Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

 Por Francisco Antonio Ramos García, Angel Gabriel Carrazana Duardo y José M. Dorta Suárez

“Martí, fue, es, pacífico, amoroso, generoso”. Así calificaría Samuel Feijoó (1914-1992) a nuestro apóstol en un bello artículo titulado: “La guerra culta de José Martí”, en el cual el autor a través de citas de cartas y documentos va desarrollando su tesis, demostrando un gran conocimiento de la obra martiana y una gran admiración por el héroe de Dos Ríos. Este Martí guerrero es para Feijoó el que le escribe a Gómez: “A guerra rápida y a amor encenderemos el país”, el de la circular a los jefes: “Jamás intentos más puros movieron el brazo de hombres, ni se hizo nunca guerra que reúna en igual grado, a la voluntad inquebrantable de vencer, la ausencia completa de odio”, o el de la carta al Herald donde habla de la guerra cubana “sin odios contra su opresor, y por los métodos estrictos de la guerra culta”.

En el artículo es significativa la relación de continuidad que establece el autor entre los valores presentes en la contienda del 95 con los de la Revolución Cubana dirigida por Fidel. Por eso, para Samuel, Martí no está muerto, no solo fue, sino es, está presente en lo humano, culto y generoso del nuevo proyecto revolucionario y su líder; además, está vivo en él, un martiano convencido.

Otra visión, esta vez la del Martí escritor latinoamericano, nos la ofrece en su Crítica lírica, al realizar una síntesis de las definiciones martianas de lo que debe ser un escritor comprometido con su pueblo, es el Martí que de mil literaturas entendía, de pueblos. Amaba a su América, la cuidaba con su pensamiento excitado. No la quiso de extraños.”, el que recomendaba “los pueblos han de cultivar a la vez el campo y la poesía”, “no se debiera escribir con letras sino con actos”, el defensor de lo autóctono “este desdén de lo criollo es más a menudo prueba cierta de entendimiento segundón, que al gozo de cavar por sí en lo nuevo prefiere llevar a cuestas lo que cavó otro.”.

El Martí de Feijoó es aquel que en su célebre epitafio (yo quiero cuando me muera, / sin patria pero sin amo/ tener en mi losa un ramo / de flores y una bandera) no pidió estatua, ni lápida ostentosa, ni tumba monumental, sino tierra libre, simple losa, flor y bandera.3 Es ante todo, el maestro que en sus años juveniles, los difíciles del machadato, le dio fuerzas y le indicó el camino a seguir, al que convirtió en el ideal de su vida y del cual se sintió continuador en gran parte de su obra.

Mayo 19 / 32

Martí

Para tí maestro, para tí encarnación terrenal del idealismo tengo la mas roja flor del jardín fragante de mi vida; es la flor de alabanza a los genios, y en el plano idealista en que me encuentro exagerado te la entrego, acéptala que es sincera y es ofrecida por un corazón que sueña y que comprende lo que abarcaba la visión de tu mente soñadora.

                       Acéptala Maestro

                                               Samuel4

Citas:

1 Feijoó, Samuel. La guerra culta de José Martí. Bohemia, 55(20):26. Mayo 17 de 1963.

2 Crítica lírica. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984. Tomo II, p 53.

3 Ibídem, p 17.

4 “El sensible zarapico”. Signos. Biblioteca Martí, Santa Clara, Cuba, 1981, p 425.

 

Una versión se publicó como Martí visto por Feijóo. Boletín Cultural Cartacuba No. 40. Grupo Guamo. Santa Clara. ISSN Solicitado. Y otra como El Martí de Feijoó, en Islas 175, enero-abril, 2004.

* Samuel Feijóo (Ranchuelo, 31 de marzo de 1914 – La Habana, 14 de julio de 1992). Poeta, narrador, ensayista, periodista, pintor, editor y promotor cultural cubano.

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