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CUBA: Entrevista exclusiva de Resumen Latinoamericano con René González Sehwerert

CUBA
Entrevista exclusiva de Resumen Latinoamericano con René González Sehwerert
UN FUERTE SENTIDO DEL DEBER CON LA PATRIA, CON EL PUEBLO.

por Javier Salado y Graciela Ramírez
(corresponsales de la edición cubana de Resumen Latinoamericano)
 
Fotos Héctor Planes
 
Ese hombre alto, sonriente, de rostro perfilado que al llegar nos extiende una mano firme,  proyecta una fuerza interior y una  dignidad inmensa,  como si en él y sus cuatro hermanos se resumiera lo mejor del pueblo cubano.  A la vez, es sencillez y modestia auténticas, lo que facilita una rápida comunicación.

Ese hombre dejó los sueños personales y familia detrás, por la necesidad de entregarse a su Patria en una tarea riesgosa y por tal honrosa: conocer y prevenir  las acciones violentas de los grupos terroristas de origen cubano basificados en el sur de la Florida. Por el delito de luchar por la vida, fueron sentenciados a largas e injustas condenas de cárcel. El hombre alto y sus cuatro hermanos, Los Cinco, ganaron su condición de paradigmas para la juventud cubana y del mundo, y de Héroes de la República de Cuba, cuando se enfrentaron a las ofertas y presiones de la fiscalía de Estados Unidos  armados de su moral, amor a la Patria, firmeza inclaudicable y la necedad de no ceder ante los escollos y tentaciones que la vida les presenta.

El hombre alto  no alberga odio ni rencor en su corazón hacia quienes lo encarcelaron, sólo  amor y la esperanza de hacer llegar su mensaje al pueblo norteamericano con el fin de lograr la libertad de sus cuatro hermanos. Esta verdad saltó por si sola la mañana que René González conversó durante  cuatro horas con el colectivo de Resumen Latinoamericano, fue un diálogo relajado, entre amigos, en el patio de una casa habanera, con la activa participación de Olguita y la presencia de razones, hermandades y recuerdos, tal como ocurre en la vida.

Una vez terminado el diálogo y revisadas las notas que usted leerá, recordamos a un grande de la literatura estadounidense y mundial, Ernest Hemingway, y  a sus personajes literarios provenientes de la “Escuela de los Duros” que nos mostraron que un Hombre puede ser destruido pero jamás vencido. Esa lección se ve realizada en Los Cinco, en su autenticidad como cubanos, irreverencia en el debate con el adversario y lealtad sin límites a sus ideas.   

 

Imágenes de la memoria


Nací en Chicago el 13 de agosto de 1956. Por parte de madre era de ascendencia norteamericana. Mi bisabuelo materno tuvo una historia interesante: fue el capataz más joven del canal de Panamá con 14 años, estuvo en allí en la construcción del canal, después regresó a Estados Unidos y  se casa.  La esposa  tenía problemas de salud y deciden venir a Cuba. Se establecen en Cueto, antigua provincia de Oriente y con las habilidades que tenía por haber trabajado en el canal, abre un taller.  Era  como un cuentapropista, como diríamos hoy, daba el servicio de herrería y de reparación de carretas a los centrales azucareros de la zona, parece que era bastante conocido en el área de Cueto, pues era un norteamericano trabajando independiente; ahí es cuando nacen mi abuela y mis tíos abuelos, los que aprenden el oficio -sobre todo Papín- y desarrollan  habilidades mecánicas con el viejo. Pero cuando el viejo muere, la familia prácticamente se disgrega.

Mi abuela particularmente pasó mucho trabajo, ya tenía a mi Mamá y a mi Tía  y termina dando tumbos por todo el país, hasta que en los años 40 logra ponerse a  trabajar de doméstica en la Embajada de Estados Unidos acá  y el embajador,  cuando  termina su posta, se la lleva para el Norte.  O sea, que de alguna forma ella regresa a los orígenes familiares y cuando tiene la posibilidad  comienza a llevarse a su familia.  Es cuando se lleva a mi Mamá. Como ven, mi madre se cría aquí en Cuba durante la primera infancia, pero va para los Estados Unidos, casualmente con la misma edad que lo hizo Irmita, con 12 años más o menos. Llega y comienza a estudiar  la secundaria y luego empieza a trabajar y en el trabajo le surgen y desarrolla  inquietudes sociales; la botan del trabajo con 17 años por  organizar un sindicato, para apoyar a unas puertorriqueñas a quienes  explotaban mucho. Mamá trabajaba de jefa de piso y el sindicato se le acerca y ella con el deseo de ayudar a las puertorriqueñas acepta organizar el sindicato dentro de sus subordinadas, pero  después el mismo sindicato  la vendió y al final la expulsaron del trabajo. Conoció  a mi Padre y se casan, a partir de ese momento se dedica al hogar hasta que regresa a Cuba.

Por otra parte el viejo,  que creció en Carraguao, tuvo una infancia bien difícil, pero desarrolló  habilidades en el beisbol y lo firmaron como profesional, si mal no recuerdo, en 1952 y va a Estados Unidos a jugar pelota. Después tiene un problema con el dueño del equipo, le pide un aumento de salario y no se lo dan, en fin se va del equipo y termina en Chicago que era donde estaba viviendo mi mama y ahí a través de un pelotero cubano muy conocido en Chicago, Guito Alomar, que según decían,  apadrinaba a los muchachos jóvenes que llegaban a jugar pelota, el conoce a mi abuela y a través de mi abuela conoce a la vieja y ahí se casan, 

El viejo trabajó sobre todo en la industria del acero, en las fundiciones de acero ahí en Chicago, en Indiana, que en aquellos momentos eran muy importantes, no sé en la actualidad. Bueno ahí nací yo y después nació Roberto.

Tengo algunas imágenes de aquella época, del lago Michigan, cuando íbamos de picnic, había unas praderas, que a mí me parecían inmensas, puede que no sean tan grandes, pero a esa edad a uno todo le parece muy grande y había un puente de madera que se adentraba en el lago, íbamos ahí a pescar. Recuerdo la primera travesura con Roberto, que se nos ocurrió, bueno, se le ocurrió a Roberto no a mí, pero pagamos los dos: salimos a la esquina, a una avenida muy grande  y nos paramos a hacerle monerías a los carros, sacarle la lengua y esas cosas, hasta que nos agarró un policía y nos llevó para la casa; ese fue el primer castigo que recuerdo, no fue muy fuerte, nos dejaron ahí durmiendo.

Los viejos deciden venir para Cuba después del triunfo de la Revolución.  Papá hizo un viaje primero para ver cómo estaba la cosa y le gusto lo que vio, el ambiente, el entusiasmo de la gente; perdió el escepticismo porque hasta ese momento él había sido escéptico, aunque ellos ya estaba involucrados en el 26 de julio, incluso cuando Girón ellos salieron a las calles de Chicago, tuvieron sus encontronazos con la derecha por allá, pero el viaje del viejo a Cuba lo hace ver que valía la pena regresar y entonces regresaron en octubre de 1961.

Regreso la familia completa, recuerdo el viaje, los preparativos, el viaje  de Chicago a Nueva York, el barco “Guadalupe”- era el nombre del barco- recuerdo inclusive la llegada a Cuba. Este fue uno de los últimos viajes de ese buque de pasajeros en la ruta Nueva York a La Habana, antes de que los prohibieran. En esos viajes venían muchos repatriados, fue la época en que mucha gente regresaba a Cuba. Entonces enganchamos ese barco, hicimos el viaje por tierra de Chicago a Nueva York  y ahí vinimos en el barco. Llegamos y enseguida  los viejos se incorporaron a la Revolución y a echar para adelante aquí.

