Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Órgano de la Oficina del Programa Martiano del Consejo de Estado de la República de Cuba.
Editor: Lic. Eulogio Rodríguez Millares, Subdirector:
Calzada No. 801, ent. 2 y 4, Vedado, Plaza de la Revolución, Ciudad de la Habana
Telf. 831-1910, 838-2298 Fax 836-4756
eulogio.rodriguezmillares@josemarti.co.cu
eulogio_rodriguezmillares@yahoo.es
http://www.josemarti.cu/
“La belleza es la única cosa que el tiempo no acaba. Mueren las filosofías, restínguense los credos religiosos; pero lo que es bello vive siempre, y es joya de todos los tiempos, alimento de todos y gala eterna. Las guerras vendrán a ser menores cuando los hombres amen con igual intensidad las mismas cosas, cuando los una común atmósfera intelectual.” OC T15 P366

INVITACIÓN A LA II CONFERENCIA INTERNACIONAL BOLÍVAR, LINCOLN Y MARTÍ EN EL ALMA DE NUESTRA AMÉRICA, CARACAS, VENEZUELA (NOVIEMBRE 17 AL 20)
VER DETALLES
http://martianos.ning.com/
http://www.cubaminrex.cu/index.htm y http://www.josemarti.cu /
(E:Mail: secretariaiiconferenciablm@gmail.com )


ENVÍE SU COLABORACIÓN DE LAS ACTIVIDADES DESARROLLADAS EL 19 DE MAYO, 115 ANIVERSARIO DE LA CAÍDA EN COMBATE DE JOSÉ MARTÍ Para publicarlas en este boletín.
DOCUMENTOS INCLUIDOS EN ESTE NÚMERO.


1.- NOTICIAS DEL ACONTECER MARTIANO. (a) y (b) De la página 1 a la 9
2.- La Vigencia del pensamiento latinoamericano y universal de José Martí en el siglo XXI: Identidad cultural y liberación de Nuestra América (página 9)

1.- NOTICIAS DEL ACONTECER MARTIANO

a) Dos Ríos y el ascenso a la inmortalidad Por Armando Hart Dávalos

“Maestro, ¿qué has hecho?”. Fue el lamento del poeta nicaragüense Rubén Darío, figura esencial del modernismo, al conocer la caída de Martí en su primer combate de la guerra que con tanta pasión y celo preparara, y a la que se incorporó aunque no era un guerrero ni tenía formación militar. Ahí está la raíz de la tragedia de Dos Ríos, su ética le llevó al combate en este terreno.
El sentido de esa frase del gran poeta nicaragüense habría que entenderlo desde su ángulo personal, porque él miraba al Apóstol, como la estrella irrepetible de la creación literaria, pero el delegado del Partido Revolucionario Cubano tenía una razón más profunda aún, y superior a todas las demás que pudieran invocarse, para venir a Cuba y poner su propia vida en la balanza del peligro: “El hombre de actos –había dicho él-- solo respeta al hombre de actos [...] ¡La razón, si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería! y morir, para que la respeten los que saben morir.”1 El más grande pensador americano de su tiempo, que llevaba en su espíritu la más alta ética humanista, fue, también, un hombre de acción. Este genio de la palabra afirmó con profunda convicción: “Hacer es la mejor manera de decir.”2 Su sentid o práctico se hallaba en la idea de que debía enseñar con el ejemplo, la única forma de ejercer una influencia mayor para el presente y futuro.
No se trata de que Martí, como han dicho o sugerido algunos, tuviese una vocación suicida, no es que buscase conscientemente la muerte. El valor de su decisión heroica está en que ella constituía una exigencia de la tarea política y revolucionaria que se había planteado.
En Dos Ríos, pues, el 19 de mayo de 1895, sobrevino una de las adversidades más costosas de cuantas ha sufrido nuestro pueblo en toda su historia. El azar, propio de toda lucha, nos privó del más extraordinario conductor, cuando se decidía el ser o el no ser de una nación independiente.
Hoy, a 115 años de aquel trágico acontecimiento, la figura de Martí y sus ideas han adquirido una vigencia sorprendente. Nos enorgullecemos, como cubanos, cuando los Presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa y otras figuras de la política y la cultura se refieren a su pensamiento como referente imprescindible para analizar los problemas que deben encarar los pueblos latinoamericanos y caribeños en estos albores del siglo XXI. Tenemos una enorme responsabilidad en hacer que se conozca más y mejor el legado martiano.
De ahí, que sea hoy más necesario divulgar de la manera más eficaz la vida y la obra de aquel hombre al que Rubén Darío llamó Maestro, que además de ser amante fino y profundo de las letras y de lo bello, sensible y apasionado por la búsqueda del conocimiento humano ha sido considerado como el precursor del modernismo en la literatura latinoamericana de la primera mitad del siglo XX, y es, sin duda, uno de los más importante prosistas de la lengua castellana de su época. Lo extraordinario está en que ese hombre fue, al mismo tiempo, el organizador del Partido Revolucionario Cubano, el promotor fervoroso de la independencia, y que llegado el momento no vaciló en desembarcar en Cuba y ponerse al frente de la guerra que él convocara y organizara.
El conocimiento profundo y razonado por los niños y los jóvenes de su pensamiento, con su carga de eticidad, de radicalidad antiimperialista, de patriotismo y de amor entrañable a su patria y a los pobres de todo el planeta con los quiso su suerte echar es la garantía insustituible de la continuidad de la revolución. Es una tarea que se entrelaza con la necesidad de abrir cauce al pensamiento que necesita la humanidad para enfrentar los peligros que amenazan la existencia del género humano en nuestro planeta. También con Martí debemos llevar adelante la lucha a favor de la liberación de nuestros cinco compatriotas secuestrados en cárceles norteamericanas y destacar con mucha fuerza el papel del derecho vinculado a la ética y a las ideas de los próceres y pensadores de América Latina y el Caribe.
En este aniversario de su muerte repetimos con él aquella estrofa de sus amados versos: [...] Cuando se muere/ En brazos de la patria agradecida,/ La muerte acaba, la prisión se rompe;/ ¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!.

