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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Entrevista a Arturo López Levy (I, II, III). Por La Joven Cuba

I

Por  La Joven Cuba

La emigración es parte de la nación

1. ¿Quién es Arturo López Levy? ¿Cómo se ve ante el espejo?

El hijo de Gilda Sara. De mi madre aprendí que no se negocian los derechos ni la dignidad. En todo lo demás hay que ser flexible.

2. ¿Qué caracteriza a la comunidad cubana que vive en los Estados Unidos?

Su pluralidad y su conexión con Cuba. Los cubanos llevamos nuestros pedacitos de la isla hermosa a donde vamos pero cada uno a su manera. Hay un grupo grande que piensa la relación con Cuba desde su antipatía por el gobierno, en primer lugar Fidel y Raúl Castro. Otros tienen simpatías notables por la revolución cubana y la forma en que puso a Cuba en el mapa mundial. Para otro grupo, Cuba no es solo su país de origen con grandes virtudes y problemas, es donde vive su familia o donde le gustaría regresar temporal o permanentemente. Dentro de ese grupo hay quien discrepa con el sistema comunista pero piensa en Cuba como su patria, busca su mejoramiento y bienestar, en la esperanza paciente de que las reformas de hoy se profundicen mañana  y lleven a un sistema político, económico y social más inclusivo y reconciliador.

También hay una pluralidad con respecto a EE.UU. Como en todas las migraciones, hay quien ve este país como un hotel, nunca una casa. Hay quien se cree más norteamericano que Cutting, despreciando a los inmigrantes latinoamericanos de otros países. Otros amamos la grandeza de la patria de Lincoln, de sus instituciones educacionales, de su espíritu trabajador, y de su cultura democrática en la esperanza de que esa virtud termine por vencer al bloqueo/ embargo por ilegal, inmoral y contraproducente.

La comunidad cubana en EE.UU tiene también desafortunadamente una cultura política muy polarizada. El sociólogo Nelson Valdés ha escrito un interesante trabajo sobre patrones de la cultura política cubana que debería leer todo el que quiera hablar de reconciliación nacional. Nelson identifica códigos sobre martirologio, traición, misión generacional y moralismo que son importantes para entender continuidades entre pasado y presente, isla y diáspora. En ese caldo se cuece un culto a la intransigencia que desde Cuba trajeron muchos aun cuando cambiaron de ideología.

En Miami como en la isla, la frase de José Martí de que “la moderación es el espíritu de Cuba” es más una aspiración que una realidad. Tenemos que seguir aspirando.

3. ¿Nota alguna diferencia entre la Cuba que describen los grandes medios desde el exterior y la que ve cuando viaja al país?

Muchas. El pueblo cubano en la isla no es la caterva de desvergonzados y sumisos, que presentan los que se alegran de nuestras desgracias. Políticamente, no es el sultanato que presentan algunos de los opositores en gira ni una amenaza a la seguridad nacional de EE.UU. ni de ningún otro país. Lo vergonzoso allí no es ser opositor sino mentiroso.

La mentira más nociva sobre Cuba en los grandes medios ha sido presentarla como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Esa falsedad es piedra angular de la política de bloqueo y ha servido para mantener a Cuba en la lista de naciones que patrocinan el terrorismo del Departamento de Estado. Es vergonzoso que algunos opositores han viajado a EE.UU. repitiendo esos mantras del exilio radical. No se toman el trabajo de informarse sobre los criterios del Departamento de Estado y sueltan argumentos tan infantiles como el de Yoani Sánchez de que Cuba merece estar en la lista porque “los Castros no han guardado la pistola”.

Apoyar esa calificación infame es hacerse cómplice del saqueo de los fondos cubanos en las cortes estadounidenses. Esos fondos congelados pudieron servir a Cuba cuando el bloqueo no existiese pero se los robaron con juicios amañados. Ni a Irán, que es un país que si ha apoyado actos terroristas contra estadounidenses le han aplicado la etiqueta de terrorista retroactivamente como a Cuba.

Hay críticas legítimas que publican los grandes medios en el exterior que en Cuba debían ventilarse con madurez. La soberanía de Cuba no ha sido secuestrada pero la voluntad popular es muchas veces torcida por las relaciones verticales del partido-Estado con la sociedad. Es importante abrir un espacio de soberanía compartida, con mayorías y minorías leales que se expresen con libertad responsable en las instituciones y las políticas públicas.  Cerrar filas contra las posturas plattistas no debería ser óbice para discutir las diferencias políticas que hacen a las mayorías patrióticas un segmento plural.

