Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos


Por Félix Julio Alfonso López
De Martí creemos saber lo necesario, hasta que luego intuimos que apenas ignoramos lo suficiente.
JOSÉ LEZAMA LIMA
En una de las entrevistas concedidas por José Lezama Lima al periodista Félix Guerra, el poeta se interroga: "¿Quién duda de que Martí fue un misterio mayor, un misterio engendrando misterios?" y a continuación añade una preocupación ontológica :"¿Cómo se engendra ese coloso del pensamiento, ese patriota de tantas locaciones, el jinete del último minuto cabalgando sobre aguas breves y espumeantes, el soñador que para colmo miró con ojos de poeta y anotó en sus cuadernos y diarios indecibles rafagazos porveniristas?"2 Yo me pregunto, ¿para qué sirven los misterios, sino para ser develados y a su vez incorporar nuevas incertidumbres a la profanación de su secreto? Sobre esta pista debió inclinarse Lezama en su intento por abarcar lo que ningún cubano del siglo XX ha podido, y que conste que muchos lo han intentado, es decir, la vida y la obra de José Martí. El ángel retozón que el poeta de Orígenes llevaba dentro lo incitó a penetrar en la biografía martiana desde la posición privilegiada y turbadora del voyeur. Él quería saberlo todo, cómo habían sido sus juegos, su infancia, sus "noviecitas de probar" y hasta con qué palabras respondía a quienes se le enfrentaban en el colegio. "Quisiera mirar por un huequito", confiesa subversivo y quiere oírlo blasfemar, divertirse, enamorarse e imagina escenas de un erotismo impensable en el joven Martí, al extremo de hiperbolizar el poderío de su verbo amoroso al concluir risueño: "Con la miel de sus amantes derretidas se debió enlodar aquella Habana de 1800 y tantos".3 Estos y otros fantasmas debieron atormentar al José de Trocadero la mayor parte de su existencia, donde la relación con Martí es anterior a su formación intelectual y le llega en su niñez por la vía de la familia materna emigrada, que había visto y oído en el exilio los discursos martianos, que dice eran como "relámpagos" y del abuelo colaborador de Patria, en la casa donde "se hablaba constantemente de lo cubano, de sus poetas, de la nostalgia y de aquellas sombrías nochebuenas en Jacksonville".4 De allí provino aquel marcado interés, transmutado en fascinación, por el patriota cubano, con el que dialogará permanentemente desde muchas de sus mejores páginas. Se ha dicho muchas veces, y se ha repetido con ligereza, que Martí es el gran ausente de los estudios lezamianos sobre poesía cubana y se le ha reprochado no haberle dedicado un estudio integral a su figura. El propio Lezama, varias veces interpelado sobre el asunto, prefirió decir : "Martí es un reto que desearía afrontar, la mano y los recursos linfáticos que circulan en espiral por la mano, lo registran como otro percance inaplazable".5 En esta respuesta críptica, como otras tantas suyas, creo adivinar una coartada honorable para evitar hacerlo, posponiéndolo indefinidamente, y poder mantener así un distanciamiento, una "fecundante lejanía", para decirlo con sus propios códigos, una relación intensa que no desespera en una entrega definitiva. No es que le faltara a Lezama talento para semejante empeño, antes bien, pocos cubanos de este siglo mejores dotados que él, por múltiples afinidades del espíritu, para la escritura incluso de su biografía novelada o poética, algo realmente inquietante en su pluma "hechizada". Pero intuyo que quizás semejante empresa se le antojaba un despropósito, y no se lanzó a fondo con Martí, como sí hizo con algunos grandes clásicos de la lengua, de Europa y América, para eludir la desmesura y el horror ante lo ciclópeo de su obra, lo insondable de su pensamiento y lo trascendente de la vida del mártir de Dos Ríos para todos los cubanos, verdaderas claves de su misterio. Pese a ello y más allá de un par de textos marcadamente alegóricos, publicados en ocasión de su centenario el primero6 y de un aniversario de su muerte el segundo;7 de otros dos donde se rastrean posibles influencias del mundo hispano de la época de Felipe II en la obra martiana8 y de