Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Fernando Ortiz y el culto de la Virgen de la Caridad. Por José A. Matos

La Habana


"Presente Siempre", 2010. Mercy Rivadulla

 

Las narraciones sobre la aparición de la Virgen de la Caridad del Cobre en la historiografía cubana se difundieron a partir de las versiones de los textos originales que escribió el capellán Onofre de Fonseca en 1703, compuestos y rescatados por el presbítero Bernardo Ramírez en 1782, y posteriormente publicados en 1829 por el sacerdote Alejandro Paz Ascanio. En el siglo xix se redactaron varias versiones de este libro1. Incluso, historiadores como José García Arboleya en el Manual de Historia de Cuba, Samuel Hazard en Cuba a pluma y lápiz, y Jacobo de la Pezuela en su Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba, repitieron, sin crítica histórica, los datos que aportó Onofre de Fonseca.

Como tendencia, en la primera mitad del siglo xx proliferaron, con carácter informativo y apologético, los escritos sobre la Virgen de la Caridad. En 1916, por solicitud de los Veteranos de la Guerra de Independencia, encabezados por Jesús Rabí, el Papa Benedicto XV proclamó Patrona de Cuba a la Virgen de la Caridad del Cobre. Este hecho propició una mayor divulgación del culto mariano. En la zona occidental del país, América Arias, esposa del presidente José Miguel Gómez, por su devoción a la Virgen de la Caridad solicitó al Papa San Pío X que dedicara un templo en La Habana. Fue escogida la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe2 o La Salud, la que desde 1911 se denominó Nuestra Señora de la Caridad. Con tal motivo se efectuaron considerables reparaciones al templo. En 1915 se bendijo y se abrió al culto.3

La Virgen de la Caridad del Cobre, devenida símbolo nacional, fue objeto de numerosos artículos en publicaciones periódicas católicas y otras no religiosas. La imagen de la Virgen penetró en todos los ámbitos de la sociedad, en el discurso político, económico y cultural4. Los trabajos de fray Paulino Álvarez, Guillermo González Arocha y Ezequiel García Enseñat sobre la Caridad del Cobre se concentraron principalmente en la restitución, aumento y propagación de su culto.

La literatura crítica o valorativa sobre el culto mariano se limitó a pocos estudios. No es hasta finales de la década de 1930 que Rómulo Lachatañeré5, en su artículo “Las religiones negras y el folclor cubano”, y José Juan Arrom en su ensayo “La Virgen del Cobre: historia, leyenda y símbolo sincrético”, estudian el devoto relato como un hecho cultural. Lachatañeré se refiere a la cosmovisión de la santería y su relación con el culto a la Virgen de la Caridad del Cobre y considera que existe similitud poética entre estos cultos, pues facilita que se combine el contenido simbólico del catolicismo con la teología yoruba. Lachatañeré sitúa los puntos de identidad entre estas dos religiones y señala que “Oshún, la dueña de Cuba…” y la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba ocupan un lugar en la conciencia del cubano. Sobre el paralelismo entre Ochún y la Virgen de la Caridad del Cobre, Fernando Ortiz se refiere en el prólogo al libro de Rómulo Lachatañeré ¡Oh, mío Yemayá!; aquí señala: “Ochún, que aquí en Cuba se catoliza con la advocación más popular de la gran entidad femenina del santoral eclesiástico, la Virgen de la Caridad del Cobre es, como Venus, la diosa de las aguas, del amor y la fecundidad, la que fertiliza las tierras con su lluvia y hace nacer las cosechas”6.

