Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

La leyenda mediática llamada Bin Laden.

http://chiwulltun.blogspot.com/2010/02/la-leyenda-mediatica-llamada...
La leyenda mediática llamada Bin Laden. Marketing puro para asustar al
mundo y colocarlo de rodillas

En la agenda de la inteligencia militar estadounidense Bin Laden obedece a dos tipos de construcciones.
Una verdadera, asociada con las redes secretas del terrorismo, y otra
fabricada para consumo mediático.
En la primera, se indica que su formación de soldado terrorista proviene de los sótanos históricos de
entrenamiento de la CIA.
Y en la segunda, las evidencias lo señalan como un espectro fantasmal sobre el cual se montan innumerables campañas
de prensa internacional.
Cuyos resultados fueron hasta ahora siempre funcionales a los intereses
estratégicos del Estado imperial norteamericano, que ya concretó dos
invasiones militares (Afganistán e Irak) con la leyenda del terrorismo
como justificativo y telón de fondo.

Al margen de su extensa biografía, también en gran parte construida por
la CIA, Osama recién ingresó a la fama internacional tras la voladuras
de las Torres Gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.
Sobre su figura se tejen todo tipo de historias, de dudoso origen y siempre favorables al
ocultamiento de datos que lo vinculan al propio imperio que dice
combatir con la ayuda de Alá.
Los intelectuales y los periodistas rentados se encargaron de construirle
un "perfil" a tono con los gustos consumistas de la opinión pública, y
sin mostrar las redes vinculantes de su biografía con la CIA y las
políticas colonizadoras de EEUU en el mundo árabe y musulmán.
El líder de Al Qaeda fue fabricado de acuerdo a las necesidades del "nuevo enemigo", que el
imperio necesitaba mostrar a la sociedad después de los atentados del
11-S, y que la inteligencia norteamericana utilizó para conseguir
consenso local e internacional a sus nuevas políticas de invasión
militar
Al margen de sus antecedentes (de los cuales nos ocupamos en este informe) Osama
representa una innovación en el campo de la inteligencia militar
americana.

Un producto acabado de la acción psicológica mediática orientada a
direccionar conducta colectiva con fines políticos.
Este costado mediático de la "leyenda Bin Laden" no fue suficientemente analizado o explorado por la
prensa alternativa ni por los intelectuales críticos, más obsesionados
por la figura "terrorista" de Bin Laden que por el uso que hizo la CIA
de la estructura guerrillera que él comanda.
El uso mediático de la figura de Osama por parte de la CIA, queda opacado por la psicosis de terror
montada masivamente a su alrededor.
Los expertos y analistas se concentran en el Bin Laden "terrorista", y
pierden de vista los manejos mediáticos que se hacen con su imagen
demonizada.
Tras el 11-S las "reapariciones" periódicas de Osama fueron un clásico en la prensa
internacional.


Sus modus operandi fueron siempre los mismos.

Aparece, amenaza a Europa y a Estados Unidos con la guerra santa, promete atentados, asesinatos en
masa con armas químicas y biológicas, y luego desaparece tan
misteriosamente como había llegado.

Su imagen, recreada hasta el cansancio por las pantallas de TV., ya
resulta tan "familiar" como la del Che o la de Jesucristo.
Sus "apariciones" en videos de dudoso origen, y en cadenas falsamente opositoras a EEUU como Al
Jazzeera, siempre generan pánico y estados de "alerta rojo" en EE.UU. y
en las metrópolis europeas.

El desarrollo secuencial de sus apariciones tras el 11-S siempre obedecen
a un mismo patrón.

Al Jazeera muestra los videos con sus comunicados y amenazas, las cadenas
estadounidenses y europeas los difunden por todo el mundo, y la CIA
-con el resto de los servicios de inteligencia- anuncia todo tipo de
catástrofes terroristas en ciernes, principalmente en Estados Unidos o
Europa.

Después sólo hay que "relacionar" la explosión de las torres con la imagen
terrorista de Bin Laden puesta en la pantalla.

Ya no se necesita mostrar las huellas sangrientas del terrorismo real.