un poema hermético que ha sido estudiado acuciosamente por Cintio Vitier,9 son decenas las citas de y sobre Martí que aparecen de manera directa o circunstancial, ordenadas o caóticas, iluminadoras o sombrías, inesperadas o previsibles, en un elevado número de textos, algunos sin discusión de lo más perdurable de su producción, lo que desmiente el mito de su ausencia en la obra de Lezama. Antes bien, se trata "de una sobreabundancia" de su espíritu, verdaderamente ardua de "descifrar" como totalidad,10 para decirlo con palabras suyas. Con relación a una de las zonas más pródigas de la ensayística de Lezama, aquella que se refiere a la poesía cubana del XIX, recordemos que ese fue su siglo preferido por muchas razones, lo que lo lleva a afirmar que se trata de un periodo de "integración" del ser nacional, por oposición al XX, en su opinión ".desintegrador", al menos en su primera mitad. En él Lezama reafirma que sin Martí es imposible entender toda nuestra summa poética hasta ese momento. O sea , en Martí culmina todo el opulento caudal de la cultura creada por el patriciado criollo decimonónico y también, y esto es fundamental, las acumulaciones históricas de lo popular de raíz hispánica. Todos los poetas que le precedieron y los que lo sucederán son deudores de su monstruosa fuerza de gravitación poética, al tiempo que lo anticipan o presuponen. Así, desde el enigmático y alucinado Zequeira, pasando por el desterrado Heredia y el ambiguo Zenea, hasta desembocar en el delicado Casal, todos vibran en las coordenadas prefijadas por y desde Martí. Es decir, la imagen trágica, el sufrimiento y el destierro, la conciencia de lo propio, la tierra prometida, la noche de los conspiradores, la soledad de las islas y la suavidad del lecho materno, todas las metáforas de la cubanía, según la entendía Lezama, han sido dichas para que Martí las incorpore y prolongue y alcancen en ellas su plenitud. Por eso afirma: "...el siglo pasado ofrece una tradición poética desde Heredia hasta Martí, y una tradición pedagógica desde Luz y Caballero hasta Martí y vemos siempre a Martí en el centro de esas tradiciones [...] Martí fue el que en realidad le dio a los cubanos el sentido de la toma de posesión de lo cubano por lo cubano [...] fue el cubano que configuró la toma de posesión de lo nuestro".11 Esta singular teleología poética, tan cara a todos los origenistas, concluye con una declaración inapelable : " la dimensión que corresponde a José Martí [...] es la más grande que jamás haya dominado un cubano; la dimensión imponente que dominó José Martí no ha sido, no superada, ni siquiera igualada y es fácil que no lo sea nunca".12 No es fácil proseguir después de semejante aseveración, que se multiplica cuando dice que su poesía " en la más esencial de sus dimensiones, nos enseña cómo debe vivir y morir un cubano".13 y cuando afirma que su Diario de campaña, en mi opinión el texto martiano que prefería, es donde "culmina la posa cubana;"14 sin embargo, al margen de estas declaraciones, que sitúan a Martí como el centro de todas las tradiciones que confluyen en lo cubano, que lo mitifican y convierten en el habitante de una zona casi sagrada ( algo que habría que matizar, pues en este caso y en otros, Lezama descarta de estas tradiciones el insoslayable componente de origen africano), quisiera comentar una parte de su recepción que ha sido ignorada por los estudiosos del tema, en este caso dentro de su novela Paradiso, quizás porque se revela aquí una dimensión menos apologética y si desacralizadora, heterodoxa, carnavalesca y escatológica, en la que Martí accede a compartir los fantasmas de algunos personajes de la monumental novela. Veamos algunos ejemplos. La primera incursión de Martí en el texto de Paradiso tiene lugar a la altura del capítulo VI y su entrada es lateral, casi oblicua. La anécdota refiere cómo Doña Augusta, a propósito de las desventuras de una niña de la Casa de Recogidas, le hace valer el refrán que dice "La caca del huérfano hiede más". A continuación el narrador agrega: "Cuando Cemí lo había oído en su niñez, le producía risa ver en boca