Con la Revolución de los humildes  y para los humildes

El viejo  vivía, como te dije, en Carraguao. Mi  abuela tenía allí un cuartico alquilado, pagaba una renta a la dueña, que era un viejita, Obdulia, una persona muy noble. Ahí la miseria le rentaba a la miseria. Obdulia era pobre, tenía esa casita, en la que todavía  vive una tía mía, hermana del viejo. Obdulia habitaba la parte de adelante y la parte de atrás se la rentaba a mi abuela por una pequeña cantidad y ahí nos metimos todos, llegamos ahí y ocupamos el cuartico aquel que se estaba cayendo. Recuerdo que en la casa de al lado, en esa misma época, el techo se cayó y le fracturo la pierna a una niñita de la familia que vivía ahí.

Bueno, pues en ese cuartico nos metimos todos, mi abuela, nosotros cuatro: Mami, Papi, Roberto y yo. También estaban mi tío y mi tía, que para la fecha se disgustó con el marido  y también terminó allí; llegamos a ser como 11 personas en aquel pedacito.

Eran los tiempos de principios de la Revolución,  fusiles en la casa, mi tío con la metralleta checa, todo el movimiento y la pasión revolucionaria que se vivía, la euforia por defender al país, y como mi tío estaba aquí, se había hecho miliciano, tenía su ametralladora, después el viejo se incorporó. Fue una época bonita, nosotros no trajimos nada de allá, con las chancletas de palo jugábamos como si fueran carritos.

Cuando los viejos pidieron venir para Cuba la gente de inmigración en EEUU se pusieron furiosos y los empezaron a presionar. El viejo, que tenía tremendo carácter, los mando para el carajo y entonces le dieron solo 15 días para viajar a Cuba.  El viejo no recogió nada, metió un poco de cosas en una maleta, rentó un tráiler y arrancamos para Nueva York y de ahí para el barco y directo a Cuba.

Un tiempo después nos dieron una casa en La Habana, en Almendares, con mejores condiciones, al doblar de donde hoy está la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Comencé a estudiar. En ese momento existía  la Dirección Nacional de Becas,  dirigida por una señora muy venerable ella,  llamada Elena Gil y había una beca específicamente, que recibían muchos hijos de repatriados, así como los  hijos de los mártires. Después supe que también a hijos de soldados de la dictadura fallecidos durante la guerra de liberación se les otorgaba, yo nunca me entere de eso porque nunca supimos quién era hijo de un soldado de la dictadura. Así de grande es la Revolución.

La beca se llamaba José Martí y estaba en Santa María del  Mar Loma, recuerdo que la directora era una muchachita, Zoila Chang, que en aquel tiempo me parecía  una mujer pero era apenas una jovencita. Todos los profesores eran prácticamente muchachos, yo tenía 6 años y los profesores tenían 16 o 17 años, pero con una formación, unas ganas de dar clases tremenda, de hacer cosas por los muchachos, una creatividad inmensa como el estar siempre  inventado actividades,  y un entusiasmo y entrega tan grande, que a mi realmente me impactó. Yo creo que una de las cosas que más aprendí y me sembró esa escuela, fue el entusiasmo por la vida, de hacer las cosas con alegría, eso es algo que siempre he recordado de la beca, ese espíritu, que también era un reflejo del espíritu que tenía el país a  principios de los años 60 y el espíritu joven de aquellos profesores, que querían superarse, querían  fuéramos buenos estudiantes. Recuerdo a las “tías” de los albergues, que eran personas mayores pero llenas de amor y cariño, nos trataban a todos como si hubiéramos sido sus hijos. Recuerdo en particular a una que se llamaba Esther, que era repatriada y daba la casualidad que se llamaba como mi abuela,  me quería como si fuera un hijo de ella. Ahí hice la primaria, creo que fue una escuela de mucha calidad, donde aprendimos mucho, donde fuimos muy alegres, yo diría que había mucho entusiasmo y amor,  y eso me marcó.

Para hablar de los deportes y las aficiones que tenía, debo referirme a esa escuela de becas y a mi barriada. Como les dije,  hice la primaria becado en la José Martí y creo que ahí empezó la idea del pilotaje. Yo empecé muy joven a querer ser piloto.  Tenía un vecino - era un delincuente en ciernes-  que era el jefe de la pandilla de muchachos  en el barrio, él era muy fantasioso y siempre estaba haciendo cuentos que si la pandilla, que si tengo esto y lo otro para la pandilla y una vez se le ocurrió decir que tenía un avioncito que volaba y yo que era más chiquito comencé con la fantasía, con la idea de volar un aparato, es decir que desde esa época se me empezó a meter el bichito, pero también cuando uno tiene esa edad pasa por todas las profesiones, quise ser bombero, policía, marinero; quería ser de todo, pero ya el bichito de la aviación me lo metió el amigo mío a través de la fantasía aquella. Incluso  recuerdo que cuando iba al parque de diversiones Coney Island me gustaba mucho un equipo que asemejaba un avión en el aire. Creo que ya salí de ahí con esa idea de que sería bonito ser piloto.

Deportes, bueno, jugaba futbol, un poco de pelota con los muchachos, pero nunca hice un deporte organizado y nunca fui de un equipo de la escuela, más bien me gustaba mucho la lectura y después cuando empecé a leer, leía bien y me cogían mucho para leer los comunicados, leer cosas en público, eso sí lo empecé muy chiquito, pero  nunca me dediqué a practicar un deporte en serio, organizado.

Los deportes que he practicado los fui aprendiendo poco a poco. La vieja nos enseñó a nadar muy joven, a mí y a Roberto, como a los 7 años, ella siempre le dio importancia a que nadáramos, pero fue un proceso, aprendí  a nadar a los 7 años pero rudimentariamente, yo siempre fui un nadador que tenía fuerza,  para esa edad nadaba bastante bien, pero no tenía la técnica; después Roberto va la escuela de natación y se me va por encima. Yo seguí nadando un poco rudimentariamente y a los 15 años fue que me metí en un círculo de natación en la Ciudad Deportiva y ahí un poco pulí la técnica de respiración. Pero en realidad, repito, nunca practique ningún deporte organizadamente. Me gustan mucho los deportes de exteriores, me gusta moverme, me gusta bucear, todo lo que sea la naturaleza, fuera de un local me llama la atención; la bicicleta me encanta, coger una bicicleta y perderme por ahí  y regresar.

A los 8 años Roberto y yo conocimos al Che.  El viejo luego me dijo que fue el 28 de diciembre de 1963, el día que inauguraron la “fábrica del viejo”.  Te explico, Papi había trabajado muy duro como obrero en los Estados Unidos y cuando regresó a Cuba, se buscó un trabajo y encontró que estaban construyendo esa fábrica que sería como un consolidado del plástico. En esa época existían algunos “chinchales”  que hacían cosas de plástico, pero todos eran muy artesanales. Entonces se hizo una inversión para desarrollar la industria del plástico a mayor escala y se hizo la fábrica en Vía Blanca y Cayo Cruz, que después se convertiría en  “Plásticos Habana”. El viejo trabajó  en la construcción de la fábrica y luego se quedó allí de obrero. Fue su lugar de trabajo, donde más trabajó fue en el  plástico. Bueno, pues estábamos nosotros el día que el Che la inauguró. Él se metió entre la gente, los trabajadores saludándolo y entonces, Roberto y yo nos metimos entre las piernas de la gente y le pudimos dar la mano. En esa fábrica hicimos los primeros trabajos  voluntarios, teníamos 8 años, 8 años y pico, nos querían mucho en la fábrica, todo el mundo nos quería cantidad.

