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Cinco hombres y una sola injusticia. Lorenzo Gonzalo*

Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Puede que usted sea crítico del gobierno cubano. Puede que rechace su existencia. Puede que siempre haya sido adverso de los gobiernos que pretenden superar las contradicciones creadas por el mal manejo de la economía que consolidó la Revolución Industrial. Usted puede ser también un individualista radical, poco interesado en el bienestar económico de su vecino, pero aunque posea todos estos atributos, si así pudiéramos llamar a esas actitudes, estoy seguro que defiende los legados mínimos del liberalismo, entre ellos el surgimiento del estado de derecho. Ese aporte ha permitido que todos, incluyendo a los recalcitrantes que reniegan del prójimo, defendamos la aplicación de leyes aprobadas por legislaciones, supuestamente representativas de los ciudadanos, en condiciones objetivamente favorables y aisladas al máximo de las influencias políticas.

De concordar con lo expuesto hasta aquí, podemos asegurar que no debieran existir razones para que persona alguna justifique que cinco agente cubanos, detenidos a fines de la década del noventa y sentenciados en junio del año 2000, permanezcan en prisión al cabo de quince años de encarcelamiento.

Para muchos es casi un tabú decir que esas personas merecen regresar a su país y para otros, un delito, expresar que sus condenas fueron desmesuradas o clamar que, en buena lid, el gobierno estadounidense debió extraditarlos de inmediato.

Especialmente en Miami, donde se originó la politización del juicio y se tramó la gran componenda, desatando una persecución al estilo de los mejores tiempos de McArthur, con la intención de arrancarles sus libertades, las personas honestas, no se atreven a hablar al respecto. El tema en esta ciudad es un gran tabú. Poco faltó durante el juicio para que algunos pidieran la pena capital.

Pero esto se debe a ese temor reverencial de los más desinformados o fanáticos, a decir algo que coincida con propuestas del gobierno cubano.

El blanco y negro de la política tiene en Miami su mejor exponente. Es la ciudad ideal para deshumanizar los más elementales sentimientos cuando de enfrentar al gobierno cubano se trata y sobre todo, para expresar con objetividad asuntos relacionados con dicho gobierno.

Los cinco agentes cubanos, es de todos conocido, que estaban buscando afanosamente las conexiones de los terroristas con planes de esa naturaleza, dirigidos a causar estragos en la población cubana o en su defecto, a su Estado. No es secreto que en la década del noventa hubo un despertar del terrorismo enfocado al derrocamiento del gobierno de Cuba.

La impotencia de impedir que los emigrados cubanos desearan visitar su país, hablaran con alegría de sus viajes a la Isla, ayudaran a familiares y amigos, creó una desesperación tal, que los vejestorios criminales que pululaban por ese entonces por nuestras calles de Miami y de los cuales aún quedan algunos especimenes, recurrieran de nuevo al crimen, uniéndose a ellos la ruindad de ciertos medios.

Importante destacar lo relacionado con la información, porque los medios tienen casi tanta responsabilidad en muchos de los sucesos provocados por estos patéticos personajes del odio y el terror, como los propios autores materiales.

Dice el refrán que tanta culpa tiene quien mata la vaca como quien le sujeta las patas.

Uno de los más claros ejemplos de esto es la insistencia de los medios en presentar el caso de Gerardo Hernández como cómplice y culpable del derribamiento de dos avionetas que violaron el espacio aéreo cubano en varias ocasiones y donde perecieron cuatro de sus ocupantes.

Es bien conocido que esos vuelos, bajo el pretexto de ayuda humanitaria, incursionaban ilegalmente en territorio cubano, portando matrículas estadounidenses, violando las leyes internacionales, para lanzar propaganda subversiva en contra del gobierno. Pero sobre todo es sabido que quienes vivimos en Miami, veíamos en las noticias a los tripulantes de esas avionetas realizando dichas labores, mientras sonreían y regresaban en actitud de héroes que habían desafiado al Estado cubano.

Si ha existido un delito contra los intereses del Estado cubano que no requería de agentes especiales para descubrirlos, fue precisamente lo concerniente a esas incursiones extraterritoriales, las cuales eran anunciadas de antemano, recibiendo luego amplia cobertura en los noticieros televisivos locales así como en la prensa escrita y radial.

No obstante, los medios no terminan por entender que con esas coberturas se hacen cómplices indirectos de graves delitos y continúan refiriendo que Gerardo fue condenado por “participar en el asesinato” de cuatro de los tripulantes de aquellos fatídicos vuelos. Para colmo insisten en llamar espías a los cinco agentes.

Hay en ese tipo de cobertura una confabulación con el movimiento terrorista en contra de Cuba y con quienes violan las leyes estadounidenses, planeando desde su territorio, incursionar en las aguas de otro país. Una gran cantidad de la prensa y muchos periodistas, han sido cómplices indirectos, aun sin proponérselo, de algunas de las barbaridades cometidas por manos criminales en contra de ciudadanos cubanos que viven en la Isla.

El caso de los cinco agentes cubanos prisioneros, no es un caso en blanco y negro. Tiene matices que la prensa niega y que el ciudadano bueno, amante de la paz y temeroso de la represión, no importa de donde esta proceda, no se atreve a denunciar.

A pesar que uno de los cinco agentes fue puesto en libertad hace un tiempo y Fernando González, otro de los condenados, acaba de cumplir su injusta condena y en breve deberá ser deportado, la manera en que ocurrieron los hechos ha dado lugar a un caso indivisible. Por eso los cinco siguen prisioneros, sin importar las incidentales de las partes.

No se puede hablar de los cinco en términos de remanencias. No existen remanentes. Los cinco continúan presos porque la causa fue una y la injusticia y desmesura de las condenas y sentencias, fue una sola.

No hay compromiso y mucho menos identificación con el gobierno cubano porque protestemos contra la injusticia de un juicio que nunca debió realizarse en las condiciones ambientales en que tuvo lugar y cuyas condenas nunca debieron exceder la magnitud del delito.

La persona de cada uno de los cinco podrá ser un problema personal del gobierno cubano y de sus simpatizantes, pero la protesta en contra de la injusticia cometida por el sistema jurídico estadounidense y la evidente politización del caso, es un tema universal que pertenece a la competencia de todos los hombres y mujeres amantes de la justicia y la libertad en este planeta.

Así lo veo y así lo digo

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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