Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Contienda forjada en los talleres. Por: Alina Martínez Triay y Felipa Suárez Ramos

El investigador Pedro Pablo Rodríguez López, Premio Nacional de Historia comenta sobre el papel que le concedió Martí a los trabajadores en la preparación de la guerra necesaria y en su proyecto de república.

 

Es un álbum pequeño, modesto, pero su contenido lo convierte en un tesoro. Se lo dedicaron a Martí, el 30 de diciembre de 1891, los obreros de la fábrica de tabacos propiedad de Eduardo Hidalgo Gato, en Cayo Hueso. En cada una de las hojas, por ambas caras, de su puño y letra, aquellos hombres humildes le escribieron al Apóstol sus pensamientos:

 

“Nada importa que el tirano disponga de fuertes ejércitos, mientras haya cubanos como tú, que sepan unificar a sus hermanos y enseñarlos a amar a la patria”.

 

“Martí: eres el porvenir de nuestra patria querida, cómo dudar que se vea libre con un redentor como tú. ¡Imposible!”

 

“La luz nos ilumina. El patriotismo nos une. Viva la unión”. “Martí: Tú eres el escudo que resplandecerá en la bandera de la nueva Revolución Cubana”.

 

“Mientras los cubanos no llevemos por divisa la unión, Cuba no podrá ser independiente”.

 

Acerca de este obsequio, que en versión facsimilar se conserva en el Centro de Estudios Martianos, nos comentó el investigador Pedro Pablo Rodríguez López, Premio Nacional de Historia: “Es precioso e interesantísimo ver los comentarios de esas personas sobre la independencia y la república. Aunque son hojitas escritas con unas pocas líneas, en ellas resumen su postura ideológica y su admiración por Martí”.

 

Tan preciado recuerdo encauzó el diálogo sobre el vínculo de nuestro Héroe Nacional con los trabajadores.

 

Suele ponderarse, al hablar de la participación de los obreros emigrados cubanos en los preparativos de la guerra necesaria, su noble y patriótica decisión de donar una parte de sus jornales a la patria, sin embargo, no se tienen en cuenta otros aspectos importantes de su contribución a la lid emancipadora. ¿Qué papel les concedió Martí?

 

En este año en que estamos conmemorando el aniversario 120 de la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), y del inicio de las labores que conducirían un tiempo después al comienzo de la Guerra de Independencia, me parece muy apropiado que hablemos de la especial relación de Martí con los trabajadores.

 

Los obreros emigrados cubanos constituyeron la base esencial del PRC, no solo entre la mayoría de sus miembros, sino además, por la importancia que ellos tuvieron para desempeñar las diversas tareas de propaganda, financiamiento y todo tipo de actividades en función de los preparativos de la guerra.

 

No podía ser de otro modo, porque, por un lado, buena parte de la emigración cubana en Estados Unidos en esa época —finales del siglo XIX— era justamente proletaria. Gran parte de las industrias cubanas del tabaco, en especial la habanera, habían emigrado hacia Estados Unidos y junto con ellas cantidades significativas de sus obreros.

 

¿Cuáles fueron en la emigración los núcleos de trabajadores en los que fundamentalmente se apoyó el Apóstol?

 

Estos trabajadores, que se asentaron en su mayor parte en la zona de la Florida, ya para los años noventa del siglo XIX, cuando Martí comienza a trabajar para crear el PRC, estaban esencialmente en dos puntos básicos: Cayo Hueso y Tampa. Esta última había sido como un desprendimiento de la primera a partir de los años finales del decenio de los ochenta, y en ella se agrupaban la mayor parte de las fábricas y de los tabaqueros, aunque hubo también en otras localidades de la Florida, como por ejemplo en Ocala, donde se asentó un buen grupo de cubanos emigrados.

 

Existe una diferencia notable con ciertos sectores de la emigración de Nueva York, donde Martí había pasado la mayor parte de su tiempo en el exilio, que era una emigración más variada desde el punto de vista de clase y de intereses.

 

Había un cierto grupo de cubanos ricos, algunos de los cuales vivían en la Quinta Avenida, la de los poderosos de la ciudad de Nueva York, pero además una gran masa de trabajadores, muchos de ellos en las pequeñas fábricas de tabaco, y de otros cubanos emigrados que laboraban en empresas y fábricas de los propios Estados Unidos, propiedad de norteamericanos, y formaban parte de la economía estadounidense.

