos aprenda a ser más tolerante con el pensamiento y los criterios de sus vecinos.
Una vez más, se expresa con claridad, que existen poderosas razones para que el pensamiento de su Santidad, cualquiera que sea la persona que ocupe ese lugar dentro de la Iglesia Católica, sea valorado por su Sabiduría. No hay dudas que los Papas, como los grandes dirigentes del mundo, de una u otra forma, la circunstancia los hacen Sabios.
 
*Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en EE.UU. y subdirector de Radio Miami

 

Fuente original: Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad

 

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