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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Entre el riesgo y el honor. Vindicación de Cuba, de José Martí, y su taller de escritura. Por Marlene Vázquez Pérez

Vindicación de Cuba es, además de su evidente significado político y ético, una de las muestras más convincentes de la capacidad y voluntad del cubano José Martí para superar sus propias limitaciones. En 1880, recién llegado a Nueva York, había declarado su dificultad para entender el habla coloquial del norteamericano común y para escribir en aquel idioma.

Por Marlene Vázquez Pérez/Cubanow.- Vindicación de Cuba  es, además de su evidente significado político y ético, una de las muestras más convincentes de la capacidad y voluntad del cubano José  Martí para superar sus propias limitaciones. En  1880, recién llegado a Nueva York,  había declarado su dificultad para entender el habla coloquial del norteamericano común y para escribir en aquel idioma:

[...] Es curioso observar que siempre puedo entender a un inglés cuando me habla; pero entre los norteamericanos una palabra es un susurro; una frase, una conmoción eléctrica. Y si alguien me pregunta cómo puedo saber si un idioma que escribo tan mal, se habla mal, le diré francamente que es muy frecuente que los críticos hablen de lo que desconocen por completo”.[1]

Su aprendizaje y apropiación del inglés hasta el punto de ser capaz de escribir originalmente en dicha lengua fue perfeccionándose, pues las necesidades de comunicación y las exigencias de la vida cotidiana así se lo impusieron. Una de las muestras más convincentes de lo anterior tuvo lugar el 25 de marzo de  1889, cuando José Martí  respondió virilmente y con argumentos rotundos, a una campaña difamatoria contra Cuba iniciada días antes en The Manufacturer, de Filadelfia, y de la que se hizo eco el rotativo neoyorquino The Evening Post. La carta al director de este último ha pasado a la historia  como “Vindicación de Cuba,” pues en ella  se  hace justicia a la valía de los cubanos, agredidos en su honor, lo cual preparaba el terreno para la futura anexión de la isla.

La respuesta martiana se dirige también a dos receptores fundamentales: de un lado, el lector norteamericano medio, al que se le ha  proporcionado  una imagen falsa del ciudadano cubano, por lo cual la respuesta fue concebida y escrita  en inglés, y publicada lo más rápidamente que le fue posible. De otro lado, a los cubanos anexionistas, residentes en Estados Unidos, para mostrarles la verdadera cara del gobierno al que admiraban en demasía. Por esa razón, ya el 3 de abril de ese año, escribe su nota introductoria  al folleto Cuba y los Estados Unidos,  que contiene la traducción al español de los dos artículos aparecidos en la prensa norteamericana, y su respuesta a la injuria. Es curioso que en la referida nota no cuestione directamente  a los anexionistas, sino que se limite a ofrecer los antecedentes del asunto y conceda a los lectores el derecho a valorar libremente lo ocurrido y extraer por sí mismos sus personales conclusiones:

Cuando un pueblo cercano a otro puede verse en ocasión, por el extremo de su angustia política o por fatalidad económica, de desear unir su suerte a la nación vecina, debe saber lo que la nación vecina piensa de él, debe preguntarse si es respetado o despreciado por aquellos a quienes pudiera pensar en unirse, debe meditar si le conviene favorecer la idea de la unión, caso de que resulte que su vecino lo desprecia.[2]

Seguidamente invita a la lectura de los tres textos, mucho más sugerente que la prédica directa o la censura. Incluso, comienza su respuesta  a The Evening Post insistiendo en que ese no es el momento de debatir o no el problema de la anexión de Cuba, pues el asunto central es exponer la verdad sobre los cubanos, ofendidos por las irrespetuosas  declaraciones. Es sumamente cuidadoso al referirse a los partidarios de la anexión, admiradores sinceros de la libertad y la prosperidad. Alude  ampliamente a la honestidad de muchos de ellos y a su sentido del honor nacional, cualidades que  se impondrían por encima de cualquier conveniencia política o económica, en especial cuando tuvieran conocimiento de cuánto  nos despreciaba el poderoso vecino. Se  extiende en el heroísmo cotidiano de los que llegaron a tierra extraña  con las manos vacías  después de haber luchado en la Guerra de los Diez Años, y fueron  capaces de trabajar honradamente y vencer las muchas dificultades del entorno. Ellos constituían  la mayoría y no necesitaban ni deseaban la anexión.