 

Martí, lógicamente, tenía que contar con ellos, repito, primero por tratarse de un grupo numeroso, segundo, porque desde mucho antes Martí había establecido su filiación con los pobres, bueno, eso está recogido en un poema: con los pobres de la tierra/ quiero yo mi suerte echar, pero lo había dicho como dirigente político de un modo más preciso, justamente ante la emigración de Nueva York, a poco de su llegada en 1880, cuando expresó que el pueblo, la masa adolorida, era el verdadero jefe de la revolución.

 

Es decir, Martí llega a Nueva York con un criterio muy claro del papel de los sectores populares entre los cuales a los trabajadores corresponde una misión destacada.

 

En Cayo Hueso y Tampa se va a encontrar generaciones de emigrados: los que estaban allí desde antes de la Guerra de los Diez Años y durante esta, y los que fueron llegando en oleadas mucho mayores a partir de 1878, 1879 y 1880.

 

Luego es lógico, reitero, que para él fuera muy importante el trabajo con este sector típicamente obrero, asalariado, aunque en algunos casos había cierta diferenciación entre personas que tenían pequeños chinchalitos, y de hecho eran trabajadores manuales, porque ellos mismos hacían los tabacos, y los tabaqueros en una fábrica grande.

 

Sin embargo, existía ya un verdadero sector obrero en el sentido de que económicamente recibían un salario y eran personas con un desarrollo ideológico y político muy grande, porque había muchas tendencias ideológicas: diferentes variantes de ideas socialistas, estaban los anarquistas, grupos que se planteaban la necesidad de que los obreros tuviesen una representatividad y acción propias, e inclusive en el sentido de su enfrentamiento como clase al capital.

 

¿De aquella masa laboriosa surgieron también combatientes?

 

Para Martí este era un sector con el cual había que trabajar directamente porque, además, iba a garantizar una base de apoyo significativa, en el momento de la preparación de la guerra y cuando esta estallase. Es cierto que Martí muere el 19 de mayo de 1895, pero en ese sostenido envío de expediciones que se logró a lo largo de los tres años de la Guerra de Independencia, no solo vinieron los jefes militares connotados de las anteriores contiendas, y algunos líderes políticos destacados de esa emigración, sino también muchos emigrados, trabajadores de esas fábricas, que se incorporaron al Ejército Libertador.

 

De ahí la importancia del tema obrero sistemáticamente en sus escritos de esos años, y sobre todo en el periódico Patria.

 

¿Cómo concibió Martí la participación de los trabajadores en la república por la que se proponía luchar, “levantada con todos y para el bien de todos”?

 

Para Martí, el Cayo, es decir Cayo Hueso —que se puede caracterizar como la gran población, la localidad, de los trabajadores cubanos, sobre todo esa, al igual que Tampa—, es el sector que constituye como una especie de yema, de germen, de la primera formación de la república, y con ellos, y desde ellos, lanza todas sus campañas de cómo crear una república diferente, de paz y de trabajo, una república nueva que, además, tiene que buscar un equilibrio entre las clases sociales.

 

Un equilibrio en la época de Martí era justamente ir contra el desequilibrio en el cual una verdadera, franca y absoluta minoría de personas en Cuba disponía de todos los recursos, de todos los bienes y de todo el poderío desde el punto de vista económico.

 

Y al hablar de un equilibrio entre los distintos sectores sociales y de un ascenso en las posibilidades de sectores sociales preteridos como los trabajadores, Martí lo que está planteando es romper las viejas estructuras clasistas de la sociedad colonial.

 

Eso explica el entusiasmo con que fue acogido desde su primera llegada en 1891 a Tampa y a Cayo Hueso, y que fuera el gran líder político e ideológico de aquellos trabajadores entre quienes había, como dije, corrientes de pensamiento a veces diferentes, pero que consideraron una cosa, la cual fue el gran triunfo de Martí: alcanzar la unidad justamente para impulsar la gran tarea patriótica que era la independencia de Cuba.

Fuente: http://www.trabajadores.cu/sites/default/files/ESPECIALES/2012-mart...

 

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