b) Fernando Pérez: yo pienso que hay muchos Martí en Cuba

Hay nombres que son como llaves únicas, combinaciones misteriosas que abren puertas y aúnan voluntades. El de nuestro Apóstol es uno de ellos. La prueba está en lo que hace días nos contaba el cineasta cubano Fernando Pérez Valdés mientras evocaba momentos del rodaje de su filme más reciente, José Martí: el ojo del canario.

Los actores extras se dejaban las barbas a la usanza del siglo XIX. Aunque les picaba el rostro permanecieron así durante meses, porque todo aquello era en nombre del Apóstol. Inspiradas en él, las madres querían que sus hijos aparecieran en la película haciendo aunque fuera lo más breve y discreto. Y en Guanabacoa, pueblo natal de Fernando, donde él advierte debe emprenderse un rescate urgente de la riqueza patrimonial, todos los caminos para parte del rodaje se hacían expeditos con solo mencionar el nombre del patriota.

Está la anécdota de las garzas que no querían emprender el vuelo a golpe de palmadas o gritos, y a las que pudo levantar cierto agente del orden, con algún que otro disparo al aire y sincera alegría porque la bella imagen era para una película sobre José Martí.

A decir verdad, como nos ha confesado Fernando, el cine tiene mucho de magia. Y a esa magia él sumó todo el arsenal de su experiencia, rigor y sensibilidad, en el empeño audaz de presentar ante nuestros ojos, durante dos horas, al Martí niño, y luego adolescente, que respira, sufre, anhela. Nos ha propuesto, en estampas, la génesis de un cubano infinito que esta Isla venera pero que cada uno de nosotros se ha figurado a su modo.

El día que vimos la película tuvimos ante nosotros un mar encrespado que nos mojó hasta los tuétanos. Desde el embate de la primera ola, sentimos que el golpe había llegado muy profundo: los ojos del niño Martí eran los nuestros, o los de nuestros hijos. Así fue que este diálogo se convirtió en necesidad, y en algo que avizorábamos como encuentro cómodo y emotivo.

No nos equivocamos con nuestro interlocutor, un hombre desvelado por el cine desde los doce años; desde el día que fue a ver con su padre, en 1958, El puente sobre el río Kwai (David Lean, 1956), y el viejo le dijo que la película estaba «muy bien dirigida», mas no supo explicarle por qué. Compartimos con Fernando, hechizados, el sencillo sofá de su casa; y su sencillez que es abrumadora a pesar de una trayectoria intensa y preñada de premios.

En Internet la lista de todo cuanto el creador ha hecho y ha sido reconocido en Cuba y en otras latitudes, es larga. Solo subrayemos, en una brevedad cruenta, que en 1982 recibió el Premio Casa de las Américas en el género testimonio por su libro Corresponsales de guerra, y que en el año 2007 se le otorgó el Premio Nacional de Cine. Entre cubanos decimos Fernando Pérez, y enseguida recordamos filmes como Clandestinos (1990), Hello Hemingway (1994), Madagascar (1996), La vida es silbar (2003) o Suite Habana (2007).

Cierta expresión dio pie a que Fernando comenzara a hablar sobre José Martí: el ojo del canario, y llamara la atención sobre el hecho de que algunos no están del todo felices con el filme: «Estoy contento con la acogida en sentido general. Y estoy interesado en ciertos criterios porque sé que hay espectadores que se molestan con algunas cosas de la película.

«Así tenía que ser porque de otro modo la película no tendría sentido. Estoy consciente de que la imagen del Martí que estoy dando no es la habitual. Hay algunos elementos que no son los que constantemente se divulgan o plantean.

«Aparece un Martí que no responde cuando los otros niños le pegan; que se puede orinar por la noche en la cama; que descubre la sexualidad y se masturba. Hay personas que rechazan esa propuesta. Hay quienes se han preguntado qué necesidad hay de mostrarlo así.

«Creo que esas opiniones completan la idea de la película en el sentido de recordarnos cuánto se ha idealizado la figura histórica al punto de que esta ha perdido la profundidad y cercanía que debe unirla a la gente, especialmente a los más jóvenes. Y entre ellos, hasta donde conozco, no ha habido manifestaciones de rechazo. La gran mayoría de los jóvenes se insertan en el mundo que la película les propone».

—La imagen que propones va más allá de ser la no habitual. Es inédita porque no habíamos visto antes a un Martí niño y adolescente que actuara como un ser humano común, en ciernes…
—En ese comienzo radica la grandeza del que será después.

—Cuando dijiste a uno de nosotros, aquel día del año 2008, estar haciendo una película sobre la infancia y la adolescencia del gran cubano, nació esta pregunta: ¿Por qué esas etapas?

—Porque en la infancia prácticamente está todo. Ahí está, potencialmente, todo lo que puede modelar una personalidad, un carácter.