4. Usted dijo en una ocasión que “Para construir puentes, hay que destruir primero los muros”. En el caso cubano: ¿qué deberíamos preservar o demoler para hacer avanzar el país?

El primer muro a destruir es la idea de que alguien tiene posesión exclusiva de la verdad. Hasta un reloj parado tiene la hora correcta dos veces al día. Los cubanos tenemos diferentes experiencias de vida, por lo cual es común que tengamos diferentes perspectivas. Hay que conversar sin ingenuidad pero también sin prejuicios.

Un tema que como emigrado me parece un gran muro conceptual es la separación entre nación y emigración. La emigración es parte inseparable de la nación y como tal debe ser tratada. En ese sentido Cuba no tiene que inventar ningún paradigma, sino avanzar hacia aquel que la comunidad internacional ha proclamado, la declaración universal de los derechos humanos. Los que discrepen del gobierno deben hacerlo con lealtad, en consonancia con las leyes internacionales, respetando la soberanía del país. Los que apoyen al gobierno deben entender la diferencia entre la discrepancia leal y la apostasía.

La adopción de una cultura constitucionalista puede ayudar mucho a ese aspecto, en el último evento de Espacio Laical hubo dos excelentes ponencias al respecto por los abogados Julio Fernández y Julio Cesar Guanche. Para desarrollarnos y construir un país democrático, es importante que las aperturas a un mayor pluralismo ocurran con orden.

Por eso he escrito muchas veces sobre la necesidad de una democratización incremental. Una de las reformas que veo con mayor potencial es la descentralización porque abriría espacios para la competencia entre diferentes regiones, y entre diferentes posturas a nivel local sin poner en riesgo la estabilidad del país todo. Siempre me he preguntado por qué si la presidencia del gobierno municipal es una tarea fundamentalmente ejecutiva y cercana a los vecinos, no se puede elegir ese cargo directamente con competencia de varias opciones.

II

Por La Joven Cuba

La reconciliación es posible

1. Algunas personas consideran que los cambios operados actualmente en la isla debieron tener lugar mucho antes. ¿Cree usted que anteriormente existían condiciones para llevar a cabo este proceso?

Si. La adopción de límites de mandato, y las reformas económica y migratoria se retrasaron más de una década amontonando cambios que pudieron haber ocurrido de forma mejor secuenciada.

Más que llorar sobre la leche derramada prefiero llamar la atención sobre el tiempo que se está perdiendo ahora. Los datos que presentan estudios de economistas cubanos como Viviana Togores, Angela Ferrol, y Maria del Carmen Zabala sobre las zonas de pobreza y riesgo en Cuba y en la Habana son espeluznantes. Según Togores en 2004, el 48 % de la población expresa no poder satisfacer completamente sus necesidades alimentarias. Hay evidencias que apuntan una superposición de las diferencias de ingreso y clase con región y raza. Con la tendencia alcista en el mercado mundial a los precios de los alimentos y la alta dependencia cubana de importaciones es casi un cuadro perfecto para una crisis.

Con esos truenos no hay espacio para la dilación en adoptar el desarrollo económico y la seguridad alimentarias como metas centrales. Se trata de apurar reformas como la descentralización, la liberalización de precios, cerrar la dualidad monetaria y abrir por lo menos la agricultura a las inversiones de cualquier capital legítimo nacional o extranjero, tanto en la grande como en la pequeña y mediana empresa. Salvando las distancias, en una situación similar, al final de la guerra de 1895-1898, cuando los campos habían sido arrasados por la tea incendiaria y la reconcentración, el secretario de agricultura del gobierno interventor, el patriota cubano Perfecto Lacoste abrió el país a la importación de ganado, cercas, aperos de labranza, en fin, todo lo que facilitase la seguridad alimentaria.

Nunca será el tiempo perfecto para hacer cambios drásticos pero el actual momento es relativamente favorable. En lo interno, el presidente Raúl Castro puede apurar las reformas como no lo podrá hacer Díaz-Canel en un contexto de liderazgo más colectivo, con más consultas y debates. Desde una lógica institucional sería positivo que los cambios más dolorosos que requieren un consenso civil-militar ocurran bajo su égida pues tiene un poder arbitral en la relación PCC-Fuerzas Armadas difícil de equiparar. Nada heterodoxo de lo que Raúl haga para sacar el proyecto a flote, será cuestionado desde el aparato partidista o las FAR.

