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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

José Marti: por una república democrática y de sincera igualdad.

Los múltiples estudios de la razón y ejecutoria de José Marti ─ muchos y diversos en todas latitudes del planeta─ no permiten determinar de una manera indubitable, las formas que adoptaría la República a constituir en Cuba, una vez alcanzada la independencia.

Esa incertidumbre no nace de la impericia de los investigadores, sino de la ausencia de un proyecto bien delineado de la república martiana, que apenas era un proyecto en ciernes.

Se sabe que en la trabajosa elaboración de una sociedad nueva en la mayor de las Antillas ─obra que comenzó a desplegarse desde los mismos umbrales de la guerra de independencia─ el más universal de los políticos cubanos del siglo XIX, confrontó las experiencias republicanas de Europa, América Latina y Estados Unidos, y que ninguna de ellas le aportó un modelo político satisfactorio.

De esa inconformidad da fe en el artículo  ‟ Los pobres de la tierra‟, que aparece el 24 de octubre de 1894  en ‟Patria‟,    en el que sostiene:

En un día no se hacen repúblicas; ni ha de lograr Cuba, con las simples batallas de la independencia, la victoria a que, en sus continuas renovaciones, y lucha perpetua entre el desinterés y la codicia y entre la libertad y la soberbia, no ha llegado aún, en la faz toda del mundo, el género humano.

No obstante, en las escrituras martianas hay señales de lo que tenía en mente el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, al que los independentistas en la manigua comenzaron a llamar  ‟Presidente‟, a  pesar de no haberse realizado elecciones, e incluso del rechazo del Generalísimo Máximo Gómez a emplear ese término para él demasiado civilista y aboga por otro más cercano a su concepción político-militar, por lo que gestiona el ascenso del Maestro al grado de Mayor General.

Las ‟Bases‟  del Partido Revolucionario Cubano (PRC)   señalan que este “no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia”. Su fin es “fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia”.

El propio órgano político creado por Marti en 1892 sería una suerte de ensayo de cómo funcionaría el gobierno en lo futuro.

El PRC fue un sistema de organizaciones territoriales desde la base hasta la cima. En   funcionamiento, conjugó centralismo y democracia,   tuvo elecciones anuales y los ocupantes de sus más altos cargos, empezando por el delegado —denominación que revolucionó hábitos y encarnó un programa democrático— debían rendir cuenta periódica a sus electores. Todos los integrantes tenían deberes que cumplir y derechos que ejercer.

De esta forma, obvió los   formalismos de los partidos dominantes en su entorno y de los que conoció en sus periplos europeos.

En España comprobó que allí se buscaba la ventura en sus instituciones políticas, afán infructuoso «…sin tener en cuenta que éstas no andan seguras sino cuando se cimentan sólidamente en el bienestar público».

En «…la romántica Península» el Héroe Nacional cubano palpó que «Violencia y fraude caracterizó a las elecciones precedentes; violencia y fraude están caracterizando a estas».

Confronta esa visión con la que percibe poco después en  Francia «…tan bella, tan generosa, tan admirable, tan cuerda». Y aunque es una primera mirada que más tarde  modifica, apunta nuevas señales, al hablar de «… elecciones sanas, claras y francas, donde se conquista el voto con la persuasión, (…)  donde se asegura el triunfo, por una actividad simpática y honesta»,

Las experiencias más aleccionadoras las vivenció en Estados Unidos.  El sistema político estadounidense, y en éste la interacción entre partidos políticos, oligarquía y pueblo; las convenciones partidarias preelectorales y las elecciones, en cuyo largo proceso se manifestaban algunas de las prácticas más arbitrarias y antidemocráticas, fue una verdadera escuela para aquel que buscaba modos de acomodar los  intereses en la república que aspiraba a crear.

En el estudio del sistema electoral norteamericano, Marti descubrió que detrás de «… toda la simulación democrática, se movían fuerzas cuyos intereses inconfesables accionaban la tramoya del aparatoso espectáculo», como bien destacó el Doctor Rodolfo Sarracino, destacado investigador cubano.

El citado estudioso apuntó que en las crónicas escritas por Marti durante su estancia en Estados Unidos, el periodista expuso las claves para descifrar

el sistema político estadounidense: iniciar sus investigaciones por la estructura básica del sistema y la naturaleza de las organizaciones partidarias de base a nivel municipal y estatal y sus dirigentes, responsables de los resultados concretos de los vínculos políticos con el electorado, a fin de guiarlo, como suele hacerse con el ganado, por un sendero determinado.

Hay que estudiar ese material periodístico para entender el fundamento del régimen electoral norteamericano que aún prevalece en el vecino del Norte: los partidos zonales los dirigen cabecillas políticos (‟ boss¨  le llama Martí ) que dirigen  «…todos sus esfuerzos a ejercer una influencia incontrastable sobre las fuerzas electorales y la distribución de los empleos públicos »; «… el poder de votar reside en los que no tienen la capacidad de votar » ; «…las compras de  votos o cambiarlos en las urnas, o rebajarlos en las listas, cuando era menester» y se venderse «… los diputados de la Convención a este o aquel postulante a la candidatura; bien por dinero, bien por la promesa de un buen puesto».

Nada de esto aspiraba el Apóstol de la independencia cubana y por eso afirmo que había mucho que flagelar y rehuir en esa sociedad que se presentaba de manera mítica como el país de la democracia.

Inconforme con los modelos  que le ofreció el espectro político de su tiempo, el autor del ensayo programático ‟ Nuestra América‟, buscó  «…soluciones propias» a  «…problemas propios», a tono con la peculiar constitución político-social de la Isla de Cuba.

Cualquiera que fuera su forma partiría del principio expresado en  el Liceo Cubano de  Tampa, el  26 de noviembre de 1891, cuando declaró

  si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serian falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

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