de su abuela la palabra pícara. La única vez que se la oyó y solo en las opulentas gracias de esa frase. Pero al paso de muchos años casi le daba la clave de algo que para José Cemí había resultado incomprensible, la estrofilla aquella de José Martí "ofendido del hedor", "a mis pies vi de repente", "un pez muerto, un pez hediendo", es decir, la presencia de lo nauseabundo contrastando con la del esplendor, lago seductor, barca, oro puro, alma como sol".15 Con relación a esta cita dice Benito Pelegrín con acierto "me parece una entre muchas frases aclaradoras de la estética de Lezama, aquí de la mezcla violenta de registros".16 Nótese como se llega de este modo a una conclusión de naturaleza estética a través del laberinto de asociaciones en la mente de Cemí, que desemboca en la solución del asombro de su niñez a través de los versos sencillos de Martí, clave que no por legítima deja de ser inesperada. En el próximo capítulo Martí aparece de la mano de la risa, de la burla y el choteo. Su invocación es la de un duende malicioso que se apodera de los comensales invitados al ritual de "una cuajada sopa de plátanos", preparada por Doña Augusta. En este pasaje uno de los invitados, el Doctor Santurce, jugando a hiperbolizar las virtudes del guiso con un sentido irónico, afirma que les podía provocar "un embolia ceroso, el más fulminante de los conocidos". Esta afirmación provoca de inmediato la respuesta ágil y sarcástica de Alberto Olaya, quien en la misma cuerda sostiene "Es aquel que en la clínica médica [...] Martí ha descrito cuando dice: El corazón se me salió del pecho y lo exhalé en un Ay por la garganta".17 Hasta aquí la broma puede parecer ocurrente y hasta divertida, pero se torna grave si sabemos que los versos citados por Alberto pertenecen al poema titulado "A mis hermanos muertos el 27 de noviembre", una composición llena de solemnidad y dolor por los caídos, difícilmente asociable con los avatares gastronó-micos que se ventilan. La conversación en la mesa prosigue y es ahora el odontólogo Demetrio quien interviene con criterios sobre los excesos y la moderación en las comidas (tema, por demás, muy sensible al autor) y para ello cita en su ayuda frases de Hipócrates, Pablo de Tarso y la opinión de Antonio Pérez, "el asesino que se rebeló", quien decía que "solo los grandes estómagos digerían veneno" y concluye su erudita exposición con una cita de autoridad: "Por cierto que a Martí le gustaba mucho esa frase del secretario perverso".18 Como sabemos, Martí evoca esta frase de pasada en el obituario de Julián del Casal, publicado en Patria el 31 de octubre de 1893,19 pero a Lezama le llamó tanto la atención que en un articulo titulado "Influencias en busca de Martí (I)" aventura la hipótesis de probables influencias del estilo epistolar del amotinado aragonés en el cubano desterrado y va más allá señalando un paralelo de rebeldía entre ambos, de cuya herencia se apodera Martí durante su estancia en Zaragoza.20 Que sepamos solo Cintio Vitier ha calibrado esta singular relación,21 insospechada para muchos estudiosos de la vida de Martí, como también la del Paravicino, pero es atrayente cómo las coordenadas se juntan en la novela por caminos opuestos, es decir, los de la frase trágica que provoca la continuidad de la broma. La última visita de Martí a las páginas de la novela se produce en un ambiente enrarecido y casi onírico, cuando Cemí camina errabundo por la calle San Lázaro, deteniéndose en las bodegas y cervecerías donde se reúne toda una galería de personajes exóticos y marginales: "el anárquico escapado de la cofradía de los lupulares, el guagüero rezagado que hace esperas de turno o se desorienta en unas vacaciones, el amante de la comadrona, el billetero que guarda el azar en el bolsillo de la guayabera". Y es uno de estos seres crepusculares "un guaguero almidonado, ya por la tercera carrilera lupular, hipante y con los labios espumeantes" quien nos sorprende con un manojo de frases aparentemente incoherentes y que quizás entrañan un profundo sentido. Cemí oye al guagüero borracho cuando dice: "Estoy como lo soñó Martí, la