Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Boletin No. 14 Oficina del Programa Martiano

HONRAR HONRA No. 14/10
Órgano de la Oficina del Programa Martiano del Consejo de Estado de la República de Cuba.
Editor: Lic. Eulogio Rodríguez Millares, Subdirector.
Calzada No. 801, ent. 2 y 4, Vedado, Plaza de la Revolución, Ciudad de la Habana
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“En el fiel de América están las Antillas, que serian, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder,-mero fortín de la Roma americana;-y si libres-y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora—serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio-por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles-hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo”1 O C T 3, PÁG. 142

INVITACIÓN A LA II CONFERENCIA INTERNACIONAL BOLÍVAR, LINCOLN Y MARTÍ EN EL ALMA DE NUESTRA AMÉRICA, CARACAS, VENEZUELA (NOVIEMBRE 17 AL 20) EN EL MARCO DEL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DE IBEROAMÉRICA VER DETALLES
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Disponible toda la 1ra. Conferencia Martí, Juárez y Lincoln, en INTERNET
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DOCUMENTOS INCLUIDOS EN ESTE NÚMERO.

1.- “Coloquio Internacional José Martí Unidad y Revolución” Unidad y Revolución en el pensamiento de José Martí, Por Armando Hart (Pág. 2)
2.- Declaración de las Instituciones Martianas (Pág. 5)
3.- Nuestra América frente a los desafíos de la administración Obama: Expectativas y realidades, (panel del ALMA en Globalización) Dr. Luis René Fernández Tabío (Pág-6)

1.- Se efectuó en el Centro de Estudios Martianos el “Coloquio Internacional José Martí Unidad y Revolución”

Durante los días 30 y 31 de marzo y 1 de abril, se efectuó el “Coloquio Internacional José Martí Unidad y Revolución” con la asistencia de destacas personalidades nacionales y extranjeras y contando en la inauguración con representantes del cuerpo diplomático latinoamericano y de China y Viet Nam, entre ellos los Embajadores de Argentina, Guatemala y Paraguay.

El Dr. Sergio Guerra Vilaboy, Presidente de la Asociación de Historiadores de Latinoamérica y el Caribe, la Dra. Ana Sánchez Ballester, Directora del CEM, el Dr. Mario Mencia, Investigador del Archivo Histórico del Consejote Estado, el Dr. Ibrahim Hidalgo Paz, Premio Nacional de Historia 2009 y el Dr. Armando Hart Dávalos, estuvieron entre los conferencistas magistrales que dictaron interesantes Ponencias a los participantes. El evento continuó en tres comisiones de trabajo clausurándose el mismo el jueves primero de abril.

Durante el Coloquio se presentaron los libros “Nazareno de Espada y Paloma del Dr. Raúl Roa García por Raúl Roa Kourí y Ana Cairo Ballester; Nuestra América Combate de Ibrahim Hidalgo y Misión Cuba, Cayo Hueso y Martí de Gerardo Castellanos

De las conferencias impartidas, incluimos en este número el mensaje que a nombre de la Oficina del Programa Martiano y de la Sociedad Cultural José Martí, su Presidente, el Dr. Armando Hart Dávalos presento en dicho evento y que a continuación transcribimos:

Unidad y Revolución en el pensamiento de José Martí, Por Armando Armando Hart Dávalos

Refiriéndose a lo sucedido en la guerra del 68, Martí afirmó: Nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos. Aludía así a las divisiones y pugnas entre los patriotas que condujeron al fracaso de aquel esfuerzo heroico iniciado en Yara en 1868 y mantenido durante diez años.
Enfrentado a las frustraciones y el desanimo que dejó aquella primera contienda, Martí extrajo como conclusión esencial que la nueva guerra había que dirigirla de otro modo. Y para ello concibió y organizó el Partido Revolucionario Cubano, eficaz instrumento para forjar la necesaria e imprescindible unidad y para dirigir la guerra con criterio político. Ese partido tenía como objetivo esencial hacer triunfar la causa de la independencia como meta irrenunciable de la Revolución. Su espíritu unitario le permitió constituirse en las filas de la emigración en Estados Unidos primero, y lograr, más tarde, una representación en suelo cubano, La primera conclusión, por tanto, que puede extraerse es que en la prédica y el accionar político de Martí está presente tanto el objetivo radical de la independencia de Cuba de España como el logro de la unidad de todos aquellos interesados en hacerla realidad.
De aquí que en la cultura martiana de hacer política estén presentes dos elementos definitorios de la misma: la radicalidad y la armonía.
Bien sabemos que para Martí lo radical no estaba en los extremos sino en la raíz y eso se asocia al objetivo irrenunciable de la independencia y de los principios que debían guiar la lucha para lograrla y hacer posible una Revolución con todos y para el bien de todos. La armonía era el elemento imprescindible para el logro de la unidad de todos los patriotas y para sumar al más amplio número de personas a la causa de la independencia.
Recordemos lo expresado por Julio Antonio Mella acerca del misterio que hizo posible el respaldo de sectores sociales diversos al programa ultrademocrático de José Martí. Así vemos nosotros los elementos de Unidad y Revolución en la vida y el pensamiento del Apóstol y que forma parte de lo que he llamado Cultura de hacer política. Ello constituye el fruto más útil y original de la historia de las ideas cubanas y se relaciona con las maneras prácticas de materializar los objetivos que se persiguen y de vencer los obstáculos que se levantan ante todo proyecto revolucionario. Esta práctica tiene fundamentos filosóficos que es preciso conocer y estudiar para entender mejor el entretejido de ideas en que se fundamenta el hecho de que en las más difíciles circunstancias y enfrentada a los más grandes obstáculos, la política cubana ha adquirido una singular influencia en el mundo de los últimos cincuenta años.
Hago un llamado a abordar, con el rigor necesario, las enseñanzas de Martí y de Fidel, especialmente en el campo de la política y a propiciar el estudio y la investigación, partiendo de nuestra experiencia histórica, sobre el tema de la cultura con un sentido mucho más universal y que nos sirva, a la vez, para entender las esencias del llamado de Fidel sobre la cultura general integral. El legado de Martí en este terreno sintetizado en su frase Ser culto es el único modo de ser libre constituye un punto de referencia obligado.
Partimos de las enseñanzas prácticas de la política del Apóstol y de su discípulo fundamental y de las formas concretas de la práctica política con las que se forjó la unidad nacional. Se trata de investigar los caminos recorridos en el proceso integrador del pueblo para el alumbramiento de la nación cubana, sus fundamentos y, en especial, la manera de lograr esa unidad por la vía de la práctica política y de la educación. El estudio con profundidad de la evolución económica y social de la historia de Cuba, base de este inmenso saber, hará posible extraer conclusiones acertadas para nuestro trabajo.
En esa labor de investigación contamos con dos piezas maestras de nuestra historia El Manifiesto de Montecristi, suscrito por José Martí y Máximo Gómez en 1895, y cuyo aniversario 115 estamos conmemorando, y La historia me absolverá de Fidel Castro en 1953.
En cuanto al Manifiesto de Montecristi permítase me apuntar lo siguiente:
Desde las primeras líneas se destaca que el propósito inmediato de la revolución iniciada casi 30 años antes en Yara era el “saneamiento y emancipación del país para el bien de América y del mundo". Este objetivo, de interés universal, aparece como lo más sustantivo del ideario martiano y está presente a lo largo del texto que suscribió con Gómez. En dicho texto se plantea asimismo que:

La guerra de independencia de Cuba, nudo de haz de islas donde se han de cruzar, en plazo de pocos años el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno el heroísmo juicioso que las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y e/ equilibrio aun vacilante del mundo.
Más adelante se subraya:
La revolución cumplirá mañana el deber de explicar de nuevo al país y a las naciones las causas locales, y de ideas de interés universal, con que para el adelanto y servicio de la humanidad reanuda el pueblo emancipador de Yara y Guáimaro una guerra digna del respeto de sus enemigos y el apoyo de los pueblos por su rígido concepto del derecho del hombre, y su aborrecimiento de la venganza estéril y la devastación inútil.

Tal interés se fundamenta y enlaza con los propósitos que se exponen en los estatutos de Partido Revolucionario Cubano de Martí, de "Auxiliar y apoyar la independencia de Puerto Rico" y además, como se recoge en el propio Manifiesto, alcanzar y asegurar unas Antillas libres, que a su vez, garanticen y protejan a una América libre.
La pregunta que debemos hacernos es por qué Martí quería una Cuba libre, unas Antillas libres y una América libre. Lo expresó de una manera tan diáfana que no debería dar lugar a dudas o confusiones. En su artículo con motivo de la conmemoración del segundo aniversario del Partido Revolucionario Cubano, publicado en 1894, señaló:

En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder, -mero fortín de la Roma americana; -y si libres y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora - serían en el continente la garantía del equilibrio, de la independencia pare América española aun amenazada y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles hallar más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo.

Se observa aquí como el Apóstol no pretendía agudizar el conflicto, al que calificó de innecesario, entre la América mestiza y la América sajona. Martí hubiera preferido buscar una solución al conflicto que no condujera a un antagonismo feroz. Pretendía que surgieran unas Antillas libres para servir a los pueblos de nuestra América, e incluso, al propio pueblo de los Estados Unidos que según expresa, "hallará en el desarrollo de su territorio más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores". Y aspiraba, como queda dicho, a garantizar de esta forma, el equilibro del mundo.
En el propio "Manifiesto de Montecristi", Gómez y Martí agregan:

Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral de América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo.

En cuanto a La Historia me absolverá podemos afirmar que ese alegato confirma la continuidad histórica de la única revolución que ha existido en nuestro país, la iniciada el 10 de octubre de 1868, con la proclamación de independencia del país por Carlos Manuel de Céspedes, continuada el 24 de febrero de 1895, y reiniciada por Fidel con la heroica gesta del Moncada. En él se reivindicó el ideal de independencia o muerte de nuestros mambises y sentó las bases para la consigna que la generación del centenario exaltaría a primer plano: Libertad o muerte.

La historia me absolverá constituye también un alegato jurídico que conjuga la lucha contra el régimen ilegal de Batista con la defensa de la Constitución de 1940, cuyo aniversario 70 también se conmemora este año. Se apoya textualmente para la aplicación de las medidas revolucionarias más importantes en preceptos de la Constitución de 1940 y en especial en el que validaba la resistencia nacional frente a las violaciones de la misma. Esta Constitución y su aplicación consecuente están insertadas en la historia filosófica y social de nuestro país y forma parte, además, de la mejor y más depurada tradición cultural universal. Permite estudiar la dialéctica de cómo las ideas cubanas se orientaron hacia el socialismo a partir de los mismos orígenes de la nueva etapa revolucionaria iniciada entonces. Sin proclamarse como tal, de hecho s entaba las bases para orientar la sociedad cubanas hacia ese objetivo superior.

A partir de estas consideraciones podemos extraer algunas enseñanzas para el presente y el porvenir. La existencia y fortaleza de la nación cubana ha estado siempre fundamentada en la unidad política del pueblo trabajador. Este país, desde el proceso de gestación de la nación y en su recorrido hasta nuestros días, debió enfrentarse a las más diversas y complejas contradicciones internacionales. Dos hombres hicieron posible la unidad nacional: José Martí, que en el siglo XIX la hizo cristalizar a partir de un ingente esfuerzo político y cultural y Fidel Castro que al evitar que “el Apóstol muriera en el año de su centenario” (1953) –como dijo en el juicio seguido por el asalto a la segunda fortaleza militar del país-- hizo crecer la memoria del Maestro y le extrajo a su pensamiento vivo y profundo todas las lecciones necesarias para hacer verdaderamente independiente la patria.

En la presente centuria, la perdurabilidad y fortaleza de la nación tendrá, como garantía decisiva, la unidad alcanzada la cual se nutre de las ideas y sentimientos que sucesivas generaciones de cubanos fueron tejiendo con su sangre, trabajo, inteligencia y cultura. Nuestra tarea consiste en interpretar y actualizar el significado de esa tradición y continuar formando en ella a las nuevas generaciones para que, al hacer suyas las banderas de la Revolución cubana, las exalten y defiendan en un mundo bien diferente y mucho más complejo que el actual.