Más adelante, salí directo de la beca de la primaria para los Camilitos. Me embulle con la idea de ser Camilito. Ya  en los Camilitos cuando me incorporo - en esos momentos estaban en Baracoa-  empiezo a ver los aviones, y es cuando ya se me mete definitivamente dentro el bicho de la aviación, viendo los aviones despegar, aterrizar, las maniobras y siempre quise ser piloto a partir de ahí. Yo me incorporo a los Camilitos en septiembre de 1968.

No termine los Camilitos porque me enferme con hepatitis a finales de 1971, falté mucho tiempo, estuve muchos meses fuera de la escuela  y en abril de 1972 hicieron como una limpieza, habían problemas académicos en la escuela y sacaron a muchos muchachos; como yo no había estado en las clases  me sacaron. Termine la secundaria en la calle, en una escuela externa, en el Cerro, que era donde vivía en ese momento.

Con relación al sueño de ser piloto,  había hecho un intento en los Camilitos antes de que me diera la hepatitis, traté de inscribirme en una convocatoria para la aviación - de ese grupo unos cuantos  fueron a la Escuela de Aviación-  pero yo tenía 15 años y necesitaba  tener 16, entonces no me dejaron y cuando salí para la calle no tenía conocimiento de las vías que existían para hacerme piloto y lo que hice fue que firmé para incorporarme al Destacamento Pedagógico. En ese tiempo había la necesidad de fortalecer  el Destacamento Pedagógico,  yo me incorpore al segundo contingente, pues como  repito el 10 grado por causa de la hepatitis, cuando lo voy a repetir me encuentro que había un plan que se llamaba “plan del abonado” en el que recibías  la asignatura que te faltaba durante ese año y el resto del tiempo trabajabas como maestro, cuidando muchachos.

Como estoy en esa actividad cuando viene la captación para el Destacamento me dicen “mira, como estás haciendo esto, metete en el Destacamento” y me embullé de corazón. En septiembre del 73 me incorporé al Destacamento como profesor de física. Da la casualidad que estaba en Alquízar y los aviones de la Base de San Antonio venían a la aproximación en esa área. A veces estaba corriendo en la pista de Alquízar y me ponía a mirar los aviones.  Pero ya en ese momento casi había desistido de ser piloto, no tenía una orientación de cómo hacerme piloto y estaba decidido a ser profesor, actividad que también me gusta mucho.

El Destacamento a mí me hizo madurar muy rápido, a pesar de que estuve solo tres meses en el mismo,  porque el Servicio Militar me llamó a filas en diciembre de ese año. Es decir yo comienzo en el Destacamento en septiembre como dije, incluso fue Fidel con Ceaucesco a inaugurar la escuela que se llamaba “Republica Socialista de Rumania”. Estando ahí, vivimos el golpe de estado fascista contra el presidente Allende.  Fue duro, esos momentos no se me olvidan, la rabia, la indignación de todo el mundo con la salvajada aquella.  En diciembre me llama el servicio militar y voy para el Ejército Occidental, donde estuve 3 años.
“Con un abrazo de Patria o Muerte, desde Angola”

Hago el servicio militar como tanquista. Cuando me dan a escoger la especialidad en el servicio yo escogí tanquista.  Siempre me llamo la atención la mecánica, el trabajo de la mecánica, manejar, conducir equipos, siempre eso me ha llamado la atención.

Escojo entonces  la especialidad de tanquista, conductor de tanque, porque al mismo tiempo eras el mecánico y aprendes de mecánica; hago mi servicio en la Loma del Esperón, en Guanajay. Cuando termino el servicio militar, un batallón de mi unidad se iba para Angola, era la euforia de Angola y yo estaba loco por ir a Angola.  Al batallón de tanques  T 34 lo mandan para allá y lo refuerzan con otros grupos pero a mí no me toca ir a cumplir misión, entonces  hablo con mi jefe, el capitán Castillo –supe recientemente que falleció-  y le pido que me gestione para irme con el batallón para Angola, el hace la gestión pero le dicen que no, que ya el batallón estaba completo.  Recuerdo que  yo estaba ya de cumplimiento, tenía que irme, no podía quedarme en la Unidad y me voy para la casa enfurecido porque no podía ir a Angola. Llego a mí casa y le echo una descarga a la vieja, quejándome de mi mala suerte. Al otro día tenía obligatoriamente que regresar a la Unidad a entregar el módulo de ropa y las botas. Iba cabizbajo,  cuando voy llegando a la Unidad me estaba esperando Castillo y me dice: “¿Tu no querías irte para Angola? pues mira, te resolví. Arranca para allá”. Esa misma ropa que iba a devolver me la puse. Me fui para el entrenamiento en Candelaria y de ahí para Angola. Fui como artillero de tanque en un T 34.

Allá estuve todo el tiempo, los dos años, en Cabinda. En ese entonces ya Cabinda se había pacificado bastante, porque en Cabinda en realidad lo que existía era el problema con Zaire, surgido de las ambiciones de Zaire por hacerse del petróleo de Cabinda.  El peligro de una  invasión  directa de Zaire había pasado, el general Espinosa se había encargado  de ese asunto. Incluso cuando yo llego a Cabinda, ya no está Espinosa, el jefe era Quinta Solás.

Nos establecimos como un sistema defensivo, con los tanques formando parte del mismo; era un regimiento de infantería motorizada, el RIM Cabinda.  Nos basificamos, establecimos la defensa,  pero en realidad nosotros no tuvimos acciones combativas, porque Zaire se tranquilizó. Esa fue la época que, entre Mobutu y Neto, se firmó una especie de pipa de la paz para el diferendo entre ambos países. Zaire se aconsejó y no hubo  más problemas, al menos serios. Es verdad que estaba el “FLEC” pero este operaba más bien al norte de Cabinda, entre la ciudad y el Congo, una vez participamos en  un cerco, pero no apareció nadie, ni capturamos nada.

RL: En una  foto  de  Angola apareces con un amigo que un día encontramos durante un acto en un pueblo de Pinar del Rio, Reynaldo Fuentes Soroa y en otra de octubre de 1978 le escribiste una dedicatoria a tu abuelo que decía: “con un abrazo de Patria o Muerte” se nos quedó grabada esa dedicatoria por el afecto y por la determinación revolucionaria. Ello lleva a hacer un paralelo entre la dedicatoria del aquel joven en Cabinda y como ese mismo joven hecho un hombre,  30 años después, en el 2008 es un ejemplo de revolucionario inquebrantable. Reflexiona  cómo te marcó a ti la participación en la misión internacionalista en Angola como ser humano, como joven, en todos los terrenos, desde la amistad hasta tu convicción revolucionaria.

Esa es una experiencia que, como dice el dicho, “sino te mata te hace crecer” y fue interesante desde todo punto de vista. Primero porque en esas condiciones los amigos son amigos de verdad, por eso es que tu vez ahora la fuerza de mi amistad con Rey, con Arrebato, que son amigos de esa época, con los que tú te conviertes en un hermano porque viven juntos situaciones difíciles que ponen a prueba no solamente el temple, la disciplina, sino las características de todo el mundo.  También un poco aprendes a ver que las obras grandes se hacen con personas imperfectas, porque no todo es perfecto cuando vas a una misión de estas, tienes encuentros personales, tienes problemas con un jefe, te enfrentas, te das tus cabezazos, a veces sufres, pero  también te das cuentas que somos un conjunto, somos una sociedad, que no vivimos en un mundo idílico, que muchos somos seres imperfectos, pero que estamos avanzando, yo diría que incluso como especie, estamos tratando de llegar a ser inteligentes porque todavía no lo somos como especie y un poco aprendes a entender eso.