En esta misma línea de interpretación como fenómeno cultural y social en la formación del cubano, el historiador y lingüista José Juan Arrom aporta una nueva visión sobre el papel que pudieron desempeñar las costumbres aborígenes en la formación del culto mariano. Según su concepción, los aborígenes practicaron el culto a la Madre de Dios. Los taínos, en su teología, contaban con Atabex o Atabey, madre de las aguas, divinidad relacionada con la luna, las mareas y la maternidad; deidad femenina de gran fuerza creadora. Estas características de los cultos taínos, afirma Arrom, pudieron ser atribuidas a la Madre de Dios cristiana, hecho que facilitó la asimilación de los patrones religiosos cristianos. Para Arrom, la patrona de Cuba se expresa en tres dimensiones, depende desde donde se le mire: “la Virgen de la Caridad del Cobre es María, es Atabex y es Ochún; es decir, una y trina”7.

El préstamo o proceso de transculturación, como diría Fernando Ortiz, entre ambas religiones, queda fuera de su estudio. Esta transición, aunque posible, se enuncia de manera idílica, pacífica y hasta romántica. Estos procesos debieron ser violentos e impositivos. El cambio de cosmovisión, a partir de la similitud de cultos, es una condición necesaria pero no suficiente, y menos creer que los aborígenes asumieron la religión católica sin simulación y resistencia. El catolicismo debió imponerse con toda la fuerza de religión dominante durante la conquista.

Otros aspectos vinculados con los orígenes de la nación cubana son descifrados por Arrom en el relato de Onofre de Fonseca; un período indiófilo, propio de la primera etapa del desarrollo social en la Isla, que se expresa a través de dos episodios relacionados con la imagen de Nuestra Señora entregada por los conquistadores a caciques cubanos, al cacique de Macaca y al del cacique de Cueiba. Estos caciques y sus episodios fueron mencionados en los apuntes de fray Bartolomé de las Casas y del navegante Enciso, e incluso por Pedro Mártir en sus crónicas. Los episodios son diferentes. En la primera historia participa el conquistador Hojeda, conocido por las atrocidades que cometió en La Española, sin embargo, es considerado por el padre Las Casas un ferviente devoto de la Virgen María. Cuentan que perdido en las tierras de Cuba después de vagar durante días, desesperado por lo agreste y pantanoso del terreno, la escasez de alimentos y agua, es salvado por el cacique de Cueiba, y en agradecimiento, Hojeda le entrega una imagen de la Virgen “maravillosamente pintada” al cacique.

El otro episodio se debe a un marinero que fue salvado en la inmediación de Cabo Cruz, y de igual modo fue socorrido, y a cambio regaló una imagen de María Santísima al cacique de Macaca. Esta imagen se convirtió en protectora de los indios e incluso adquirió mayor relevancia y poder que los cemíes. José Juan Arrom y Fernando Ortiz diferencian estas historias, sin embargo, es notable la confusión que existe sobre este tema entre otros autores.

Esta primera etapa de devoción a la Virgen, Arrom la denomina india: “La virgen se identifica india cuando Cuba era india”8. En sus episodios y narraciones los cronistas describen el amor que profesaban los indios por la imagen de María Santísima y en particular, testifican del proceso de sustitución del cemí9 por la imagen mariana. Los “idolillos” serán cada vez más débiles y menos milagrosos.

Arrom señala un segundo período, cuando “Cuba se vuelve criolla y se identifica con los criollos”. En esta etapa intervienen Rodrigo, Juan Joyos y Juan Moreno10, dos indios que hablaban español y uno que sabía leer. A ellos ya no se les puede considerar productos exclusivos de la cultura taína, ni a Juan Moreno, negrito nacido en El Cobre, resultado exclusivo de la cultura africana: todos simbolizaban la nueva generación de criollos. Los tres Juanes en la narración de Onofre de Fonseca expresan las relaciones interétnicas del indio, del africano y del español, intérpretes activos del nombrado suceso.

