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La medicina del esclavo (Primera parte). Por Rosa María de Lahaye Guerra

19 Mayo 2011 en NosOtros.

Abb. 63: Justo G.Cantero: Los Ingenios. Colección de vistas de los principales ingenios de azúcar de la isla de Cuba. Dibujos de Eduardo Laplante, La Habana 1857 (moderne Facsimile-Edition: García Mora/ Santamaría García, Antonio (Hg.), Los Ingenios. Colección de vistas de los principales ingenios de azúcar de la Isla de Cuba. El texto redactado por Justo G. Cantero, Con las láminas dibujadas del natural y litografiadas por Eduardo Laplante, Madrid 2005. (Mit freundlicher Genehmigung des Verlages Doce Calles, Aranjuez (Madrid)).

Casa de Calderas del Ingenio San Martín, dibujado por Eduardo Laplante. Tomado de: Justo G.Cantero: "Los Ingenios. Colección de vistas de los principales ingenios de azúcar de la isla de Cuba." Dibujos de Eduardo Laplante, La Habana 1857.

Entrevista al Dr. Anselmo Villegas Zulueta, Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Camagüey

R.M.L.G.- Le he oído utilizar el concepto de “medicina del esclavo”. Me gustaría compartiera sus ideas con los lectores de CUBADEBATE.

A.V.Z.- Por medicina del esclavo entiendo el conjunto de conocimientos empíricos y prácticas alternativas (a la Medicina dominante) utilizadas por los esclavos para combatir dolencias y enfermedades en circunstancias particularmente difíciles. Es conocido que, en nuestro país, el esclavo estuvo obligado a trabajar hasta el límite de sus fuerzas, en el ingenio o en las plantaciones cañeras, bajo las órdenes del capataz y del mayoral  -cuyos  atributos eran el látigo y la espada-, quienes no escatimaban prácticas crueles para obligarlos a trabajar. Este trabajo despiadado, unido a los maltratos físicos, necesariamente se hizo sentir en la calidad de vida y en la longevidad del esclavo, y con ello, en su salud. Como todo ser humano aferrado a la vida, buscó formas de subsistencia física y  espiritual. El arraigo a la naturaleza y la cultura naturalista permitieron al esclavo encontrar alternativas para enfrentar sus enfermedades.

R.M.L.G.- Usted hacía referencia al ingenio Álava, en la provincia de Matanzas, como caso paradigmático en el desarrollo de este tipo de Medicina.

A.V.Z.- En la comunidad del actual central México -antiguo ingenio Álava, propiedad del hacendado esclavista Julián de Zulueta y Amondo, el segundo hombre de mayor poder económico en la Cuba del siglo XIX-, se conservan hasta el día de hoy muchos conocimientos sobre el uso de tallos, cortezas, hojas, ramas, flores, raíces, semillas y resinas de plantas y árboles, así como de productos animales. Este ingenio fue el que más esclavos tuvo en Cuba: más de 700 seres humanos arrojados como bestias en un barracón inhabitable de dos pisos y sometidos a un régimen de trabajo brutal. Como modo de supervivencia, estos seres humanos se vieron obligados a desarrollar prácticas culturales alternativas, entre las cuales ocupó un lugar prominente la medicina natural basada en plantas y animales, heredera de la cultura naturalista proveniente de África.

Es posible que precisamente en la comunidad del antiguo central Álava se conserve el mayor aporte de información sobre la medicina del esclavo. Baste llamar la atención sobre el hecho de que en este sitio aparentemente perdió en la geografía cubana, llegaron a emplearse 244 especies de plantas y árboles con fines medicinales, taxonómicamente representados en 83 familias y 206 géneros, además de cuatro especies de animales: tres vertebrados (el carnero, el majá Santa María y la gallina) y una de invertebrados (la abeja).

Es interesante cómo llegó a simularse en el ingenio Álava la “enfermedad del sueño”, calificaba por la Medicina dominante como un producto típico de la década de los años sesenta del siglo XIX y asociada en la representación colectiva con la fatiga muscular originada en el exceso de trabajo físico. En el Álava, esta enfermedad tuvo otra fuente: la inteligencia y el talento del esclavo Ta Higinio, quien, utilizando tres plantas soporíferas, creó un brebaje que, suministrado, como hoy se dice, en la dosis exacta, lograba simular la enfermedad del sueño y mantener con vida al esclavo. De esta forma, los desafortunados podían dormir de 48 a casi 72 horas seguidas sin que el látigo los despertara.

Otros elementos de valor fueron las diferentes enfermedades y dolencias y cómo resolvían estas con el empleo de las plantas. Entre estas podemos citar:

R.M.L.G.- ¡Ingeniosa estratagema! Ahora bien, ¿qué enfermedades eran curadas efectivamente mediante la utilización de la medicina del esclavo?

A.V.Z.- Diversas. Digamos, enfermedades infecciosas e invasivas. El hacinamiento de los esclavos en el barracón y las pésimas condiciones higiénicas existentes propiciaban el surgimiento de enfermedades infecciosas e invasivas en la piel. En el combate y control de estas enfermedades, los esclavos emplearon con efectividad numerosas hierbas. Contra los hongos y herpes, utilizaron la guacamaya, el tengue, el itamo real y la cañandonga, entre otros. Los baños con hojas de guayaba, escoba amarga y colonia eran efectivos contra las erupciones y la picazón. La presencia de ácaros, agentes de enfermedades invasivas -por ejemplo, la sarna-, era combatida con la guanina y el jaboncillo, entre otras plantas. Contra los piojos se empleaban los baños de hojas de guayaba, jaboncillo, estropajo y otras hierbas. Contra las afecciones producidas por el marcaje en la piel de los esclavos de un número seriado con un hierro al rojo vivo, se empleaban infusiones para baños de vencebatallas, vencedor, mariposa, colonia, guayaba, yagruma y ceiba. La miel de abeja se utilizaba para aliviar las quemaduras y heridas.  También para curar heridas e infecciones, los esclavos usaron  como antiséptico el guisazo de caballo, la cáscara de la semilla de bija y otras muchas plantas. Para lavar heridas infectadas se empleaban el jobo y las infusiones para baños con ceiba, ponasí, guacamaya, cañandonga, así como el polvo de curujey, que contribuía a la cicatrización de heridas. Como antibióticos naturales empleaban liliáceas como el ajo y la cebolla.

(Continuará)



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