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Álvaro con lupa

Con todo respeto: No es suficiente

Por Álvaro F. Fernández
alvaro@progresoweekly.com

Me alegro haber pasado parte de la semana pasada y el fin de semana en el área de Washington D.C. Los primeros días fueron tranquilos –los pasé en Virginia con una de mis hermanas. Nos pusimos al día. Este país es tan grande que momentos como este son valiosos. Como placer adicional estuvo el tiempo de primavera.  Días y noches frescos, algo de lluvia, pero no la suficiente como para hacernos perder nuestros paseos. ¡Y las flores! Con qué facilidad crecen por esta parte y en esta época del año.

Esperaba con impaciencia el sábado 28. Iba a participar en el Encuentro Nacional de Residentes Cubanos en Estados Unidos. Era una reunión del embajador cubano en Washington y sus colaboradores con casi 120 cubanos que viven en EE.UU. Parte del programa incluía una conversación de una hora en la mañana, por medio de la tecnología moderna, con un número de funcionarios gubernamentales de alto nivel en la isla. Era un momento para que los emigrados cubanos aprendieran de los nuevos hechos en la delicada y difícil relación entre EE.UU. y Cuba. Era también una oportunidad como cubano que vive en EE.UU. para buscar aclaraciones, realizar solicitudes, y debatir diferencias con funcionarios gubernamentales de mi país de origen.

El enfoque del día, con todo derecho, fue el embargo norteamericano de 50 años a Cuba, y todo lo que él implica. Una guerra realizada por EE.UU. contra Cuba, el cual en este momento solo satisface a un pequeño pero poderoso grupo concentrado en el Sur de la Florida. La misma importancia tuvo la discusión acerca del terrorismo realizado desde suelo norteamericano contra Cuba que ha resultado en la pérdida de vidas inocentes a lo largo de años. Vinculado a este tema y de la más alta prioridad fue el trabajo de los Cinco de Cuba –presos en este país, injustamente retenidos por su labor antiterrorista en EE.UU. Temas en los cuales todos los presentes estamos de acuerdo y aquellos, que como yo, disponen de medios de comunicación, blogs y/o espacios radiales, hemos abordado infinidad de veces por elemental coherencia.

Precisamente por coherencia me dirigí a los funcionarios cubanos presentes y plantee la situación que enfrentan actualmente miles de cubanos hermanos y hermanas que llegaron a este país como balseros. La mayoría no ha visto a sus familiares ni ha podido visitar la patria, algunos desde 1994. La situación es inhumana. Se necesita una solución más temprano que tarde que permita a estos cubanos visitar a sus familiares y amigos. Algunos de los lectores se preguntarán: ¿coherencia por qué? Si en los momentos en los que la administración Bush hijo cercenó a la familia cubana con sus medias restrictivas a las visitas y la ayuda familiar no cejamos en enfrentarnos a dicha política, ¿cómo no insistir en el caso de los balseros?

Al terminar la jornada, el embajador cubano reportó que la cuestión de los balseros se estaba estudiando. Anunció que 31 personas que habían sido traídas en balsa  a EE.UU. siendo niños fueron aprobadas para viajar a Cuba.

Los estimados que he leído consideran que la cifra de balseros en EE.UU. es de 15 000 a casi 50 000. Tomando 30 000 para propósitos de este artículo, si se permite viajar a 31 balseros, eso es una décima parte del 1 por ciento.

Con todo respeto, eso no es suficiente. Es precisamente este punto el que me inhibió de votar a favor del documento final, que cuenta con nueve acápites. ¿Uno de nueve? Pues si he sido consecuente durante años con ocho de ellos, ¿cómo, me repetía, no hacerlo con este dotado de fuerte contenido de humanidad?

Estoy profundamente convencido de este punto. Cuando se trata de la reunificación de la familia cubana, no debiera tomar años para que nosotros (todos nosotros) llegáramos a un acuerdo. Pero así ha sucedido.

Otro asunto tratado (¿oportunidad perdida?) fue la discusión del alto costo de los pasaportes, documentos de viajes, etc. Mi pasaporte cubano me cuesta aproximadamente $800 dólares por un período de seis años. Sí, yo lo pago. Pero es una cantidad excesiva –posiblemente el pasaporte más caro del mundo. Y no todo el mundo puede pagarlo. En otras palabras: su costo es excluyente para no pocos emigrados. Hubo otros temas que pudieron ser planteados con mayor amplitud. Mas no fue así. ¿Por qué?

Culpo gran parte de esto a nosotros –los cubanos que vivimos en EE.UU. que estábamos presentes ese día. Nuestro trabajo, nuestra responsabilidad como emigrados, es insistir ante el gobierno cubano y sus representantes con argumentos que van desde la sensibilidad humana a la practicidad efectiva.

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