«La otra razón es que el Martí adulto es muy complejo. Su mundo interior y su pensamiento son un universo boscoso, como también lo es su contexto político. El patriota que empieza su lucha lo hace en un escenario lleno de contradicciones, incomprensiones, desuniones y convergencias múltiples. Y una película, al menos para mí, no alcanza para ese universo. «La otra arista es cómo personificar, cómo darle cuerpo a ese Martí adulto que casi todos los cubanos tienen tipificado. Me refiero a su figura física, a su voz. ¿Cómo hacerlo? Yo no me siento capaz. «Por otro lado, no se conserva mucha información sobre la infancia. Es lógico. Solamente hay una carta escrita en esa época desde el Hanábana —cuando el niño tenía nueve años. Existen datos muy interesantes recogidos por los historiadores, pero es poco material. Y eso me resultó un ter reno mucho más rico para hacer una película inspirada en la vida de Martí, porque no se ha tratado de una biografía históricamente exacta, aunque todo lo que aparece en el filme, desde el punto de vista de los datos y los hechos históricos, es preciso».

—¿Por qué ese Martí niño casi todo el tiempo silencioso? —Me sirvió mucho la biografía de Jorge Mañach. Pienso que ese es un libro que está ahí para todos los tiempos. Algunos de sus datos recogidos se han modificado porque se han descubierto nuevos testimonios, porque las investigaciones han aportado nuevos ángulos. Pero la belleza literaria del libro es insuperable —y la mirada, sobre todo la mirada.

«En el espíritu del texto está la mirada del niño. Esa que traté de desarrollar mucho en la película. En el filme aparece el discípulo que “soplaba” las respuestas de los exámenes en el aula. Eso está sugerido en el libro de Mañach. Y están sugeridas las discusiones en la casa, dentro de la familia, entre el padre y la madre, o entre el padre y él. Recuerdo la imagen que el escritor dibuja: muchas veces los vecinos escuchaban la cuna que se movía con más fuerza. Es decir, había tensión en el hogar.

«Otros textos me ayudaron también a conformar a ese niño que finalmente pude definir. Para mí su infancia fue la de un niño sobre todo observador. De ahí el trabajo con la mirada. Acontecen muchas cosas que él observa y recoge.

«Y estamos hablando de un niño melancólico. ¿Acaso la melancolía es un defecto? En mi opinión es una virtud que lo hace profundo, distinto. Él observa y se va nutriendo de toda esas vivencias en una sensibilidad especial que es la del poeta.

«Y si el luchador fue grande, es porque fue un poeta. Esa mirada poética que tiene que ver con su entorno, con la política, con la vida, con todo, es lo que hace, desde mi punto de vista, que él sea lo que ha sido para cada cubano. Imagínense a un Martí que no hubiera escrito poesía. Quítenle esa condición. Ella es lo que lo eleva por encima de todo».

—¿Qué misterio habrá producido el salto desde ese escenario tan humilde en que se desenvuelve el niño —escenario verosímil, vivo, sucio, muy bien dado en el filme—, hasta la inmensidad que nos sigue acompañando? —Pienso que el salto se da justamente porque Martí vivió y se hizo a sí mismo desde una realidad que llega hasta la nuestra. Justamente por esa conexión con el presente, siento que todavía está vivo.

«Si él no hubiera tenido —me imagino— esos condicionamientos sociales de un niño y un adolescente que se tuvo que sobreponer a su familia y a su medio, no hubiera sido el mismo, porque todo eso le dio fortaleza, le dio vida, y es lo que quisiera entendieran o llegaran a entender los espectadores, especialmente los jóvenes: que Martí es excepcional porque también fue como cada uno de nosotros.

«Por eso yo pienso que hay muchos Martí en Cuba, entre los jóvenes, solo que deben tener su momento y saberlo aprovechar. Hablamos de un Martí que no se crea por decreto sino a partir de nuestras contradicciones, problemas, carencias, esperanzas, luchas, discusiones. Desde luego no tendremos otro Martí igual. Pero vendrán otros. Lo que permanece es lo que él representa para nosotros».

—El niño y el adolescente Martí existen, como criaturas comunes, en una realidad que es la misma para muchos de sus contemporáneos: llena de contradicciones y matices. No deja de asombrar cómo pudo crecer por encima de todo ese paisaje…

—Quería que en la película la época de Martí no fuera una postal lejana. Tratamos de que nada estuviera recién pintado. En ello fue muy útil el trabajo de dirección de arte, y de todos los que ayudaron.

«Para tener en la cabeza ese siglo XIX, me sirvió mucho la prensa de la época. Estuve mucho tiempo en la Biblioteca Nacional —porque me lo permitieron y se los agradezco— hojeando y leyendo noticias del día a día, comentarios que podrían haberse escrito hoy. Me impresionó cómo hay realidades que podrían estar ocurriendo ahora: las discusiones, los ruidos por la calle, los pregones, las faltas de respeto de algunos, los mismos problemas cotidianos. Entonces me dije: Martí se movía en una ciudad que tiene mucho de esta».

—Tu mirada al siglo XIX es desde el presente. Y el canario, alusivo por cierto a uno de los versos más misteriosos de José Martí, podría estar simbolizando en la película una lucha de la cual el cubano fue testigo y protagonista; y se sigue dando hoy: la batalla entre la vida y las fuerzas oscuras…

—Quise dar con el canario la contradicción de lo oscuro y de lo libre, pero no aspiraba a que tuviera un solo significado.

«El canario es también el misterio al cual se enfrentó Martí. Creo que eso lo hizo grande: haber entendido que la vida tiene su misterio y que no se puede reducir a explicaciones únicas, estrechas o por decretos. La vida arrastra muchas preguntas. Él comprendió eso. De ahí su sensibilidad, su mirada de poeta que lo engrandeció tremendamente.

