Martianos

Seguidores del pensamiento de José Martí y Red Social de los emigrados cubanos

 

Entrevista a Silvio sobre Martí

Publicado en Librínsula, Año 2, Nro.83, Viernes, 5 de agosto del 2005

 

Hay quienes evocan a Martí como el genio que continuamos necesitando muchos años después de su natalicio, muchos años después de su muerte; otros ven en la aplicación dialéctica de su ideario nuestra tabla de salvación, y están los que lo añoran por contagio. En medio de esta diversidad de razones, alguien le es particularmente fiel; alguien que, aunque Martí le es "familiar, no está habituado a hablar de él"; alguien a quien no le gustan las grabadoras ni las fotos, pero no las rehuye; alguien que deja a los periodistas asomarse a su ventana, aun cuando no los libra del "complejo" de sentirse fisgoneadores.

Alguien que dice: Yo soy de donde hay un río/de la punta de una loma/de familia con aroma/a tierra, tabaco y frío./ Soy de un paraje sombrío/donde mi infancia vertí/y cuando después partí/a la Ciudad y a La Rampa/me fui sabiendo que en Tampa/mi abuelo habló con Martí.

La anécdota de mi abuelo está muy ligada a mi niñez. Yo recuerdo que desde muy niño él me contó que había estado en Tampa, que había emigrado por razones económicas y que allí, en una bodega, conoció a Martí. Se le acercó un hombre y al darse cuenta de que él tenía acento cubano le preguntó: ¿tú eres cubano? Sí, yo soy cubano.

¿Tú estudias o trabajas?... Le dijo que no, que él estaba de aprendiz de torcedor en una tabaquería de Tampa. ¿En cuál? Mi abuelo le dijo donde era. "Yo tal día voy a pasar por allí". Y ese era Martí, quien luego fue a la tabaquería y habló; entre el público estaba mi abuelo.

"Esa anécdota se cuenta en mi familia materna desde que yo tengo uso de razón. No sé hasta qué punto es mi primera referencia sobre Martí; seguramente no, pero sí está muy ligada a mis nociones iniciales sobre él.

"En realidad mi encuentro con Martí se produce años después; fue en el año 53 ó 54. Yo estaba en primer o segundo grados, y teníamos como libro de lectura, La Edad de Oro, con un prólogo de Emilio Roig Leuchsenring que se llamaba Martí y los niños o Martí niño. Ese fue precisamente el primer material de lectura."

-Para usted, ¿qué es lo más esencial de la personalidad de Martí?

-Por encima de todo, la bondad, la ética martiana. Eso está dado a través de todos sus textos: su poesía, su periodismo, su misma vida. Ese darle a la vida
un sentido y que ese sentido sea para el bienestar de los hombres. Ese desprendimiento tan grande que había en Martí; ese querer que todos fuéramos felices; ese volcarse e indagar en los sentimientos de los seres humanos, y lo bueno que tenían que dar de sí.

-¿Cómo usted se imagina a Martí?

-Ese tratar de completar la imagen de Martí es algo que nos sucede a todos...
Es como cuando uno lee un libro y trata de identificar un personaje. Yo conocí a María Granados, ella visitaba la casa de mis padres. Cuando yo tenía como 9 ó 10 años le pregunté cómo era la voz de Martí y ella me dijo que no era ni aguda ni grave, era una voz intermedia y hablaba con una modulación muy bonita. Luego leí, en un ensayo de Mañach, que tenía un leve acento mexicano.

"De manera general, parece que marcaba un poquito la pronunciación, cosa que no es rara en una persona de tanta cultura. Probablemente hablara un poco como escribía y eso tú lo notas en personas como Lezama, que hablaba y parecía que estaba leyendo; o el mismo Alejo Carpentier.

"Yo me imagino que Martí era un gran conversador, una persona que hilaba perfectamente todas sus ideas, que tenía una gran coherencia en todo lo que
decía, comenzaba un tema, lo desarrollaba y lo terminaba. Tiene que haber sido, la mismo tiempo, una persona de muchas ideas atropelladas, todo lo venía a la mente y no le alcanzaba el espacio de la garganta, el sonido, el instante para decirlo todo.

"Hay un anécdota que me contó precisamente Lezama. Su abuelo quien participó en la guerra del 95- llegó un día a una pensión donde vivían dos señoras, -creo que también fue en Tampa-, llegó muy tarde en la noche y le dijeron que sólo tenían disponible una cama en un cuarto y ya estaba ocupado por otro señor, cubano.