2.- DECLARACIÓN DE LAS INSTITUCIONES MARTIANAS

Hace ya más de un siglo en su lúcido ensayo Nuestra América, José Martí advirtió que ‘’el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella’’.
Toda la campaña mediática contra la Revolución cubana basada en mentiras y tergiversaciones, correrá inexorablemente la misma suerte y caerá a la larga por la verdad que le faltó como todas sus predecesoras a lo largo de medio siglo.
Y es que no hay infamias, conjuras y manipulaciones que puedan ocultar la colosal obra de amor y humanismo de nuestra revolución que tiene como referente esencial el pensamiento de José Martí, cuyo legado de respeto a la dignidad plena del hombre ha estado presente, desde la lucha en la Sierra Maestra, en el trato respetuoso entonces hacia los prisioneros y mantenido invariable hasta aquí como principio ético de su práctica política y jurídica. Ello nos permite afirmar, categóricamente, que en Cuba no se practica la tortura ni existe un solo caso de personas desaparecidas o de ejecuciones extrajudiciales.
El pasado 11 de marzo, aquellos que desde la opulencia y la impunidad continúan considerando a Europa como el ombligo del mundo dieron su voto favorable a una resolución del Parlamento europeo llamando a un cambio de régimen en Cuba hacia una democracia pluripartidista. El pretexto, la muerte del delincuente común, devenido ‘’preso político’’, Orlando Zapata Tamayo como consecuencia de una huelga de hambre para exigir condiciones en su celda iguales o superiores a las que tienen en sus casas muchos cubanos trabajadores y respetuosos de la ley. Su muerte lamentable estuvo precedida de todas las atenciones médicas posibles en esos casos lo cual fue reconocido por sus familiares.
Aquellos que piensen que con el dinero del gobierno de los Estados Unidos y las campañas mediáticas basadas en mentiras en Europa van a torcer el rumbo socialista de nuestro país se equivocan de medio a medio. Hemos resistido durante mas de medio siglo el bloqueo económico y comercial de la potencia mas poderosa del planeta y continuamos aquí con la presencia solidaria de nuestros médicos y personal de la salud, educadores y deportistas en numerosos países llevando a la práctica aquella sentencia martiana de que ‘’Patria es Humanidad’’.
En Estados Unidos y en la propia Europa el desorden neoliberal a favor de los ricos, marginando o suprimiendo el control del estado, ha conducido a una profunda crisis que comenzó como se sabe por el sector inmobiliario, se extendió al sector financiero y hoy hace metástasis en la economía real creando una situación de imprevisibles consecuencias para todos los pueblos del mundo. Los parlamentarios que votaron la resolución contra Cuba debían preocuparse más por lo que esta sucediendo ahora mismo en Grecia y en otros países de la Unión, con sus desempleados, con las expulsiones de inmigrantes, el auge de la xenofobia y el racismo. Son los mismos que mantienen un silencio vergonzoso acera de la situación de los Cinco antiterroristas cubanos presos hace ya mas de diez años en cárceles de Estados Unidos por su lucha para prevenir las acciones terroristas llevadas a cabo desde territorio norteamericano contra el pueblo cubano.
Las Instituciones Martianas empeñadas en promover los valores humanistas presentes en el pensamiento de nuestro Héroe Nacional y en la cultura cubana rechazan por falaz e injerencista la Resolución del Parlamento Europeo y hacen un llamado a los amigos de Cuba, a los intelectuales y artistas, a las personas honestas en todo el mundo a no dejarse confundir y a mantener la confianza y la solidaridad con nuestro país bloqueado y agredido.
Estamos conscientes de la importancia decisiva de esta batalla que libramos no solo por Cuba sino también por todos los que aspiran a un mundo de paz, igualdad y justicia con alcance verdaderamente universal.
Oficina del Programa Martiano, Sociedad Cultural José Martí, Centro de Estudios Martianos, Movimiento Juvenil Martiano, Memorial José Martí, Museo Casa Natal José Martí, Fragua Martiana, La Habana, 25 de marzo de 2010

3.- Nuestra América frente a los desafíos de la Administración Obama: Expectativas y realidades, por Dr. Luis René Fernández Tabío Subdirector del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU), Universidad de La Habana

