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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

"Dos Ríos y el ascenso a la inmortalidad" por Armando Hart Dávalos

foto © Virgilio PONCE


“Maestro, ¿qué has hecho?”, fue el lamento del poeta nicaragüense Rubén Darío, figura esencial del modernismo, al conocer la caída de Martí en su primer combate de la
guerra, que con tanta pasión y celo preparara, y a la que se incorporó aunque no
era un guerrero ni tenía formación militar. Ahí está la raíz de la tragedia de
Dos Ríos, su ética le llevó al combate en este terreno.


El sentido de esa frase del gran poeta nicaragüense habría que entenderlo desde su ángulo
personal, porque él miraba al Apóstol como la estrella irrepetible de la
creación literaria, pero el delegado del Partido Revolucionario Cubano tenía una
razón más profunda aún, y superior a todas las demás que pudieran invocarse,
para venir a Cuba y poner su propia vida en la balanza del peligro: “El hombre
de actos —había dicho él— solo respeta al hombre de actos […] ¡La razón, si
quiere guiar, tiene que entrar en la caballería! y morir, para que la respeten
los que saben morir1”. El más grande pensador americano de su tiempo, que
llevaba en su espíritu la más alta ética humanista, fue, también, un hombre de
acción. Este genio de la palabra afirmó con profunda convicción: “Hacer es la
mejor manera de decir”2. Su sentido práctico se hallaba en la idea de que debía
enseñar con el ejemplo, la única forma de ejercer una influencia mayor para el
presente y futuro.


No se trata de que Martí, como han dicho o sugerido algunos, tuviese una vocación suicida, no es que buscase
conscientemente la muerte. El valor de su decisión heroica está en que ella
constituía una exigencia de la tarea política y revolucionaria que se había
planteado.


En Dos Ríos, pues, el 19 de mayo de 1895, sobrevino una de las adversidades más costosas de cuantas ha sufrido nuestro pueblo en toda su
historia. El azar, propio de toda lucha, nos privó del más extraordinario
conductor, cuando se decidía el ser o el no ser de una nación
independiente.


Hoy, a 115 años de aquel trágico acontecimiento, la figura de Martí y sus ideas han adquirido una vigencia sorprendente. Nos
enorgullecemos, como cubanos, cuando los presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa
y otras figuras de la política y la cultura se refieren a su pensamiento como
referente imprescindible para analizar los problemas que deben encarar los
pueblos latinoamericanos y caribeños en estos albores del siglo XXI. Tenemos una
enorme responsabilidad en hacer que se conozca más y mejor el legado
martiano.


De ahí que sea hoy más necesario divulgar de la manera más eficaz la vida y la obra de aquel hombre al que Rubén Darío llamó Maestro, que
además de ser amante fino y profundo de las letras y de lo bello, sensible y
apasionado por la búsqueda del conocimiento humano, ha sido considerado como el
precursor del modernismo en la literatura latinoamericana de la primera mitad
del siglo XX, y es, sin duda, uno de los más importantes prosistas de la lengua
castellana de su época. Lo extraordinario está en que ese hombre fue, al mismo
tiempo, el organizador del Partido Revolucionario Cubano, el promotor fervoroso
de la independencia, y que llegado el momento no vaciló en desembarcar en Cuba y
ponerse al frente de la guerra que él convocara y organizara.



El conocimiento profundo y razonado, por los niños y los jóvenes, de su pensamiento
con su carga de eticidad, de radicalidad antimperialista, de patriotismo y de
amor entrañable a su patria y a los pobres de todo el planeta con los que quiso
su suerte echar, es la garantía insustituible de la continuidad de la
Revolución. Es una tarea que se entrelaza con la necesidad de abrir cauce al
pensamiento que necesita la humanidad para enfrentar los peligros que amenazan
la existencia del género humano en nuestro planeta.



También con Martí debemos llevar adelante la lucha a favor de la liberación de nuestros
Cinco compatriotas secuestrados en cárceles norteamericanas, y destacar con
mucha fuerza el papel del derecho vinculado a la ética y a las ideas de los
próceres y pensadores de América Latina y el Caribe.


En este aniversario de su muerte repetimos con él aquella estrofa de sus amados versos:
[…] Cuando se muere/ En brazos de la patria agradecida, / La muerte acaba, la
prisión se rompe; / Empieza, al fin, con el morir, la vida!3

Notas:
1- Martí, José: Discurso en conmemoración del 10 de Octubre de 1868, Nueva York, 10
de octubre de 1890, en Obras completas, t.4, Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1991, p. 252.
2- Martí, José: Propósitos, Revista Venezolana, Caracas, 1ro. de julio de 1881, op. cit., t.7, p. 197.
3- José Martí. Versos varios, versos en La Edad de Oro en Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales
1963, t. 17, p.
41


http://www.lajiribilla.cu/2010/n491_10/491_07.html

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