A mí me parece que comprender  eso es fundamental, porque por lo menos en mi caso, me ayudó después a aceptar ciertas cosas, a entenderlas, a sobrellevarlas, a darles la vuelta, porque si tú te dedicas a machacarte cuando estas preso, sales destruido. Tienes que aprender a entender que las personas son imperfectas, pero que también tienen todas, o casi todas, yo diría que la gran mayoría, tienen una faceta positiva, que es la que tú tienes que aprender a tocar, a mí me parece que eso es importante. A veces - a mí me paso en un momento,  hasta que empecé a razonar-  me  concentraba demasiado en las cosas negativas de alguna persona, de un jefe, de un compañero y después cuando yo razonaba, me decía: ¿Y por qué yo no busqué la parte positiva?, no siempre  puedes hacerlo, también depende de la contraparte.  En una experiencia como la misión internacionalista, se aprende mucho sobre el ser humano, sobre uno mismo y sobre los demás.

En fin, la evolución  como colectivo social también es eso, el encuentro entre nuestros defectos y nuestras virtudes, de cómo aprovechamos las virtudes para avanzar y como dejamos a un lado los defectos. A mi parece que esa experiencia  me enseñó eso.

Yo regresé - lo digo porque así fue-  con un sabor agridulce, porque todavía no lo entendía bien  y  a veces me parecía que mucha gente no habían llenado las expectativas de aquel joven que pensó que todo el mundo  iba a ser un Che Guevara en Angola. Y eso no es así, somos personas, tenemos limitaciones y hay que aprender a entenderlo y eso a mí me ayudó mucho, me ayudó inclusive  para enfrentar un nuevo reto, esta otra Misión, porque tú te das cuenta que  no vas a combatir gente, vas a combatir actividades, vas a combatir acciones contra el país, pero no puedes concentrarte demasiado en lo negativo de la gente -aunque a veces conoces cada elementos que no son fáciles. Como parte  de ese crecimiento, Angola  fue muy importante para mí y se lo agradezco. Antes de la experiencia esta de ir a combatir el terrorismo, fue la experiencia más edificante que yo tuve. Una vez que pude mirar en retrospectiva esa experiencia, comprendí  cuanto ayuda a formar tu carácter, tu confianza en ti mismo, todas esas cosas que se ponen a prueba en esas condiciones, te vas creciendo como persona y como te diste cuenta, me dejó buenos hermanos  que todavía  conservo.

 

 

La mirada del águila


Al regresar de la misión internacionalista, comencé a madurar  varias opciones sobre qué hacer. Antes de yo irme para Angola, estaba haciendo una gestión con un compañero  de capacitación del IACC, de la aviación, recuerdo su nombre: Juan Bautista Ramos Cano -después lo vi varias veces-  estaba tratando, a través de él, de conseguir un trabajo en el aeropuerto, para ver sí una vez allí, podía encontrar la oportunidad de hacerme piloto, porque yo seguía con la obsesión  de la aviación.

Cuando me voy para Angola tengo que llamar a Juan Bautista,- en realidad lo llama mi  Mamá, yo no podía ni llamarlo ya porque estaba en el entrenamiento- la vieja lo llama y le dice: “mira Juan Bautista mi hijo se va para Angola” y él responde que no importaba, que cuando yo regresara fuera a verlo. Pero ocurre que estando yo en Angola, se abre un poco la especialidad de la aviación agrícola -eran los años de los grandes planes  arroceros en todo el país-  y un primo mío que había sido piloto en la aviación agrícola y que estuvo retirado por un tiempo, regresa a recalificarse a la escuela de San Julián  donde radicaba la escuela de la aviación agrícola. Entonces, estando yo aún en Angola, cerca del final de la misión, él me escribió diciéndome que si yo quería me conseguía entrar en el curso de aviación, de piloto. O sea, que al cumplir la misión, ya venía con la promesa de matricular en la escuela de aviación. Al fin se iba a cumplir mi sueño de muchacho.

Y efectivamente así  fue. Regresé en marzo de 1979,  hice los exámenes para la escuela de aviación  y ya en septiembre de ese año comencé el curso de piloto agrícola.

RL: Dime que significa para ti ser piloto y ver la tierra desde la visión del ojo del águila.

Volar un avión es una de las sensaciones más hermosas que -por lo menos desde mi punto de vista- se pueden experimentar, pero sobre todo ser el piloto del avión.  No es lo mismo mirar la tierra, para mí,  desde un asiento de pasajeros que el que está controlando el avión, o sea la capacidad de poder controlar una máquina que está en el aire y de sentir el aire en tus manos, de sentir la presión  de ese aire y  sentir que tus movimientos son los que  determinan la posición de la máquina, como se comporta, lo que tu sientes. Todo, ser parte de ese elemento, para mi es indescriptible. Desde el primer momento que cogí los mandos de un avión  y me fui al aire con él, me di cuenta de que eso era lo que yo quería. Bueno, también está  la capacidad de disfrutar del paisaje  mientras haces tu trabajo. Siempre he dicho que es un trabajo que yo  haría de gratis, a mí no hay que pagarme para volar porque lo disfruto. Además tiene una cosa también a favor que a mí me gusta mucho y es que ningún día se parece a otro; hoy hay nubes, mañana no, el viento esta por otro lado, o está lloviendo o vuelas de noche, o sea no hay dos vuelos iguales nunca, el tráfico cambia, todo cambia, es una dinámica constante y a mí eso me estimula y desde el momento que tomé los mandos de un avión, miré hacia abajo y lo vi todo, y sentí que operaba el equipo  y que lo dominaba, pude constatar que efectivamente  había escogido la vocación correcta desde que era un niño.

Hay otra cosa que también me gusta mucho y es instruir a otra persona a volar, porque yo desde que me gradué me hice instructor. Enseñar a volar a otra persona es un proceso muy bonito;  siempre he dicho que cuando  enseñas,  tú aprendes más que los alumnos,  porque eso te da una experiencia, esa interacción con el estudiante de enseñar pero recibir, que te pregunten, tratarlos, eso es fascinante. Eso mismo pasa cuando tu enseñas a volar a alguien, la satisfacción de enseñarlo a volar , de soltarle los mandos, de ver la confianza, la relación que se establece entre un alumno de aviación y su profesor es única porque es muy personal  y como es una actividad que al mismo tiempo es riesgosa tiene ciertas características de aventura, hace que el alumno nunca olvide a su profesor de aviación,  para ti el que te enseño a volar  un avión o que te hizo mejor piloto, siempre lo tendrás en un lugar especial y eso es bonito,  sobre todo cuando  desarrollas la capacidad de ir más allá y ser un ser humano, cosa que el alumno también ve, porque hay instructores que lo hacen porque le pagan, que son la minoría, en realidad en la aviación yo conocí muy buenos instructores, pero si lo haces más allá del pago, del salario, te vinculas con el estudiante, con la persona, se establece una relación bonita, que te alimenta mucho también.

 

Así de simple: hasta ahora y para toda la vida


Me pides que hable sobre lo que ha significado Olguita para mí. Es necesario recordar cómo nos conocimos.  Olguita era compañera de trabajo de la esposa de un instructor de la escuela en San Julián; a  esta pareja - ya ella falleció, Marisol-  les encantaba emparejar a la gente, incluso la hermana de Marisol termino casándose con mi instructor, Salas. En todo ese ambiente, ellos se empeñan en que yo conozca a Olguita  y empiezan hablarme de una muchacha de lo más bonita, de lo más seriecita, en fin, a hablarme maravillas de Olguita.