Las expectativas por el triunfo electoral de Barack Obama a finales del 2008 fueron muy altas, aunque sin duda existían muchas razones para explicar el optimismo que rodeó ese acontecimiento político. Se evidenciaba un agotamiento del curso político llevado por la administración precedente y se identificaba al gobierno republicano de George W. Bush como responsable con los resultados de esa política, sobre todo por la agudeza de la crisis económica y el empantanamiento de sus fuerzas militares en dos conflictos en el Medio Oriente sin salida a la vista. Las elecciones en general fueron impregnadas con el tema del cambio, pero claramente la candidatura de Obama era la que mejor expresaba y representaba esa orientación, tanto debido a los elementos simbólicos del que era portador el nuevo presidente por sus paternos ancestros africanos, hasta por la forma de movilizar el apoyo político y el contenido y l a calidad expresiva de su retórica. Por vez primera se elegía un Presidente que no era consistente con lo que había sido la identidad de la clase dominante de ese país y de la propia nación como “blanca, anglosajona y protestante” y aunque esto contribuía a las simpatías de los sectores más oprimidos en ese país, y por supuesto los negros, no se trataba que el nuevo presidente fuera portador por reivindicar los derechos de los negros que todavía son notables sus disparidades respecto al grupo dominante en ingresos, empleo y desempeño social en todos los ámbitos de la vida.
Los discursos de campaña, las sugerencias de los asesores y expertos recomendaban estrategias y acciones de política concretas para recuperar la imagen de los Estados Unidos en el mundo y restablecer en lo posible su hegemonía, fuertemente deteriorada después de ocho años del gobierno de George W. Bush estimulaban la idea de que la nueva administración demócrata podía mejorar sus relaciones con América Latina y el Caribe.
Realmente al momento de las elecciones y durante los primeros meses se apreciaba cierta confianza dentro y fuera de los Estados Unidos en que se podía estar abriendo paso a una nueva era en la diplomacia norteamericana. Esta relativamente positiva percepción sobre lo que podía ser la política exterior del imperialismo no dejaba de impactar tanto a los principales aliados, como al resto de los países, incluyendo aquellos que los propios círculos gobernantes del imperio consideran hostiles a sus intereses de seguridad. Ni América Latina y el Caribe en general, ni Venezuela y Cuba resultaban una excepción. Se trataba de un momento histórico significativo para el imperialismo norteamericano marcado por la necesidad de cambio, no solamente su expresión como lema político de campaña.
Todos estos elementos y las críticas que había sido objeto la política de la administración Bush favorecían el sentimiento de que la nueva administración podía representar realmente una etapa distinta, inclinada hacia una orientación liberal reformista dentro de la tradición política norteamericana, más dispuesta al diálogo, a la negociación multilateral y a la diplomacia. Ese enfoque debía rectificar los extremos que había manifestado el gobierno republicano, como el empleo privilegiado de la fuerza militar de forma unilateral para lidiar con los llamados retos a su seguridad, sobre todo durante los primeros cuatro años de la administración de George W. Bush.
Sin embargo, se debe distinguir entre las percepciones e imágenes de cambio y del balance real en términos político- ideológicos del posicionamiento de la mayoría de los electores estadounidenses. Adicionalmente, los mismos factores coyunturales, condiciones y contradicciones acumuladas por el sistema que estallaron con fuerza en los meses previos a las elecciones y favorecieron la victoria electoral de Obama en el 2008, en tanto se presentaban como condiciones promotoras del cambio, del nuevo momento en la diplomacia y en la política; a partir del inicio de su gobierno se convertirían en enormes obstáculos para el avance de una política distinta. Aunque la evaluación preliminar del primer año de Obama evidenciaba ajustes en la forma de su aplicación, en la retórica y sin duda aparecían nuevos rasgos en la política exterior; puede decirse que en balance se ha ido imponien do más una continuidad matizada por los anteriores elementos en la política exterior, que un cambio respecto al período precedente.
Partiendo de estas evidencias, el propósito de esta presentación es evaluar la política exterior de los Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe y sus principales resultados después de cumplido el primer año del presidente Barack Obama en la Casa Blanca. Para tal evaluación se tendrá en cuenta no sólo, ni principalmente, el discurso político que lo antecede y acompaña y los aparentes nuevos rasgos expresados de su accionar, sino se tratará de identificar los límites que enfrenta, tanto los de carácter sistémico por su carácter de centro imperialista mundial, como los derivados del momento histórico que atraviesa y las características propias del funcionamiento del sistema político norteamericano y sus prioridades, para así poder establecer algunos elemento que permitan realizar una aproximación preliminar a su más p robable curso en los próximos años.
Se considera que la Administración Obama enfrentó durante su primer año los límites que le impone el actual momento histórico por el que atraviesa la sociedad norteamericana, caracterizado por una profunda crisis económica con ramificaciones sociales y políticas en medio de un largo proceso de declinación de su hegemonía como centro del imperialismo global iniciada desde finales de la década de los 60. Asimismo la política de cambios y reorientación de la política exterior de Obama enfrenta las todavía muy poderosas tendencias conservadoras que conservan su predominio entre las tendencias ideológicas de la sociedad norteamericana. Es decir, la elección de Obama y el éxito demócrata en la contienda presidencial del 2008, no constituyó una modificación del consenso político ideológico, sino un cambio del partido en la pr esidencia de los republicanos a los demócratas.
La esencia de la continuidad de la política de EE.UU: los objetivos e intereses imperialistas
La política exterior norteamericana por su esencia imperialista y en función de sus intereses geopolíticos transnacionales tiene objetivos permanentes en defensa de su particular y extendido entendimiento de la “seguridad nacional” de los Estados Unidos. La diferencia entre un período y otro, por la presencia de uno de los dos partidos dominantes en ese país en el Gobierno norteamericano está marcada por la forma de lograr esos objetivos o las prioridades para lograrlo. Es decir, se trata de diferentes estilos, formas y modos de la política en general y la política exterior en particular que privilegian el empleo de distintos instrumentos o el modo de combinarlos para lograr esos propósitos que pueden ser definidos de manera general como mantener y si es posible extender y profundizar la hegemonía estadounidense.
Los procesos electorales, como parte del funcionamiento del sistema político norteamericano, “no están concebidos ni diseñados en un país como Estados Unidos --líder del sistema capitalista de relaciones internacionales-- para cambiar al sistema, sino para perpetuarlo.”2 Por lo cual está fuera de las posibilidades reales esperar cambios sustanciales en la política de un gobernante norteamericano en tanto representante y defensor del sistema imperialista.
También se debe considerar que la política exterior imperialista no se realiza en el vacío. Se trata de un proceso de confrontación entre las fuerzas hegemónicas y las que se enfrentan a estas. Aunque pueden variar las formas, su objetivo permanente es protegen las condiciones para el funcionamiento de su sistema económico de reproducción capitalista, basado en la estrecha vinculación de sus mercados con el resto del mundo y avanzar en el establecimiento de un marco institucional y de regulaciones que favorezca su economía expresado en organizaciones como la OMC y en particular los acuerdos de libre comercio establecidos con los países de la región.
El contexto político y económico internacional y las relaciones del ´resto del mundo´ con los Estados Unidos deben ser tenidos en cuenta, sean enmarcadas en limitadas contradicciones inter imperialistas, o retos mayores o menores a su hegemonía, van conformando una correlación de fuerza que permite entender las etapas de avance y retroceso de su sistema de dominación y explotación. Acontecimientos que modifican el balance internacional de fuerzas como la desaparición del socialismo en Europa, la derrota de los Estados Unidos en Vietnam impactan las tendencias de la política exterior en un sentido más o menos agresivo, más o menos expansivo según sean percibidos esos acontecimientos por los gobernantes norteamericanos y el consenso político que lo domine. El avance o retroceso del proceso de salida del Medio Oriente puede alentar el expansionismo, del mismo modo que un fracaso o dilataci&oa cute;n del proceso limita las posibilidades expansionistas e interventoras.
En el contexto hemisférico, tales relaciones de poder o balance de fuerzas también se expresan e impactan los modos de aplicar la política imperialista: Así, se recurre a uno u otro instrumento de acuerdo al avance o retroceso de las fuerzas contra hegemónicas. Aunque no se puedan considerar los procesos de tendencia contra hegemónica --en todas sus variantes y diferentes grados de profundización, como procesos maduros e irreversibles--, las victorias en América Latina de gobiernos con un signo contrario a los esquemas de dominación del imperialismo norteamericano desde finales de los años 90 del pasado siglo (sumada a la permanencia de la Revolución cubana), promueven por distintas vías mayores niveles de autonomía, independencia y soberanía. Las nuevas condiciones se manifiestan, incluso, al interior de organizaciones que fueron creadas por los Estados Unidos como parte del si stema interamericano, como es el caso de la OEA, que sin dejar de expresar de manera asimétrica los intereses norteamericanos, ha llegado a verse en la necesidad de reconocer otras fuerzas. La convocatoria de una Cumbre de Unidad de América Latina y el Caribe, sin incluir a Canadá y a los Estados Unidos constituye un elemento relevante en sí mismo con independencia de sus resultados en el corto plazo; al retomar la unidad dentro de la diversidad como un factor de poder en las relaciones internacionales y hemisféricas que otorgue mayor peso a la región al margen de las asimetrías que encuentra en organizaciones como la OEA.
Del mismo modo, los golpes de estado contra gobiernos progresistas, como ocurrió con el gobierno de Zelaya en Honduras, o la derrota de la coalición de izquierda en Chile, o cualquier medio que altere el mapa político a favor de fuerzas aliadas de los Estados Unidos y su sistema de dominación hemisférica, constituye un resultado que fortalece la hegemonía estadounidense en la región.