La posibilidad de cotejar lo aparecido en la prensa con un borrador anterior a lo publicado, da fe de la ardua labor de elaboración de un texto en la lengua del ofensor, convertida, en manos del cubano, en eficaz instrumento para contrarrestar la difamación. Esa experiencia nos permitió constatar que ya Martí escribía con soltura en inglés, pues son visibles sus continuas correcciones al manuscrito, unas hechas durante el propio proceso de escritura, de lo que dan fe la tinta empleada y el hecho frecuente de que retoma con diversas variantes, en las líneas sucesivas, la idea o la palabra tachada con anterioridad; otras, encontramos enmiendas a lápiz, encima o debajo de  líneas suprimidas, o en los márgenes, lo que demuestra lecturas posteriores, previas a la copia definitiva.

Cotejar  entre sí los dos textos en inglés y a su vez estos con la traducción del propio Martí al español,  nos deparó no pocas sorpresas y dificultades analíticas.

Luego de las cortesías, en las que ya se aprecian algunas variantes textuales, el inicio del documento es bastante similar en ambas versiones. El segundo párrafo de  esta primera copia se eliminó  de la versión publicada, y  aparece tachado por una diagonal a lápiz. Es un fragmento plagado de enmiendas, donde las ideas rectoras del texto son aún balbuceantes.

Lo desecha en bien del siguiente, mucho más fluido,  que se convierte así en el introductor del asunto. Las numerosas enmiendas dan fe del  esfuerzo en aras de no enturbiar la comunicación. Hay un especial cuidado por conservar la ecuanimidad, algo que se hace aún más difícil porque la defensa no se emprende en la lengua propia, si no en la del que nos ha ofendido. 

Refiere  minuciosamente las razones históricas y políticas  por las que  muchos cubanos confían en la anexión como una posibilidad para remediar los males de la Isla, luego del fracaso de la Guerra de los Diez Años y el alto costo material y humano que trajo consigo. No  le interesa destacar las opiniones de aquellos, sino la trayectoria ejemplar de los que se impusieron a los rigores del destierro y lograron levantar con honradez casa y fortuna.

Más a delante centrará sus argumentos en el quehacer de esos cubanos:

Cubans are[3] found everywhere, working as farmers, surveyors, engineers, mechanics,[4] teachers, journalists.[5] In Ph.[6] The Manufacturer has a daily opportunity to see a hundred  Cubans, some of them of[7] heroic history and powerful build, who live by their work in easy comfort. In New York, the Cubans are Direc.[8] in prominent banks, substantial merchants,[9] popular brokers, clerks of recognized[10] ability, physicians with a large practice,[11] engineers of world‑wide repute, electricians,[12] journalists, tradesmen, cigarmakers. The poet of Niagara[13] is a Cuban, our Heredia;[14] a Cuban, Menocal,[15] is the projector of the Canal of Nicaragua.[16]

Lo primero que notamos en este fragmento es que no se limita a la actividad de la emigración cubana dentro de las fronteras estadounidenses. Se extiende también a la  labor creadora  que desarrolló en otros países de la  América hispana que sí reconocieron oportunamente la beligerancia de los cubanos durante la Guerra Grande.