poesía sabrosa, sacada de la guitarra con azúcar, con el lazo azul que le puso mi chiquita. Clara, clarita, clara como el agua, siempre viene bien".22 ¿Qué significa que un beodo errante tenga a Martí a flor de labios? y ¿qué significa, en última instancia, para este pobre diablo, estar como lo soñó Martí? Esta frase remite en la memoria popular a un estado de bienestar colectivo de los cubanos, incumplido o frustrado en la República y por ello alude también a la necesidad de recuperar aquella pérdida, un ideal de país y un estado mítico profetizado por el apóstol de la independencia, que se enlaza con los avatares históricos de la nación y sus relatos emancipatorios. Pero para el guagüero borracho es también la poesía sin afeites, su guitarra pobre, el azul celeste, el recuerdo de la hija ausente, la claridad del agua, metáforas todas para Lezama de esta Isla que como ha dicho "comienza su historia dentro de la Poesía". Creo que Martí en este caso, y en otros muchos, termina siendo esa posible introducción a lo cubano que, como señalara en el "Coloquio con Juan Ramón Jiménez": "sirviese para integrar el mito que nos falta". Este Martí de Paradiso, insólito y oblicuo, es el mismo que aparece y se esconde en toda su obra, para rebrotar de nuevo "en su esencia poética, en el reino de la eterna sorpresa, donde, sin ir a tropezarnos directamente con el mito, es posible que este se nos aparezca como sobrante inesperado, en prueba de sensibilidad castigada o de humildad dialogal".23 Otra zona, digamos polémica, de la recepción martiana en Lezama tiene que ver con su peculiar clasificación del poeta de Versos Libres en una o varias corrientes literarias al mismo tiempo, a contrapelo de las filiaciones establecidas por la tradición académica. Pasa así con altivez por encima de una célebre polémica sobre Martí y el modernismo y le reconoce ser la figura más nítida de la renovación modernista,24 al mismo tiempo le adjudica a plenitud las que denomina "las tres posibilidades expresivas del hombre americano: la del barroco, el romanticismo y la autoctonía", y lo señala como " el centro mismo de esa triple tradición".25 Quisiera señalar ahora cómo es que Lezama combina esta riqueza expresiva de Martí en un pasaje de su Diario de campaña, texto por el cual, como hemos dicho, sentía especial devoción. Al respecto apunta: "Terminado pocos días antes de su muerte, tiene la noticia de la muerte del héroe y escribe la frase que todos recordamos: Ya no hay Flor, cayó de un balazo en el pecho. Observen ustedes la vehemencia y el tono patético de la frase, unido a la precisión, la tristeza cubana de la frase: Ya no hay Flor. Aparecen las dos características del caído: la flor, la gentileza, la caballerosidad, y al mismo tiempo la hombría. Es decir, en Martí se unió este ámbito romántico con la cepa española, con la roca, con el diamante español [...] observen que no hay mejor manera de decir esto, parece como si nuestra gran figura quisiera rescatar a la muerte, vemos su nerviosa mano como una fulguración, regalarle una flor a la muerte, parece como si la detuviese entre la pólvora y los gritos arremolinados".26 Aquí valdría la pena recordar que para Lezama es en este Diario "donde las vivencias de su sabiduría se vuelcan en una dimensión colosal"27 y su grandeza es solo comparable a la del Góngora de las Soledades y al Rimbaud de las Iluminaciones. Este texto representa para Lezama el mejor ejemplo de la "cantidad hechizada de poesía" que viene a llenar un vacío en la escritura de la lengua y cuya redacción estaba reservada, como el cumplimiento de su destino, "para un americano, para un cubano, la selva que necesita y el desierto que pregunta y la flecha de la soledad americana que le parte la cabeza".28 Su estilo, concluye Lezama, volviendo de nuevo a la tradición barroca y romántica, es la de un hombre "que se desenvolvió en circunstancias extremadamente hostiles y de muy difícil desciframiento".29 Otro de los momentos capitales en el último Diario de Martí es el de la entrevista de La Mejorana entre los tres grandes de la Revolución, que como se sabe concluyó