Al fin acepté conocernos  y nos íbamos a conocer el 14 de febrero de 1982. Ellos organizaron una fiesta en la casa de alguien y nos íbamos a conocer ahí, pero que pasa, que una semana antes, el lunes anterior - por azares del destino-  habían dicho en la escuela de aviación, que al que cogieran tumbando cocos, lo iban a botar de la escuela. En San Julián había unos cocotales muy grandes y siempre las historias y los cuentos de San Julián estuvieron vinculados de forma humorística a la lucha de los estudiantes por robarse los cocos y la administración por impedirlo. Los cuentos son de antología: persecuciones,  barbaridades que hacían los estudiantes para que no los cogieran, etc.

En esa época la escuela había pasado a lo militar, mi grupo era el único grupo civil que quedaba. Entonces, alguien “bajó la orientación” de que al que cogieran tumbando cocos, lo botaban de la escuela… y me cogen.  Es una historia bastante simpática, porque los cocos no eran ni para mí, eran para unos civiles que estaban trabajando en los refugios –recuerden que estaba Reagan de presidente.  Yo salí a correr por la mañana, no tenía, ni por asomo, pensado tumbar cocos, pero  cuando regresaba al albergue estaban esos compañeros construyendo un refugio detrás  del albergue y   veo que están con una grúa tratando de arañar un racimo de cocos para ver  si traban con el gancho alguno  y lo tumban. Se me ocurre pararme y mirando les digo ¿Por qué o cogen  el tubo  ese,  lo ponen entre dos ganchos, se sientan, suben y tumban los cocos? Me responden que si estaba loco, que nadie podía hacer eso y  les digo que yo lo hago y les tumbo los cocos. Se me ocurrió para hacerles el favor; bueno, pues  me engancho en el tubo, hago mi columpio, la grúa me sube  y les empiezo a tirar cocos para abajo. En medio de eso miro para abajo y allí estaba el capitán Cartaya: ¡Alumno! me dijo.

En realidad nada podía hacer, me había agarrado infraganti.  Pero tuve la suerte de que  me llevó ante al subdirector de vuelo que era Henry Pérez – tengo entendido ahora está en La Cabaña-  y  Henry Pérez lo que hizo fue echarme una descarga y me entró por un ángulo que a mí me impactó, me agradó.  Lo primero que me dijo fue: “Ya tu eres un piloto, como vas a sacrificar tu físico y tu carrera por unos cocos”, y a mí eso me llegó, la forma humana en que se aproximó al problema, no me descargó que si comunismo que si el socialismo, que si la disciplina; sino se refirió y dirigió a mí como persona, como un estudiante que ya era piloto, con entrenamiento, con el físico requerido, con un examen realizado. Me llegó profundo y parece que él se percató, pues ante la disyuntiva  de botarme, al final me quito el pase dos meses y yo me fui de ahí muy agradecido. Pero se frustró el encuentro con Olguita que iba a ser el día de los enamorados.

Entonces, me quedé dos meses en San Julián y mis amigos  seguían diciendo: “qué lástima, tan linda que está la muchacha”.  Ya soñaba con Olguita sin conocerla, a veces me ponía a hacer ejercicios y  haciendo abdominales, pensaba, como será Olguita. Pasó el tiempo, y se cumplieron los dos meses, en la primera quincena de abril salgo en el primer pase, ese sábado era el 10 de abril. Yo vivía en la playita de 16 y no iba a Santa María del Mar nunca,  me parecía un gasto de tiempo coger la guagua y arrancar para Santa María  teniendo la playa ahí, a la mano, con todo mi ambiente.

Me acuerdo que Marisol y el esposo me dicen que el sábado iban a estar en la playa, en Santa María, e insisten  para que yo vaya y conozca a Olguita. Por la mañana voy para la playita de 16 y estoy con mis amistades; pensé mucho irme para Santa María, coger una guagua. Pero ellos me habían dicho que llamara a la 1:00 a casa de Marisol para conocer adonde iban a estar exactamente, salgo de la playita de 16 a las 11:30 me doy un baño y a todas estas pensando, “coño pero arrancar para Santa María”.  Decidí entonces probar, a ver qué pasaba, voy para la esquina, llamo por teléfono y me dice la Mamá de Marisol, que ellos estaban en Boca Ciega, que fuera para allá. Me llené de valor, me eche la trusa arriba y arranqué para allá. Llegué y me bajé en el puente de madera que ya no existe,  y cuando me bajé, el grupo me recibió y salió la “sirena” del mar. Desde que la vi me dije contra, esta muchacha esta bonita.

Ese sábado conversamos en la playa, jugamos con los compañeros. Después el viaje para La Habana lo hicimos “al revés”, algo que hacía mucha gente: iban para la terminal de Guanabo para después regresar sentados. El viaje lo hicimos en el último asiento, “en la cocina”,  gritando porque la Girón hacia mucho ruido, fuimos conversando y ahí me di cuenta que tenía conversación, ya había visto que era bonita, tremendo ojotes, una risa muy linda, los labios, en fin, tenía todas las características. Ese sábado la acompañé hasta su casa y al otro día fuimos a pasear; fuimos al Coney Island y al cine. Era el domingo 11 de abril. Yo tenía que regresar para la escuela,  entonces cuando la dejo en la casa le dije: “la semana que viene te voy a enamorar” y ella me miro como diciendo, hazlo ahora mismo, pero yo tenía que darme mi lugar.

Me fui para San Julián, para la escuela de aviación,  esa semana me la pase pensando en ella, ahí si todos los días y me decía: “coño está linda la muchacha, tengo que enamorarla”. Al próximo sábado, el 17 de abril, nos pusimos de acuerdo el mismo grupo y fuimos a “Los Violines”, que en aquel tiempo era un club nocturno, de lo más agradable que era. Allí, yo no sé si con la música de Roberto Carlos, el ambiente, estaba listo para echarle “una descarguita” pero cuando voy a echarle la descarga me mira así con esos ojos… y nada le di un beso y ya, hasta ahora. Así de simple, hasta ahora y para toda la vida.

 

“Atención a todas la tripulaciones: René, nació la niña”


Cuando nos casamos, yo vivía al lado de la playita de 16, en un edificio de micro brigada en calle 12 entre 1ra y 3ra, en un apartamento que al esposo de mi Mamá le  dieron. Ellos ya se habían divorciado y la vieja se había ido con Libán para el Cotorro.  Ocurrió, que durante los sucesos del Mariel, mi bisabuelo  vivía con una hija que tuvo ya muy mayor y ella se va de Cuba en ese momento. El hombre se quedó solo y como Mami estaba divorciada y estábamos compartiendo el mismo apartamento, mi bisabuelo y la familia le dijeron que fuera a vivir con el viejo Sehwerert para que lo atendiera  y de paso tuviera su casita también.

Nosotros nos quedamos en el apartamento de Miramar. Cuando Olguita se casó conmigo nos fuimos para allí, ese era el espacio que teníamos.  Después, cuando se casó el compañero que fue esposo de mi mama, ya la cosa era distinta y permutamos  por dos. Nosotros nos fuimos para el barrio de Buena Vista,  la casita era un huequito ahí, pero lleno de felicidad y allí vivía cuando me fui.