El párrafo anterior demuestra sobradamente la  capacidad de trabajo y la variedad de talentos de los cubanos emigrados en diferentes épocas.  No sólo alude a los que salieron de la Isla durante la Guerra de los Diez Años: se remonta a la época en que José María Heredia, fundador de  nuestro romanticismo,  vivió   proscrito en  Estados Unidos, entre 1823 y 1825. Aunque trabajó como traductor y profesor de lengua española, su extrema sensibilidad y apego a la Patria amada le impidieron adaptarse al modo de vida  norteamericano.[17] Esta circunstancia adversa no le impidió escribir  allí uno de sus poemas antológicos, su “Oda al Niágara”, en la que canta a  la legendaria catarata con un vigor  no igualado en lengua inglesa.

Es muy significativo que Martí avecine  la evocación de Heredia con todos estos ejemplos de  éxito financiero y profesional. Observemos que lo sitúa incluso antes que el ingeniero matancero Aniceto G. Menocal, muy respetado en las esferas gubernamentales y  técnicas estadounidenses, pues había estudiado en  Troy, donde se graduó con honores, y  en su amplia hoja de servicios se incluía el haber sido ingeniero de la armada de ese país.

Volviendo a la urdimbre textual de Vindicación..., debemos atender a otras cuestiones interesantes. Por ejemplo, se  ha hecho evidente en esta zona del borrador el empleo cada vez más frecuente  de abreviaturas,  las cuales son más numerosas  a medida que avanza el texto, tanto para nombres propios y gentilicios como para verbos, sustantivos y adjetivos lo cual viene a demostrar la urgencia por concluir la redacción de un texto que debía ser impreso cuanto antes, dada la gravedad de la situación.

Aún así, debe señalarse que la premura no mengua  la complejidad expositiva de las oraciones, pues es frecuente el uso de subordinadas de diversos tipos, el manejo de los diferentes tiempos verbales, la autocorrección del estilo,  la construcción de figuras literarias, que enriquecen el contenido ideológico y la expresividad del texto, lo cual salta a la vista en una lectura somera. Valga este botón de muestra:

[…]the "Señora" went to work: from a slaveowner she became a slave: took a seat behind the counter, sang in the churches, worked button‑holes by the hundreds; sewed for a living:— curled feathers: gave her life to duty; withered in work her body: —This is the people of  defective morals!

Es notoria en este propio párrafo y también durante todo el documento, la existencia de una considerable  distancia entre el borrador, la versión publicada y la traducción al español, lo cual es aún más significativo cuando pensamos que en este caso Martí traduce su propio texto, circunstancia especial que debe haber influido en una mayor libertad expresiva. Ya casi al final del fragmento citado subrayamos la palabra ‘life’, pues en  la versión publicada empleó “soul”. No la tradujo como ‘alma’ sino como ‘corazón’, sustantivo  mucho más  enfático desde el punto de vista emotivo para el lector hispano, lo cual se explica porque no solo estaba traduciendo palabras o ideas políticas, sino sentimientos.

Examinar  el borrador nos permite, además, constatar cuánto cuidado puso en la expresión de sus ideas, que debían mostrar una serenidad y una capacidad de convencimiento que se contradecían con su estado de ánimo de entonces, abrumado por la indignación y la tristeza. Eso no le impedía ser justo a la hora de hacer un balance de la Guerra de los Diez Años, y valorar el aporte desinteresado de los norteamericanos que, como Henry Reeve y Thomas Jordan,  pelearon al lado de los mambises:

We  need to recollect, in order to answer without bitterness, that more than one[18] American[19] bled by our side, in a war that other[20] American was to call a farce.— [...]

