Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

José Martí: Cuando se muere en brazos de Cuba agradecida, la muerte acaba y empieza al fin con el morir la vida

11-05-2010





“Yo alzaré el mundo. Pero mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al
último peleador: morir callado. Para mí ya es hora”

En el mundo del presente y del futuro, cualesquiera que sean los ropajes y
esencias que las épocas les impriman, corresponde acercarnos a José
Martí, como a cualquier otro grande hombre de la historia, con el
propósito de encontrarle su alma verdadera y lograr incorpo­rarla, de
alguna manera, a nuestro ser íntimo. Y esto es más valedero cuando se
conmemora el ciento quince aniversario de su caída en combate en los
campos insurrectos de Cuba.

Al respecto Martí reflexionó:"¿Qué me importa saber lo que el hombre hizo en este determinado momento de su
vida, en ésta o aquella época concreta, accidental y transitoria? Su
esencia permanente es lo que quiero investigar, no efectos que pasan,
sino la causa que la produce, busco. No me importan las estaciones del
camino humano que se levantan y destruyen en arreglo a las conveniencias
de los vi­vientes, sino el vapor -acomodable pero libre- que echa a
andar el tren por ellas."

En Dos Ríos, provincia de Oriente, el 19 de mayo de 1895, cayó en combate, herido por tres disparos que
pusieron fin a su vida, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano,
el Maestro, el Mayor General y el líder indiscutible de aquella "guerra
necesaria" por la independencia, que recién se iniciaba. Desaparecía
físicamente de una forma heroica, un hombre que tuvo una fecunda
existencia de sólo 42 años, y con ello se puso término, en lo que
respecta a su ser individual, a su viaje humano.

Tal vez el hecho ocurriera como lo había vaticinado: "Yo moriré sin dolor: será un
rompimiento interior, una caída suave y una sonrisa." Al respecto había
dicho: "Se ha de vivir y morir abrazado a la verdad. Y así, si se cae,
se cae en una hermosa compañía..."

Después de su caída comenzó una nueva etapa del viaje humano de Martí, que consistió en mantenerse
vivo espiritualmente en la conciencia y en la acción de los hombres
mejores de su pueblo. Se cumplirían con ello sus ideas visionarias sobre
el destino de los hombres consagrados al bien de su patria.

Ocurrió como lo vaticinara en versos: “Yo que vivo, aunque me he
muerto,/ soy un gran descubridor,/ porque anoche he descubierto/ la
medicina de amor // Cuando al peso de la cruz/ el hombre morir
resuelve,/ sale a hacer el bien, lo hace, y vuelve/ como de un baño de
luz.”

También lo expresó en ideas filosóficas: “No hay más que un modo de vivir después de muerto: haber sido un hombre de todos los
tiempos - o un hombre de su tiempo".

Pues eso es Martí: un hombre de todos los tiempos y un hombre que vence a la muerte según su
decir: "Morir no es nada, morir es vivir, morir es sembrar. El que
muere, si muere donde debe, sirve. Vale y vivirás. Sirve y vivirás. Ama y
vi­virás. Despídete de ti mismo, y vivirás. Cae bien, y te levantarás."
“Yo me echaré a un lado otra vez, con nuevo sacrificio, y triunfaré
después de muerto.”

El hombre que desaparecía físicamente aquel infausto 19 de mayo, tenía una estatura de unos cinco pies y medio, o
sea, un metro y sesenta y cinco centíme­tros, con un peso de unas 130 a
140 libras. Era de vestir modesto pero pulcro. Su traje y su corbata
eran negros en símbolo de luto por Cuba. Usó un anillo de hierro hecho
de un pedazo de la cadena que llevó en presidio. De cabeza normal, su
frente era notablemente alta y despejada, a lo que contribuía su
calvicie moderada. Sus cejas eran pobladas, grueso el bigote, y fina la
mosca que adornaba el mentón firme. Nariz recta y orejas algo separadas
de la cara. Sus ojos eran pardos o glaucos, algo achinados, melancólicos
y dulces, pero relampa­gueantes o coléricos en el frenesí de la
oratoria. Poseía mirada y verbo hechizadores. Era de hablar suave, sin
estridencia y persuasiva. Voz fuerte y vibrante en los discursos. Manos
finas y afiladas, como de hombre magro, intelectual y artista.