La sola presencia del hombre del turbante alcanza para producir los efectos psicológicos
buscados.
La verificación material de los atentados, es sustituida por el temor a los atentados
producido por los videos con la imagen de Osama.

Como el perro de Pavlov, los norteamericanos y europeos segregan adrenalina y consumen
terrorismo condicionado, como si fuera verdadero.
A pesar de la recurrencia cíclica de esta metodología operativa, nadie se preguntó en la prensa
internacional porqué esos atentados nunca se concretaron en EEUU y en
Europa.

Nadie observa ni analiza lo que ya resulta una evidencia estadística.

Esa acción psicológica, desde el 11 S, sirve a los Estados Unidos para generar consenso,
interno e internacional, para sus invasiones armadas por el mundo.
No hay datos precisos de la existencia o de la muerte de Bin Laden.

Todavía nadie reveló como pudo escapar del cerco militar y de los misiles en Afganistán.

Los videos difundidos por Al Jazeera son de dudoso origen, y la mala calidad de su imagen y su
audio no permiten determinar su veracidad ni la fecha de su filmación.

No hay quien se interrogue como la CIA, con sus infinitas redes de infiltración dentro
del terrorismo islámico, no lo haya podido detectar ni asesinar. Porqué
Osama (al igual que Saddam) desapareció sin dejar rastros, a pesar de
que oficialmente lo buscan noche y día todos los servcios de
inteligencia del mundo.

Esta falta de análisis estratégicos sobre el uso mediático-terrorista de la
imagen de Osama, no se debe ni a la inocencia ni a la casualidad.
La tácita complicidad de la prensa internacional con las operaciones de la CIA, es un hecho que se
revela en la dinámica de su propia estructura empresarial.
Sus intereses y negocios están asociados -por medio de complejos vasos comunicantes a las
transnacionales y a los megagrupos financieros que operan en Wall Stret
y en el Complejo militar-industrial.

Los grandes diarios, las grandes cadenas televisivas de EE.UU. y de Europa, forman parte del
exclusivo club de las 500 multinacionales que se benefician de las
conquistas militares-capitalistas por todo el planeta.
La leyenda terrorista-mediática de Bin Laden esta construida a la medida de la
nueva lógica expansiva del capitalismo transnacional.

Detrás de ese nuevo mito, Estados Unidos desarrolla su estrategia de conquista militar en Asia,
Africa, América Latina y Medio Oriente.
Bin Laden -como ayer lo fue el comunismo soviéticco- es el nuevo legitimador social de las políticas
de conquista militarista emergentes de la Nueva Doctrina de Seguridad
norteamericana.

El joven Osama

El padre de Osama Bin Laden, el jeque Muhamad Bin Ud Bin Laden, era
ingeniero y arquitecto, y según sus biógrafos, como simple campesino
dejó su provincia natal de Hadramut, en Yemen, a principios de los años
veinte, se instaló en Hedjaz (Arabia Saudita) en 1932, donde hizo una
cuantiosa fortuna.

Varias fuentes coinciden en que Osama Bin Laden nació en 1957, en Riad, en un
barrio llamado Al Malaz, lejano aún de "la figura de ese hombre alto,
delgado, de mirada fúnebre, nariz aguileña y barba negra que ha
comenzado a encanecer, y parece arrancada de una vieja versión de las
mil y una noches", como lo describe el periodista argentino Walter
Goobar.

Su madre, según muchos historiadores, no era la esposa favorita de Muhamad Bin
Laden, quien tuvo 54 hijos con 11 esposas. Osama, quien aparentemente
no era tampoco uno de los hijos favoritos del patriarca, recibió una
educación tradicional y acabó sus estudios secundarios en un colegio de
Jedda en 1973.

Osama recibió una educación esmerada en centros elitistas, como el Victoria
College de Alejandría, Egipto, donde estudian los hijos de príncipes y
jeques de todo Medio Oriente, y gozó de los lujos y placeres de los
jóvenes de su condición social.

Acompañado de sus numerosos hermanos y hermanastros, realizó viajes a diversos
lugares de Europa para recibir formación especializada, aprender el
idioma inglés o simplemente disfrutar de unas vacaciones a lo príncipe.

