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"Economía USA podría despegar pero no avanzar". Por Lorenzo Gonzalo*


Foto © Virgilio PONCE

 

Miami, 4 de Enero del 2011

 


Es cierto que a Washington se le están agotando los recursos para levantar su economía. El aspecto crítico de esta realidad no radica en un imposible para regresar a un
desempleo del 4% y poner a funcionar las nuevas tecnologías que quedaron
atascadas cuando Wall Street asaltó los bancos.

 

Son varios los aspectos y se requiere de un tratado para abordarlos. Levantar al enfermo de la cama y para que pueda dar sus pasos habituales, eventualmente parece posible. Lo
delicado es que no recaiga nuevamente como ha sucedido desde hace doscientos
años. No me caben muchas dudas que en el centro de todo está el uso indebido de
los recursos, aun cuando en apariencias, las cosas se hacen siguiendo los
principios de la economía como ciencia.

 

Falso. No se está produciendo como es debido y la costumbre ha distorsionado y forzado sus mecanismos más elementales.

 

La producción de nuestros días no está orientada al bienestar y la comodidad de la vida y el trabajo, sino a la posesión de la rareza, lo diferente. Se ha convertido en una
enfermedad ser diferente del otro, del vecino, del amigo y el familiar. Lo
individual, que es una de las esencias del ser humano, ha cobrado una dimensión
patológica. La aplicación de recursos, en producciones capaces de satisfacer
esas patologías, significa grandes esfuerzos, utilización de materias primas de
existencia finita y un desperdicio pecaminoso del caudal humano. La ironía de
ese proceder radica en que el producto final de semejante labor, no sobrepasa la
producción de objetos capaces de satisfacer requerimientos colectivos que
contribuyan al enriquecimiento del medio.

 

No se trata de que todos tengan tres pares de zapatos, dos o uno, ni de regularle a otros lo que deben desear y cuáles deben ser sus aspiraciones, sino hacer que la producción
permita poseer las cantidades y los objetos, que las necesidades y preferencias
de cada cual les dicte. No importa que la falta de una educación de consumo sea
necesaria para crear las bases que permitan a cada cual conocer eventualmente
mejor sus requerimientos, lo importante es que, cuando se trata de productos
esenciales al ser humano para su desenvolvimiento, en una sociedad con un
desarrollo técnico dado, tienen que existir por necesidad criterios sociales
para balancear las producciones.

 

Sin embargo, lo que viene ocurriendo es que la producción orientada a un mercado distorsionado por la propaganda comercial, busca diversificaciones, que si bien responden en
ciertos aspectos a requerimientos individuales, están impulsados por criterios
de ganancias. Esto ha dado lugar a confundir dicha categoría con la eficiencia,
con lo cual el uso de recursos pasa a un segundo plano, cuando en realidad es el
uso racional de los mismos el aspecto que la define. Eficacia y utilidad son
otras de las categorías distorsionadas y cuya afectación causa algunos de los
desequilibrios donde se origina las crisis.

 

Si navegamos por el cúmulo de desviaciones al que ha sido sometida la actividad económica, desde los tiempos que la ciencia, la tecnología y los descubrimientos de científicos
del género como Adam Smith y Carlos Marx, junto a otros, cada cual desde su
perspectiva, comprobaremos que esa estructura ha sido forzada por la
individualidad. Es como una máquina de combustión que no recibe mantenimientos,
no le cambian el aceite y la sostienen a velocidades que no es capaz de soportar
su ingeniería. Ninguna estructura puede ser sometida a usos que no respondan a
su dinámica. Cuando los factores directrices conciben la posibilidad de
rediseñarla, generalmente no siguen el hilo conductor que le dio origen.
Intentar crear otra cosa para hacer lo mismo con mejores resultados, es tarea
del tiempo y en algo tan delicado como la economía, de la cual dependen las
personas para comer, cobijarse y sostener lo existente, erradicarla para
perseguir un proyecto que carece de ruta crítica, es suicida. Eso ocurrió con el
llamado socialismo real.

 

En un artículo reciente de Larry Magid, columnista de Huffington Post, dice que, sin dudas la invención ha llegado a una fase de enorme desarrollo y crecimiento, pero que él
aboga porque este año diminuya. “No debemos continuar arreglando lo que no está
roto” dice. Esta aseveración tiene que ver con el uso indebido de recursos, lo
cual atenta contra la eficiencia de la economía. La ganancia de unos pocos no
significa la presencia de una producción eficiente, porque la economía no está
orientada al entretenimiento de personas en particular, ni surgió por capricho
de alguien, sino como resultado de la acción colectiva. Su necesidad fue un
conjunto de requerimientos para la supervivencia. Esto no lo dice Magid, pero
está en el espíritu de su señalamiento.

 

A pesar de que los procedimientos para rescatar la economía parecen estar agotados en Estados Unidos, ciertas cosas pudieran hacerse, sin plantearse aún asuntos como los
mencionados, los cuales significarían orientar el sistema económico vigente
hacia otro rumbo. Aun cuando en esencia esos cambios no pueden hacerse, al menos
el tiempo ha demostrado que se puede recurrir a la heterodoxia. Roosevelt,
Kennedy, Johnson y el mismo Nixon acercándose a China, son algunos de los buenos
ejemplos.

 

El problema grave es que los mecanismos obligados que se crearon por la fase de expansión económica desencadenada por las nuevas maneras de producir, se complicó a su vez
con acciones militares y posesiones territoriales, que dieron lugar a un
laberinto con escasas salidas.

 

El desmontaje de esos procedimientos, en un mundo que ha reaccionado con violencia a lo anterior, es esencial como paso previo para que el enfermo permanezca más
tiempo valiéndose por sí mismo.

 

Mientras no se aborde con seriedad y se enfrenten con todas las tensiones que puedan implicar, a las fuerzas que presionan para continuar con las andadas que son causantes
parciales de la crisis, no habrá futuro resplandeciente para la economía de
Estados Unidos.

 

Si las políticas continúan como tradicionalmente han sido, la economía podría despegar, pero no podrá avanzar porque nuevas crisis la llevarán al retroceso social de siempre.

 

Si solamente buscamos complacer a una minoría, cuya desproporción respecto a las mayorías es cada día mayor, entonces no tendríamos más que hablar, pero seguramente
habríamos de enfrentar muchos peligros.

 

Esperemos impacientemente para ver, quiénes y cómo, le ponen el cascabel al gato.


 

 


*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami (www.radio-miami.com)  

 
Foto © Virgilio PONCE
 
 
 
 
 

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