con grave disgusto entre Maceo y Martí y en un funesto malentendido con relación a la organización militar y civil de la Insurrección. Lezama prefiere devolverle a este suceso su sustancia poética, por encima de las diferencias entre los caudillos y alcanza a mitificarlo al decir del apóstol que "su sombra se agranda cuando conversa en la hoguera [...] de pronto se oyen las reyertas de los reyes en la tienda maldita de Agamenón. Hay una página arrancada. Me detengo absorto ante ese vacío. Pero mi perplejo se puebla. Allí están, uno tras otro, los tres negritos de Juana Borrero. La página arrancada ha servido de fondo a la sonrisa acumulativa e indescifrable del cubano".30 Es increíble cómo la imaginación desbordada de Lezama sortea con ironía el dilema moral e histórico de la página mutilada y perdida para siempre, colocando en su lugar a esos enigmáticos negritos y dando un giro a lo irritante del asunto hacia lo misterioso de la poesía y de lo cubano ingrávido, por oposición a la gravedad del problema. Es obvio, por lo dicho hasta aquí, que Lezama concedió una capital importancia a todos los lugares de la producción martiana, desde sus Versos Sencillos, de los que dice que sin ellos " no habríamos llegado a este destino, sería otro el destino",31 hasta sus discursos que llama "la propaganda lírica, bíblica y relampagueante de José Martí"32 y agrega que "fueron su poesía de trinchera, sus alaridos para rebasar ridículas fronteras de tiempo y raquíticos límites de espacio",33 hasta su peculiar manera de decir "masticando demasiado deprisa las palabras, en una salvadora pesantez del verbo convertido en danza tumultuosa, en que el paladar interviene directamente en la sabiduría".34 Para rematar con esta inapelable sentencia: "el poseedor de un baúl lleno de los escritos de Martí, entre las furias de un huracán o de un terremoto está en la obligación de salvarlo antes de salvar su vida".35 Lo expuesto no ha tenido la pretensión de agotar tan extenso tema, que a mí también se me antoja ya inapresable en su totalidad. Por eso prefiero concluir con una cita de Lezama, a manera de imposible síntesis de todo lo que Martí significó para él: "Fue suerte inefable para todos nosotros que aquel que trajo las innovaciones del verbo las supiese encarnar en la historia. Fue suerte también que el que conmovió las esencias de nuestro ser fue el que reveló los secretos del hacer [...] en todos los comienzos de la espera trae la orden y distribución de la batalla. Trae también la llave, después de recorrer los maleficios de la selva de álamos negros de Proserpina, para penetrar en el castillo de los encantamientos".36 Notas 1 Sobre la recepción martiana en el autor de Paradiso puede consultarse: Cintio Vitier. "Martí y Darío en Lezama". En :Casa de las Américas, La Habana, XXVI, 152, septiembre - octubre, 1985, pp. 4-13 y del propio autor "La Casa del Alibi". En: Para llegar a Orígenes. La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1994, pp. 35-56. También son de utilidad los acercamientos de Alessandra Riccio, "Lezama y la posibilidad infinita de Martí". En: Unión, La Habana, 3,1987, pp. 4-20 y Mirta Pernas, "Martí desde Lezama, en el invisible inmediato de la poesía". En: Universidad de La Habana, La Habana, 245, enero - diciembre, 1995, pp. 203-211. El autor de este trabajo ha dado sus visiones del tema en "Algunas consideraciones en torno a la figura de José Martí como elemento central en la cosmovisión histórica y poética de Lezama". En: Islas, Universidad Central de Las Villas, 114, enero - abril, 1997, pp. 54-61. 2 Félix Guerra. Para leer debajo de un sicomoro, entrevistas con José Lezama Lima, La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1998, p.128. 3 Ibidem, p. 22. 4 "Interrogando a Lezama Lima". En: Recopilación de textos sobre José Lezama Lima, La Habana, Casa de las Américas, 1970, p.13. 5 Félix Guerra. Ob. cit., p.79. 6 "Secularidad de José Martí ". En: Orígenes, La Habana, 1953, no. 33, y en Imagen y posibilidad. La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1992, pp.208-209. 