El consorcio de las empresas de los Laden, floreció durante el "boom" petrolero saudí de
los años setenta y, gracias a sus contactos con la monarquía, obtuvo la
exclusividad de todas las obras de restauración o de construcción de
edificios religiosos.
Contratos que también se extendieron a varios países árabes.

Estos negocios al servicio del Estado y la fe del Islam otorgaron a los Bin Laden gran
respetabilidad, así como relaciones de privilegio con el poder saudí, a
partir de la estrecha amistad del padre con el rey Faysal.

Osama se inició en la doctrina islámica en una madrasa (seminario coránico) de Jeddah antes
de estudiar ingeniería, gestión de empresas y teología islámica en la
Universidad Rey Abdulaziz de Jeddah, al tiempo que participaba en la
administración del grupo empresarial de su familia.

Hacia 1979 concluyó sus estudios, y pasó a desarrollar una actividad islámica militante, en un
año crucial para el despertar del Islam político en toda la región.

En febrero había triunfado la revolución Komeinista shiíta en Irán, y el veinteañero Bin
Laden, con el apoyo de su familia y de la casa real saudí, decidió
tomar parte en las brigadas internacionales islámicas contra el
"comunismo ateo".

El temor a la revolución iraní por un lado, y la URSS por otro, impulsó a
la monarquía de Arabia Saudita a pactar con EEUU, y uno de los
capítulos de ese arreglo consistió en una alianza estratégica con la
CIA para combatir a la Unión Soviética en Afganistán.

La cruzada islámica en Afganistán

A fines de la década del 70, los consorcios petroleros anglo-estadounidenses
querían apoderarse de los recursos energéticos y de los corredores de
oleoductos que salen de la cuenca del Mar Caspio.
Para lo cual el asentamiento militar y político en Afganistán resultaba clave.



La estrategia de la CIA y de la inteligencia militar se encuadraba formalmente en la
disputa por áreas de influencia que Estados Unidos y la Unión Soviética
mantuvieron durante toda la Guerra Fría.



Con la administración Reagan-Bush, a principios de los 80, se incrementó la
ayuda encubierta y el suministro de armas a los mujaidines de la
resistencia afgana que quería expulsar a los soviéticos de su
territorio.



Dentro de ese objetivo EEUU realizó un acuerdo secreto con el servicio de
inteligencia paquistaní (ISI) y con el de Arabia Saudita ( Istajbarat),
conducido desde Riad por el príncipe Turki Al Faysal, viejo amigo de
la familia Laden.

La relación de la CIA con grupos radicalizados de la jihad islámica se
estableció principalmente durante la gestión de Bush padre al frente de
la CIA durante las administraciones de Nixon y de Ford.



Bush padre, por entonces vicepresidente de Reagan, mantenía una decisiva influencia
sobre la CIA (en ese momento comandada por William Casey) y había sido
el gestor principal de la entrega de armas a Komeini a cambio de drogas
y de prisioneros norteamericanos durante el Irangate.



La CIA infiltró los cuadros combatientes islámicos utilizando de intermediario al
servicio de inteligencia paquistaní (ISI), que en la actualidad sigue
actuando de nexo entre los grupos terroristas que operan en Asia, los
Balcanes y Medio Oriente, principalmente la red Al Qaeda.



La invasión militar de la URSS en Afganistán, en 1979, se produjo en respuesta a
las operaciones encubiertas que la CIA venía realizando con grupos
fundamentalistas para derrocar al régimen pro soviético en ese país.



La CIA, por intermedio del servicio secreto de Pakistán intentaba convertir la
jihad afgana en una guerra de todos los estados musulmanes contra la
Unión Soviética.



En esta cruzada anticomunista de Reagan-Bush en el Asia Central también
participaron de las operaciones clandestinas otros servicios de
inteligencia como el británico y el Mossad israelí, que actuaban de
enlace con el Medio Oriente.



Investigaciones realizadas por el FBI y el organismo antilavado Financial Crimes
Enforcement Network por orden del propio Congreso norteamericano,
determinaron las conexiones de esas operaciones con Salem Bin Laden (el
padre de Bin Laden), el empresario James R. Bath, y el Bank of Credit
& Commerce (BBCI).