En lo externo, hay una relación privilegiada con Brasil, que ahora se extiende a Rusia y China. La situación en Venezuela apunta a estabilizarse, los convenios de cooperación en salud y otras áreas se han expandido en América Latina y África. Hay la posibilidad de un acuerdo con Europa que reemplace la posición común. Llegan los dos últimos años de la administración Obama donde el presidente tendrá posibilidades de tomar iniciativas en política exterior, y particularmente hacia Cuba que pueden ser positivas, o por lo menos no deben agravar lo perjudicial de la política en curso.

La comunidad cubano-americana está muy dividida en torno al tema del embargo/bloqueo estadounidense contra Cuba. A eso ayuda la retórica de Obama que no parece comprometida a mantener el statu quo. Eso podría cambiar si en 2016 gana un republicano, lo que es una probabilidad alta si la historia es guía.

Si no es ahora ¿cuándo?

2. Economistas cubanos han señalado la necesidad de que el trabajo por cuenta propia no se restrinja esencialmente a trabajos manuales, como hasta ahora ha sido, sino se amplíe a otros perfiles de orden intelectual. ¿Cómo cree usted que pudiera concretarse esa idea?

El uso del capital humano se inserta en el problema mayor del modelo económico que se pretende adoptar. El reloj político de la reforma ya está sonando la medianoche. No es tiempo de experimentar con lo que es conocimiento fundamental de la ciencia económica. Como dijo Janos Kornai, la idea de darle al mercado la libertad de un pájaro en la jaula de la economía planificada ha demostrado ser un callejón sin salida. China y Vietnam progresaron aceleradamente porque resolvieron ese dilema adoptando una economía de mercado regulada, no una economía de comando con segmentos amurallados de mercado. La estructura central a construir debe ser una de competencia, y eso requiere un cambio de mentalidad y modelo, no una mera actualización.

Suficientes evidencias demuestran que a nivel de la pequeña y mediana propiedad donde el dueño y el gerente coinciden, los entes privados y cooperativos tienden a ser más eficientes que los estatales. La clave en este caso estaría en facilitar la competencia, facilitando la entrada de nuevos empresarios al sector. Más que definir otros perfiles que favorezcan el trabajo por cuenta propia para el personal más calificado, lo urgente es definir las actividades que estarían vetadas a la pequeña y mediana propiedad privada o cooperativa, facilitando todas las demás. Un área donde sí me parece es importante mucha regulación y pausa es la financiera, incluyendo los seguros.

3. En un artículo publicado en Espacio Laical 2/2009 usted expresó: “Es hora de reconocer que el diálogo entre cubanos tiene valor en sí mismo y distinguir aquello que para cada uno es negociable de lo que no lo es. Nadie está exento del llamado a encontrar espacios y valores comunes y a pensar en una patria “con todos y para el bien de todos”. ¿Cuáles considera usted que sean los primeros pasos para lograr dicha reconciliación?

Los primeros pasos ya se han dado. Uno de los consejos que expresé directamente a los directivos del Cuba Study Group, que tienen en Miami un proyecto de reconciliación, es que antes de ponerse a traer experiencias de otras naciones deberían reconocer y discutir las experiencias históricas de esa agenda entre cubanos. No han hecho caso y es su derecho pero creo que es importante y respetuoso reconocer los pasos de diálogo y entendimiento que han tomado cubanos que nos precedieron tanto en Cuba como en la diáspora.

Allí está la reforma migratoria, la facilitación y defensa de los viajes comunitarios con mártires como Carlos Muñiz Varela y Luciano Nieves, los diálogos inter-fe de las comunidades religiosas cubanas, la discusión del tema en varias semanas sociales católicas, y las reuniones de la nación y la emigración, en las que se registraron importantes avances como la creación de la División de atención a cubanos residentes en el exterior del MINREX, un paso institucional de importantes consecuencias.

¿Cuáles son los pasos próximos? La reconciliación nacional no es un evento, es un proceso que se inserta en la dinámica política del país. Hoy hay temas que de modo natural se levantan como la cuestión racial, la reforma económica con su crítica implícita a la ofensiva revolucionaria de 1968, la reforma migratoria, con cuestionamientos al maltrato impolítico que sufrió a una parte de la emigración, la diversidad de orientación sexual, y el bloqueo, que no es solo quitarlo sino reconocer el daño que ha causado al pueblo cubano. Reconciliación no es que los demás reconozcan las injusticias que se cometieron contra uno, hay que reconocer los comportamientos hostiles en los que cada uno se ha involucrado.