La crisis económica y otras prioridades de política interna
El impacto de la actual crisis económica y financiera en los Estados Unidos y su repercusión global y para sus relaciones con América Latina y el Caribe debe considerar la posición del Imperialismo norteamericano en el sistema socioeconómico y político mundial expresado en su posición hegemónica y su lugar en la correlación o el balance internacional de fuerzas. Los Estados Unidos como Imperialismo llegó a la cima de su hegemonía al término de la Segunda Guerra Mundial y consiguió estabilizarse en esa posición hasta los años 50. La declinación del imperialismo estadounidense, aunque oscilante, se inicia a finales de los 603 y desde entonces los círculos gobernantes de ese país se han enfrascado por distintas vías en la recuperación o mantenimiento de la hegemonía.
La acumulación de las contradicciones económicas y financieras durante el proceso de expansión de la economía en el período desde finales del 2001 hasta el 2007, mostraba crecientes problemas en el mercado de bienes raíces desde el 2007, que serviría como uno de sus detonantes de la actual crisis. No por casualidad este sector había sido el principal motor impulsor de la economía norteamericana desde el estallido de la burbuja especulativa en el año 2000. En aquel momento la explosión de la burbuja especulativa se inició por las corporaciones de la informática y las comunicaciones, que supuestamente habían sido promotoras de una nueva economía durante el prolongado crecimiento de los años 90. La llamada nueva economía, con grandes aumentos de la productividad del trabajo justificados básicamente por el empleo de los adelantos reales de la inform&aac ute;tica y las comunicaciones a la producción y los servicios propiciaría –según algunos apologistas del sistema—permitiría un desarrollo del capitalismo sin crisis económicas, o por lo menos estas serían muy leves y de corta duración.
Sin embargo, esta ilusión llegó a su fin, acompañada de escándalos contables, denuncias de corrupción entre los directivos, bancarrota de algunas de las principales firmas y empresas y en definitiva la notable incapacidad del mercado de capital, las famosas bolsas para servir de reguladoras del sistema capitalistas en el marco de la economía globalizada. Lo que había logrado el mercado globalizado de capitales y en particular el norteamericano fue el increíble aumento de las ganancias de las corporaciones, industriales y financieras, que generaban ingresos fabulosos y aumentaban las diferencias socioeconómicas entre pobres y ricos dentro de cada país y a escala de la economía internacional. Había permitido también a la economía norteamericana disfrutar de largos períodos expansivos, basados en grandes déficit en las cuentas nacionales: fiscal, cuenta corriente de la balanza de pagos y el aumento incesante de la deuda pública. Estas condiciones de parasitismo de la economía norteamericana del resto del mundo, siendo receptora neta de capitales para cubrir su deuda, ha sido y es uno de los rasgos que hacen plantear a algunos estudiosos de la economía norteamericana no solamente su decadencia, sino su crisis sistémica, en el sentido de que “los mecanismos que se han usado hasta ese punto para regresar el sistema a equilibrios relativos ya no funcionan.4
El Presidente elegido en el 2008 y el Congreso han tenido que enfrentar la crisis financiera y la recesión global. Aunque se han presentado algunos síntomas de recuperación desde finales del 2009, las condiciones recesivas se extienden en el 2010 y dada la complejidad de los desafíos que acompañan a la crisis económica --crisis energética, medioambiental, alimentaría--, se espera una muy larga y difícil reactivación económica, con recaídas, débiles ritmos de crecimiento y el sostenimiento de los altos índices de desempleo. En el plano más coyuntural, los impactos de la crisis y su traslado de la esfera propiamente financiera a la economía real ha hecho disminuir la demanda global no solamente por la caída de la economía norteamericana, sino por el contagio de la economía europea y de importantes economías asiáticas, incluyendo a China y Japón. La disminución de la demanda debido a la extensión de la crisis ha reducido los precios del petróleo y de otras materias primas debido a la disminución de la demanda desde mediados del 2008 y con ello los ingresos de países que tienen vinculado una parte considerable de sus ingresos a la exportación de esos productos, como es característico de la periferia y la semi-periferia del sistema mundial. Este último aspecto constituye una variable bastante significativa para el futuro de muchos de los países de la región, haciéndole pagar por esta y otras vías una parte importante del ajuste económico de la crisis en los Estados Unidos y otras economías centro de Europa y Asia.
En el plano institucional y de política económica, la economía norteamericana no solamente se ve lastrada por el colapso de las importantes instituciones financieras, bancos, de la industria automovilística, que llaman a la puerta del gobierno para obtener ayuda como parte de los programas de salvamento que suman miles de millones de dólares y no consiguen frenar el deterioro de la situación, sino que los indicadores macroeconómicos del desempleo evidencian una tendencia al aumento, por lo cual el nuevo presidente ya menciona programas de empleo para paliar la situación. En diciembre del 2008 el desempleo se calculó oficialmente en 7.2%, perdiéndose en el propio mes 524 mil empleos y 1.9 millones en los últimos cuatro meses de ese año de acuerdo al informe del Buró de Estadística del Trabajo.5 Los meses posteriores registrarían un mayor agravamiento de la situación , estimándose el índice de desempleo a finales del 2009 en 10% y si bien para febrero del 2010 se reflejaba un desempleo de 9.7%, la situación sigue siendo muy tensa. Naturalmente, los indicadores de desempleo, como cualquier otro indicador socioeconómico de la sociedad estadounidense, presentan fuertes variaciones dependiendo del grupo social de que se trate, siendo mucho mayor el de los hispanos y negros, grupos que han depositado gran esperanza en este gobierno. Así, en el referido informe oficial del empleo de febrero del 2010 se fijaba el desempleo de los blancos en 8.8%, hispanos o latinos 12.4% y negros o afro norteamericanos 15.8%.6 Pero lo que es peor, el patrón de empleo de la economía norteamericana ha cambiado y se calcula oficialmente el número de sin trabajos en casi 15 millones de personas, principalmente aquellos de más avanzada edad y con menor nivel educacional. Son los “nuevos pobres”, p ersonas acostumbradas a ser parte de las capas medias y ahora de la asistencia pública y se espera que esa situación se extienda por años.7