Irmita había nacido en el apartamento de Miramar; me preguntas que significó para mí su nacimiento. Bueno, eso fue indescriptible, ¡Ser Papá!  Primero, te sientes extraño cuando piensas: “Esta es mi hija, soy Papá”. Porque hasta ese momento no lo has sido y de pronto eres Papá.  Yo me enteré del nacimiento de una forma muy agradable, porque estaba volando y  Olguita tenía el número del fax donde se controlaban  los vuelos. Yo estaba en un curso de cadetes por la SEPMI, en la Isla de la Juventud y habíamos acordado que cuando naciera -no sabíamos que sexo iba a ser, porque Irmita estaba sentada y nunca se pudo ver si era hembra o varón-  que me diría el sexo, el peso, como estaban los dos y esas cosas que para los padres primerizos son tan importantes. Entonces, efectivamente, estaba yo volando con mis estudiantes y el compañero que estaba dirigiendo los vuelos dice: «Atención a todas las tripulaciones, nos acaba de llegar un mensaje: “René nació la niña, pesa tanto y las dos están bien, se llama Irmita”». Entonces imagínate, todo el mundo felicitándome por la frecuencia y ese momento fue algo increíble.  Irmita fue un regalo, no solamente porque te hace padre, sino por la clase de niña que fue desde chiquitica, adorable.

RL: ¿Qué expectativa tenían ustedes como familia?


Olguita: Yo estaba estudiando en la CUJAE, finalizando la ingeniería.

Nuestra vida estaba encaminada a desarrollarnos profesionalmente, Olguita estaba estudiando ingeniería y yo  trabajando como piloto y mi único deseo era desarrollarme como piloto y llegar a Cubana de Aviación, que es la aspiración de cualquier piloto.

Olguita: Yo trabajaba y estudiaba, las dos cosas.

Teníamos las perspectivas normales de la juventud de ese tiempo,  todas  centradas en el desarrollo profesional. Además, constituíamos una sencilla y feliz familia cubana, con el plan de tener dos  hijos,  si acaso tres, n o más.

 

Amigo para enemigos y para amigos traidor.


RL. ¿Que motiva a un hombre feliz dejarlo todo atrás, e ir solo, ante el enemigo y convertirse en amigo para enemigos y para amigos traidor?


Lo fundamental es un fuerte sentido del deber, yo entre mis proyecciones no tenía la más mínima idea de que iba, un día, a cumplir misión contra los grupos terroristas;  yo era  piloto y pensaba desarrollarme como piloto. No obstante, siempre he tenido dos vocaciones,  la primera y más importante como revolucionario y la otra como piloto.  Un buen día, alguien pensó que yo podía cumplir esa tarea y toco a mi vocación de revolucionario. ¿Qué cosa alimenta esta vocación? Pienso que un sentido del deber para con tu Patria, para con tu gente, para con esa misma familia  feliz que tienes, porque ellos  son parte de ese todo.

Hoy por hoy, luché y estoy luchando para que mis hijas no vivan en una sociedad como esas que hay por ahí. Y esa lucha es parte del sentido del deber que he mencionado y de saber que trabajas para tu pueblo, para tu familia, para tu descendencia. Me parece esencial estar bien seguro de conocer y saber cuál es  tu deber  y también saber porque  estás haciendo algo. Algunas de esas cosas se ponen a prueba después, cuando te toca enfrentarte a las cosas por las que pasamos nosotros, en ese momento se definen tus convicciones. Supongo que todo el que toma la decisión de dar un paso al frente de cumplir tarea semejante, cree que sabe por qué lo está haciendo. Yo creí que lo sabía y después la vida me demostró que si, efectivamente lo sabía.

El sentido del deber se nutre del patriotismo, del amor a tu país a tu pueblo, a la humanidad en general porque no se trata solo de Cuba, a veces uno habla de Cuba, porque es lo que directamente está defendiendo, pero estamos   defendiendo más que eso. Cuando miles de cubanos estuvieron en Angola, no estaban defendiendo directamente a Cuba; hay tantos cubanos que han ido a muchos países a hacer cosas por personas que ni siquiera saben dónde está Cuba, o sea, que el sentido del deber  va un poco  más allá de la Patria o a lo mejor está vinculado a la Patria en el concepto martiano de que Patria es humanidad. Pero el patriotismo, obviamente, es parte esencial del sentido del deber y yo creo firmemente que es importante saber lo que tu defiendes, porqué lo defiendes, cuales son las ideas tuyas que defiendes, que es lo que las sustentan. Por lo menos en lo personal, las asumo desde una posición racional, analítica, y una vez que estas convencido de que son ideas correctas, tienes que defenderlas en la trinchera que sea y como sea.

Entonces, alguien pensó que yo podía cumplir esa tarea entre los grupos terroristas, que podía hacerlo y se me acercaron. Siempre he insistido que nadie me dijo que era obligatorio, que se me insistió mucho, mucho, en que si yo decía que no, no pasaba absolutamente nada, se cerraba ese expediente y no significaba  que  no fuera revolucionario. Tenía la opción de decir que no, la plena libertad de hacerlo, decir que no me sentía capaz o con posibilidades para realizar esa tarea. Pero en el momento en que se me planteó, no dudé, respondí afirmativamente porque mi disposición siempre estuvo ahí, acorde a mis ideas.

Para serte franco, a veces  dudé  si podía o no hacerlo, a veces si me embargaba la duda: ¿Podré, podré llegar allá y simular ser una gente que yo no soy? Porque yo jamás en la vida he sido un simulador, no va conmigo; sin embargo, tiene que ser el sentido del deber el que te diga, tienes que hacerlo.  Al final, otros compañeros vieron que yo lo podía hacer y  confié en ellos, en su capacidad de evaluar las características mías. Después descubrí que si podía. Pero, en honor a la verdad, si me hablas de dudas, esas fueron las dudas que me asaltaron en ese momento.

RL: Vamos a hablar sobre el día de tu partida de Cuba.

Ya a mediados de 1990, se decide que yo debo irme. Pero el problema radicaba en cómo hacerlo a causa de la situación concreta, porque  el deporte aéreo comenzó a sufrir los rigores del Periodo Especial.  El Periodo Especial se empezó a sufrir en el deporte aéreo mucho antes que en otras actividades,  porque obviamente, es una actividad  costosa y que no produce económicamente hablando. Y cuando se decide que yo me vaya,  las condiciones para volar eran muy complicadas. Yo decía, que si se hubiera decidido un par de años antes, cuando andaba por toda Cuba  yo solo con un avión por donde me daba la gana, en los años 88, 87, que sacaba un plan de vuelo y arrancaba para Oriente solo y viraba; pero ya  en los 90 volar era difícil. Yo hice varios intentos por irme y eso también te va desgastando, porque te despides de la familia -sin que la familia lo sepa-  piensas que no los vas a volver a ver.

Estos intentos no los conté, quizás  serían unos cinco. Pero sí recuerdo que un día fui a dejar a Irmita a la escuela y antes de darle un beso me puse los espejuelos para que no viera que se me salían las lágrimas; y esa mañana fue una más, hicimos un intento, a ver si se daban las condiciones, porque tú tienes que avanzar hasta un punto y tratar de no pasarlo si no están las condiciones para irte, porque si pasas ese punto, tienes que ejecutar la salida de sí o sí, porque de no hacerlo, te cogen, y todo se va por tierra. Tienes que tratar de ver como confluyen las condiciones y evaluar a cada momento como vas hacer.

La mañana del día en que me fui, me despedí  como siempre de  Olguita, la imagen de Olguita frente a la cocinita, al lado de la cómoda con aquel vestido  de florecitas que ella usaba en la casa, fue una imagen que se me quedó grabada.

Estaba lloviznando  cuando salí de la casa y cosas de la vida, un sobrino del Che, que era paracaidista, me da botella y me lleva para San Nicolás. Cuando llegamos a San Nicolás ya estaban ejecutando los saltos y un frente frio venia entrando, decido entonces quedarme el fin de semana ahí hasta que me pueda ir, porque si no me iba ese día, me iba el domingo.