«Hay un texto suyo que para mí está fuera de todo molde, y que es de una complejidad y audacia tremendas. Es ese según el cual, apenas nace el ser humano, ya están rodeando la cuna, con vendas para ponérselas en los ojos, la pasión de los padres, las religiones, la fuerza de las costumbres, de los sistemas políticos, y tratan de embridarlo como si fuera un caballo. Ahí Martí nos está diciendo que todos los ensayos de libertad han sido hasta ahora teóricos, y que la única libertad posible del ser humano se va a lograr con su libertad espiritual».

—El niño Martí, propone el filme, prefiere no defenderse de otros niños que lo agreden; en cambio en otro momento se enfrenta a la fiereza de un perro que muestra sus dientes tras los barrotes. ¿Es acaso esa una imagen premonitoria del desenlace de Martí en Dos Ríos?

—Es un niño que no quiere la violencia, y se resiste a ella. No es cobarde. Yo no uso esa palabra. A él le dicen miedoso. Según los códigos que se mueven hasta hoy, el niño que no reacciona ante amenazas o golpes es un miedoso. Él ni siquiera siente miedo. Lo que siente es que esa violencia le daña su sensibilidad, y por eso no quiere ir a la escuela. Todo eso lo ayuda a crecer. Y es ahí donde yo quiero sugerir la relatividad que entraña juzgar en determinados momentos las actitudes de cualquier ser humano.

«Martí crece, mientras los niños que le agredieron en la infancia involucionan. Uno de ellos tiene que bajar la cabeza ante él cuando ya está en el presidio, cuando empieza a ser el hombre inmenso que fue».

—Alguien nos dijo —y compartimos su opinión— que el filme tiene entre sus grandes logros el hacerle justicia a Don Mariano. —Algunos espectadores han visto a un Mariano demasiado duro, y puede ser que tengan sus razones para apreciarlo así. La intención fue la de dar a un hombre que los testimonios de la época recogen como de mal carácter. Los problemas que tenía en sus trabajos tenían que ver con que frecuentemente quería hacer valer sus criterios con incontenibles accesos de ira. También hay que decir que el medio era muy hostil, y que en él un hombre honrado no podía hacer valer su justicia. Luchó y se quedó solo como un perdedor. No pudo contra tantas torceduras.

«A mí Mariano me recuerda la historia de mi padre, que era cartero y luchaba por la justicia pero estaba obligado, para mantener su puesto, a recoger las cédulas electorales. Tenía que pedirlas y llegaba por la noche a la casa. Desde el fondo yo lo veía, y él se lo contaba a mi mamá avergonzado, pero no podía hacer otra cosa.

«Don Mariano era en definitiva un hombre de su época, que a pesar de toda circunstancia adversa defendió y amó a su familia. Él y su hijo lucharon por la justicia, solo que tenían destinos distintos».

—En cuanto a Leonor, se afirma que fue de ella de quien Pepe heredó su voluntad férrea…

—Traté de desarrollar la relación del niño y del adolescente con la madre, sobre todo a partir de las cartas entre ambos, las que se conservan. Consultar el epistolario fue para mí una de las lecturas más cjava-scriptdoras que recomiendo a quienes quieran profundizar en cómo era Martí. Es reveladora la correspondencia entre la madre y el hijo, cuando este último ya está en Nueva York.

—¿De ahí nacieron algunos diálogos del filme? —Casi todos. De esas cartas se hizo, por ejemplo, el diálogo que ambos sostienen cuando él está preso.

«Para Mariano y Doña Leonor la familia era todo… Y Martí era el único varón, el primogénito, y luego venían siete hermanitas. Ellos pensaban que él debía mantener la casa y ser el segundo padre del hogar.

«Leonor tenía un carácter fuerte. Hay una carta muy cjava-scriptdora. Ya se estaba quedando ciega y le dice que ha decidido quemar sus cartas porque no quiere que la historia recoja cosas que solo pertenecen a ambos. Ella se lamentaba mucho de que Martí no le escribiera. Y él lejos, en su lucha…».

—Resulta verosímil esa imagen concebida por ti de Pepe durmiendo en el cuarto con sus hermanas… De algún modo eso explica que Martí conociera tan bien, siendo ya maduro, las sutilezas y complejidades de la naturaleza femenina…

—A mí lo que más me llamó la atención fue la historia de la Chata, una de sus hermanas. Ella se va de la casa y eso está recogido en las actas policiales. Es ahí donde se advierte nuestra intención de hacer más contemporánea la mirada sobre el siglo XIX sin alterar o deformar la verdad histórica. Por concepto tú dices: en el siglo XIX una muchacha no hace eso. Y así fue.

—Tenía la fibra de Martí…

—Desde luego. Y está la imagen esa en que ella le dice a su hermano: «¿Tú no estás luchando por tu patria? Yo estoy luchando por mi libertad». Ella era vanguardia también en la liberación. La película aspira no solo a ser el itinerario espiritual de un ser humano, sino también a contar una saga familiar. Es ver cómo evoluciona esa familia. Y lo que significa para esa familia, por ejemplo, la decisión de la Chata.

—De todas las imágenes que propones en el filme, ¿cuál es para ti la mejor lograda, la que más te gusta? —Martí frente al mar. El adolescente frente a una ola gigante. Y hay una imagen que yo tenía en mi cabeza hacía mucho tiempo, que es la última de la película: él mirando al espectador desde su dolor, pero también desde su firmeza, solo, sintiendo en su pecho el mundo, mientras en la pantalla apenas se escucha su respiración. Ahí es donde yo quise dejarlo. Después no podía seguir. ¿Cuál sería la imagen para ustedes?