7 "La sentencia de Martí ".En: Tratados en La Habana, Santa Clara, Universidad Central de las Villas, 1958, pp.193-196. 8 " Influencias en busca de Martí ( I y II ). En: Ibídem, pp.118-123. 9 Nos referimos al poema " La Casa del Alibi", hallado casualmente por Vitier mientras revisaba el sobre que contenía el manuscrito del último capítulo de Paradiso, en la Biblioteca Nacional José Martí Estos versos, escritos en 1953, ya están prefigurados de algún modo en el editorial de Orígenes por el centenario martiano que comienza diciendo: "José Martí fue para todos nosotros el único que logró penetrar en la casa del alibi". Cfr. Cintio Vitier. Para llegar a Orígenes...Ob. cit., pp.35-54. 10 Entre los principales ensayos donde la presencia de Martí es inevitable se encuentran: "El romanticismo y el hecho americano". En: La expresión americana, La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1993. pp. 57-81; "A partir de la poesía", En: La cantidad hechizada, La Habana, Ed. Unión, 1970, pp. .7-31; " Paralelos, la pintura y la poesía en Cuba (siglos XVIII-XIX), En: Ibidem, pp. 145-89; "Prólogo a una Antología", En: Idem, pp. .213-259; "El 26 de Julio, Imagen y Posibilidad", En: Imagen y posibilidad. Ob. cit., pp. 19-22; "Lectura", En: Ibidem, pp. 99-117 y "Palabras para los jóvenes", En: Idem, pp.130-132. Una clasificación exhaustiva de estos textos de acuerdo a su filiación temática con la vida o la obra de Martí puede verse en : Mirta Pernas, Ob. cit., pp. 207-208. 11 "Conferencia sobre Rafael María de Mendive y Tristán de Jesús Medina". En: Fascinación de la memoria. Textos inéditos de José Lezama Lima. La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1993, pp. 167-168. 12 "Conferencia sobre Manuel de Zequeira y Manuel Justo de Rubalcaba". En: Ibidem, p.89. 13 "Palabras para los jóvenes". En: Imagen y posibilidad, Ob cit., p.132. 14 "Conferencia sobre Manuel de Zequeira y Manuel Justo de Rubalcaba", en Ibidem, p. 103. 15 Paradiso. (edición crítica), Madrid, Colección Archivos, 1996, p.140. 16 Ibidem. 17 Idem, p.181. 18 Idem, p.182. 19 Cfr. "Julián del Casal". En: José Martí. Obras Completas, La Habana, Ed. de Ciencias Sociales, 1975, t. V, p.221. 20 Cfr. "Influencias en busca de Martí". En: Tratados en La Habana, pp. 118-121. 21 Cfr. Cintio Vitier. " Martí y Darío en Lezama". En : Ob cit, pp.7-8. 22 Paradiso, ed. cit, p.306. 23 Cfr. "Coloquio con Juan Ramón Jiménez", En: Analecta del reloj, La Habana, Ediciones Origenes, 1953, p.47. 24 En su conferencia sobre Rafael María Merchán, Lezama precisa : "Pero en realidad en el modernismo sólo hubo un hombre cuya conducta se estableció con total nitidez, que fue José Martí". Fascinación de la memoria, p.198. 25 "Prólogo a una Antología". En: La cantidad hechizada, pp.255-256. 26 " Conferencia sobre José María Heredia". En: Fascinación de la memoria, pp.103-104. Aquí debemos decir que la frase que construye Lezama, citando de memoria, es inexacta, En la página del diario correspondiente al día 21 de abril de 1895 Martí se interroga: "¿Será verdad que ha muerto Flor ?, ¿ el gallardo Flor ?", y se queda como enmudecido ante la certeza de la tragedia, para agregar al final de la anotación un suspiro largamente contenido : "Ah, Flor ¡". Cfr, Diarios de campaña, La Habana, Ed. Abril, 1996. pp. 256-258 y Obras completas, ed cit., pp. 220-221. En carta posterior, con fecha 30 de abril, dirigida a Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra, Martí escribe la frase " Ya no hay Flor, de un balazo en el pecho" que es la que Lezama reproduce agregándole "cayó". Cfr. Obras completas. t. IV, p.143 y Epistolario. La Habana, Ed. de Ciencias Sociales, 1993, t. V, p.200. Con todo, su explicación es magistral y su frase casi tan feliz como la original. 27 "Paralelos". En: La cantidad hechizada, p.184. 28 Ibidem. 29 Idem, p.185. 30 Idem, p.187. 31 Guerra, Ob. cit., p.22. 32 Fascinación de la memoria, p.200. 33 Ibidem (31), p.23. 34 "Julián del Casal ". En: Analecta del reloj, pp.94-95. 35 "Paralelos" .En: La cantidad hechizada, p.159. 36 "Prólogo" En: La cantidad hechizada, pp.256-257.

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