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Creación de la CTC. "Queremos aprender de Martí". Por Alina Martínez Triay

No fue casual que un 28 de enero se diera a conocer a la clase obrera y a todo el pueblo la creación de la Confederación Nacional de Trabajadores de Cuba. "Queremos aprender de Martí que unió a todo el pueblo en la lucha contra la España cavernaria y déspota", expresó Lázaro Peña ante los mil 500 delegados de 789 organizaciones presentes en la sesión inaugural del Congreso constitutivo de la organización, celebrada en la noche del 23 de enero de 1939 en el Teatro Nacional, hoy García Lorca.

 

Y fue precisamente el logro de una potente central sindical única, que sumó en un solo haz a las diversas tendencias y corrientes existentes en las filas de los asalariados para luchar no sólo por la defensa de los intereses específicos de la clase obrera sino también por los de toda la nación, el mejor tributo al Apóstol en el aniversario de su natalicio.

 

La CTC se convirtió así en el principal instrumento de lucha del proletariado, que lo pondría en condiciones de asumir su papel de clase más avanzada de la sociedad. Una vez más los trabajadores se ponían a la altura de su tiempo, como lo hicieran en el siglo pasado -aunque en diferentes condiciones y distante escenario- al llamado de Martí: "Patria -escribió el Maestro- dice, donde todo el mundo lo oiga que ha hallado entre los obreros de Cuba algunos de los hombres que con más decoro y juicio preparan al país al orden y república de su libertad". 

 

UN JUSTO DESAGRAVIO  

Es hermoso rememorar que uno de los primeros actos realizados el propio día 28 de enero, en horas de la noche, por la recién creada CTC fue organizar, junto con la Asociación Protectora del Preso, un desagravio a Martí, cuya memoria había sido ultrajada con la colocación en su estatua del Parque Central de una ofrenda floral por los marinos del acorazado nazi fascista Schleisien, de visita en la capital.

 

Este hecho, ocurrido días atrás, había motivado un mensaje de protesta del comité organizador del congreso obrero, publicado en el periódico Hoy, donde se calificaba de escarnio al Apóstol de nuestras libertades el hecho de que en su monumento se hubiera depositado una corona "que simbolizaba el encadenamiento de pueblos y el crimen al ser ofrendada a nombre de la Alemania fascista".

 

El mensaje se pronunciaba además contra la injusta detención y posterior condena a penas de multa de un numeroso grupo de jóvenes que expresaron su inconformidad por la presencia, junto a la imagen del Maestro, de los representantes del fascismo.

 

Mientras que los tripulantes nazis habían tenido que colocar su ofrenda en medio de un bosque de puños levantados en señal de repulsa, la manifestación, que en la noche del 28 de enero partió del Parque de la Fraternidad, a cuyo frente iban los delegados del congreso obrero y sus dirigentes recién electos, entre los que descollaba Lázaro Peña, fue acompañada en su trayecto por el Prado hasta el monumento, por los aplausos del pueblo congregado allí espontáneamente.

 

El prestigioso secretario general de la Confederación de Trabajadores de México y presidente de la Confederación de Trabajadores de América Latina, Vicente Lombardo Toledano, depositó al pie de la estatua de Martí una enorme corona de flores blancas, convertida en símbolo de la pureza de ideales de quienes habían convertido el axioma martiano de "Hacer es la mejor manera de decir" en su homenaje al héroe.

 

VENCEDORES DE LA ADVERSIDAD

El camino de la unidad no había sido fácil. Como el Ave Fénix, el movimiento sindical tuvo que resurgir de las cenizas a las que lo habían reducido las fuerzas reaccionarias, desencadenadoras de la más feroz represión a raíz del fracaso de la huelga de marzo de 1935.

 

Cárceles repletas de dirigentes obreros y comunistas, de trabajadores y estudiantes revolucionarios; torturas, asesinatos, persecuciones, organizaciones sindicales destruidas, locales asaltados, anulación de las conquistas alcanzadas en largos años de batallas proletarias, caracterizaban la situación reinante. Era necesario empezar desde la base, rescatar la fe de los trabajadores en su capacidad de combate, organizarlos y demostrarles que el único camino para enfrentar el terror, las persecuciones y la fuerte ofensiva del capital, era la unidad.

 

Un grupo de valiosos cuadros sindicales, encabezados por Lázaro Peña, se dedicó a ese empeño, en todo el país con total entrega, paciencia, e inteligencia para limar asperezas y superar diferencias, en aras de la unidad consciente.

 

Tan formidable labor se asemejaba a la intensa obra de unidad nacional desarrollada por Martí y que él magistralmente describió: "Aquí velábamos; aquí aguardábamos; aquí anticipábamos; aquí ordenábamos nuestras fuerzas; aquí ganábamos los corazones; aquí recogíamos y fundíamos y sublimábamos y atraíamos..."

 

De esa manera, en menos de cuatro años, se fueron reorganizando paulatinamente los gremios y sindicatos destruidos y creándose otros donde no existían; empezaron a unirse los trabajadores, sin reparar en distinción de ideologías ni tendencias políticas, en sindicatos únicos con direcciones democráticamente elegidas; a fusionarse organizaciones sindicales paralelas en sindicatos y federaciones únicas de industrias; a agruparse los diferentes sectores obreros a escala regional y provincial; y al batallar por el reconocimiento legal de cada una de estas organizaciones, pasos que irían preparando condiciones para la celebración de un congreso nacional que agrupara a los trabajadores cubanos en una central única.

 

El llamado Pacto de México, suscrito en 1938 por la delegación unitaria y ampliamente representativa que envió el movimiento obrero cubano al Congreso constitutivo de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), plasmó el compromiso de organizar en plazo breve ese congreso, como base indispensable para estructurar una organización sindical única.

 

El 28 de enero de 1939, en la clausura del Congreso efectuada en el estadio de la cervecería La Polar, hoy Miguel Oramas, se anunció que la tan ansiada unidad era un hecho, materializado en la creación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba. Los obreros cubanos estaban en condiciones de exclamar como Martí cuando comprobó la unión de los patriotas: "ya somos uno, y podemos ir al fin ...¡Ahora a formar filas!"

Fuente: http://www.trabajadores.cu/sites/default/files/ESPECIALES/2012-mart...

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