En fin, según el testimonio de íntimos, "era pequeño, de cuerpo delgado;
tenía en su ser encarna­do el movimiento; grande y vario su talento,
veía pronto y alcanzaba mucho su cerebro; fino por temperamento,
luchador, inteligente y tenaz, que había viajado mucho, conocía el mundo
y sus hombres; siendo excesivamente irascible y absolutista, dominaba
siempre su carácter, convirtiéndose en un hombre amable, cariñoso,
atento y dispuesto siempre a sufrir por los demás; apoyo del débil,
maestro del ignorante, protector y padre cariñoso de los que sufrían;
aristócrata por sus gustos, hábitos y costumbres, llevó su democracia
hasta el límite. Era muy nervioso, un hombre ardilla; quería andar tan
deprisa como su pensamiento, lo que no era posible. Subía y bajaba las
escaleras, como quién no tiene pulmones. Vivía errante, sin casa, sin
baúl y sin ropas; dormía en el hotel más cercano de donde le cogía la
noche o el sueño; comía donde fuera mejor y más barato, ordenaba una
comida admirablemente y, sin embargo, comía poco; días enteros se pasaba
con vino Mariani; quería agradar a todos y tenía manía de hacer
conversiones, así que no le faltaban desengaños. Era un hombre de un
gran corazón que necesitaba un rincón donde querer y ser querido.
Tratándole, se le cobraba cariño, a pesar de ser extraordinariamente
absorbente". “En el trato era encantador. Tenía "alma de niño" y
profesaba un amor inmenso por los niños. Era un trabajador infatigable.
Dormía poco y con inquietud. Era frágil de cuerpo, precario de salud;
pero poseía una tenacidad a toda prueba.”

Según señala el informe del doctor Pablo A. de Valencia, quien efectuó la autopsia al
cadáver de Martí: "A la sazón en que desembarcó en esta Isla para
ponerse al frente del movimiento revolucionario, estaba regularmente
nutrido, constitución regular, y temperamento bilioso. Aunque delgado,
bien conformado; de estatura regular; pelo castaño-oscuro rizado; una
pequeña calvicie en la coronilla y entradas muy pronunciadas en las
sienes; frente ancha y despejada; cejas de igual color que el pelo y no
muy pobladas; nariz aguileña; orejas pequeñas; boca regular; bigote fino
y poco poblado; buena dentadura, sólo que le faltaba el segundo
incisivo de la mandíbu­la superior del lado derecho y los dientes en su
mayor parte eran puntiagudos; cara de forma oval. Que presentaba en las
piernas señales de haber llevado grillos.”

“El día 23 del propio mes y año se procedió al reconocimiento del cadáver, después de
exhumado: Dicho cadáver parece ser el de un hombre cuya edad fluctúa
entre los 45 y 50 años, de musculatura firme y algo enjuto de
carnes...Que presenta además en la pierna derecha y en su tercio
superior una hendidura especial de la piel correspon­diendo a dicha
hendidura un color algo más oscuro que el resto del cuerpo, pruebas
evidentes de haber sufrido en aquella parte durante algún tiempo una
presión con la contusión consiguiente, producida por un anillo de hierro
colocado en dicho punto. Que presentaba las siguientes heridas: Una
herida de bala penetrante en el pecho, cuyo orificio de entrada parecía
corresponder a la parte anterior del pecho al nivel del puño del
esternón, el cual había sido fracturado, presentando al parecer dicha
herida su orificio de salida por la parte posterior del tórax en el
cuarto espacio intercostal derecho, como a diez centímetros de la
colum­na vertebral. Otra herida de bala en el cuello cuyo orificio de
entrada estaba debajo de la barba como a unos quince centímetros de la
misma y a cuatro de la rama derecha del maxilar inferior y cuyo orificio
de salida se encontraba por encima del maxilar superior del lado
derecho, cuyo labio se hallaba destrozado. Otra herida, igualmente de
bala, en el tercio inferior del muslo derecho y hacia su parte interna.
Además presentaba algunas contusiones en el resto del cuerpo".

Según informe realizado por el coronel español José Ximenes de Sandoval,
jefe de las tropas enemigas, entre las pertenencias ocupadas al cadáver
de Martí se encontraban las siguientes: un reloj de oro; un revólver
con culatín de nácar; un machete; planos; papel timbrado y
distribuciones de fuerzas; un pañuelo de seda de bolsillo con iniciales
bordadas con hilos verdes; una cartera de bolsillo con notas, retratos y
otras cosillas; un cortaplumas manchado con sangre; un rifle relámpago;
una escarapela cubana bordada con mostacilla; un libro muy chiquiti­co
manuscrito con letra de Carlos Manuel de Céspedes y que dijeron era el
código cubano que se le encontró en la cartera de bolsillo; una cinta de
seda azul en un papel con una dedicatoria entusiasta, alusiva al color
de la cinta y la guerra, de una hermana de Gómez a Martí; unas espuelas
vaqueras.”

Tal era el hombre que conocieron sus coetáneos y que libró una lucha de gigantes para unir a su pueblo y encauzar la guerra
que lo emanciparía, y que cayera en combate 39 días después de su
desembarco, el 11 de abril, por Playitas de Duaba, acompañado de sólo
cinco expedicionarios, incluyendo a Máximo Gómez, General en Jefe de la
guerra independentista.