Cuando Arrom se refiere a la fecha de los milagros de la Virgen de la Caridad del Cobre (después de la llegada de Francisco Sánchez de Moya [1597] y antes de 1608), sugiere otra perspectiva de análisis de este hecho: el “hallazgo” coincide, en el tiempo y la geografía del país, con aspectos del relato que describe Silvestre de Balboa en el poema épico Espejo de paciencia. En ambos se descubre, no por descendencia sanguínea, el sentimiento de criollo. Los protagonistas participan en la conformación de esa sociedad que comienza a sentir apego por la tierra y los valores autóctonos. Si en algo coinciden estos relatos, y es un tema para otro momento, es en que ambos documentos (los manuscritos de Onofre de Fonseca y Espejo de paciencia) se difundieron a inicios del siglo xix, en el período en que el criollismo adquirió dimensión política.

Un paso más en el conocimiento de la historia del culto mariano en Cuba fueron las investigaciones del historiador Leví Marrero en el Archivo General de Indias. Marrero encontró las declaraciones de Juan Moreno sobre la aparición de la Virgen de la Caridad en la bahía de Nipe, único testigo de vista que participó en el hallazgo de la virgen. Este documento que se suponía perdido, le hace pensar a Marrero la absoluta credibilidad del relato descrito por el capellán Onofre de Fonseca acerca de los implicados en la conocida narración. Novedoso en su estudio es el examen de la comunidad esclava de las minas de El Cobre, y sobre todo que demuestra, con cifras demográficas y documentos, el rápido acriollamiento de la población cobrera. En 1665 El Cobre contaba con 280 personas y solo cinco son identificados como africanos. El acucioso escritor consigna datos reveladores para comprender los sucesos históricos de la bahía de Nipe.

El más reciente libro de análisis histórico11 sobre este tema le pertenece a la historiadora santiaguera Olga Portuondo, titulado La Virgen de la Caridad del Cobre: símbolo de cubanía (1995). La autora incluye nuevos documentos de los archivos españoles, que no conocieron ni Fernando Ortiz ni Leví Marrero. Describe el desarrollo social de la comunidad cobrera, lo regional y particular de este fenómeno histórico. Su estudio abarca el período desde la aparición de la Virgen en el siglo xvii hasta las publicaciones que se hicieron en fechas recientes. Relaciona los orígenes de la nación cubana con la evolución y configuración del culto a la Caridad del Cobre. Es un libro erudito en información y tiene el mérito, en la historiografía de la etapa posterior a la Revolución Cubana (1959), de apreciar este suceso religioso como un fenómeno histórico y cultural sin el cual no es posible comprender cabalmente la sociedad pasada y presente de los cubanos. La profesora Portuondo consigna en su libro el trabajo que realiza con la papelería inédita de Fernando Ortiz sobre la Virgen de la Caridad del Cobre.

A pesar de que existe una larga lista de autores, libros y artículos que han tratado el tema, la obra de Fernando Ortiz La Virgen de la Caridad del Cobre: Historia y etnografía, se distingue por su originalidad. Ortiz indaga en la relación entre lo iconográfico y lo real, entre la imagen (su fuerza de expresión) y los contextos en que aparece esta imagen, entre el lenguaje metafórico y los saberes cotidianos. Secciona el libro en diferentes estratos: en el conocimiento documental de la aparición de la Virgen de la Caridad del Cobre; en el estudio comparativo entre las imágenes de la Caridad del Illescas y la Virgen de la Caridad del Cobre, y en el estudio de los símbolos de ambas imágenes, es decir, de los nimbos, las coronas, los brazos, luna, el tamaño, la estrella en la frente, el color epidérmico, los milagros, los tronos, las carrozas, la canoa, y los tres Juanes. Relaciona la narración con los factores hispanos, indios y negros florecidos en el culto mariano; y finalmente, desentraña el influjo precristiano vigente en la iconografía de la imagen de El Cobre.

Ortiz aclara que su estudio recogerá y discutirá los elementos de la historicidad de la imagen: “Así trataremos de hacer nosotros en este escrito; pesquisa y análisis de historia y de folclor, de realidades comprobadas o probables y de sus deformaciones por la demosofía universal, y, en particular, por la cubana, dejando aparte el aspecto de la causación metafísica que, como tema de pura fe, queda fuera de toda posible labor de ciencia”.