—Hay una muy bella: El adolescente escribiendo Abdala debajo de las goteras en el comedor de su casita…

—Ese es un homenaje a Aire frío, de Virgilio Piñera, un homenaje a la historia de una familia cubana.

—Sé que los elogios te desarman. ¿Cuál, por estos días, te ha desarmado más que de costumbre? —Son muchas las emociones. Tenía mucho temor. Me preguntaba: ¿El Martí mío podrá ser el de todos o de una gran parte de los cubanos? No sabía. Ya hoy realmente me siento más tranquilo.

«Me han llegado muchas emociones de parte de los espectadores. Pero hay una muy especial. Dos días después de haber mostrado la película a quienes nos habían asesorado y apoyado, tocaron a mi puerta. Solo me dijeron: “Esta carta es para usted”. Era una carta manuscrita. De Fina García Marruz. Allí me habla ella sobre su visión de la película. Imagínense… Si en alguien yo sentí que la película había encontrado espacio, fue en la manera en que Fina me lo expresa».

—Has sido de una gran audacia. Con el filme has tocado una fibra muy profunda de lo cubano…

—Eso es lo que le da sentido a mi vida. Cuba significa mucho para mí, pero no Cuba como concepto patriotero. Ella es algo más: es un sentimiento.

—¿Y Martí? —Martí es Cuba. Yo nunca pensé hacer una película sobre él. Nunca, nunca. Cuando me lo propusieron me quedé como en el aire, pero al final me dije: Me tocó; esa es una señal.

—¿Por qué José Martí: el ojo del canario? —Quería que se llamara solamente El ojo del canario, pero fue una premisa de la serie Libertadores, de Wanda visión y Televisión española, que se incluyera el nombre de cada libertador.

—¿Y por qué el ojo del canario? —Porque siento que ahí está el misterio, todo eso de que hablamos. Ese título me lo sugirió el historiador cubano Jorge Lozano. Él es muy apasionado y sincero. Hemos hecho una gran amistad.

—¿De qué manera impactó a los muchachos que hicieron a Martí niño y adolescente, esa experiencia?

—La experiencia caló mucho en Daniel Romero, el adolescente. Es un muchacho muy noble, y de una gran pureza de sentimientos. Se conmueve mucho con las cosas, y tiene un mundo interior muy fuerte.

«Y Damián Rodríguez, el niño, tiene ahora quince años. Ya no se parece en nada al pequeño actor. Es muy inteligente, y con un mundo interior muy rico. Da la sensación de ser un muchacho que no está en nada, porque es muy conversador y travieso, pero tiene un espíritu profundamente creativo».

—¿Cómo lograste entonces a ese niño callado, observador? —Porque él, en el fondo, es así. Posee gran sensibilidad y gran humanidad.

—¿En qué nueva creación ya está pensando Fernando? —Quiero escribir un guión que se llamaría «Nocturno», por el programa de radio, porque hace un tiempo mi hija empezó a escucharlo. Recordé entonces que ese era el espacio que yo escuchaba siendo estudiante de la universidad. Varias generaciones han hecho lo mismo. Sería una película en tres partes. Quiero ponerme a escribir. Tengo otras ideas. Ojalá se puedan dar, porque mi día a día es hacer cine.

—¿Cómo te has quedado después de este último filme? —Yo no me atrevo a ir al cine a ver la reacción de los espectadores. Algunos actores de la película sí van y me cuentan. He preferido tomar distancia. Y ya trato de pensar en otra cosa. Todavía estoy como en el siglo XIX. Por eso quiero empezar a escribir.

—Hace un rato comentabas a alguien por teléfono: ¿Dónde voy a estar sino en mi lugar en el mundo? Ahora queremos saber: ¿Cuál es tu lugar en este mundo?

—La Habana. No podría estar en otro lugar que no fuera ella.
Tomado de Juventud Rebelde

2,. La Vigencia del pensamiento latinoamericano y universal de José Martí en el siglo XXI: Identidad cultural y liberación de Nuestra América.3 Por Dr. Samuel Sosa Fuentes.4

Introducción.

El abordar una ponencia referente el pensamiento de José Martí sobre los temas de la identidad, la cultura y la liberación latinoamericana, se explica y nos revela, por un lado, que la amenaza a las identidades nacionales por el actual proceso de globalización neocolonial proviene, entre otros factores, del hecho de la incorporación de la cultura, la diversidad y los procesos culturales a la lógica instrumental del mercado mundial y la mercantilización de la vida social y, por el otro, que la investigación, interpretación y transformación social de los procesos de lucha por la cultura, la identidad, la diversidad y la liberación en América Latina en la era global neoliberal, están muy lejos de haberse agotado, de hecho, están resurgiendo y replanteándose en el nuevo pensamiento crítico latinoamericano, con una fuerza inusitada tanto en la teoría como en la r ealidad socio-política de los movimientos sociales étnico-indígenas de América Latina.
En efecto, en la era global, “hoy observamos que son las culturas las que en la actualidad están en pie de guerra, de marcha, de afirmación y explosión. Y lo que demandan los individuos que las impulsan es la libertad para decidir sus propios destinos y libertad para elegir su identidad y sus formas de participación”5 como lo prueban los nuevos movimientos sociales indígenas que llevaron al poder al Presidente indígena Aymara Evo Morales en Bolivia. Las luchas políticas en América Latina y en el mundo, cada vez más, serán de disputa por el modelo cultural de la sociedad, es decir, por modelos y sentidos de vida colectivos donde la diversidad cultural y el respeto y reconocimiento a su identidad y sus formas, valores y modos de las culturas nacionales sean integradas al desarrollo y no excluidas como ha ocurrido hasta hoy día con el neoliberalismo.
En este sentido, el objetivo de la presente ponencia, es analizar los significativos aportes generados sobre los temas de la identidad, la integración, la cultura y la liberación latinoamericanas, a través de las reflexiones históricas del pensamiento filosófico, político-social e histórico-cultural de uno de los más importantes pensadores y revolucionarios latinoamericanos: José Martí. Sus reflexiones han resultado esenciales para el conocimiento de la historia cultural, social, política y revolucionaria de las formaciones sociales de América Latina y necesarias en la definición y afirmación de la esencia del ser, de los pueblos y de las naciones de América Latina en la era de la globalidad y, a la vez, un marco de referencia fundamental para interpretar el significado del resurgimiento de los movimientos indígenas latinoamericanos en el inicio del siglo XXI y su lucha por la construcción y reconocimiento de un Estado plural, multiétnico y diverso latinoamericano.