Tal como había confesado en carta a un amigo, apenas dos años y meses antes, el l4 de febrero de 1893, pudo
convertir en realidad su sueño –“que es mi almohada la muerte, y Cuba mi
sueño”- de pisar el suelo patrio. “Yo creo que podemos ir a Cuba sin
que se sepa hasta después de haber llegado. ¿Me alcanzará la vida para
ir?”

Así que se puede tener la convicción de que su muerte hizo realidad lo que cantara en versos, en forma sentida y visionaria, en su
“Elegía a mis hermanos muertos el 27 de Noviembre” de 1871:

“Cuando se muere/ en brazos de la patria agradecida,/ la muerte acaba,
la prisión se rompe; ¡empieza, al fin, con el morir la vida!”

De su imagen nos quedan algunas fotos y retratos. De su obra nos queda
la historia de sus vivencias, los hechos y los acontecimientos de los
que fue contemporáneo o protagonista. De sus ideas nos ha quedado un
caudal inmenso que nutre el mundo físico y espiritual de su pueblo y de
la humanidad.

Hoy estas ideas, que bien podríamos denominar con la terminología de MARTIANAS para darle rango distintivo, son parte
integrante del alma de la Revolución Cubana y, por ello mismo, son
fuente de sueños y de luz que irradian hacia el mundo.

El viaje humano de José Martí continúa su curso como la marcha indetenible de
las generaciones nuevas y de los pueblos hacia el porvenir. Porque no en
vano y con razón profética afirmó que "el verdadero hombre no mira de
qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ése es el
verdadero hombre, el único hombre práctico, cuyo sueño de hoy será la
ley de mañana; porque el que haya puesto los ojos en las entrañas
universales y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados en
la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción,
está del lado del deber. Y si falla, es que el deber no se entendió con
toda pureza, sino con la liga de las pasiones menores, o no se ejer­citó
con desinterés y eficacia."

Nos dejó dicho, con su visión de futuro: "Yo no necesito ganar una batalla para hoy; sino que, al
ganarla, desplegar por el aire el estandarte de la victoria de mañana,
una victoria sesuda y permanente, que nos haga libres de un tirano,
ahora y después. ¿Que dónde estoy? En la revolución; con la revolución”.

En el mundo que vemos desfilar ante nuestros ojos, existen razones más que sobradas para las visiones apocalípticas. Hoy como ayer,
al decir de Martí, "el mundo entero es una inmensa pregunta". La
humanidad toda debe darse, a sí misma, una respuesta definitiva y
verdadera que satisfaga sus necesidades y aspiraciones legitimas. Y
habrá de armarse con tesón y optimismo suficientes para recorrer el
camino que lo conduzca a la victoria, a pesar de los escollos y los
cataclismos. Pues no obstante los rigores del destino, es fundado y
cierto que como sentenciara nuestro Héroe Nacional: "El sol sigue
alumbrando los ámbitos del mundo y la verdad continúa incólume su marcha
por la tierra".

Sólo nos resta curar la locura que enajena a los dirigentes de las naciones poderosas de este mundo, y que puede
conducir a la catástrofe y al exterminio de la humanidad; instituir una
cordura universal que salve a la madre tierra de los azotes que la
amenazan; trabajar y luchar tesonera y creativamente para el bien que
merece la biodiversidad; y, en fin, lograr que el hombre sea
definitivamente hermano del hombre y salvaguarda de la naturaleza, que
cese la filosofía del despojo y la explotación, que la paz reine basada
en los principios y en los hechos.

Con eso puede bastar para que la humanidad sea feliz y para que nuestro planeta esté a salvo de la
autodestrucción pronosticada si la irracionalidad triunfara.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105677

Vistas: 203

Comentario

¡Tienes que ser miembro de Martianos para agregar comentarios!

Únete a Martianos

Miembros

TELESUR

Caricom debate nuevas estrategias económicas para la región

La reunión de ministros del comercio finalizará este martes y propondrá estrategias para un intercambio económico que responda a los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda 2030.
 

EE.UU. declara como legal asentamientos de Israel en Palestina

De acuerdo a la resolución de Naciones Unidas, aprobada en diciembre de 2016, la construcción de los asentamientos israelíes constituye una violación flagrante del derecho internacional y no tiene validez legal.

ONU: Al menos 10 muertos tras ataque aéreo en Libia

La ONU no descarta calificar este hecho como un crimen de guerra, “independientemente de si el ataque apuntó deliberadamente a la fábrica".

Mecanismo de Montevideo plantea hoja de ruta para diálogo

Autoridades de México, Uruguay y Caricom publicaron una declaración conjunta en la que fijaron su posición con respecto a diferentes puntos.

© 2019   Creada por Roberto Domínguez.   Con tecnología de

Informar un problema  |  Términos de servicio