Partiendo de esta concepción respetuosa en cuanto a los dogmas de la religión, señala las posibles interpretaciones históricas de la aparición y devoción en Cuba de la Virgen de la Caridad del Cobre y los elementos folclóricos que se han ido tejiendo en su devoción católica, a los cuales les llama las hebras hispánicas, cubanas, africanas y criollas de la urdimbre folclórica de Cuba.

La Caridad del Cobre, con su pigmentación espiritual, dice Ortiz, ha pasado de los altares de los blancos dominadores al corazón de los humildes dominados. La cultura de los aborígenes y negros dominados se abrió paso conquistando un lugar en la imagen de la Caridad del Cobre. Esta transición no es casual; en ella influyó la política eclesiástica en las posesiones de ultramar. En particular, la difusión y práctica de la doctrina de la Santísima Virgen María.12

La literatura recoge la presencia de indios y negros en la primera mitad del siglo xvi. Pero poco se sabe de la percepción que tuvieron los aborígenes sobre el mundo cristiano. Debemos pensar que las anotaciones y observaciones que realizaron hombres letrados sobre los aborígenes, tenían como objetivo glorificar la colonización. Es una excepción la obra del padre Las Casas, que describió los horrendos crímenes de este hecho histórico; tal vez sea esta una de la razones por lo que sus libros permanecieron inéditos en los archivos españoles hasta mediados del siglo xix.

Las Casas comentaba: “Preguntando españoles a indios (y no una vez acaeció sino más), si eran cristianos respondió el indio: ‘Sí señor, yo ya soy poquito cristiano, dijo él, porque ya saber yo un poquito mentir, otro día saber yo mucho mentir, y seré yo mucho cristiano’"13. Sin embargo, esa transición de credo, dice Ortiz, no debió ser sencilla.

Ortiz describe el dinamismo del contacto cultural, la confrontación, el intercambio y la subversión de valores. Con el examen del desplazamiento de la religiosidad aborigen por el catolicismo, la transición de una cultura a otra, el cambio cultural, Ortiz está esbozando en estas indagaciones su futuro concepto de transculturación.14

“La religión dominante —escribe el sabio cubano— pasa a ser la ‘verdadera’, y cuando se colorea intensamente por la moral, es familiar la de los dioses ‘buenos’. La religión de los dominados es la falsa, la que, sin embargo, tiene potencias sobrenaturales ciertas pero inferiores, rebeldes y ‘malas’. Los dioses de los vencidos son las deidades del mal, los diablos malignos, que, sin embargo, tienen potencia sobrenatural para obrar prodigios.”

Los llamados “factores africanos”, expresados en el culto a la Caridad del Cobre, Fernando Ortiz no los describe en este libro; pues su elaboración data de finales de la década de 1920. No obstante, realiza una búsqueda en las culturas africanas de aquellos elementos que se expresan en el simbolismo de las imágenes católicas, como es el símbolo lunar. También indaga cómo en Cuba el culto a la Virgen de la Caridad se maneja en la santería y en el ñañiguismo. De sus notas manuscritas tomamos la siguiente observación durante una vista a Matanzas en 1929:

En una procesión de ñáñigos en Matanzas, hemos visto llevadas en andas por cuatro abacuaces una imagen de la Virgen de la Caridad. Es la única vez que hemos observado en Cuba una tan completa forma de sincretismo entre las figuraciones de los religiosos católicos, ñáñigos y nigeriana o lucumí. Ello prueba el arraigo creciente de la devoción de la Virgen de la Caridad en nuestro país.