Identidad, cultura y liberación latinoamericana en la visión de José Martí.

Si bien no hubo en José Martí una teoría implícita de la identidad o de la cultura, los conceptos y reflexiones sobre la cultura, la identidad y la liberación atraviesan toda su obra y se constituyen en componentes esenciales de ella.
En primer lugar, es importante destacar que el pensamiento martiano sobre América Latina cumple una importante tarea metodológica para iniciar el conocimiento de lo que nos identifica y lo que nos integra y diferencia a los pueblos latinoamericanos en dos niveles de percepción: uno, el que emana del conocimiento de la situación del indio y de las formas de gobierno en las repúblicas latinoamericanas que preservan las viejas instituciones coloniales. Y, dos, tendiendo a la imitación acrítica de formas procedentes de países con una historia, una cultura y una composición social diferentes, que en mucho José Martí considera como una de las causas del atraso y la dependencia latinoamericana que se padecía con respecto al desarrollo del capitalismo central.
El segundo nivel de percepción es el que se relaciona con la esfera de la educación, vista por Martí como el gran reto y derrotero de reducir las enormes disparidades del desarrollo cultural y educativo entre las naciones latinoamericanas recientemente independizadas y el nivel cultural alcanzado en los países dominantes; y, sobre todo, la ineluctable necesidad de partir de las propias raíces culturales y nacionales de la esencia del mundo latinoamericano, teniendo en cuenta que algunos elementos culturales deben ser conservados y otros deben cambiar de acuerdo con las premisas de la espiral ascendente del progreso y el desarrollo en la construcción de Nuestra América.6
En segundo lugar, el sentido y el concepto de integración e identidad latinoamericana brotó en José Martí con un sentido de lo propio -avanzado para su época- y de originalidad en razón de lo autóctono: “A conflictos propios, soluciones propias. A propia historia, soluciones propias. A vida nuestra, leyes nuestras”.7
En efecto, “el centro conceptual y la clave metodológica y teórica que permite explicar el programa martiano es su concepto de integración e identidad latinoamericana, sentido de autoctonía y proyección hacia el futuro. A diferencia de buena parte de sus contemporáneos, quienes tendieron a moverse entre dos puntos extremos y antitéticos –tradición versus modernidad, el (Apóstol) cubano expresó un criterio de suma ponderación, fundamentado en una comprensión cabal de las esencias de su tiempo y de los problemas de nuestros países…Así, el pensamiento martiano es uno de los casos más excepcionales de unidad y desarrollo de sus fundamentos sin contradicción consigo mismo. La unidad de sus ideas se asienta en su toma de partido desde muy joven con “los pobres de la tierra”.8
En esta perspectiva general, Martí es quien desde finales del siglo XIX, en su notable y excelso ensayo Nuestra América, nos convoca a construir, por un lado, desde nosotros y para nosotros, un saber que permita a nuestros pueblos conocer mejor aquellos aspectos que han sido ocultados por las versiones eurocéntricas de nuestra historia y por las explicaciones pseudocientíficas de nuestra condición de pueblos atrasados y semibárbaros9 y, por el otro, los valores de la autoctonía –en tanto valores humanos- de la identidad latinoamericana como modos esenciales del devenir del hombre concreto en su naturaleza social, son integrados en la cultura nacional como procesos, a manera de formas de existencia y de sus necesidades materiales y espirituales.
Es decir, los valores de la identidad de una Nación, de acuerdo con el pensamiento de José Martí, son elementos integradores de la unidad de las diversidades culturales latinoamericanas en dos premisas: 1) el rechazo a un mundo dividido entre “civilización” y “barbarie” y, 2) la preservación de las tradiciones y elementos de la autoctonía de los originales de Nuestra América.
En relación a la primera premisa, José Martí rechaza radicalmente que el mundo se divida en civilizados y bárbaros, entre civilización y barbarie, tal como las potencias colonialistas, con una visión racista y excluyente, basadas en la negación de las diferencias y las identidades culturales y, en algunos casos de exterminio, devastaron a los pueblos indígenas latinoamericanos.
En 1884, Martí escribió las siguientes líneas que hoy día, con la presencia intervencionista y devastadora norteamericana en Medio Oriente, adquieren una actualidad sorprendente. Martí advirtió:
“El pretexto de que la civilización, que es el nombre vulgar con que corre el estado actual del hombre europeo, tiene el derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea: como si cabeza por cabeza, y corazón por corazón, valiera más un estrujador de irlandeses o un cañoneador de cipayos, que uno de esos prudentes, amorosos y desinteresados árabes que sin escarmentar por la derrota o amilanarse ante el número, defienden la tierra patria, con la esperanza en Alá, en cada mano una lanza y una pistola entre los dientes”.