Ello no excluye la atención de otros problemas acumulados que también afectan la hegemonía estadounidense entre los que se destacan la necesidad de reducir la creciente dependencia de los suministros externos de hidrocarburos y a la vez diversificar sus fuentes, lo cual incluye la extensión del empleo de la energía nuclear y otros recursos alternativos. Recuérdese que los Estados Unidos reciben del Hemisferio Occidental el 51% de su energía desde Canadá, México, Venezuela, Ecuador, Colombia y Brasil. Vinculado a este tema está la explotación de hidrocarburos en plataforma marina, así como la política de estimular los biocombustibles, cada una con implicaciones medioambientales y sociales; y por supuesto para las relaciones entre los Estados Unidos y los países de América Latina y el Caribe. En los enfoques preliminares de Obama se hacía énfasis en las reser vas estratégicas como respuesta de corto plazo y en el más largo plazo se propone incrementar el uso de energía renovable, e impulsar el desarrollo de tecnologías a tales efectos.8
Los enormes paquetes de salvamento e intervención del gobierno estadounidense en la economía con una política fiscal expansiva, tanto por el aumento de los gastos como por la reducción de los impuestos, ha impactado negativamente el déficit presupuestario, que alcanzó nuevos record en el año fiscal 2009 y será aún mayor en el 2010, cuando se estima que alcanzará 1.56 billones de dólares, o un 10% del PIB estadounidense. La deuda pública norteamericana ya se encuentra muy por encima de los 10 billones de dólares.9
A lo anterior se deben sumar los gastos militares comprometidos, pues incluso en el escenario más favorable para la retirada de las tropas de Irak, la misma no puede realizarse antes de los próximos tres años. En Afganistán el propio Obama prevé la necesidad de un incremento de la participación militar en los próximos años, pero también es predecible un mayor enconamiento del conflicto en este país por sus ramificaciones regionales asociadas a la situación en Pakistán.
La política comercial mantendrá la búsqueda de acuerdos de libre comercio, pero de manera muy selectiva y cada vez con mayores grados de condicionamiento, como ha resultado de los últimos acuerdos entre el Ejecutivo y el Congreso. Los nuevos acuerdos de libre comercio que firmen los Estados Unidos tendrán que incorporar los nuevos requisitos de obligatorio cumplimiento en materia laboral y de medio ambiente.
Todavía no es posible predecir la profundidad de la actual crisis económica mundial, pero no cabe duda que se encuentra en pleno proceso de desarrollo. La magnitud y duración de la crisis dependerá mucho de los acuerdos que se puedan alcanzar para acometer los ajustes requeridos en el más breve plazo y conseguir una distribución más justa de sus costos. Sus consecuencias en todo caso serían diferenciadas en correspondencia con las relaciones económicas directas e indirectas de los países, así como los niveles de interdependencia derivados del proceso de globalización para cada sector económico, región y país. De tal manera, cabe esperar que los ajustes requeridos por la economía norteamericana sean parcialmente financiados por el resto del mundo. Ello haría aconsejable un ascenso de la coordinación de políticas económicas, formulaci&o acute;n de nuevas propuestas de producción, integración, rediseño de la arquitectura financiera y monetaria a escala subregional y regional en América Latina, entre otros instrumentos, como vías para paliar los impactos negativos causados por la crisis de la economía de los Estados Unidos.
Debe considerarse que el declinar de las bases económicas necesarias para el ejercicio de la hegemonía estadounidense, y el quiebre, aunque gradual de su sistema de dominación, también puede hacer más peligrosa su política. Si fracasan las otras vías para el reacomodo exitoso de los Estados Unidos en el sistema internacional y hemisférico, el imperialismo estaría tentado a emplear los instrumentos de fuerza y en particular los militares, como único recurso para sostener la dominación. El concepto de “poder inteligente” abrazado por la Administración deja abierta todas las posibilidades, tanto un mejor manejo de los instrumentos de poder blando, como el fuerte. Aunque esta última opción sea limitada, al menos en su proyección en gran escala, en la misma medida que permanezca su presencia militar en Irak, se amplíe en Afganistán y quizás se incluyan otros países en los próximos años.
Es decir, en el corto y mediano plazo podrían ponerse de manifiesto las debilidades hasta ahora asimiladas por la economía estadounidense y de los conflictos en curso, pudiéndose agravar uno a varios de los anteriores desafíos, sumado a otros --variaciones de los precios de las materias primas y combustibles, de los precios de producción y consumo y en particular de los alimentos, de las cotizaciones del dólar y de las tasas de interés expresadas en esa moneda, que pueden motivar la reducción de la disposición de los inversionistas extranjeros a participar en la economía norteamericana y a sostener activos en dólares. Siendo la participación del capital extranjero en la economía norteamericana un factor clave de su patrón de crecimiento en las últimas décadas, habría que preguntarse cómo podría alterarse el mismo si se quiere proteger, o mejora r, los ingresos reales de las capas medias norteamericanas y al mismo tiempo se está financiando masivamente al sector corporativo para paliar la crisis y se mantienen abultados presupuestos militares para financiar conflictos armados en el exterior.
Considerando que debería incrementarse el ahorro interno para reducir al menos el peso del financiamiento internacional heredado como base de su consumo; ¿cómo puede hacerse esto sin agravar mucho más la crisis económica interna, que necesariamente afecta de manera desproporcionada precisamente a los sectores que pretende auxiliar el gobierno de Obama?. ¿Cuál sería la repercusión de esa crisis para las relaciones entre los Estados Unidos y los países de la región?
Las políticas propuestas para paliar la crisis económica tienen un carácter expansivo, empleando ampliamente el gasto público para apoyar el empleo entre otras novedades que hacen pensar en una vuelta al keynesianismo,10 pero mantienen e incluso refuerzan el sesgo del lado de la oferta que ha caracterizado las propuestas republicanas e incluso las supera, siendo mayor las disminuciones de impuestos que las introducidas por el gobierno de W. Bush, muy apegado al enfoque neoliberal. En la práctica se está aplicando una mezcla de enfoques keynesianos y neoclásicos. Un análisis efectuado por la Administración de Obama considera que el programa de estímulo propuesto creará 3 millones de empleos para finales del 2010.11