Entre sus papeles se encuentran otros datos, como una libreta abacuá fechada del 18 de enero de 1932, que aclara: “Esta libreta es para aprender encane del abacuá”, y aquí se hace la siguiente mención: “poco de miel de abeja i despues esta gracia a la Virgen de la Caridad. La Virgen de la Caridad me acompañe y me cubra con gloriosísimo manto con su hijo. Con los Santos”15.

También conserva en su archivo la receta del “Baño de la Caridad” de los “espiritistas brujos”. Estas informaciones denotan dos cuestiones: la primera, Ortiz aún se encontraba en una etapa de recopilación de información sobre este tema, y la segunda, no formaba parte de su objetivo desarrollar el estudio del paralelismo de las devociones católica y yoruba, es decir, la relación entre la advocación católica de la Caridad del Cobre y Ochún, a pesar de que ya había consignado este hecho, de manera descriptiva, en 1906 en el libro Los negros brujos. Además, en el período que escribe el libro sobre la Caridad del Cobre, los orichas no habían adquirido la connotación social y cultural que tienen en la actualidad. La prensa, hasta entonces, trataba el ñañiguismo y la brujería como categorías delincuenciales y policiacas. Según las anotaciones de Fernando Ortiz, por primera vez en la prensa se hace alusión a una fiesta de Ochún16 en el año 1936.

Muchas ideas por ampliar quedaron en el tintero de Fernando Ortiz. No obstante, sus conjeturas allanaron el camino para posteriores investigaciones antropológicas sobre el culto mariano en Cuba. Sus estudios de etnografía y mitología comparadas fundamentan la relación histórica y cultural de la imagen de Caridad del Cobre y los orígenes de la nacionalidad cubana; y definen lo raigal incorporado en la simbología religiosa universal.

 

Notas:

1- La edición que Fernando Ortiz utiliza para su libro se tituló Historia de la aparición milagrosa de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, sacada de un manuscrito que el primer capellán que fue de ella, presbítero D. Onofre de Fonseca, componía por el año de 1703 y sacada de los autos que en el 1688 se formaron ante el juez competente, los cuales se hallan en el archivo de la santa casa, por el presbítero D. Bernardo Ramírez, capellán que también fue de la Santísima Virgen. Imprenta de la Viuda e hijos de Espinel, La Habana, 1853. Existen ediciones anteriores: Imprenta de Loreto Espinel, Santiago de Cuba, 1829; Imprenta del Real Consulado, Santiago de Cuba, 1830; Imprenta Fraternal, La Habana, 1840. En el siglo xx conocemos las ediciones: Imprenta de Daniel Bermúdez, La Habana, 1916; Escuela Tipográfica Don Bosco, Santiago de Cuba, 1935.

2- Un dato curioso: en esta iglesia fue bautizado Fernando Ortiz el 9 de septiembre de 1881.

3- Véase presbítero Ramón Suárez Polcarí. Historia de la Iglesia Católica en Cuba. t. II, Ediciones Universal, Miami, 2003, p. 282.

4- Véase Olga Portuondo. La Virgen de la Caridad del Cobre: símbolo de cubana. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001.

5- Sus escritos están compilados en el libro El sistema religioso de los afrocubanos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001.

6- Fernando Ortiz. Prólogo a Rómulo Lachatañeré. ¡Oh, mío Yemayá!  El Arte, Manzanillo, 1938, p. XXI.

7- José Juan Arrom. “La Virgen del Cobre: historia, leyenda y símbolo sincrético”, en: Estudios Afrocubanos. Facultad de Letras, Universidad de La Habana. 1990, t. 2, p. 295.

8- Ibídem, p. 286.

9- En la transición de credos sugerida en el relato de Enciso, los indios descubrieron mayor protección en la Virgen María que en sus cemíes. 

Los nombres utilizados para sintetizar y significar los objetos del nuevo mundo expresan la evolución en el registro de lo imaginario entre las relaciones de los europeos y los indígenas. En las crónicas de indias fueron cambiando los conceptos, transitando sus significados desde objetos desconocidos como el “cemí”, pasando por “ídolo” hasta transformarse en “figura diabólica”. Véase Serge Gruzinski. La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492-20019). Fondo de Cultura Económica, México, 1999.