El ejemplo de lo que pasó en la URSS es algo que Cuba debe tomar como lección para evitarlo. Como dije en la X Semana Social Católica no creo que en Cuba sea conveniente una gran comisión de reconciliación nacional sino dividir y realizar el trabajo con grupos específicos en secuencias separadas. Algunas instituciones y culturas del sistema comunista tienen muy bajo nivel de adaptabilidad a nuevas misiones, y son incapaces de lidiar con las demandas de participación y reclamos que emergen de un contexto de reforma y liberalización. La reconciliación para ser nacional tiene que ser soberana, y nacionalista. No le haría bien al país crear una atmosfera de desarraigo sacando de la noche a la mañana toda la mugre histórica.

Para entender el papel de la tradición en contextos modernizadores me ha sido muy útil la obra de Edmund Burke y su crítica a la revolución francesa. En un momento donde la meta más importante es el desarrollo económico seria desmovilizador que los temas patrióticos fueran desplazados por el hipercriticismo, las medias verdades o interpretaciones manipuladoras. Lo que una sociedad quiere y cree ser influye en lo que es.

Una cosa es comprender la historia en su complejidad humana y otra es emprenderla contra el pasado. No se le puede hacer a la revolución lo que originalmente algunos ideólogos comunistas le hicieron a la república, y que se ha ido rectificando con trabajo, dedicación y esfuerzo por jóvenes y no tan jóvenes historiadores dentro y fuera de Cuba. En eso como en muchas cosas más hay que leer y discutir la obra de José Martí.

III

Por La Joven Cuba

Concentrarse en el futuro

1. Según sus propias palabras: “Como aclaró Deng a Margaret Thatcher, cuando esta quiso dar lecciones de ideología en China: el mercado no es ni socialista ni capitalista, sino una herramienta de desarrollo. En este sentido, el Proyecto de Lineamientos al VI Congreso del PCC da en la diana al destacar el papel del Estado en la economía. Sin embargo, falta una reflexión sobre la relación óptima de ese Estado con el mercado”. ¿Cómo cree que debe ser esa relación y qué cree que estamos haciendo mal en ese sentido?

La relación entre Estado y mercado debe ser de integración a partir de un modelo que no idealice ninguna estructura económica y se focalice en alcanzar un desarrollo integral para el país en todos sus sectores. En este caso es importante identificar que el sector público es parte central como regulador, empresario y distribuidor de riqueza, pero no es equivalente al país todo. Central a la ideología desarrollista es maximizar la riqueza en manos de la sociedad, no del partido comunista o del estado controlado por este.

Aun después del histórico VI Congreso del PCC y los llamados del presidente Raúl Castro a no estigmatizar el cuentapropismo hay un fuerte sesgo de economía de comando que impide pensar la conveniencia de privatizaciones y prefiere estructuras monopólicas como las TRD a la competencia del mercado. Al centro de la ideología oficial sigue estando la economía y el monopolio estatal bajo control del PCC, no un proyecto nacionalista desarrollista de integración mercado-estado. Esa inercia ideológica anti-mercado explica la persistencia en el error estructural que es dictar las actividades permitidas para tener licencia y no fomentar cualquier actividad económica que no esté expresamente prohibida.

La idea de que se está “actualizando” la economía de comando ya ha probado ser inviable. Esa experiencia contrasta con la idea de economía de mercado con regulación e intervención estatal, socialista en el caso de China y Vietnam, y sin tal denominación en Taiwán, Corea del Sur, y Malasia. Es importante tener un enfoque desprejuiciado hacia los problemas buscando soluciones óptimas que pueden ser desde un sector privado, desde el público, desde una combinación de los mismos, que puede ser local, provincial o nacional. Las mejores experiencias de desarrollo de las últimas décadas en los países del Este de Asia demuestran que el gobierno intervino no para reemplazar el mercado sino para incentivar la competencia, resolver las fallas del mismo, ponerlo al servicio de la sociedad.

Es vital procurar formas empresariales amistosas a la competencia de mercado y cooperación entre los sectores estatal y no estatal. En este sentido la metáfora mecánica del estado como motor del desarrollo- que se respira en los lineamientos del VI congreso- debe superarse. El estado debe ser el catalizador de iniciativas y el estabilizador de los mercados. La política fiscal debe concentrarse en funciones típicas de mercado como la regulación contra cíclica o el manejo de diferencias regionales y sociales, no en limitar la expansión de los actores privados. El otorgamiento de licencias debe ser un instrumento de facilitación y regulación de la inversión, no de control administrativo y político.

2. Recientemente el millonario azucarero Fanjul visitó la isla y se interesó por invertir en Cuba, esto significa una ruptura con la política de aislamiento que data desde el mismo inicio de la Revolución. ¿Es esto un caso aislado o una nueva tendencia respecto a Cuba? ¿Qué medida pudiera tomar el Estado cubano para que personas así que perdieron propiedades en el pasado se interesen por regresar a invertir en el país?