Lo que primero se me ocurre es ir a trabajar en la Torre de Control,  allí estaba un piloto dirigiendo los vuelos, él vivía cerca y cuando me vio, los cielos se le  abrieron pensando  “este ya se queda el fin de semana y yo lo dejo en la Torre”. Entonces me dejó en la Torre y se fue para su casa; me mantengo allí controlando el vuelo, pero ya el frente frio está empezando a soplar fuerte y los paracaidistas se empiezan a dar golpes por el viento y hay un momento, alrededor del mediodía, en que ellos deciden parar para ver si el viento aflojaba y de paso almorzar. Cuando ellos paran, los llamo por el radio y le digo que aprovecharan y recargaran de gasolina al avión para cuando salieran otra vez.  Saqué la cuenta de que ese avión llevaba volando como dos horas y debía tener poca gasolina para llegar a Estados Unidos, yo sacaba la cuenta pensando si podía irme y el piloto me dice que sí, que  iba a ver si le echaba gasolina; pero parquean el avión en la rampa y se van almorzar. Me quedo con la duda de la gasolina, si en definitiva se la van echar o no, y opto por bajar para gestionar la gasolina, para agitar  un poco, pero antes de bajar se me enciende la chispa y decido quitarle a los teléfonos los micrófonos, habían como tres teléfonos allí, los micrófonos los meto en una gaveta y ya los teléfonos no sirven. Bajo a hablar con el mecánico para que le eche gasolina al avión y le digo: “Oye Eddy échale gasolina al avión”, me respondió: “Fíjate que la paila esta en tal lado”, en fin, no aparece la gasolina, cosas de esas de Cuba y cuando estoy en ese lio, sale el jefe de los paracaidistas, Israel, y pide que parqueen el avión,  ya que hoy los saltos no van a seguir. Ahí es cuando me digo “ahora o nunca” y le respondo que no sé preocupara, yo lo parqueaba. Me  monté en el avión, lo arranqué y cuando iba para el parqueo pensé: lo voy a parquear mal para que me digan que repita el parqueo y ahí me voy, eso fue lo que hice, una locura.

RL: ¿Cuánto marcaba de gasolina?


Marcaba exacto para llegar allá. En realidad llegue allá con el espíritu de la gasolina.

Era un AN-2, yo tenía mi ruta pensada ya; si mal no recuerdo, salía de San Nicolás 15 grados al Central Boris Luis Santa Coloma, que era la referencia, Madruga y  ahí ponía rumbo norte, salía de tierra firme por Jibacoa y ahí rumbo norte hasta Cayo Hueso. Lo hice así, aunque el despegue fue brutal, porque me fui por la misma rampa de parqueo, no fue por la pista. Le metí la potencia ahí, solté los frenos y el avión salió, cuando lo quise meter en la pista el avión hizo como que me metía  el ala, se iba al aire y ahí lo empujé.  Me lo llevé al aire a la fuerza.

Olguita: Me contaron después que en cuando te vieron dijeron; “¡Se lo llevó!”.

Le pasé por arriba a las casas, a los albergues  ahí, la rueda por arriba de los techos  y  después -el avión estaba sin prepararlo para vuelo, porque iba a parquearlo, le habían desconectado todo-  le conecté todo, busqué centrarlo rápido y entonces fue que me empecé a relajar, pensé: “Ya estoy en el aire”. Seguí  rasante y con mucha potencia, y esa es otra parte del asunto, porque el combustible, mientras más potencia, más se gasta; pero tenía que irme rápido, estaba obligado a volar desde la costa sur hasta el norte de La Habana, salir y por lo menos alejarme unas cuantas millas de Cuba. Hasta ahí, todo me salió perfecto la verdad, menos el despegue que fue una tragedia, ya después, cuando empecé a razonar, me di cuenta que salió todo exacto, porque le di justo la potencia que necesitaba para irme rápido y  cuando salí de la costa, le quité la potencia para ahorrar combustible. Cogí por arriba de las alturas de Matanzas, pegado a las lomas  y salí a Jibacoa.

Me acuerdo que cuando salí a Jibacoa, hice un cálculo mental que  también me salió perfecto: “Bueno el viento esta al noreste déjame poner 10 grados de deriva”,  porque el miedo mío era desviarme, yo tenía que salir a Cayo Hueso y ese cálculo me salió, a ojo de buen cubero, pero me salió perfecto. Cuando salgo a Jibacoa, pongo a volar rumbo 350 y en un momento miro y veo la chimenea de la termoeléctrica y me quedo mirándola por un momento y digo “Cuba”… el corazón se me apretó, pero con la misma me dije: “Mira para adelante comemierda y vuela”. Estaba pegado al agua, bien pegado; y así me fui, pegado a un par de metros del agua. Cuando me alejé un poco de Cuba, reduje la potencia y subí  para buscar visibilidad, las nubes estaban bajas, como a 300 metros, entonces me pegué a la nubes pero buscando la mayor visibilidad posible y reduje la potencia para empezar a ahorrar combustible, porque estaba corto, bien corto y seguí con ese rumbo. Hay un momento en que los bombillos del combustible comienzan a encenderse rojo; a veces uno ve eso en las películas y le parece que no pasa, pero hay cosas que pasan, yo veo los bombillos rojos y pienso “Coño… me estoy quedando sin gasolina, pero debo estar cerca”. Entonces, veo unos barcos que van hacia el este, uno por aquí y el otro más allá y empiezo a sacar cuentas mentalmente y decidí volar por arriba de los barcos, primero se me ocurre quitar la corrección del viento porque veo los barcos navegando hacia el este y me queda la duda si me estaba metiendo en el golfo y cuando voy a quitar la corrección me entra la duda si los barcos van para Miami o para Europa y me digo : “Mantén la corrección que los vientos están por la izquierda”. Esa fue la primera decisión correcta que tomé. De inmediato pensé que era mejor volar por los barcos y después del último barco, si volaba cinco minutos y no veía tierra, viraba y me tiraba al agua al lado del barco. Así lo hice, volé por el primer barco, por el segundo, el tercero, un minuto, dos, tres y a los cinco minutos veo tierra y con tan buena puntería  que cuando me acerco, veo la mancha de la pista de Boca Chica enfrente a mí. Me salió perfecto, ahí me tiré sin gasolina prácticamente.

RL: ¿Quién te da la autorización para aterrizar?

Nadie, yo me tiré ahí. Hice el aterrizaje más malo de mi vida, yo estaba muy tenso, freno al avión en medio de la pista, lo apago y como llevaba un termo de café, me tomé un buche y lo tire. El vuelo fue de 1 hora 20 minutos más o menos.

De pronto viene un tipo hasta donde estaba el avión y se acerca un carrito que dice “Follow  Me”, “Sígueme”, con un negrito de civil manejando y un guardia al lado,  me bajo del avión y ellos se bajan del carro. Enseguida me preguntan qué había pasado, y les respondo  “I come from Cuba”;  el tipo empieza a hablar y forma un lio ahí, el hombre entonces me pregunta si puedo arrancar al avión,  “A lo mejor sí”, le dije,  porque yo no sabía si tenía aún gasolina, pero lo pude arrancar y me llevaron hasta un parqueo; allí amarraron a mi compañero de aventuras, el AN-2.

Enseguida lo que hice fue sacar la inscripción de nacimiento, la tenía dentro del forro del libro de vuelo, rompí el forro,  mostré la inscripción y le dije: “Mira yo nací aquí”, eso me facilito el proceso, me mandaron por otro lado sin tener que ir a inmigración. No hubo problemas, ni me detienen al confirmar que yo era ciudadano norteamericano, llamaron a mi abuela, ella se movilizó  y me dejan ir, esa misma tarde salgo de allí con un señor que era amigo del jefe de la base, un cubanoamericano.

RL: Mientras eso sucedía en Miami, en La Habana, Olguita ¿Seguías en tu trabajo voluntario?