10- Estos son los tres Juanes o los tres humildes pescadores, como también son considerados por el folclor popular, que participan en el hallazgo de la Virgen de la Caridad. En la actualidad, en las imágenes más difundidas, aparecen un hombre negro rezando y dos blancos que van remando en un bote al encuentro de la Virgen Santísima. Pero, según la tradición de la Iglesia Católica, los autores del hallazgo fueron dos indios y un negrito. No nos detenemos en estas consideraciones porque el tema de la representación étnica y sus variantes en la aparición de la Virgen de la Caridad puede consultarse en la obra de Fernando Ortiz La Virgen de la Caridad del Cobre. Historia y etnografía. Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2008.

11- La Academia norteamericana también ha incursionado en este tema: Thomas A. Tweed. Our Lady of the Exile. Diasporic Religión at a Cuban Catholic Shrine in Miami. New York Oxford University Press, New York, 1997 y María Elena Díaz. The Virgen, the King, and the Royal Slaves of El Cobre (Negotiating Freedom in Colonial Cuba, 1670-1780). Stanford University Press, California, 2000. Asimismo, el escritor mexicano Félix Báez-Jorge ha publicado un interesante ensayo titulado “La Caridad del Cobre y la historia cubana”, en Unicornio. Suplemento científico y cultural de Por esto!, Mérida, Yucatán, domingo 16 de julio de 2000.

12- En Las leyes de Indias anotadas por Fernando Ortiz, dice: “Don Felipe IV en Madrid a 10 de mayo de 1643. Que se celebre cada año el patrocinio de la Virgen Santísima Nuestra Señora en las Indias, con la fiesta y novenario que se ordena. En reconocimiento de las grandes mercedes y particulares favores que recibimos de la Santísima Virgen María Nuestra Señora, hemos ofrecido todos nuestros reinos a su patrocinio y protección, señalando un día en cada un año para que en todas las ciudades, villas y lugares de ellos, se hagan novenarios, y cada día se celebre misa solemne con sermón y la mayor festividad que sea posible, asistiendo nuestros virreyes y audiencias, gobernadores y ministros, por lo menos un día del novenario, y haciéndose procesiones generales con las imágenes de mayor devoción. Mandamos a los virreyes, presidentes, gobernadores, corregidores y alcaldes, mayores de nuestras Indias, que cada uno en su distrito, ciudad, villa o lugar, participándolo al arzobispo, obispo o vicario, celebren fiesta todos los años el domingo segundo del mes de noviembre a la Virgen Santísima Nuestra Señora, con título de patrona y protectora como se hace en estos nuestros reinos.” Véase Ley XXIV, Título Primero, Libro Primero de Leyes de Indias, Madrid, 1841, p. 5.

13- Citado por Fernando Ortiz en La Virgen de la Caridad del Cobre: Historia y etnografía.

14- El concepto de transculturación Fernando Ortiz lo define en su libro Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, publicado en 1940. Con posterioridad se han realizado varias ediciones de este libro. Recomendamos la edición crítica de Enrico Mario Santí. Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. Cátedra Letras hispánicas, Madrid, 2002.

15- Respetamos la ortografía del autor Manuel Scala (Choli). Archivo Fernando Ortiz, Instituto de Literatura y Lingüística, La Habana. Dato facilitado por la especialista Ada Cantera Pérez.

16- Véase Lidia Cabrera. Yemayá y Ochún. Madrid, C. R., 1974; y de mayor actualidad el libro de Heriberto Feraudy Espino. La Venus lucumí. Oshún, la diosa de Ashogbo. México. 2002.

 

Fuente:
http://www.lajiribilla.co.cu/2011/n533_07/533_16.html

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