La investigación había revelado que los sauditas estaban utilizando a
Bath y al BCCI para realizar lavado de dinero, tráfico de armas, y
canalización de los fondos para las operaciones encubiertas de la CIA
en Asia y Centroamérica.
Además de manejar los sobornos a gobiernos y de administrar los fondos de
varios grupos terroristas islámicos.



En 1991, la revista Time describió a Bath como un lobbista cuyas
vinculaciones iban desde la Agencia Central de Inteligencia (CIA),
hasta contactos con Bush y la administración republicana de Reagan.



Salem Bin Laden era socio de los Bush en la compañía petrolera Arbusto Energy. Sociedad
que, después de la muerte misteriosa de su padre, continuó con Bin
Laden hijo y su familia.



Durante la ocupación soviética de Afganistán, la CIA, bajo la dirección de
William Casey canalizó 6.000 millones de dólares para financiar y
entrenar a los rebeldes afganos.



Casey convenció al Congreso norteamericano que proporcionara a los afganos
los misiles antiaéreos Stinger, que sirvieron para derribar los aviones
y helicópteros soviéticos, y luego, en la guerra de Afganistán del
2001, fueron empleados por los talibanes contra los aviones y
helicópteros norteamericanos.



La administración Reagan-Bush calificó de "combatientes de la libertad" a
las fuerzas islámicas que le servían de peones en el tablero del
enfrentamiento global con la URSS.



Bin Laden hijo se introdujo en el escenario afgano de la mano de los
servicios secretos de Arabia Saudita (el Istajbarat), de Pakistán (el
ISI) y de Estados Unidos (la CIA).



El bautismo guerrillero



Reclutado y entrenado por la CIA y el Istajbarat, que dirigía desde Riad el
príncipe Turki Al Faysal, desde 1980 el joven Osama Bin Laden tomó
parte en la lucha contra los soviéticos organizando campos de
adiestramiento y de reclutamiento.


A su vez servía de nexo para la canalización de fondos y de armas para
la jihad islámica, procedentes de la red de droga y de dinero negro
centralizada en Arabia Saudita.



A partir de 1982 se estableció en Peshawar donde puso en marcha la
entidad Al Maktab ul-Khidamat Mujahideen, una oficina de servicios a
los mujaidines contratados para combatir contra los soviéticos.


Con su cuartel general instalado en Peshawar, en donde se dictaban clases de adoctrinamiento
político y de estudio religioso, Bin Laden estableció estrechos
contactos con ramas islamistas nacionales, como la Jihad Islámica
egipcia Al Jihad Al Islami, y con organizaciones de dimensión
transnacional, como los Hermanos Musulmanes, el histórico movimiento
islamista fundado en Egipto en 1928.



De todo este conglomerado de mujaidines a su mando, entre 12.000 y 20.000
hombres, y del contacto con grupos integristas del exterior surgió en
1988 Al Qaeda (La Base), convertida más tarde en la columna vertebral
de los movimientos terroristas islámicos que operan por cuenta de la
CIA en Asia y Medio Oriente.



Sin tomar parte casi en ningún combate, según la mayoría de sus biógrafos,
la función de Bin Laden consistió en acrecentar la financiación
encubierta estadounidense y saudita con fondos procedentes del tráfico
de opio y morfina, y el reclutamiento de miles de voluntarios árabes de
otras nacionalidades, como uzbecos soviéticos, moros filipinos o
uigures de la región china de Xinjiang.



Unos 35 mil extremistas musulmanes, provenientes de 40 países islámicos, se sumaron
a la lucha de Afganistán entre 1982 y 1992, entrenados y financiados
por la red encubierta del eje CIA-ISI-Arabia Saudita, y teniendo a Bin
Laden como uno de sus operadores centrales.



Según el periodista especializado, Walter Goobar, de uno de los centros de
reclutamiento de Bin Laden en Brooklyn, los voluntartios pasaban a "La
Granja", nombre con que se conocía en la jerga del espionaje a Camp
Peary, un centro de reclutamiento de la CIA en Virginia.


En "La Granja", los reclutas musulmanes provenientes de todo el mundo aprendieron las
técnicas de sabotaje y de terrorismo dictadas por oficiales y
especialistas norteamericanos.



