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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Correspondencia: ¡USTED TAMBIÉN PUEDE TENER UN BUICK!

Por Sempronio, el de Regla.
Jorge C Oliva

 Me cuentan los que vivieron aquella época de un anuncio radial muy difundido, con el cual la Agencia Santé Motors, concesionaria de los automóviles marca Buick, promocionaba sus ventas. El reclamo comercial comenzaba con una afirmación alucinante, donde el locutor aseveraba enfáticamente: ¡Usted también puede tener un Buick!

Vana ilusión en un país con alta tasa de desempleo y donde la mayoría de los empleados recibían salarios que apenas alcanzaban para sobrevivir, un país en cuyos campos reinaban la miseria y el empleo cíclico en la caña, alternado con el fantasma recurrente del llamado “tiempo muerto”.

Para Chicho, el fritero, Olga la tamalera y Pepe el limpiabotas, el anuncio les parecía un chiste cruel; sin embargo, aunque les fuera difícil albergar aquel sueño, soñaban, soñaban...

Alimentar ilusiones infundadas, era un recurso muy manido para mantener embrutecida a la población, siempre esperando un evento imposible, siempre a la espera de un mañana que nunca llegaría. Liborio veía transitar por sus calles una profusión de autos flamantes y le decían que él podía ser el propietario feliz de uno de ellos. Pero, eso sería otro día, no hoy, quizás mañana, si la fortuna le sonreía y se sacaba el premio gordo de la Lotería Nacional.

Con los automóviles hemos tenido una historia ya larga los cubanos. Enclave neocolonial norteamericano, fábrica de nuevos ricos al compás de elecciones cada cuatro años, Cuba y fundamentalmente La Habana, fue centro de un pujante mercado del transporte automotor. La venta de autos nuevos y de uso fue un negocio muy rentable para la “Gran Nación del Norte” y para algunos avispados cubanos.

En el puerto habanero, los buques tipo “ferris”, desembarcaban cientos de autos cada día. Eran carros devaluados en el mercado de allá que aquí adquirían buenos precios. Tanto las tarifas arancelarias concedidas por el gobierno de turno, como los gastos de transportación, ambos sumamente bajos, garantizaban un jugoso margen de ganancias. Además de estas importaciones, al final de cada año se producía la llegada de los nuevos modelos del año siguiente.

Después del triunfo del primero de enero, muchos de esos autos, nuevos y viejos, fueron abandonados por sus propietarios, al emigrar estos en estampida. Los vimos convertirse poco a poco en chatarra, amontonados en los autocines de Vento y Tarará, así como en otros lugares no tan visibles...

Entonces no se supo o no se pudo darles un destino mejor a aquellos vehículos todavía servibles. Luego, hicieron aparición los “Alpha Romeo” para el sector estatal y, como si fuéramos nuevos ricos, los utilizamos para servicios de taxis. Pasaron años y llegó la era de los “Moskovich” y los “Ladas”, seguidos por unos pocos “Alekos” todos por asignación. Más tarde estos autos soviéticos dejaron un lugarcito a los Peugeot, Ford y Chevy argentinos.

Como estaba prohibida la venta entre particulares, floreció el mercado clandestino, sin traspaso pero con precios inflados. Cheo tenía el auto de Paco, todos sabían que ya no era de Paco, pero eso no importaba, porque la propiedad continuaba con el mismo nombre. Eso fue hasta hace poco, que se autorizó la venta y se desbordaron las notarías con la cambiadera. Y después del Armagedón, aparecieron los coreanos, japoneses que recibieron profesionales, artistas y deportistas, carta de autorización por medio. Siempre la retranca presente, la venta se estancó y sufrió la parálisis frecuente en otros mercados; Usted podía comprar, lo decía el documento, pero en la agencia vendedora no se lo vendían.

Así, Pánfilo Epifanio celebró el primer añito de su carta, aquella carta que lo autorizaba a comprar un auto. ¡Ah, pero ahora la cosa cambió!  Ya no hace falta tener esa carta, si la tiene le servirá en la cola de compradores (como el plan jaba) para que le den prioridad. Porque hay cola, porque sorprendentemente la demanda es mayor que la oferta...

¿Y los precios?... Pues los mismos que alcanzaron en el mercado “under ground”.

Y a mí, Sempronio, el de Regla, esto me hace recordar otros tiempos y aquel anuncio  que decía: ¡USTED TAMBIÉN PUEDE TENER UN BUICK!

Desde Regla, cuna bendita de Yemayá, tierra bravía de los abacuá.
Enero 4 de 2014

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