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"Frente a la denuncia de la Represión más Represión" por Lorenzo Gonzalo*

Foto © Virgilio PONCE

Miami, 16 de Diciembre del 2010


En un mundo donde se dirime en privado y a puertas cerradas el control de un país por otro, la formación de cuerpos secretos ha asumido un carácter tan profesional que los Estados se han visto obligados a constituir organismos que corren a la par del progreso tecnológico. Su perfeccionamiento y eficiencia, desde entonces ha ido en ascenso.


El espionaje no es un fenómeno moderno. Existió desde épocas inmemoriales y el progreso de la tecnología y la ciencia, junto al surgimiento de métodos precisos en el diseño y conducción de las batallas militares, lo convirtió en una necesidad. Su finalidad originaria fue obtener información sobre el enemigo. Adquirirlas era asunto esencial para prever la defensa y fundamental para la realización de un ataque exitoso. George Washington fue extremadamente hábil en confeccionar la primera red de espionaje durante los años previos al triunfo insurrecto contra Gran Bretaña en 1776. Los grandes estrategas y líderes de gobiernos, especialmente aquellos surgidos de la fuerza, como fue el caso de Napoleón Bonaparte, apelaron a dicho procedimiento, convirtiéndola en elemento esencial de su planes expansionista a título de llevar la “buena nueva” de la Revolución Francesa al resto de Europa.


El tiempo sin embargo, cambió el sentido que le dio origen, convirtiéndose en la práctica, en un pequeño monstruo que a veces no parece ser tan enano.


Como la hiedra, de forma lenta y pasiva o como pulpo fiero, se mete por todos los resquicios de gobierno y lo que es peor, de la sociedad. En la actualidad se ha convertido en el verdadero mandante de los Estados. De todos sin excepción.


Los propios dirigentes de esos Estados, líderes, administradores designados por la votación o por decisiones de otro tipo, son parte de la maquinaria, resultando en algunas oportunidades víctimas patéticas de sus transgresiones y de sus actos de miseria. Los más aviesos conductores, con el tiempo se convierten en peones de la poderosa maquinaria y en las más de las ocasiones, se conducen de acuerdo a las informaciones y sugerencias que de ella reciben, las cuales ni siquiera son del dominio de quienes se encargan de comunicarlas. De aquí su calidad de monstruo, animal horrendo, fiero, indomable, impredecible, fuera del control de sus criadores.


Estados Unidos se ha caracterizado por ser el más destacado en la crianza de semejante fiera.


Wikileaks, esa página de la Internet que ha puesto al descubierto tantas informaciones cocinadas en las fauces del animal, ha demostrado sus lados oscuros.


Lo primero es que las personas han aprendido de primera mano que todos los funcionarios de las embajadas son parte del juego. Lo segundo es que las cosas dichas como informaciones, al menos así llegan a los poderes superiores, son en la mayoría de los casos puras elucubraciones, chismes, o sentencias avaladas solamente en las convicciones ideológicas de quienes las envían. Lo tercero que se destaca es que los gobiernos no son más que un conjunto de personas con un infinito afán de poder, sobre todo de control, que se erige por encima de la sociedad y cada día se apodera más de ella.


No vamos a poner en duda la necesidad del Estado, pero sí debemos destacar que su existencia no cumple y nunca ha cumplido con la función de velar por los intereses de la sociedad que supone representar. Es cierto que su origen se funda en elementos clasistas y elitistas, apoyados en la habilidad y valor personal que sus gobernantes tuvieron en una época para guerrear y a veces incluso en su inescrupulosidad para matar. Más tarde se basó en el dominio de aquellas personas que el desarrollo económico convirtió en relevantes actores sociales, a partir de las cualidades que desarrollaron para la administración de la producción, el comercio y la implementación de nuevos procesos productivos. La preponderancia social adquirida los impuso, terminando sustituyendo a brujos y guerreros. Pero de una u otra manera, los integrantes de las sociedades donde el Estado asumió las funciones de imponer orden, reprimir y administrar asuntos generales, se sintieron parte de aquello que, en la realidad fue una conquista para garantizar de algún modo la mejor sobre vivencia de las partes del conglomerado.


La tecnología, ha separado las funciones de esa superestructura de las bases sociales donde se sustenta. El acceso a la información permite a las personas percibirla con mayor claridad. Los medios informáticos, para beneficio de todos, se extienden con fuerza incontenible, develando los verdaderos contornos de la realidad. La proliferación de los mismos  contribuye a universalizar el conocimiento.


Sin desconocer la necesidad de que existan informaciones compartimentadas, en un mundo tan dispar, donde nuevas fuerzas compiten por cambiar las formas de producción adecuándolas a las relaciones sociales de nuestro tiempo, mientras otras se oponen con procedimientos violentos, no podemos negar que lo métodos existentes desdicen de sus verdaderas funciones.


Wilkileaks no ha quebrado regulación alguna, poniendo en cambio al descubierto los dimes y diretes de personas que integran un organismo erigido por encima de la superestructura administrativa llamada Estado, hasta el punto de suplantarlo.


Hace años escribieron un libro con el sugestivo título “El Gobierno Invisible”, donde se acusaba a la CIA de dirigir todo la política estadounidense. Hoy podrían escribirse varios como esos, copiados unos de otros, con el título “Los Gobiernos Invisibles”. Lo terrible de todo es que las personas que integran esos gobiernos se consideran con derecho a administrar justicia, quitar y dar nacionalidades, decidir quienes son, quienes deben dejar de ser o carecen de derechos, construyen historias y descarrilan hechos. Los integrantes de las redes son peones, incluyendo a los máximos gobernantes en algunos casos. Recuerdo a un amigo que trabajó para la CIA, a quien el oficial que lo atendía le dijo un día “Uds. Son como los popotes o pajillas que usamos para bebernos un refresco: cuando terminamos los lanzamos al cesto de la basura”. En sentido general así actúan todos esos organismos.


Wikileaks, ha puesto al descubierto la ignominia, bajeza, mentiras y calandradas ocultas en el manejo de los Estados. No ha dicho nada que resulte sensible a la seguridad de ningún país. Simplemente ha publicado lo que resulta delicado a la seguridad futura y el bienestar de las sociedades que son gobernadas por mentiras.


En un show teatral, como encolerizados frente a la publicación de las afrentas, Congresistas como Joe Liberman, demócrata republicano y judío más cerca de Goebels que de Ana Frank y otra similar como Dianne Feinstein, invocaron la aplicación de la Ley de Espionaje de 1917, para perseguir al creador de Wikileaks Julian Assange y a periódicos como el New York Times por haber publicado cables de la valiente y acertada página electrónica.


Para conocimiento público es bueno señalar que dicha Ley, aprobada en el año 1917 fue una invención de Woodrow Wilson para perseguir a  quienes se oponían a su decisión de llevar a Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial.

Luego sirvió para detener y condenar intelectuales, periodistas y activistas sociales que contradecían los propósitos del gobierno y las intenciones del Estado.


En fin, que los señores del Aparato, el Aparatich, la GESTAPO, La Seguridad de la Patria (patético nombre inventado por George W. Bush) y los hermanos de sangre que cumplen similares funciones desinformativas en otros países, frente a la denuncia de la represión, plantean más represión.


*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami (www.radio-miami.com)


Foto © Virgilio PONCE

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