Olguita: Cuando Rene iba a San Nicolás, generalmente se demoraba mucho y a veces hasta se tenía que quedar. Yo no quería que ese día fuera a tirar paracaidistas, porque sabía que íbamos a tener problemas  a la hora de ir al cine, que no nos iba a dar tiempo. Entonces, cuando yo salí del trabajo voluntario,  ya al medio día, sabía que Rene no iba a estar en la casa todavía y voy para la casa de mi Mamá. Allí hago tremenda “media”  y a eso de las 6 de la tarde es que me voy  para la casa.   A Irmita la habíamos dejado con  Irma,  para poder ir al cine después y entonces cuando voy llegando a la casa y doblo la esquina  -nosotros teníamos una ventanita con cristales que daba a la calle y como la casita era tan chiquitica cualquier luz que tu encendías adentro, se reflejaba en ese cristalito-   ya en diciembre oscurece temprano y cuando ya doblo la esquina veo todo apagado y pienso que Rene me había “embarcado” y no íbamos poder ir al cine. Entonces  entro a la casita, nosotros teníamos un perrito que Rene había traído “casualmente” a Irmita, se llamaba Dandy - yo era más perrera que Rene, siempre andaba recogiendo perros, pero me llamó la atención que Rene empezó a traer perros a la casa, años después, me confesó que quería dejarle un recuerdo  vivo a Irmita, por eso habíamos traído el perrito, que estaba chiquitico, de lo más lindo- pero los perritos son muy traviesos y Dandy había cogido los papeles del baño y los regó hasta en la sala; cuando yo entro y veo aquello, que el perrito había acabado con la casa, voy directo al patiecito a buscar la escoba para ponerme a limpiar, escucho entonces a una vecina que le dice a alguien: “Compañero   ahí llegó ella”, me pregunté quién me estaría buscando a esa hora y  cuando voy  para la sala, estaban tocando ya la puerta; al abrir era un hombre vestido de uniforme, un oficial y me pregunta si yo era Olga Salanueva, le respondí que sí, que era lo que pasaba, me pidió pasar a la casa, así lo hizo y pensé para mis adentros ¿Que querrá este hombre?, no me imaginaba. Enseguida me dice “Usted es la esposa de Rene González”, le digo si -¿Usted sabe dónde está Rene?-  le digo entonces  “Si en San Nicolás, yo lo estoy esperando. ¿Y usted quién es?, me respondió que trabajaba en San Nicolás.

Yo no conocía a todo el mundo en San Nicolás, pero a buena parte de los compañeros de Rene si los conocía y esa persona no me era familiar. El hombre entró a la casita, se sentó y me dice -¿Usted sabe que Rene estaba tirando paracaidistas por la mañana y al mediodía?, le digo si yo lo estoy esperando -Bueno yo tengo que decirle que Rene salió a volar pero no hemos encontrado su destino. Me quede mirándolo y pensaba a la vez ¿Que me está diciendo este hombre, me está tratando de decir suavemente que Rene tuvo un accidente? En ese momento, me quede a la expectativa, en silencio, mirándolo como esperando más información y el hombre no me decía nada ni yo lo decía nada. Se creó un silencio  entre los dos. Recuerdo que  en un momento me dice: “Se ve que usted es la esposa de un piloto”, le digo: ¿Por qué usted me dice eso? Y me responde: “Porque le digo que Rene no ha aparecido y usted no me dice nada”. Después, saqué la cuenta de que él pensaba que yo sabía lo que había hecho Rene. A esa altura de la conversación le respondí que yo lo que estaba esperando era que  me dijera la verdad, porque sabía que lo que me estaba diciendo no era la verdad, que lo que ocurría era que Rene había tenido un accidente. Me dijo que no, que no era un accidente, entonces le eché en cara que lo buscaran porque Cuba no era tan grande.

En eso llega un compañero de Rene, también piloto pero que no había ido a trabajar ese día, Francisco, vino a la casa porque se habían puesto de acuerdo para cuando Rene regresara de San Nicolás, ir el domingo a Pinar del Rio a casa de Rey y de Arrebato a comprar un puerco para el fin de año. Entonces entró Francisquito  y le digo mira este compañero  es de San Nicolás, Francisquito se vira para el hombre y le dice ¿Como que de San Nicolás?, me di cuenta que ellos no se conocen y comienzo a creer que aquí si hay algo raro, ¿Cómo  si Francisquito trabaja en San Nicolás y este hombre es de San Nicolás, no se conocen?  El hombre le pregunta a Francisquito quién era él y este le responde que también era piloto. Entonces el hombre del “tiro” se despidió, le dije que como que se iba, y me dejo así, no me dijo nada, no me dio ninguna noticia.

Francisquito se queda en la casa  y cuando el compañero se va me pregunta si yo le había creído, le respondí que no que no había nada que creer, porque no había dicho nada. Entonces me dice: “Eso es mentira de que Rene  tuvo un accidente, ni nada de eso, están diciendo en Radio Martí de que Rene se fue, este cabrón se llevó un avión”  Le respondo duro, que era lo que le pasaba, que avión llevado por Rene ni ocho cuartos, y le pedí se fuera de la casa. Él insistió y me dice “Oye, que se llevó un avión, es todo un cuento lo que están poniendo por radio, esto esta rarísimo; Rene se llevó un avión,  vamos a llamar a San Nicolás” Le dije que no iba a llamar a ningún lado, ni iba a poner el radio, lo que iba a hacer era llamar a la familia. Entonces llamé a Roberto y llamé al Tronco, el amigo de Rene, que también trabajaba allá pero ese día tampoco estaba volando y les pido vinieran para la casa que estaba pasando algo extraño.  Empecé a buscar el número de teléfono de San Nicolás que Rene me  había dejado para alguna emergencia, lo encontré y empezamos a llamar y llamar, hasta que me sale alguien que no sé quién es y parece que al ver la desesperación que yo tenía me dice: “No te preocupes, es verdad, Rene se fue, pero no se preocupen que tenemos noticias de que llegó” Ahí es cuando  comienzo a reaccionar  y pienso que no era posible eso me estuviera pasando a mí, como es posible que Rene se llevara un avión; era como si me hubiesen serruchado el piso. A partir de ahí todo lo demás, al siguiente día Rene hablando por Radio Martí… ahí empezó otra historia de mi vida.

La reacción de la familia fue tremenda, imagínate los padres de Rene, nadie creía que Rene podía haber hecho eso, pero el hecho era real. Mi familia también, mi Papá no lo concebía, mi Papá y Rene eran muy afines, pero lo concreto era que Rene era un sinvergüenza que se había llevado un avión y había dejado sola a su hija. Eso era una realidad que poco a poco  tuvieron que aceptar, mi Papá no supo la verdad hasta que Rene fue preso y fue mi Papá el que tuvo la frase que le dijo a Irma: “Bueno, usted se pondrá brava, pero yo me siento mejor ahora de saber que Rene está preso pero no es un contrarrevolucionario”, pero eso pasó muchísimos años después.

Rene: Por eso, yo respeto tanto a los que cumplen misiones aquí, porque una vez que tú te vas para Estados Unidos,  ese problema  te lo quitas por completo de encima, o sea estas en otro medio. Pero aquí en Cuba, todos los días tienes que verte con el vecino que te apreciaba, con el amigo. Siempre he dicho que para mí las dos misiones más difíciles fueron renunciar al carne del Partido  -tuve que prepararme mucho para enfrentar a ese hombre del PCC y decirle que renunciaba al proceso, prepararme para eso porque para mí fue dificilísimo; y la otra llevarme un avión, o sea, robárselo a mis compañeros, dejar a esa gente así, eso es muy duro.

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