Entre sus "egresados" más famosos se cuenta Ramzi Ahmed Yusuf, quien en la
actualidad cumple condena a cadena perpetua como principal implicado en
el atentado contra las torres gemelas el 11-S. Otros revistan en el
presente como miembros del estado mayor de la organización Al Qaeda
fundada por Bin Laden.



Las pantallas y los desplazamientos secretos de estas operaciones impedían
que la mayoría de los combatientes -salvo sus comandantes mayores-
conocieran los objetivos encubiertos que se montaban detrás de su causa
religiosa.



Bin Laden y los talibanes



El eje Al Qaeda-Talibán-Pakistán emprendió la resistencia armada contra
el ejército rojo desde las montañas, y sus integrantes fueron
presentados como "luchadores al servicio de la libertad" por las
habituales usinas mediáticas internacionales de la CIA.

Esa guerra culminó con el retiro de las fuerzas soviéticas en 1989.



En febrero de 1989 el ejército soviético, resignado a no poder derrotar a los mujaidines y
tras sufrir 15.000 bajas, culminó su retirada de Afganistán por
decisión de Mijaíl Gorbachov, quien quería a toda costa cerrar teatros
de conflicto con EEUU en un momento en que el imperio de la URSS
atravesaba por una crisis terminal.

No obstante, la coalición islámica armada por la CIA no pudo derrocar al
régimen pro comunista hasta abril de 1992.

El presidente Mohamed Najibulá abandonó el poder y, en septiembre del mismo año, se formó un
gobierno de coalición entre los grupos islámicos que habían expulsado a
los soviéticos.



Eso no supuso el fin de la confrontación, ya que comenzaría una guerra
civil entre las facciones islámicas divididas por el reparto del poder,
y financiadas por la ex burocracia de la URSS por un lado, y por EEUU,
Inglaterra y Arabia Saudita por el otro.



En esa lucha comenzó a gestarse el eje Talibán - Al Qaeda - Pakistán - Chechenia, que
con Bin Laden como estrella y estratega asumiría el control militar y
político de Afganistán en 1996.



El 26 de septiembre de 1996 las fuerzas talibanes conquistaron la capital
afgana, pusieron en fuga al Gobierno de Rabbani, ahorcaron
públicamente al ex presidente procomunista Najibullah y sentaron los
cimientos de un Estado teocrático que el 26 de octubre de 1997 adoptó
el nombre de Emirato Islámico de Afganistán.



La lógica del proyecto teocrático de los talibanes entró en contradicción con los
planes de EEUU para la región. El gobierno fundamentalista intentó
construir poder propio al margen de los intereses económicos y
geopolíticos de Estados Unidos y sus consorcios petroleros.



El eje Talibán-Al Qaeda-Pakistán-Chechenia se solidificó y fue clave para la
construcción del régimen islámico radicalizado que imperaba en
Afganistán desde 1996.

EE.UU. comenzó a perder influencia sobre las redes islámicas que habían
tomado Afganistán en 1989 como base de despliegue para extender la
guerra santa a toda el Asia y Medio Oriente.



La CIA, con financiación encubierta de la mafia rusa ligada a la droga y al
contrabando de armas, comenzó a entrenar a los grupos antitalibanes
nucleados en la Alianza del Norte.



Sin embargo, la Alianza del Norte también fue obra de los servicios de
inteligencia de Rusia y de los países que sostenían posiciones contra
el radicalismo talibán-checheno instalado en Kabul.



Mientras que Arabia Saudita, Pakistán y Chechenia apoyaban y daban cobertura
logística a los talibanes; Irán, Rusia, India y cuatro repúblicas de
Asia Central -Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizístán, TTajikistán-
sostenían abiertamente a la Alianza del Norte que intentaba derrocar al
gobierno de Kabul.



La administración Clinton y el Pentágono se habían propuesto expulsar a
la conexión Talibán-Al Qaeda-Chechenia del control de Afganistán.



Su independencia de poder y los planes propios que tenían para el mundo islámico, los
hacía inviables para la geopolítica de EEUU en la región.

