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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

El país de la siguaraya. Por Rouslyn Navia Jordán*

En mi Cuba nace una mata/ que sin permiso no se puede cortar/ y esa mata es, siguaraya.

Beny Moré.

Por Rouslyn Navia Jordán*/Desde Cuba te cuento.- “Vivimos en el país de la siguaraya”, esa es una frase común que puede escucharse con cierta regularidad en mi bella Cuba. Mi amigo y admirado colega Charly Morales de vez en cuando lo ha mencionado, incluso tituló a uno de sus geniales escritos Siguaraya City. Y si bien el término siguaraya hace alusión a una planta, en Cuba tiene un significado menos literal, pues las personas suelen exclamarlo cada vez que se encuentran en una situación de esas insólitas que nos hacen recordar lo real maravilloso de que tanto hablara Alejo Carpentier, que nada tiene que ver con el realismo mágico garciamarquiano, por favor no confundir.

Cuba es el lugar donde pasan cosas extremas y a veces risibles, muchas veces propiciado por esa idiosincrasia tan nuestra de reírnos de nuestros problemas, o por nuestra capacidad para complicar lo sencillo con una decisión improvisada, o demasiado meditada como para que pueda resultar certera, y también por esa habilidad innata de resolver los asuntos de la cotidianidad con una imaginación que dejaría fritos y patitiesos a los más célebres innovadores de la Historia de la Humanidad. Solo así se explica que hayamos sido capaces de sobrevivir a los durísimos años del periodo especial (que de especial no tuvo nada, más bien fue horripilante) a pesar de que todas las apuestas en el exterior anunciaban como ganadora la opción de irnos por el tragante.

Por eso también somos seguramente el único lugar del mundo donde te pagan en una moneda y te cobran en la otra, pero tu salario no vale lo que te pagan, sino que vale más de lo que te imaginas, porque cuando le sumas lo que no te cobran, lo que te dan de gratis desde que naciste, te das cuenta de que tienes más de lo que pensabas, y te ríes cuando tus amigos del exterior caen en shock en el momento en que se enteran de que no te cuesta un centavo la atención recibida durante el embarazo, como le pasó a mi amiga Giusette León hace unos años.

Sí, vivimos en el país de la siguaraya, y es precisamente eso una de las cosas que más amo de mi Isla, su manía de ser distinta, de ser única, de ser ella, contra viento y marea. Cuba y su siguaraya cotidiana hacen mi vida cualquier cosa menos aburrida. Dicen que en la religión afrocubana el árbol de siguaraya “sirve para abrir los caminos y trae bendiciones y suerte, pero no deja pasar al enemigo” y también afirmaba el Benny que sin permiso no se puede cortar.

Ahora les dejo una historia que me pasó anoche mismo, para que se rían:

Una de mis grandes pasiones es el teatro, se imaginarán que ando medio loca con el Festival de Teatro que en estos días puede disfrutarse en la capital y en otras sedes provinciales. Ayer, sin embargo, me llegué hasta el Trianón para tratar de ver Ana en el trópico, una puesta de Carlos Díaz y teatro El Público basada en un texto que obtuvo el Premio Pulitzer en el 2003. Señores, aquello estaba imposible, el gentío era inmenso, y pude ver algo que creo debe ser único en esta Isla infinita que no dejará nunca de sorprenderme: UNA COLA DE FALLOS para entrar al teatro!!! Sí, como les cuento, una cola para comprar entradas una vez que se contabilicen “los fallos” del día. Ana en el trópico se presentará solo 3 veces y desde días antes ya las entradas estaban agotadas por completo, ayer escuché decir que había gente en la cola de fallos marcando desde antes de las 6 pm para una puesta que empezaba a las 8.30pm. Pues nada, que me fui al Mella a reírme con Por humor a vos, que por nada del mundo me regreso a la casa derrotada!!

Ya ven, cosas que solo pasan acá…es una suerte que las propuestas culturales en este país se encuentran a precios muy módicos y accesibles al bolsillo del ciudadano común. Es una suerte que la gente haga colas de fallos para entrar a ver una buena obra de teatro o una presentación del ballet, que la cola del cine Yara le de la vuelta a la cuadra durante los Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano, o que sean dolorosamente largas para comprar libros en las Ferias Internacionales del Libro en La Cabaña. Qué suerte vivir en una Isla donde la ópera y el arte en general no son privilegios de una burguesía adinerada.

*Rouslyn Navia Jordán, periodista cubana de JR.

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