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Grito de guerra el 10 de Octubre en Cuba. Por Lydia Esther Ochoa Peña

 

En el ingenio La Demajagua, en Yara, se inició 144 años atrás la epopeya emancipadora de Cuba, la isla Mayor de las Antillas, que encabezó el abogado y hacendando bayamés Carlos Manuel de Céspedes, quien en un gesto sublime dio la libertad a sus esclavos el 10 de Octubre de 1868.

Desde aquella fecha los esclavos comenzarían a ser dueños de sus vidas, y un joven de 15 años de edad supo reflejar en su primer soneto patriótico denominado “10 de Octubre” e inspirado en aquella fecha inicial de la gesta libertaria, el instante glorioso ocurrido en la barraca y el trapiche.

El joven era José Martí que con versos enaltecedores dimensionaba el día en que dueños y esclavos se llamaron hermanos entre si y se alzaban en armas por un mismo ideal: “No es un sueño, es verdad: grito de guerra/ Lanza el cubano pueblo, enfurecido; / El pueblo que tres siglos ha sufrido/ Cuanto de negro la opresión encierra”,

 “¡10 de Octubre!” fue publicado a principios de 1869 en el periódico manuscrito “El Siboney”, que circulaba de mano en mano entre los estudiantes de la Segunda Enseñanza de La Habana. El soneto del joven Martí termina con unos valientes versos: “Gracias a Dios que ¡al fin con entereza/ Rompe Cuba el dogal que la oprimía/ Y altiva y libre yergue su cabeza!”

En el ingenio la Demajagua hace 144 años se dieron la mano por primera vez el amo y los esclavos, que desde ese mismo momento serían hombres solamente, todos libres para empuñar las armas por la independencia de Cuba, colonizada por la metrópolis española intransigente, altanera, cruel y distante de la realidad de la isla.

El 10 de Octubre de 1868 es una de las fechas más sagradas del calendario heroico de los cubanos, y fueron protagonistas o testigos los pobladores del ingenio La Demajagua, en Yara, aquel año en que los hombres supieron empinarse hasta el cielo y los primeros eslabones de la larga cadena de opresión saltaron en pedazos.

Justamente con la Guerra de 1895, José Martí honró al 10 de Octubre al dedicarse en cuerpo y alma a la continuidad de la lucha por la independencia nacional, iniciada en 1868. Una manera especial de honrar a Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, el padre de todos los cubanos que empuñaron las armas al conjuro del repique de campanas en La Demajagua, en Yara, en Bayamo, en Oriente, en Cuba.

Fuente: Cultura HLG Cuba

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