De esta manera se dividió y se rompió la coalición islámica que expulsó a los soviéticos de
Afganistán.



La CIA, que permanecía infiltrada, tanto en la alianza del norte como en
el régimen talibán, por medio de la inteligencia pakistaní, comenzó a
diseñar la operación que culminaría con la invasión militar
norteamericana a Afganistán tras la voladura de las Torres Gemelas.



El gobierno fundamentalista de los talibanes -con Bin Laden como virtual ministro
de Defensa- terminaría en el 2001 a causa de las múltiples operaciones
de la CIA sobre los enemigos internos y externos de los talibanes.

Y cuyo desenlace principal fue el apoyo de Pakistán y de su estructura de inteligencia a
la invasión militar de EEUU a Afganistán, tras los atentados del 11-S
en Nueva York



La "oveja negra" de la CIA



Durante su reclutamiento por la CIA en la guerra contra la URSS, las ideas de
Bin Laden pasaban por la refundación de un gran Estado islámico bajo la
consigna de que sus sagrados principios estaban amenazados por el
ateísmo soviético implantado en los países musulmanes.



Por distintas razones el millonario saudí coincidía con la CIA y EEUU en un mismo
objetivo: derrotar y expulsar a los regímenes controlados por Moscú en
los territorios islámicos.


Tras la derrota de la Unión Soviética en Afganistán esa sociedad entró en
contradicción.
Una parte de la jihad (caso del eje Talibán-Al Qaeda-Chechenia) intentó construir
poder propio al margen de los intereses económicos y geopolíticos de
Estados Unidos.



Después de la retirada soviética de Afganistán, en 1989, Bin Laden no quiso
participar de las disputas entre los bandos afganos nucleados en la
alianza del norte y el gobierno de Kabul, y retornó a Arabia Saudita.



Desde allí coordinó el envío de veteranos musulmanes a los Balcanes, Chechenia,
Yemen y Sudán donde estableció su propio banco: el Al-Shamal Islamic.



Durante la primera Guerra del Golfo, en 1991, se opuso al ingreso de Arabia
saudita y condenó la intervención norteamericana en Irak, pese a que
por debajo sus contactos con las redes extremistas manejadas por la CIA
permanecían inalterables.



Los pactos de la monarquía saudí con EEUU lo llevaron a radicalizar sus
discursos antiamericanos dirigidos a los vastos sectores islámicos que
no coincidian con las posturas del gobierno de Riad en la región del
Medio Oriente.



Las actividades subversivas de Bin Laden resultaron intolerables al
régimen saudí, y en 1992, el que fuera "combatiente de la libertad en
representación del reino" tuvo que abandonar el país antes de ser
encarcelado.



Junto con unos cuantos centenares de sus combatientes encontró acogida y se
refugió en Sudán, donde, y desde 1989, gobernaba el régimen
militar-islamista del general Umar al-Hasan al-Bashir.



En ese país africano Bin Laden, endureció su lenguaje antiimperialista, levantó el
tono de sus amenazas de guerra santa contra EEUU e Israel, y siguió
conduciendo a Al Qaeda con la cobertura de sus empresas legales
funcionando por todo el Medio Oriente.


Allí amplió los negocios que había abandonado en Arabia Saudita, llegando a manejar 60
empresas y sociedades en los ramos de la construcción, la industria
química, la industria farmacéutica, la máquina-herramienta, el montaje
de equipos informáticos y el comercio de productos agrícolas, con
sucursales en diversos países, muchas veces en paraísos fiscales.

El Gobierno sudanés le concedió las licitaciones para una serie de importantes obras públicas.



Desde 1992, y hasta la guerra de Afganistán los atentados de la red Al Qaeda a
instalaciones de EEUU crecieron junto con la leyenda de Bin Laden.
Este período conformó un capítulo negro e impreciso de su relación con la CIA, mediatizada por
las complejas redes y entramados de las organizaciones que integran Al
Qaeda.



Para los expertos nunca quedaron en claro las posiciones
"antinorteamericanas" de las red extremista comandada por Bin Laden,
cuyas fuentes de financiación siempre estuvieron ligadas al dinero en
negro de las armas y las drogas controlado por la CIA.