En síntesis, el escenario socioeconómico de crisis muy profundo debe consumir una parte importante de las energías políticas del gobierno de Obama, escenario poco favorable para reconocer la agenda latinoamericana y caribeña como prioridad, o como un escenario propicio para aliviar esas contradicciones en interés de los más urgentes problemas de esa sociedad. Entre los temas de mayor trascendencia política y económica en los próximos años para su proyección externa sin duda el energético, el migratorio y el comercial, tendrán importancia en las relaciones de los Estados Unidos con los países de América Latina y el Caribe, pero estarán balanceados frente a los temas internos y de la llamada seguridad nacional, los impactos de la pobreza y otros desafíos sociales que afectan la gobernabilidad, sobre los cuales deben expresarse tensiones entre los grupos políticos dominantes. Aunque la estrategia militar y de seguridad nacional se presenta con otras determinantes, no se debe desconocer el impacto económico del intervencionismo militar. Cada una de esas problemáticas y todas de conjunto en su interacción con las dinámicas sociales, políticas e ideológicas, presentan para el gobierno norteamericano significativos retos, que en la práctica constituyen obstáculos para el desempeño de su política para la región.
Las dificultades y el propio proceso encaminado por Obama con el propósito de aprobar un nuevo Programa de Salud ha demostrado ser un gran desgaste político para el presidente demócrata y ha puesto en evidencias los enormes obstáculos para avanzar en aquellos aspectos más liberales o progresistas dentro de la agenda de política interna norteamericana y la aguda división entre demócratas y republicanos. Dicho tema se entremezcla con otro asunto de particular significación que se encuentra en el centro de los objetivos de los hispanos o latinos en ese país que aprecian las limitaciones que tendrá ese tema dado los compromisos y debilidades que ha demostrado hasta en su primer año la administración Obama.
La política exterior de Obama hacia América Latina y el Caribe durante su primer año
La política exterior de Obama hacia América Latina y el Caribe en los próximos años debe mantener los rasgos que ha mostrado en este primer año. Los procesos políticos y económicos dentro de los Estados Unidos y en las áreas y países claves priorizadas en su agenda estratégica parecen ser suficientemente graves y complejos como para consumir los principales esfuerzos en los próximos dos años. Si bien existen algunas evidencias de salida de la recesión, aunque ello no supone la superación de los graves problemas socioeconómicos asociados a la depresión y crisis norteamericana y global como resulta del persistente alto desempleo, el tema de Irak parece acomodarse a sus intereses, la situación en Afganistán y Pakistán es sumamente grave y sus pronósticos muy difíciles de establecer. Existe escepticismo entre especialistas regionale s sobre la capacidad de los Estados Unidos y sus aliados de lograr una salida satisfactoria en los plazos establecidos. Un fracaso allí podría restablecer las restricciones que para la política exterior más expansiva fijó el Síndrome de Vietnam.
El tema declarado como principal prioridad política de la administración Obama, la aprobación de un nuevo Programa de Salud le ha sido extraordinariamente difícil al Presidente y le ha obligado a incurrir en un gran costo político. La postura del presidente en esas circunstancias ha sido no pretender avanzar más allá de lo que ha sido aceptado por las principales fuerzas en pugna en el Congreso, lo que limita considerablemente la calidad de la legislación, que por tal razón resulta muy debilitada. De todos modos el proceso de aprobación de una propuesta de ley en la Cámara ha dejado en claro la división entre los dos partidos y el fuerte encono derivado de la lucha por este tema, con independencia de los esfuerzos de Obama por presentarlo de otra forma. Ello puede considerarse una expresión de pragmatismo y flexibilidad política, pero también constituye una muestra de d ebilidad ante las fuerzas conservadoras que no aceptan lo que consideran “una intromisión del Estado” en el campo de la familia y el individuo dentro de la sociedad estadounidense.
Luego de firmar la propuesta de Ley se abren numerosas interrogantes sobre las consecuencias y las reacciones han sido no solamente de los republicanos, que ya han declarado que emplearán todos los recursos a su alcance contra la legislación en el proceso de reconciliación con el Senado, sino de estados de la Unión que piensan rechazar la legislación o demandarla por considerarla inconstitucional. Este resultado y la evolución de la confrontación no concluida sobre este aspecto debe continuar centrando las energías en los próximos meses y permanecer como uno de los temas candentes de las elecciones de medio término el próximo noviembre.12
Los resultados en algunas elecciones tempranas demuestran la dificultad que puede enfrentar el Partido demócrata y el propio presidente Obama ante un restablecimiento de figuras conservadoras que están disputando espacios a los demócratas haciendo más difícil alcanzar resultados políticos relevantes que le permitan encaminar empeños mayores en asuntos de política exterior relativos a los temas principales de América Latina y el Caribe.13 El resto de los temas debe mantener un curso de continuidad con la excepción de la intervención en situaciones de crisis políticas, económicas, catástrofes, u otros acontecimientos que se considere ponen en juego la seguridad de los Estados Unidos. Algunos casos prueba y retos no esperados han evidenciado con bastante claridad los límites del accionar de la política norteamericana de Obama y el contraste entre la retórica, e l discurso político y la realidad. Se considera que los casos en cuestión son la política hacia Cuba y Venezuela, Haití, Colombia, México y Honduras. En estos casos se realizará una brevísima interpretación de las evidencias que se pueden extraer de los mismos sobre el curso representado por la política norteamericana hacia la región.
En el caso de Cuba, más allá de los cambios iniciales que habían sido previstos con relación a los Cubano Americanos y las remesas de estos y otras medidas para favorecer la comunicación, la política sigue enmarcada en los instrumentos que habían sido diseñados y establecidos por la llamada Comisión para una Cuba Libre establecida por Bush, pero ahora se aplican de un modo más refinado y sin desestimar ningún instrumento para la influencia política. El caso de la cárcel en la base de Guantánamo ni siquiera se ha podido cumplir debido a las oposiciones encontradas al traslado de los prisioneros, pero tampoco se ha buscado aprovechar como elemento positivo de negociación con el gobierno cubano como habían sugerido muchos asesores y analistas cercanos al establishment político en los Estados Unidos. Se sigue además con la política de dos carriles , el apoyo moral y material a la subversión interna y el condicionamiento del diálogo con Cuba a modificaciones de su sistema económico y político acorde a sus intereses.