"El abuelo de Lezama no tuvo inconveniente en compartir el cuarto, se lavó, comió y se metió en la cama. Por la madrugada sintió que se abría la puerta, sacó la cabeza de entre las sábanas y miró a aquel pequeñito que entró, prendió dos velas, se puso junto a una escribanía, se quitó la ropa, agarró una pluma, -dice que tenía en las manos un montón de hojas en blanco- y se puso a escribir, pero escribía con tanta prisa que no tenía tiempo para ordenar las hojas, sino que las iba tirando al suelo. Al amanecer andaba en cuatro patas por todo el cuarto buscando las hojas que habían caído debajo de la cama, ordenando todo aquello que había escrito. Se lavó, se vistió y se marchó otra vez. Ese era José Martí.

"Yo lo imagino una persona así, sin tiempo para nada ni para dormir, pura idea nueva. Debe haber sido más bien nervioso, muy vivaz, muy rápido de mente y de palabra, y seguramente muy inquieto. Era como una idea vibrando.

-¿Está hoy Martí con nosotros?

-Martí es un universo tan grande, tan vasto, habló de tantas cosas, su mente estuvo en tantas partes, que yo creo que en este momento nos es particularmente necesario. Martí es el punto de apoyo donde se fundamenta nuestra coherencia como nación. Cohesionó el pasado retomando las de sus padres -habló de la gente de la guerra del68-, poniéndolas en función de un presente que era incierto en esos momentos, pero él veía que tenía que partir de esa semilla. Y le dio, además, coherencia al futuro.

"Pienso que la tesis de la historia de Cuba como un devenir, no como un destino, pero sí como un esfuerzo, como una voluntad de supervivencia, no fuera igual sin Martí en estos momentos. Tenemos una realidad geográfica que -a menos que saquemos remos y nos llevemos la isla para otro lugar-, nos condena a vivir al ás facilidad. Si no se es coherente uno se pierde a sí mismo; es como si cada huella nos condujera a un lugar diferente y así
es muy difícil dar con uno; y si es difícil dar con uno, es muy difícil dar después con lo demás y con los demás.

He tratado de ser coherente, y esa visión la he aprendido de Martí y de otros hombres también."

-Desde un punto de vista martiano, ¿es usted un hombre realizado?

-Creo que he sido un hombre de mucha suerte, una suerte extraordinaria, y me siento un hombre realizado, aunque no sé a quién agradecerlo.

-¿Debemos asumir entonces que cree en la suerte?

-Como no.

-¿Tuvo entonces Martí mala suerte cuando lo mataron en Dos Ríos?

-Creo que sí. Los que indudablemente tuvieron buena suerte fueron los españoles, y más mala suerte que Martí tuvimos luego todos nosotros. Porque, como dice esa canción que nos quieren quitar: Martí no debió de morir, ¡ay, de morir...! Otro gallo hubiera cantado. Con Martí vivo, esa guerra no hubiera terminado como terminó.

-Cintio Vitier nos convoca cotidianamente a una "campaña de espiritualidad y de conciencia", Pablo y Amaury hablan del rescate de la ternura y el cultivo del pensamiento. ¿Comparte usted estas preocupaciones?

-Las comparto y no a propósito del aniversario, ni de esta etapa. La humanidad -y dentro de la humanidad un enorme porcentaje también de los cubanos-, tiende a alejarse cada vez más de un sentido ético hermoso y de
una profunda espiritualidad...

"Estamos en una época de mucho descreimiento, de una materialización burda, acelerada y no creo que unas palabras puedan transformar eso, porque ha sido un proceso degenerativo en que venimos cayendo los humanos desde hace bastante tiempo y no creo que sea por deficiencia de la Revolución Cubana, ni por la caída del campo socialista -sí, porque ahora todo se lo quieren achacar al derrumbe.

"A estas alturas no sé si ese proceso será detenible o no, no soy profeta. Yo espero que siempre existan gente y ocasiones, que siempre existan personas que sepan aprovechar las coyunturas para con una palanca de buenas
ideas y de buenas intenciones, dar un vuelco a las cosas."

http://www.silviorodriguez.org/content/p-0045.htm

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Etiquetas: ENtrevistas, Librínsula, Martí, SIlvio, anecdotario

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