Martianos

Seguidores del pensamiento de José Martí


Por: Ing Omar Ríos González.

La amplia sonrisa de la Marquesa P. presagiaba el triunfo de la cena que ofreció a amistades allegadas el día de su onomástico. Otros invitados conformaban el convite.

La nieta del Emperador de Japón no escatimó en elogios por el sabroso sushi  degustado.

El enviado del descendiente de Gengis Kan repitió varias veces el kumíz de leche de yegua, mientras que el embajador inglés expresaba su asombro por el exquisito bouquet del vino de la casa ingerido, similar a la flor ylang-ylang.

Cada invitado mostraba con comentarios similares el éxito de la anfitriona, quien aprovechó el momento en que los comensales lavaban sus manos con agua de pétalos de rosa, para invitarles al Gran Salón de su mansión, donde una afamada y talentosa pianista- cuyo nombre reservaremos- haría su debut como única presentación en la capital, tal y como quedó concertado con la Marquesa P.

La velada prometía ser especial y memorable.

En el centro del Gran Salón, majestuoso aparecía un piano de cola de color blanco, ribeteado en oro, que hubo de construirse en Florencia alrededor del 1778 por finísimos artistas de la ebanistería, orfebrería y música. Este fue el regalo del viejo Sha de la dinastía de los Kadyares en la antigua Persia a la entonces joven P. en sus 15 primaveras.

Colmada de aplausos de bienvenida, penetró en el local una diminuta y regordeta dama, la pianista de alta fama, quien luego de inclinar su cabeza en señal de saludo, tomó asiento frente al instrumento cuyas teclas blancas y negras obedecieron de inmediato ante la extraña fuerza emanada de las manitas de la intérprete, quien con sus ojos entrecerrados dispuso de ellas deleitando los oídos de los presentes con las notas de la Polonesa, del llamado Poeta del Piano Chopin.

El ambiente era hermoso, muchos tarareaban el allegro de la pieza, como la Condesita R., que empecinada trataba de llamar la atención del Capitán Real de finos bigotillos.

La artista tenía a todos cautivados mientras alcanzaba el clímax de la obra patriótica del polaco.

Giró de pronto toda hacia su izquierda en busca de los sonidos graves del piano, quedando ligeramente apoyada en su cadera siniestra y levantada la diestra, cuando le sobrevino un sonoro efluvio claramente audible por todos… Más la música continuó…al igual que los estentóreos vientos.

El Duque de W. consternado, levantóse cual resorte, saliendo precipitadamente por detrás del cortinaje.

Similares sobresaltos se alternaron entre los presentes, impotentes ante la involuntaria expulsión sonora de fétidos gases.

La Condesita R. lamentaba el estado de su escogido militar, que en pose de atención trataba de soportar la afrenta, hasta que no pudo más, y salió despedido como alma que lleva el diablo, perdiendo así la oportunidad de un affaire nocturnal.

Las damas simulaban desmayos para soportar mejor su vergüenza, mientras las damitas y chicos sonreían ante el escándalo y su propia e inusual indecente experiencia.

La servidumbre se desplazaba caóticamente, ante el mayordomo principal inerte, con la boca abierta y unos enormes deseos de ejecutar una micción a sabiendas de lo que se le vendría encima.

La Marquesa P. impertérrita seguía sin perder la calma aparentemente. Suponemos que desde el primer ataque de la pianista estaba lucubrando las medidas a tomar por tal escarnio.

No contamos más…

Esa noche fueron despedidos todos los cocineros de palacio, y la totalidad de los súbditos que se ocupaban de los menesteres palaciegos.

Pero nadie sospechó que la culpa no recaía sobre una sobredosis de especies, ni carnes en mal estado o un intento por desacreditar a la dueña y señora de Palacio.

El autor de la impensada catástrofe fue un hacendado quien sin saberlo, quedó impune ante los castigos, pues había enviado esa tarde para la fiesta de la Marquesa cuatro cajas de un fruto cuyas semillas había traído de sus viajes a América, los cuales con esmero logró desarrollar en sus tierras.

Se trataba del aún poco conocido Avocado, también llamado en el nuevo continente  Aguacate…

 

-FIN-

 

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