10 En la segunda premisa, Martí advierte que la identidad latinoamericana, en tanto factor de unidad, de integración y de desarrollo nacional, debe incluir la permanencia de las tradiciones y los elementos que han caracterizado el significado de las formas y modos de vida espiritual y existencial de los pueblos autóctonos, Martí, de manera poética y literaria, señala:

“El espíritu de los hombres flota sobre la tierra que vivieron, y que se le respira. ¡Se viene de padres de Valencia y madres de Canarias, y se siente correr por las venas la sangre enardecida de Temanaco y Paracamoni, y se ve como propia la que vertieron por las breñas del cerro del Calvario, pecho a pecho con los gonzalos de férrea armadura, los desnudos y heroicos caracas!”.11

En suma, el pensamiento de Martí se caracteriza, de manera significativa, por la racionalidad del ideario humanista y su perspectiva del devenir histórico de Nuestra América en su proceso de resistencia, de lucha, de integración y de liberación que se ha establecido entre las dos Américas: la sajona y la latina.
Sin embargo, el análisis de la identidad cultural e integración en el pensamiento martiano se inicia a partir de la percepción que el gran poeta cubano tiene sobre la identidad latinoamericana. En efecto, José Martí describió, en 1877, un concepto de integración latinoamericana verdaderamente avanzado y crítico, para su tiempo y su época. Martí dijo:

“Interrumpida por la conquista la obra natural y majestuosa de la civilización americana, se creó con el advenimiento de los europeos un pueblo extraño, no español, porque la savia nueva rechaza el cuerpo viejo; no indígena, porque se ha sufrido la injerencia de una civilización devastadora, dos palabras que, siendo un antagonismo, constituyen un proceso; se creó un pueblo mestizo en la forma, que con la reconquista de su libertad desenvuelve y restaura su alma propia... nuestra América robusta... Toda obra nuestra, de nuestra América robusta, tendrá, pues, inevitablemente el sello de la civilización conquistadora; pero la mejorará, adelantará y asombrará con la energía y creador empuje de un pueblo en esencia distinto, superior en nobles ambiciones...”12.

Es de esta manera, que Martí entiende la concepción y la especificidad de la identidad latinoamericana. Asimismo, José Martí advierte también la necesidad de la unión latinoamericana ante la amenaza imperialista de los Estados Unidos que se cernía sobre América Latina por los cambios políticos internacionales que se aproximaban. Martí con un alto sentido revolucionario señaló:

“Todo nuestro anhelo está en poner alma a alma y mano a mano los pueblos de nuestra América Latina... Vemos colosales peligros; vemos manera fácil y brillante de evitarlos; adivinamos, en la nueva acomodación de las fuerzas nacionales del mundo, siempre en movimiento, y ahora aceleradas, el agrupamiento necesario y majestuoso de todos los miembros de la familia nacional americana. Pensar es prever. Es necesario ir acercando lo que ha de acabar de estar junto. Si no, crecerán odios; se estará sin defensa apropiada para los colosales peligros, y se vivirá en perpetua e infame batalla entre hermanos por apetito de tierras”13.

Aquí queda claro, por un lado, el pensamiento y el significado que Martí tenia de la integración latinoamericana -la familia nacional americana- concebida como identidad y, por el otro, la historia social confirmó la tesis martiana: la memoria y la experiencia histórica latinoamericana del siglo XX fue de invasiones y ocupaciones militares, golpes de Estado, dictaduras y un intensivo proceso de explotación económica en todos los pueblos de la América Latina ejecutada por los distintos gobiernos de los Estados Unidos que, justo en la era de Martí, el capitalismo mundial entraba en su fase de transición hacia el imperialismo.

Por ello, uno de los rasgos más característicos del pensamiento de José Martí es su consecuente y justificado antiimperialismo. Martí lo advirtió así, en dos momentos diferentes, con las siguientes palabras precursoras.

En un primer momento Martí señaló:
“Ni el que sabe y ve puede decir honradamente que en los Estados Unidos prepondere hoy, siquiera, aquel elemento más humano y viril de los colonos rebeldes; sino que este factor, que consumió la raza nativa, fomentó y vivió de la esclavitud de otra raza y redujo o robó a los países vecinos, se ha acendrado, en vez de suavizarse. Los Estados Unidos creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho: “esto será nuestro porque lo necesitamos”. Creen en la superioridad incontrastable de “la raza anglosajona contra la raza latina”. Creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy y de la india, que exterminan. Creen que los pueblos de Hispanoamérica esta formados por están formados principalmente de indios y de negros. Mientras no sepan más de Hispanoamérica los Estados Unidos y la respeten más, ¿pueden los Estados Unidos convidar a Hi spanoamérica a una unión sincera y útil para Hispanoamérica? ¿Conviene la unión política y económica con los Estados Unidos? El pueblo que compra manda. El pueblo que vende sirve…Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos. El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios”.14

En un segundo momento Martí Advirtió:

“Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”15.

Sin embargo, Martí propone el camino de la liberación nacional como ideal universal cimentado en la identidad latinoamericana:

“Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios. ¿En qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país... Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras ésta no se vale de su sumisión para dañarle o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el h ombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés. Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos... Conocer es resolver: Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de liberarlo de tiranías”16.

En suma, José Martí funda un paradigma de emancipación humana y soberanía nacional, cuyo despliegue está mediado por un sustrato de integración e identidad cultural y humanista que imprime racionalidad y verdad a su proyecto político y a su pensamiento filosófico. La importancia de un paradigma, en tanto modelo integrador que oriente racionalmente el pensamiento y la acción del quehacer social, político y cultural resulta vital y necesario. El paradigma martiano, marcado por su visión del mundo y del hombre, por la experiencia americana y sobre todo por su conocimiento de la acción política, traza caminos, cultiva razón y prepara conciencia para realizar el ideal de liberación e integración de la nación latinoamericana.

