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Cuba ante los desafíos y riesgos del siglo XXI. Por Ana Esther Ceceña

30-05-2011
Los grandes poderes mundiales concentrados en Estados Unidos han emprendido una cruzada de recuperación, aseguramiento y transformación de sus posiciones en el planeta, empezando por las que permiten la actualización monroísta en América.
 
El despliegue de fuerzas sobre el gran Caribe como anclaje y zona de amortiguamiento a la manera de escudo de protección, ha seguido un trazado cuidadoso con dos rutas simultáneas, de penetración y envoltura. 
 
Un avance por los ríos profundos ha llevado al establecimiento de redes capilares que lo mismo descosen y reafirman fronteras que abren nuevas vías en barrios y selvas. Rompen tejidos comunitarios preestablecidos y recomponen vínculos a través de nuevos campos de complicidad sustentados en una combinación de narcotráfico, narcoadicción, violencia, impunidad y paramilitarización. En un mundo sin empleo la sobrevivencia se ha trasladado a nuevas actividades que han modificado a la vez los comportamientos sociales, y que tienen la virtud de cambiar casi imperceptiblemente las reglas del juego político desde los intestinos de la sociedad, desde donde cualquier proyecto emancipador puede ser corroído.
 
Simultáneamente se han puesto en escena varios mecanismos de cercamiento que abarcan desde el todo continental como la IV flota hasta microdimensiones problemáticas, conflictivas y rebeldes. Particularmente importante ha sido el trabajo de sutura de fronteras que curiosamente se hace en muchas ocasiones justo promoviendo una mayor porosidad de las mismas. Es evidente el reciente poblamiento de fronteras a través del tránsito incontrolado de maras, paramilitares, narcotraficantes y todo tipo de fuerzas desestructuradoras, que se apoderan de facto de las zonas fronterizas creando las condiciones de posibilidad para declarar supuestos estados fallidos en los lugares donde los grandes poderes sienten amenazados sus intereses.
 
Convenios de seguridad, colocación de bases militares, patrullajes marinos o ribereños, proyectos de desarrollo en zonas fronterizas y de preferencia con poblaciones vulnerables, códigos criminales, políticas antimigración, desplazamiento de poblaciones, desaparición forzada, violencia generalizada, creación de sentidos dislocados, arrasamiento de las memorias históricas y de los soportes culturales son algunos de los mecanismos usados en esta nueva embestida por reapoderarse de un continente que resiste hoy, como desde hace ya más de 500 años, a ser engullido.
 
En el gran Caribe se localizan no solamente las mayores cuencas petroleras de América y la selva más grande y biodiversa del planeta sino también el canal de paso de mayor importancia estratégica y uno de los dos nudos críticos de las fuerzas contrahegemónicas de la actualidad: la mancuerna Cuba-Venezuela.
 
La amenaza de una posible coalición contrahegemónica liderada por Cuba-Venezuela ha movido las piezas de una arremetida rápida y contundente que busca jalar los hilos del control continental pegando simultáneamente en el proceso venezolano para volver a poner el petróleo de sus cuencas al servicio del llamado progreso y cortar de tajo las pretensiones de autodeterminación de su pueblo y gobierno y en el proceso cubano inyectando mercado y prosperidad para romper la cohesión interna, ahora que se vislumbran algunas condiciones propicias.
 
¿Qué arriesgar y por dónde?
 
El retiro de Fidel de las altas investiduras que tuvo desde el triunfo de la Revolución fue registrado como punto de partida de un reajuste en la hoja de ruta con la que desde hace 50 años se intenta recuperar la llave del Caribe. Rodeada por el cuartel del Comando Sur instalado en Haití, barcos de guerra en todas sus costas, bases militares en Guantánamo y Florida, un bloqueo económico que no ha logrado, por cierto, matar la alegría con que los cubanos inundan sus calles y parques, Cuba enfrenta hoy una amenaza más grande que la que significaba todo ese acoso.
 
Enredada en una situación económica que se acerca peligrosamente a la asfixia y en un relativo agotamiento de su dinámica política, Cuba enfrenta el desafío de los cambios necesarios en un momento de abierto despliegue hegemónico.
 
Parece ser que el momento de seguir haciendo la revolución es un apremio que entraña riesgos a la estabilidad del proceso. Qué arriesgar y por dónde ha sido el fondo del debate del último año, hasta llegar al VI Congreso del Partido. La oportunidad para profundizar y recrear el socialismo cubano es a la vez momento de fragilidad y de fortaleza, dependiendo de la inteligencia descolonizadora y emancipadora con la que se lleven adelante los cambios.
 
En el ámbito de reconstrucción de la reproducción material de la vida la disyuntiva se encuentra entre las urgencias que conducen al mercado y la radicalidad y solidez que llevaría a la búsqueda de soluciones holísticas que busquen la solución del abastecimiento al mismo tiempo que un cambio de naturaleza en sus aspectos cualitativos o esenciales que lleven a hacer un socialismo del sumak kawsay o del sumak qamaña. Inventar un socialismo que combine filosofía y agricultura es un reto ineludible en el siglo XXI, en que el capitalismo ha mostrado sus alarmantes límites de insustentabilidad global. Recuperar la integralidad de la vida y la armonía entre los seres vivos y de éstos con la materialidad en la que se sustentan no es un romanticismo sino una urgencia vital insoslayable en cualquier proyecto emancipatorio, que lleva a crear nuevas formas de vida y nuevos ejercicios políticos aereadores para los que el pueblo cubano parece ser el mejor preparado después de 50 años de un empeño revolucionario ejemplar.
 
Ni la invención ni la repetición salvarán al proceso cubano de los riesgos. Lo único que lo acoraza contra ellos es la solidez de su construcción revolucionaria. Los inversores de Miami están ya ensayando vías de penetración y el dinero espera mover las voluntades que el bloqueo y las amenazas de guerra no pudieron conquistar. Vienen los tiempos de la seducción, sin que aflojen los del bloqueo. Tiempos de arriesgar y confiar en los propios sentidos y visiones de realidad. Tiempos de seguir haciendo y volver a hacer una revolución que es de Cuba pero es del mundo. 
 
Parafraseando a Fernando Martínez Heredia, habría que decir que luchar contra el capitalismo es peligroso, pero no hacerlo es suicida. 
 
Las condiciones de amenaza no van a desaparecer. Hay que saber vivir en ellas sin dejar de inventar mejores futuros. Nuestra fuerza está en hacer de la vida el lugar de la alegría.
 
Ana Esther Ceceña, economista mexicana, es investigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica www.geopolitica.ws
 

Artículo publicado en América Latina en Movimiento Nº 265, mayo 2011



Fuente: http://alainet.org/active/46915

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