Debe atenderse a las continuas enmiendas y a la voluntad de pulir el estilo en aras de la verdad.  Cuando  se refiere a los ciudadanos estadounidenses que pelearon en la Guerra de los Diez Años, escribió y tachó el adjetivo “noble”, tal vez porque era obvio debido a su desinteresada entrega a nuestra causa. Nótese, además, la contraposición, en magistral antítesis, de las dos actitudes extremas: de un lado la solidaridad irrestricta del norteamericano amigo: del otro, el desprecio  del que nos desconoce y es un enemigo en potencia.  Haber consignado “noble” implicaría, debido a la confrontación de las dos ideas, usar otro adjetivo de sentido totalmente opuesto para calificar al norteamericano que nos denigra, lo cual significaba asumir la misma actitud de irrespeto que está criticando, totalmente lesiva para el convencimiento del lector.

Vindicación de Cuba demuestra que el pensamiento político y el ejercicio de escritura de José Martí transitaron, en su proceso de maduración ideológica y literaria, de una concepción de autodefensa a la contraofensiva antimperialista[21] . Para esos fines  se sirvió  de la lengua del otro, esta vez puesta en función de un contraataque que era el mejor modo de defendernos. Una lengua de la que hizo uso en pos de una estrategia  en bien de su tierra, pero con la que nunca se sintió cómodo. Ya en 1894, luego de años comunicándose en inglés, dará fe en uno de sus apuntes de lo ardua que resultaba para él esa brega diaria con el idioma y la idiosincrasia anglosajona:

La frase del criado del “Murray Hill Hotel”.// —“¿Conoce V. a un caballero sudamericano, muy alto, que come aquí desde hace un mes?”// —“No sé. Entran y salen. Él no se ha hecho conocer de mí. ( He has not made himself  known to me”.) ¡Y la mirada de desprecio y el gesto de ¡deje en paz al Emperador con que acompañaba la respuesta! Vive uno en los Estados Unidos como boxeado. Habla esta gente y parece que le está metiendo a uno el puño debajo de los ojos”.[22]

El arduo “taller de escritura” es muestra de la singular entereza moral, intelectual y humana de un hombre que se sobrepuso a la barrera lingüística y psicológica presente en cada  acto de comunicación en la lengua del contrario y supo convertirla en un acto de creación poética y política.

 


[1] José Martí. Obras Completas, La Habana, Ciencias Sociales, 1975,  t. 19,  p. 125. ( Todas las referencias a OC proceden de esta edición) OC. Edición crítica, Centro de Estudios Martianos, La Habana,2003,   t. 7, p. 150

[2] José Martí. Vindicación de Cuba. (Ed. Facsimilar, tomada del folleto Cuba y los Estados Unidos, “El Avisador Hispanoamericano, Publishing Co. 1889) , Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, p. 3.

[3] Tachado a continuación: “working”.

[4] Esta palabra añadida encima de la línea.

[5] Tachado a continuación: “ Other five C. who were once in Guatemala”.

[6] Abreviatura de: “Philadelphia”.

[7] Tachado a continuación: “noble”.

[8] Abreviatura de Directors

[9] Tachado a continuación: “swee”.

[10] Tachado a continuación, rasgo ininteligible.

[11] Estas dos palabras escritas a lápiz encima de tachado: “clienlete”.

[12] Las letras “ans” escritas sobre “sts”.

[13] Tachada coma al final de esta palabra.

[14] José María Heredia.

[15] Aniceto G. Menocal.

[16]  Todas las citas textuales de Vindicación de Cuba proceden del manuscrito original custodiado en el Centro de Estudios Martianos.

[17] Véase  Enrique López Mesa. La comunidad cubana de New York: Siglo XIX. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2002, p. 13 y nota 4, p. 61.

[18] Esta palabra escrita debajo de tachado: 1ra. versión: “an”; 2da versión: “a noble”.

[19] Tachado a continuación: “bled”.

[20] Según el Oxford y el Cuyás, pudo haber utilizado indistintamente “other” o “another”.

[21] Véase Ramón de Armas. “Unidad o muerte: en las raíces del antimperialismo y el latinoamericanismo martianos”.  Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, no. 11, 1988, p. 311.

[22] Cuaderno de apuntes no. 18. OC, t. 21, p. 399

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