Tras la concreción de numerosos atentados por parte de Al Qaeda, la comunidad de inteligencia
americana colocó a su ex soldado en una lista negra, y la CIA
confeccionó un dossier de "buscado" con su foto en julio de 1993, luego
de que se le atribuyera el derribamiento de dos helicópteros y la
muerte de una docena de soldados de la Armada de Estados Unidos, en
Mogadiscio, utilizando misiles Stinger tierra-aire que le habían sido
provistos por los propios norteamericanos en Afganistán.



El 13 de noviembre de 1995 un coche bomba estalló frente a la sede en Riad de los
consejeros militares destacados en la Guardia Nacional saudí y mató a
siete personas, cinco de ellas estadounidenses.

El 25 de junio de 1996, en otro atentado, un camión cisterna cargado con más de una tonelada de
dinamita estalló junto al edificio Al Jobar de Dhahrán que servía de
alojamiento de tropas norteamericanas, causando 19 muertos y 300
heridos.



Ya con el mote de "oveja negra" de la CIA sobre los hombros, Bin Laden
huyó de su refugio en Sudán y se instaló nuevamente en Afganistán,
donde los talibanes conducían su régimen teocrático con una débil
oposición militar de la alianza del norte financiada y entrenada por la
inteligencia americana.



Desde ahí en más, tanto con la administración de Clinton como con la de Bush
hijo, fue señalado como el "cerebro en las sombras" del gobierno
Talibán.



La teoría del "doble juego"



En diciembre de 2000,el FBI y la CIA advirtieron que Bin Laden podría
estar maquinando una sangrienta operación en suelo norteamericano.



Se incrementaron las medidas de seguridad y se detuvo a sospechosos de pertenecer a Al
Qaeda. En agosto de 2001 el propio Bin Laden advirtió, a través de
declaraciones al diario editado en Londres Al Quds Al Arabi, de la
inminencia de un ataque "muy, muy grande, sin precedentes" contra
Estados Unidos.



Las actividades subversivas denunciadas consistían en la administración de campos de entrenamiento de Al Qaeda
en el extranjero, el reclutamiento de activistas en Estados Unidos
(muchos con capacitación técnica y científica) y la compraventa de
armas y explosivos en el mercado negro.



El FBI puso a Bin Laden en el primer lugar de su lista de delincuentes más buscados y
ofreció una recompensa de cinco millones de dólares a quien aportara
información tendiente a su arresto, y el Departamento de Estado puso en
marcha el pedido de extradición a Afganistán.


Sin embargo, los expertos siempre hablaron de una relación de "doble juego" que nunca se cortó entre el eje Al Qaeda-CIA,
la que seguiría mediatizada por el servicio de inteligencia
paquistaní.



Los EEUU y la CIA -de acuerdo a informes de diferentes organismos
oficiales que se suman al del Congreso- repitieron en los Balcanes, a
mediados del 90, patrones calcados del Irangate y de las operaciones
encubiertas organizadas en Afganistán durante la guerra contra los
soviéticos.



En esta fase la CIA y su brazo de la inteligencia paquistaní estaban
concentrados en planes destinados a desestabilizar a los ex regímenes
socialistas en los Balcanes.



Tras la desaparición de la Unión Soviética las redes del terrorismo
islámico, incluída Al Qaeda, se habían extendido por las ex repúblicas
musulmanas que integraban la URSS antes de su desintegración.



Los líderes guerrilleros islámicos se convirtieron en jefes de bandas armadas que
luchaban entre sí por el control de los negocios turbios que giraban
alrededor de la droga y el tráfico de armas, controlados secretamente
por la CIA y la ex burocracia corrupta del imperio soviético en los
Balcanes.


En la mitad de la década del 90, el Pentágono y Clinton desarrollaban una estrategia orientada a dos objetivos:

derrocar la sociedad Talibán-Al Qaeda en Afganistán, y expandir la guerrilla islámica hacia
las ex repúblicas soviéticas de los Balcanes.



El modelo del Irangate -utilizado por Ollie North y los contras nicaragüenses durante
la administración Reagan- fue nuevamente implantado en los Balcanes de
mitad de la década del 90.



