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Buscar verdades por veinte dólares. Por Aurelio Pedroso

Julio 18 de 2011

Esta historia real comienza en una gasolinera cuando en una de estas calurosas mañanas decido emplear el equivalente a la respetable cifra de veinte dólares, y echar a rodar gomas y preguntas por algunos de los pueblos y caseríos que rodean la ciudad capital. Y algo todavía más curioso: ver una finca de dos hectáreas en venta.

Lo primero que asombra es que ya nadie se muere de sed en tan peculiar recorrido. Lo que ya parecía parte del recuerdo, ha renacido como Ave Fénix. Jugos de frutas naturales que incluyen fruta bomba o papaya, mango, guayaba, mamey, mamoncillo y otras pueden calmar la reseca garganta y hacerle de paso un favor al estómago enviándole el prodigioso alimento de una fruta natural y no el cuestionable refresco enlatado con el gas carbónico, colorantes y químicas incluidos. En uno de esos expendios, que no por gusto es privado, hasta degusté un refresco de coctel de fruta por dos pesos cubanos.

“Esto está cambiando. Aquí hay el comienzo de algo”, refiere filosófico mi acompañante y aspirante a “finquero”.

Salvo algún que otro momento bien amargo o incomprensible para el sentido común que nos haya impuesto el hecho de vivir en Cuba, de ser testigo exclusivo de las marchas hacia adelante o los retrocesos, que no son pocos, a lo largo de este medio siglo, hay que ser ciego para no percatarse a través de este resquicio, que hay una movida imposible de detener.

A sólo dos años de iniciada la Perestroika en 1985 (reconstrucción traducido al castellano) en la antigua URSS, escuché a un viejo profesor ruso con charreteras de coronel y veterano de la II GM preguntarnos a varios periodistas qué pasaría en Cuba si el dueño de una mata de naranjas decidía vender libremente parte de su cosecha excedente. Las respuestas fueron desde las más soñadoras e infantiles hasta aquellas tan dramáticas que incluían la cárcel.

En uno de esos caseríos, que algún orate bautizó como Pueblo Lindo, una hermosa mujer joven, de tez y facciones aborígenes, aprovecha la sombra de un árbol para vender plátano fruta y aguacates provenientes de su patio. La separa del cliente una cerca de alambre de púas porque según ella no vale la pena montar una tarima. La cerca no es un impedimento para aceptar un plátano y degustarlo.

Otros, entre tanto, sacan una mesa al portal y las muestras de lo que venden son exhibidas al pie de la carretera. Con ellos se jaranea si la miel tiene agua o no, se habla del calor, la falta de lluvia y se regatea un buen precio. El temor a tiempos no muy lejanos en que se les podía caer el mundo sobre sus cabezas por vender o regalar una ristra de ajos y luego aparecer la policía y más tarde el decomiso hasta de la tierra bien pudiera estar en camino de la historia.

No faltan los que apuestan a que este incipiente movimiento no alcanzará niveles superiores de desarrollo como en cualquier sociedad o vecino país porque las autoridades no lo permitirán. Tal criterio quien suscribe no lo comparte y aprecia todo lo contrario. Estamos ante el despertar del campo cubano aunque no sean pocas las barreras que deben levantarse.

Sean adornadas, disfrazadas o maquilladas, muchas de las reglas que siempre existieron en nuestra campiña deberán ser retomadas. Una de ellas, que asustaba cuando se mencionaba, y me refiero a la correlación oferta-demanda ya está jugando su rol en la iniciativa privada. Lo que en cualquier lugar de este mundo ya es tan viejo como andar a pie, en la Cuba de hoy está renaciendo.

Los aguacates como ejemplo y parábola. Uno maduro, diez pesos. Pero si son dos, pues pague 15 y sin son tres, tal vez menos.

Al final, la finca de dos hectáreas, con casa y corrales incluidos. Todo por 6,000.00 dólares. A la oferta no le faltan atributos. La tierra es excelente al igual que las vías de comunicación. Según el dueño sólo será suficiente acudir ante notario y que el comprador aparezca como copropietario. Noventainueve papeletas para un timo.

Y es así. De otra forma no seríamos cubanos. Ahí están agazapados los pícaros vanguardistas, que aún sin definirse legalmente la compra venta de casas y automóviles (será para fin de año), ya están vendiendo fincas y cuidado no también el Capitolio Nacional como sus ancestros de la Cuba republicana.

Un necesario proceso en marcha. No en teoría, sino en la propia práctica cotidiana, con sus defensores y detractores, así como también con los que critican su lentitud o alaban la cordura para evitar equívocos. Hay movimiento y no lo dice el señor Galilei.

 

Fuente: http://progreso-semanal.com/4/index.php?option=com_content&view=article&id=3609:buscar-verdades-por-veinte-dolares&catid=4:en-cuba&Itemid=3


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