Funda una cultura con alma política y un carácter nacional basado en la identidad y en un patriotismo –no chovinista-, capaz de estructurar un programa de liberación nacional, sobre bases nuevas: declarar una segunda independencia para América Latina, Nuestra América.
Consideraciones finales.


Para Martí el problema de la identidad, la integración, la cultura y la liberación nacionales era un requisito incuestionable para defender y desarrollar un espíritu de libertad e independencia nacionales. Martí supo interrelacionar en una unidad indisoluble la formación y desarrollo de la identidad nacional por la cultura y la educación humanista al fomento de un hombre libre y culto, de un hombre verdaderamente independiente, independiente de todo dominio económico y político extranjero, pero independiente también de pensamiento e ideología, libre de toda manifestación de esquematismos, de servilismo y de todo espíritu de complacencia y al servicio de la revolución por la patria latinoamericana, por Nuestra América. Por ello, el pensamiento en torno a la integración, la cultura y la liberación latinoamericana en José Martí, constituye, por un lado, un marco histórico de referencia, esencial y obligada, para comprensión y análisis de la emergencia y el significado de los nuevos movimientos indígenas latinoamericanos de las últimas décadas del siglo XX y la primera del siglo XXI, y, por el otro y en un contexto de globalización, la cabal interpretación y comprensión de las resistencia sociales creativas y alternativas a la pretendida dominación cultural global del imperialismo en la apertura del siglo XXI que se vinculan, históricamente, a la permanente preocupación en América Latina, por continuar la construcción y consolidación de un pensamiento social propio latinoamericano y cuestionar críticamente la influencia de la colonialidad del saber del conocimiento eurocéntrico y anglosajón.
Quisiera terminar mi intervención con los siguientes pensamientos sobre el gran cubano y universal que fue José Martí de dos grandes e importantes personajes de la vida intelectual-cultural y revolucionaria de Cuba y del mundo:

“En los inicios del siglo XXI tiene lugar la más profunda crisis moral en la historia de llamada civilización occidental, la cual amenaza con desencadenar un proceso irreversible hacia la destrucción de la vida sobre la tierra… Para enfrentar estos retos se necesita estudiar el papel que se asigna a la educación, a la política culta y a las relaciones entre cultura y economía. Sobre ello, el Apóstol cubano nos habló de la necesidad de desarrollar la inteligencia a partir de la instrucción y de la formación de sentimientos de solidaridad humana… La originalidad en el Apóstol cubano está en que asumió el inmenso saber universal, lo volcó hacia la acción política, lo expreso en planos más altos y creativos de la literatura y lo orientó a favor del equilibrio del mundo sobre el fundamento de la justicia, y en primer lugar, de los pobres… Y co mo la justicia constituye la categoría principal de la cultura, el pensamiento de Martí trasciende su tiempo y se convierte en guía esencial para alcanzar el equilibrio el mundo en el siglo XXI” .17 Armando Hart Dávalos

“Martí nos enseño su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo. En su prédica revolucionaria estaba el fundamento el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada. Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de julio”. Fidel Castro. Discurso del 26 de julio de 1973

. “Los que reanudamos el 26 de julio de 1953 la lucha por la independencia iniciada el 10 de octubre de 1868, precisamente cuando se cumplían cien años del nacimiento de Martí, de él habíamos recibido, por encima de todo, los principios éticos sin los cuales no puede siquiera concebirse la revolución. De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto del honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado… ¿Qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos. ¿Por quienes y porque? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visi&oac ute;n profunda y su genial talento… De él aprendimos el infinito valor y la fuerza de las ideas… ¡sembrar ideas!; ¡sembrar conciencia!18 Fidel Castro.

Quizás quien mejor ilustra y sintetiza el significado de la obra y el pensamiento de José Martí sea el propio Martí cuando escribe y dedica una reflexión sobre la muerte de Karl Marx, que bien podía ser dedicada a él, a ese gran pensador cubano, latinoamericano y universal que fue José Julián Martí y Pérez.
El Apóstol señaló:
“Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor... Ved esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La multitud... Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseño el modo de echar a tierra los puntales rotos... Karl Marx, que no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien. El veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha... Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo... José Martí Suenan músicas; suenan coros, pero se nota que no son los de la paz”.19

Vistas: 295

Comentario

¡Tienes que ser miembro de Martianos para agregar comentarios!

Únete a Martianos

Miembros

TELESUR

Volcán en Nueva Zelanda entra en erupción y deja cinco muertos

En la isla, al momento de la erupción, se encontraban unas 100 personas, algunas de ellas se reportan como desaparecidas.

PNUD: Desigualdad en América Latina y el Caribe genera conflictos sociales

La desigualdad en un contexto de crecimiento económico, como lo hubo, generó aspiraciones que no han sido satisfechas, afirmó el director del PNUD para la región, Luis Felipe López.

América Latina contra la corrupción: los casos de Chile y Colombia

La Asamblea General de la ONU aprobó en 2003 la Convención contra la Corrupción y designó cada 9 de diciembre como el Día Internacional contra la Corrupción, para despertar la conciencia contra este mal que carcome a las sociedades a nivel mundial.

Pdte. Nicolás Maduro envía mensaje de Navidad al pueblo venezolano

El mandatario venezolano deseó a la población un feliz, próspero y victorioso año 2020.

© 2019   Creada por Roberto Domínguez.   Con tecnología de

Informar un problema  |  Términos de servicio