R/ La declaración de Fanjul fue timorata. Ilustra la mentalidad de la clase empresarial cubana en EE.UU. que sigue sin romper con la política anticubana pero ahora no quiere perder la oportunidad de participar en la reforma económica si esta se profundiza. Creo importante que el estado cubano de la oportunidad a todo emigrado que respete sus leyes para invertir en Cuba en la capacidad que cada cual desee, como extranjero o nacional. A la vez, como en el Este de Asia, la prioridad, ventajas y protecciones de industria infante deben ser para los inversionistas que acepten el reto de hacerlo como industria nacional, desde un mayor compromiso de reinversión del capital.

Aquí lo importante es concentrarse en el futuro. Deberían importar más muchas inversiones pequeñas que la mentalidad totalitaria de querer resolver todo con grandes capitales. La atracción a capitales emigrados se debe a expectativas sobre un futuro viable no a la solución de reclamaciones por nacionalizaciones pasadas. En China y Vietnam no se resolvió ninguna de esas reclamaciones pero se estableció el marco legal y las garantías apropiadas de que el gobierno no iba a imponer impuestos predatorios ni a revertir sus aperturas. La creación de un estado de derecho es un tema de gradaciones pero para generar los incentivos necesarios se necesita una masa crítica. Eso es coherente con la teoría económica sobre expectativas racionales: los actores anticipan futuros en base a toda la información disponible, toman el pasado en cuenta pero es un error asumir que simplemente reaccionan ante este.

Una apertura hacia las inversiones de emigrados en Cuba debe tener en cuenta el poder de tal política para socavar la política de embargo estadounidense y acoso externo. Las posibles oportunidades de inversión y comercio con Cuba abrirían las apetencias empresariales de muchos cubanos en el mundo. Según eso ocurra, las comunidades de emigrados, particularmente sus inversionistas, pueden convertirse en apoyo político para los acercamientos culturales, sociales y políticos. El ejemplo del cabildeo a favor de un acercamiento con China de los inversionistas taiwaneses en el continente es ilustrativo.

A la vez, una apertura sin las debidas mediaciones institucionales puede crear tensiones a nivel de la economía, la sociedad y la política del país. La comunidad cubana en el exterior es mucho más blanca, procedente de las ciudades, particularmente de la Habana, y más a la derecha en su visión política que la población de la isla. Para cerrar esa brecha en términos ventajosos a la estabilidad del país y un desarrollo con equidad, de nuevo es importante propiciar asociaciones entre los actores estatales, cooperativo y cuentapropista con base en la isla y los potenciales inversionistas desde la emigración. También podrían darse incentivos fiscales para inversiones emigradas en las zonas rurales y en las regiones más deprimidas económicamente del sureste oriental.

3. Si el día de mañana el gobierno de los Estados unidos levantara el bloqueo a Cuba: ¿Qué cree usted que ocurriría en la isla?

Una fiesta. Para Cuba seria como si Sísifo sube la piedra a la cumbre. Derrotado el plattismo, una corriente histórica que insistió en otorgarle a EE.UU funciones que son de exclusiva soberanía de Cuba, habría que reformar el marco constitucional cubano desde una perspectiva de mayor normalidad y menos emergencia. La soberanía no es un fin en sí misma, es un medio para alcanzar el desarrollo y la plenitud de los derechos humanos.

A continuación le hacemos el acostumbrado cuestionario que elaborara Bernard Pívot, a ver si nos muestra algo más sobre quién es Arturo López Levy.

¿Cuál es tu palabra favorita? Paz

¿Cuál es la palabra que menos te gusta? Resentimiento.

¿Qué es lo que te enciende (espiritualmente-creativamente-emocionalmente)?

Una mujer. Me encantan los cuadros con temas bíblicos como “la visión después del sermón” de Gauguin o “La Tempestad” de Giorgione.

¿Qué es lo que te desanima? La falta de compromiso.

¿Cuál es el sonido o ruido que más placer te produce? El del agua. Me gusta escuchar las cascadas y el mar.

¿Cuál es el sonido o ruido que aborreces escuchar? La demagogia. Suena falsa.

¿Cuál es tu grosería favorita? Ninguna. Las groserías dejan de serlo cuando son apropiadas a la situación.

¿Qué profesión nunca ejercerías? Censor.

Si el Cielo existe…y te encontraras a Dios en la puerta ¿Qué te gustaría que Dios te dijera al llegar?  “¿Alguna pregunta?”

Muchas gracias

 

 

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