El aparato militar y de inteligencia pakistaní volvió a servir de "mediador" entre la CIA y las redes islámicas,
particularmente con Al Qaeda, quien seguía manteniendo relaciones
secretas con la Agencia por medio de esos canales.

Según Ralf Mutschke, del área de Inteligencia Criminal de la INTERPOL, en un testimonio ante la
Comisión Judicial del Congreso,las organizaciones islámicas que operaban
en los Balcanes financiaban sus operaciones con dinero del comercio
internacional de heroína y con préstamos de países y terroristas
islámicos, entre ellos Osama Bin Laden.


En esa, y otras denuncias realizadas por el bloque republicano en el Congreso
norteamericano se quería demostrar la complicidad de la administración
Clinton con Al Qaeda y otras organizaciones terroristas, que eran
utilizadas para desestabilizar a gobiernos de Europa del Este,
particularmente al régimen de Yugoslavia que finalmente fue bombardeada
igual que Afganistán.



El operativo de conquista de los ex Balcanes soviéticos, preparó la invasión a Yugoslavia, y conformó un enclave
operativo estratégico en la escalada hacia la toma militar de
Afganistán.



O sea, que mientras Al Qaeda y Bin Laden realizaban supuestos atentados
contra Estados Unidos en Medio Oriente y Asia, colaboraban con la CIA
para el derrocamiento de gobiernos "hostiles" a los objetivos
imperiales de EEUU en los Balcanes.



La otra versión del 11-S



La operación terrorista del 11 de septiembre, que preparó el justificativo para la
invasión a Afganistán, en la opinión de muchos estudiosos, pudo haber
sido posibilitada por una clásica operación de "doble juego" entre la
CIA, el servicio paquistaní y Al Qaeda.






Dice el profesor Michel Chossudovsky, de la Universidad de Ottawa:

"Según el informe de inteligencia del gobierno de India los perpetradores de
los ataques del 11 de septiembre tenían vínculos con el ISI paquistaní,
el cual a su vez tiene vínculos con agencias del gobierno
estadunidense. Lo que esto sugiere es que personas clave dentro de la
institución de la inteligencia militar estadunidense podrían haber
sabido de los contactos del ISI con el líder del grupo terrorista del
11 de septiembre, Mohamed Atta, y no actuaron. Faltaría comprobar si
esto representa una patente complicidad de la administración Bush".







Un sector importante de expertos en EEUU -apoyados por informes secretos de la comunidad de inteligencia- creen que los atentados a las torres y al Pentágono fueron producto de una
"interna de la CIA".







Combinada posiblemente con operaciones paralelas de la inteligencia paquistaní sobre la "interna" del terrorismo islámico.

Los aviones que impactaron contra las torres no habrían estado dirigidos a
demolerlas, sino a producir un daño en su estructura.



El derrumbe accidental de las gigantescas moles por recalentamiento de los
materiales ferrosos de su estructura, desató un escándalo entre las
fuerzas de seguridad interna, sockeó a la sociedad estadounidense, y
generó un replanteo de la política de inteligencia del imperio.



Esa crisis dentro del poder imperial -por extraña paradoja- le sirvió a los halcones
para diseñar la leyenda del nuevo "enemigo" de los Estados Unidos y de
la humanidad.

Y comenzaron las acostumbradas "reapariciones" de Bin Laden sembrando
terrorismo mediático desde las pantallas de los televisores.

Esto explicaría, entre otras otras cosas, porque Bin Laden "nunca apareció" después de la
conquista militar de Afganistán.

Ni la CIA, ni el Mossad israelí, ni los servicios británicos con todas
sus redes de infiltración en los movimientos extremistas islámicos
pudieron dar con su cadáver o su paradero.

Y esto tiene una explicación:
un Bin Laden perpetuamente "desaparecido" y "buscado" les sirve para justificar
las futuras operaciones de invasión militar que los halcones tienen
planificadas para después de Irak.

En este contexto hay que interpretar las nuevas apariciones terroristas
de Al Qaeda en Irak, Turquía y Arabia Saudita, acompañadas de los
correspondientes videos amenazantes de Bin Laden y sus lugartenientes
por las pantallas del canal Al Jazzeera.




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