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José María Pérez Capote: Una vida consagrada a los trabajadores. Por Felipa Suárez Ramos

El destacado dirigente, que desde 1952 hasta su asesinato, llevó sobre sus hombros todo el peso del movimiento sindical unitario

Tenazmente perseguido por los   cuerpos represivos, miembros del Buró para la Represión   de Actividades Comunistas   (BRAC) detuvieron a José María   Pérez Capote, en la esquina   habanera de Carlos III y Belascoaín,   el 20 de noviembre de   1957.   

El destacado dirigente, que   desde 1952 hasta su asesinato   tras esa detención, llevó sobre   sus hombros todo el peso del   movimiento sindical unitario,   era considerado por el tirano   Fulgencio Batista como culpable   de la agitación y rebeldía   de los trabajadores de la Cooperativa   de Ómnibus Aliados   (COA).   

Desde muy joven se inició   en la lucha revolucionaria.   Como miembro de Defensa Obrera Internacional y de   la Liga Juvenil Comunista,   cumplió importantes misiones   encomendadas por Rubén   Martínez Villena, entre ellas   dirigir el Club Juvenil Cultural   Deportivo Obrero de la barriada   de Luyanó, y atender a   los jóvenes trabajadores de ese  reparto y Lawton, Diez de Octubre,   Santos Suárez, parte del   Cerro, y Guanabacoa, donde se   concentraban numerosos centros   industriales.   

Al propio tiempo estuvo   junto a las masas populares en   el enfrentamiento a la tiranía   de Gerardo Machado y en la   organización de la huelga que   condujo a su derrocamiento.   Valiente y decidido, siempre   apoyó cuanta acción de protesta   emprendían los trabajadores.   

Desde que comenzó a laborar   en las rutas 16, 17 y 18,   asentadas en la barriada de   Palatino, se empeñó en la defensa   de los derechos de sus   compañeros, combatividad que   motivó su elección como miembro   del comité sindical. Por   entonces integró el Departamento   Juvenil de la Confederación   Nacional Obrera de Cuba   (CNOC), y posteriormente la   secretaría de propaganda del   Sindicato Nacional de Obreros   del Transporte.   

El prestigio por él alcanzado   en el ámbito obrero, motivó   que fuera electo secretario   general de la Federación de   Trabajadores de La Habana,   primero, y de la Federación de   Trabajadores de la Provincia   de La Habana, después, la última   de las cuales le permitió relacionarse   estrechamente con   dirigentes de todos los sectores   laborales del país.   

Abanderado de la unidad   

Abogó por la unidad amplia,   abarcadora, de todos los trabajadores,   a quienes no solo   guió en frecuentes protestas,   sino que se interesó por los   que resultaban detenidos;   además de presentarse en las   estaciones de policía, visitaba   los órganos de prensa para   denunciar los casos.   

Ante el desmembramiento   del movimiento sindical y   la recrudecida persecución   desatada contra sus principales   líderes tras el fracaso   de la huelga de marzo de   1935, bajo la orientación de   Lázaro Peña, trabajó intensamente   en la reorganización   de los sindicatos hasta lograr   la creación de la Confederación   de Trabajadores de Cuba   (CTC), en enero de 1939, organización   en la cual vio realizada   la unidad que preconizaba.   

Su condición de representante   a la Cámara, electo   en 1940, la aprovechó para   defender los intereses del   proletariado.   

La división del movimiento   obrero entronizada en   1947 por Eusebio Mujal, con   la colaboración de pandillas gansteriles que asaltaron los   sindicatos, reforzó la convicción   de José María de que la   unidad de todos los trabajadores   constituía la única alternativa   para garantizar la   defensa de sus intereses. En   ese sentido, el 2 de noviembre   de 1948, al hablar en la asamblea   constitutiva del sindicato   de los guagüeros, tras afirmar   que los trabajadores de   ómnibus no darían marcha   atrás, señaló:   

“Limpiar a nuestro movimiento   obrero de esta escoria   representa un sacrificio, pero   también en época de Machado   y en el año 35 se imponía   sacrificio para desafiar a los   mandones de turno y a los   traidores (...). También ahora   haremos lo mismo, no importa   que en ello vaya nuestra   propia vida (…)”.   

Como máximo dirigente   en funciones del movimiento   sindical, en abril de 1956   insistió en la necesidad de   construir la unidad sindical,   durante la primera conferencia   del Comité Nacional por   la Defensa de las Demandas   y por la Democratización de   la CTC, constituido a fines   del año anterior y del cual fue   principal impulsor.   

Al asesinarlo en fecha   aún sin precisar, la tiranía   batistiana pudo acallar su   voz, pero no su ejemplo de   incansable defensor de los   trabajadores, digno de imitar   por todas las generaciones de   dirigentes sindicales.

Fuente: Trabajadores

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