Con Venezuela se mantiene e incluso se refuerza una política subversiva, si bien solapada y en alianza con los sectores internos opuestos al proceso bolivariano. En esencia se conserva un doble rasero sobre el tema de la democracia, tratando de clasificar al gobierno venezolano de Hugo Chávez como expresión de una supuesta tendencia totalitaria. Ello recuerda los enfoques duales neoconservadores de “doble patrón” en cuanto a las dictaduras en los años 70 y 80.
El golpe de Estado en Honduras merece una evaluación semejante. Aunque con una manejo cuidadoso para dejar evidencias de un rechazo a los golpistas, los rasgos del doble patrón se hicieron presente al apreciarse un muy débil rechazo y escala de “sanciones” al tiempo que rápidamente apoyaron la maniobra para validar el carácter “democrático”, desconociendo sus orígenes. En el balance latinoamericano se expresó el rechazo a las maniobras golpistas, e incluso dentro de la OEA se evidenció que a pesar de la persistente asimetría favorable a los Estados Unidos, en la actualidad el balance de fuerzas es menos favorable al imperialismo norteamericano y no consigue imponer unilateralmente sus posiciones políticas. Esta experiencia debe ser tenida en cuenta no solamente como evidencia de las inconsistencias y debilidades de la política durante la administración de Obama hacia la regi ón, sino la importancia de prepararse para los nuevos y más complejos retos que representa.
En Colombia, la militarización del país y el acuerdo sobre las bases militares constituyen una expresión clara del reforzamiento del empleo de los instrumentos de fuerza como baluarte de la proyección estratégica hacia la región. Es lógico que tales proyectos no fueron desarrollados por la actual administración, pero no hay duda que se aceptó incorporarlos y por ello hacerse cargo de la continuidad de esa política. El camino escogido en el pasado desde el Plan Colombia, con una débil legitimidad en tanto se proyecta por los medios controlados por el imperialismo y sus aliados locales que la gravedad de los problemas políticos internos es menor, pretende solucionar el conflicto interno mediante mecanismos de fuerza, simplificándolo como problema de narcotráfico y terrorismo, desconociendo el papel de los Estados Unidos como principal mercado consumidor y por supuesto el car&aac ute;cter y contenido de las luchas políticas internas. Por otra parte el tema de las bases en territorio colombiano retrotrae la política de las cañoneras y el gran garrote, aunque ahora aparezca cubierta en otros argumentos de lucha contra el narcotráfico y otros males. Esta política destaca la centralidad que tienen las concepciones de seguridad en las nuevas condiciones en que la frontera entre la seguridad pública y la seguridad nacional se borran y se ponen al servicio de las definiciones de seguridad nacional de los Estados Unidos. En el mismo caso y previo el establecimiento de estas bases se renueva el interés de establecer acuerdos de libre comercio con Colombia.
En cuanto a México, existen expresiones semejantes y también la seguridad tiene máxima significación y junto al TLCAN constituyen las piezas claves de su sistema de dominación. La llamada ASPAN, sea o no renovada su condición de componente de la política norteamericana en esta materia con los aliados más cercanos, Canadá y México, sin duda conserva toda su vitalidad práctica y no cabe esperar reducción en su alcance o su desarticulación en el esquema de relaciones con estos dos países.
El ascenso de la militarización de los conflictos internos se agrava por la creciente participación del Ejército en tareas contra el crimen organizado y el narcotráfico, con lo cual se encubre la represión contra la oposición política más radical. Tal proceso constituye una gran prioridad de la política de los Estados Unidos hacia la región y se expresa en el empleo de medios de alta tecnología –como los aviones no tripulados “Predator” en la frontera de México-- cuyo número sigue en aumento. La reunión de alto nivel entre la Secretaria de Estado Hillary Clinton, acompañada de los secretarios de Defensa, Robert Gates; Seguridad de la Patria, Janet Napolitano; el Director Nacional de Inteligencia, Dennis Blair y el Jefe del Estado Mayor, Almirante, Michael Mullen con el Presidente de México y altos oficiales mexicanos en estas esferas el 23 de marzo constituy e una clara expresión de esta prioridad y la tendencia a la militarización de la frontera en medio de la profundización del llamado Plan Mérida. Según el Sub Secretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Arturo Velenzuela, no solamente se tratarán los temas de seguridad propiamente, sino cómo ayudar a solucionar la situación de las poblaciones a ambos lados de la frontera.14
Esta tendencia a la expansión y activación de bases militares, sumado al restablecimiento de la IV Flota y los acontecimientos sobre todo en Colombia y México, con sus respectivos planes de seguridad y “prosperidad”, marcan el curso de la tendencia política en los próximos años en que la política de fuerza mantiene sin duda plena vigencia junto a los otros instrumentos “blandos” de política. Sin duda puede decirse que el “poder inteligente” es una expresión renovada y refinada por los asesores y el equipo político de Obama y que en otro momento se conoció como la política de zanahoria y el garrote.
La catástrofe en Haití, antecedida por los desastres sociales económicos y políticos a que ha sido sometido ese país por la alianza de fuerzas transnacionales con las élites globales para su explotación renueva las preocupaciones sobre el intervencionismo norteamericano “humanitario” si bien aparentemente justificado por los riesgos para su seguridad nacional puede tener “países no viables”, cuya ingobernabilidad puede traer la extensión de la corrupción, el crimen organizado, el tráfico de drogas y el terrorismo. En la práctica sin embargo, lo sucedido evidencia que las primeras y más flagrantes expresiones de esas manifestaciones llegaron de los Estados Unidos cuando un grupo de ciudadanos de ese país trataban de aprovecharse de la penosa situación socioeconómica para “importar” niños.
Para el resto de la región y las organizaciones del panamericanismo como la OEA, se observa un ascenso de un cierto reconocimiento a los instrumentos multilaterales de política, acompañado de un discurso político diplomático más elaborado y ajustado a las relaciones bilaterales en cada caso. Ello se ha puesto en evidencia en la decisión de la OEA sobre Cuba, en que al final los Estados Unidos aceptó una posición de compromiso.
En síntesis, la “nueva” política norteamericana hacia la región en estos años de la Administración Obama estará guiada por la continuidad matizada y el empleo más integrado de todos los instrumentos de política, incluidos los de fuerza y los militares. Los rasgos novedosos se aprecian sobre todo en la retórica moderada y el mejor elaborado discurso político, que acompaña un mayor empleo de los instrumentos de comunicación y los medios dirigidos sobre todo a cumplir el objetivo de mejorar la imagen de los Estados Unidos en América Latina, en lo que también se identifica como los instrumentos blandos de la política exterior. Todo ello debe considerarse para evitar crear falsas expectativas dentro del movimiento social y las fuerzas políticas que dentro de los países de Nuestra América luchan por la segunda independencia, en desafío a los prop ósitos e intereses imperialistas permanentes de recuperar en lo posible su hegemonía en la región. (23 de marzo 2010)

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